Avaricia

La Avaricia del Éxito

La ambición por lo terrenal puede desviarte del propósito de Dios.

En el 2013 la OCDE lanzó una gráfica de cuántas horas se trabajaban al año en los países miembros, y fue sorprendente ver a México a la cabeza, como el país donde más horas reales se dedican al trabajo. Es en este tipo de sociedad donde se recompensa al que trabaja horas extras, pero se menosprecia a aquel que se apega a su horario de trabajo; donde se trata a las personas según la marca de su ropa o su coche, y donde el éxito se mide en la cantidad de contactos, propiedades o títulos que se poseen. En pocas palabras, se promueve un éxito empapado de avaricia.

Muy seguramente en más de una ocasión nos hemos visto tentados a comprar algo tan solo porque está de moda, o incluso, hemos sacrificado tiempo con la familia o amigos para trabajar ese extra y poder pagarlo. La visión consumista de nuestros días nos incita a siempre ganar más, para así comprar lo más reciente, y entonces, poder alcanzar la felicidad o el bienestar. Pero, ¿realmente somos más felices conforme ganamos más y acaparamos más cosas?


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La verdad es que detrás de este estilo de vida se oculta la avaricia por querer llenar nuestra satisfacción a través de obtener más y más de ciertas cosas. “Más es mejor”, ya sea que hablemos de dinero, artículos de belleza, autos, ropa, objetos coleccionables.

La avaricia no es solo desear ganar más dinero o gastarlo en artículos de cierto prestigio, también podemos verlo en diferentes paquetes:

Avaricia de la aprobación: ¿has notado cuán importante puede ser para algunos reunir likes o seguidores en Twitter?

Avaricia de aplausos: buscan recibir la ovación por algún éxito logrado, e incluso se ajustan a la moda con el fin de conseguir más aplausos.

Avaricia de estatus: estatus laboral, estatus académico, estatus entre las amistades. Siempre ambicionan escalar en las jerarquías sociales.

La avaricia está en todos lados: los artículos de marca, el automóvil más veloz, la novia o el novio más guapo.


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El idioma de la avaricia es: “más”.

“No importa cuánto logre acaparar, el hombre siempre buscará un poco más”.

En alguna ocasión un actor de Hollywood mencionó: “Gastamos dinero que no tenemos, en cosas que no necesitamos, para impresionar a personas que no nos agradan”.

Es curioso que cuando Jesús predicó entre las multitudes no había una sociedad capitalista, pero aun en Sus tiempos existía una obsesión por poseer más y más de todo. Jesús advierte ante esto: “… guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee” (Lucas 12:15 RVR1960).

Vemos entonces que esta actitud no surgió en nuestro siglo o el pasado. No, la avaricia es un pecado que ha estado en el corazón del hombre desde los inicios de la historia. No importa cuánto logre acaparar, el hombre siempre buscará un poco más. Irónicamente, en esta búsqueda por lo terrenal, se aleja de lo que realmente importa.

Podemos pensar que el anhelo por prosperar y mejorar no es malo, pero de ahí a la avaricia hay una delgada línea. La avaricia viene disfrazada de un futuro prometedor, donde todas nuestras necesidades materiales están satisfechas. Solo que la avaricia nos exigirá el tiempo que pasamos con la familia, los detalles que tenemos con los amigos o aquello que damos desinteresadamente. Podemos pensar que estamos lejos de ser avaros, y sin darnos cuenta hemos perdido el punto óptimo donde Dios nos estableció. En ese estado nuestras vidas apuntan hacia un camino lleno de riqueza terrenal, pero fuera del propósito de Dios. La avaricia puede hacernos perder aquello que teníamos de bueno, por obtener lo que creíamos mejor en términos materiales (leer Jueces 9:8-15).

¿Qué estás acumulando?

“¿De qué sirve ganar el mundo entero si se pierde la vida?”. Mateo 16:26 NBLH

No todas las promociones en la vida laboral van a traer bendición a nuestra vida. Cuando nuestra mirada está en la ganancia, podemos estar perdiendo el propósito por el cual Dios nos llevó ahí.  No te guíes por la avaricia. Examina los dones que Dios te ha dado y piensa de ti con cordura (Romanos 12:3).

Hoy en día la infelicidad de nuestra generación se resume así: “estoy cansado de levantarme temprano para trabajar, de tener que esperar en el tráfico, de subir los escalones hacia mi oficina, de aguantar los caprichos de mi jefe. No me dura suficiente tiempo la batería del celular. Hoy no tengo ganas de ir al gimnasio. No he tenido tiempo para ir de compras. El vecino acaba de comprar un carro y yo aún no puedo. No me pagan lo suficiente. No tengo lo que necesito, etc.”

“El éxito no lo debe determinar nuestro puesto laborar o estatus económico, sino el rendir al máximo en lo que mejor sabes hacer”.

Si nos ponemos a analizar, la mayoría de nuestras quejas tienen raíz en una insatisfacción material. Más aún, estas quejas se reducen a caprichos si las comparamos con las necesidades reales de muchas personas en el mundo, aquellos que desearían un trabajo estable, un celular, una membresía en el gimnasio, un sueldo base o ,mínimo, tener satisfechas las necesidades básicas (comida, vivienda, salud).

Pablo aprendió esta lección cuando exclama: “He aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación” (Filipenses 4:11). Dios desea probar nuestro corazón en medio de la necesidad, pero también en medio de la abundancia. Antes de decidir cambiar de trabajo, reevalúa tu perspectiva sobre la vida. El éxito no lo debe determinar nuestro puesto laborar o estatus económico, sino el rendir al máximo en lo que mejor sabes hacer.

Es mejor ser feliz en lo poco, que vivir sin motivaciones en medio de las riquezas. No nos dejemos llevar por los estándares de la moda, donde la felicidad se encuentra en un refresco, o en poseer una serie de artículos. Proverbios 17:1 (NTV) dice “Es mejor comer un pan duro en paz que tener banquete con pleitos”.

Seamos sabios y apropiémonos de estas enseñanzas bíblicas. La próxima vez que queramos hacer movimientos en nuestra vida consultemos al que nos diseñó y conoce lo que es mejor para nosotros. No nos dejemos engañar por la avaricia.

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Crecimiento Espiritual
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