La autosuficiencia es un engaño

La autosuficiencia es un engaño

No eres indispensable, pero eres amado.

La autosuficiencia no es tanto una acción, es una actitud. Podríamos realizar exactamente la misma tarea pero con actitudes diferentes. Por ejemplo, si yo quiero puedo cocinar porque lo disfruto y quiero servir a quienes viven conmigo. Por otra parte, podría cocinar porque nadie más lo hace como yo y no necesito que cocinen para mí.

“Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros” (1 Cor. 12:21 Reina Valera Revisada).


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¿De dónde viene todo ese mal?

Creer ser superior a los demás. Subestimar a otra persona, en muchos casos, refleja inseguridad. ¿De dónde proviene? Quizás en la infancia se te acostumbró a tener y merecer todo. Hay quienes están acostumbrados a recibir elogios por encima de los demás, y aunque esto puede ser algo positivo, si se cae en el extremo de elogiar sin corregir, obtenemos una persona autosuficiente. Por el otro lado, pudiera ser que humillaciones, malos tratos, rechazos, se reflejen en la autosuficiencia como un mecanismo de defensa hacia otras personas.

No tomar en cuenta a otros. Tal vez conoces (o eres) una persona que “siempre tiene la razón”. La falta de humildad, el menospreciar, e incluso ridiculizar las opiniones de otros son otro síntoma de autosuficiencia. El no tomar en cuenta a alguien refleja un rechazo, no solo a su opinión, sino a la persona en sí.

El exceso de amor propio puede hacer crecer un dios dentro de ti

Maximizar tus capacidades y virtudes. Cuando una persona es servicial, se demuestra con hechos, no con palabras. La necesidad de hablar sobre ti mismo y tus virtudes reflejan autosuficiencia. ¿Por qué? Porque es una manera muy fácil de caer en el engaño de sentirse indispensables. El exceso de amor propio puede hacer crecer un dios dentro de ti. Hablar en exceso de tus logros, buscar aprobación, utilizar a los otros para sentirte valioso y amado. Todas esas actitudes son peligrosas.

Egocentrismo. El ego busca satisfacerse de los demás a como dé lugar. Una persona egocéntrica piensa que los demás están para servirlo y cumplir sus deseos. Noticia de último minuto: No eres el centro de la tierra.

Falta de gratitud. El no ser agradecido y tomar una actitud de “merezco absolutamente todo” es un síntoma más de autosuficiencia. ¿Qué quiere decir esto? Buscas que te traten como un rey, pero estás muy lejos de pertenecer a la realeza. Quizás piensas que los demás están obligados a servirte, pero es totalmente lo contrario. “Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones,(…) y sed agradecidos” (Col. 3:15). Ir en contra de esta palabra es ir en contra de la voluntad de Dios.

¿Por qué?

Tal vez te preguntas: “¿por qué está mal querer ser autosuficiente?”. Vivimos en la época de la independencia y libertad, ¿qué tiene de malo? Todas las actitudes mencionadas anteriormente son un estorbo para nuestra vida. Nos impiden amar, perdonar y, lo más importante, conocer más a Dios.

Puedes tener el deseo de acercarte a Dios, pero no logras hacerlo porque muy dentro de ti no quieres depender de Él. Haces y luchas con tus fuerzas, creyendo que puedes merecer a Dios, cuando la realidad es que la gracia de Dios es un regalo. No depende de ti que Él te ame. Él ya te ama a pesar de ti. No necesitas demostrarle a Dios lo importante que eres, porque ciertamente no somos nada. Somos como neblina, hoy estamos y en un momento nos desaparecemos (Sant. 4:14).

La autosuficiencia es una mentira. Es un invento del mundo que refleja la necesidad de llenar algo que solamente Cristo puede satisfacer por completo. Tu valor no lo definen tus logros, ni tus virtudes o talentos. Tu valor lo definió Jesús al dar Su vida por ti. Cuando comprendes la profundidad de ese sacrificio, entonces eres verdaderamente libre de todo lo demás.


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¿Cómo dejar la autosuficiencia a un lado?

No eres tan grande como tu ego te pinta, pero tampoco tan pequeño como dicen tus inseguridades.

“Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno” (Rom.12:3). En otras palabras, no eres tan grande como tu ego te pinta, pero tampoco tan pequeño como dicen tus inseguridades. Haz el orgullo a un lado y no tengas miedo de mirarte al espejo.

Descubre el valor de otros. Las personas que te rodean son importantes. Toma el tiempo de guardar silencio y escuchar. Hay tanto que podemos aprender. Una vez que conoces a alguien y te das la oportunidad de profundizar y generar un lazo, entonces podrás valorarlo.

Una palabra mágica: Gracias. ¡Cuántas cosas pueden cambiar con una simple palabra! Aunque, la gratitud es más que una palabra, son acciones. El poner en práctica la gratitud te hará consciente de que, efectivamente, no estás aquí para ser servido. Una palabra tan sencilla tiene la capacidad de mejorar relaciones y abrir puertas en tu vida que antes estaban cerradas. Mírate a ti mismo, a ti también te gusta que te den las gracias. Hazlo con los demás.

Admite tus errores. Esta será la parte más difícil para muchos. Esa barrera que levantó el orgullo va a ir cayendo poco a poco mientras seamos lo suficientemente humildes para aceptar que nos equivocamos. No eres perfecto, y nadie espera que lo seas. Sí, te vas a equivocar, pero en lugar de maquillar tu error, acéptalo y corrígelo. Esa es la manera correcta de crecer. Además, reconocer tus errores te hace más empático y compasivo con otros.

No le tengas miedo a la verdad. Enfréntala y aprende de ella.

Pide a los que te aman que te digan la verdad. A nadie le gusta que le digan sus defectos. Pero es importante que las personas que más nos conocen y nos aman (esto último es muy importante), nos señalen qué debemos cambiar. El amor también se refleja en la disciplina y corrección. No le tengas miedo a la verdad. Enfréntala y aprende de ella. El que alguien señale tus defectos (con amor) no define quién eres, más bien te lleva por el camino de la excelencia. Los defectos no están para abrazarlos, sino para cambiarlos.

Que se muera el orgullo. No pongas excusas. Cuando se trata del orgullo no podemos ser permisivos. Una reacción inmediata es lo mejor que podemos hacer. ¿Te equivocaste? Corrige de inmediato. ¿Dijiste algo que pudo herir a alguien? Arrepiéntete en ese mismo momento. No dejes que pase el tiempo y la herida crezca o la barrera se haga más fuerte. Actúa rápido y no permitas que la autosuficiencia te tome como esclavo.

“Dios resiste a los soberbios, pero da gracia al humilde” (1 Pe. 5:5).

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Crecimiento Espiritual
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