La Disciplina del Boxeador

¿Dejarás que el diablo te haga un knockout?

Hay muchos jóvenes que no están ganando sus batallas en la vida cristiana porque no están dispuestos a pelear; no están dispuestos a levantarse y vencer.

No hay nada en este mundo que nos ayude a llevar la vida cristiana adelante. Todas las cosas que necesitamos vienen de Dios, Su Palabra, Su Salvación y Su Espíritu Santo. Para poder mantenernos firmes en la vida cristiana tenemos que depender de Dios y tenemos que luchar. El apóstol Pablo decía “He peleado la buena batalla, he terminado la carrera y he permanecido fiel” (2 Timoteo 4:7 NTV). ¿Tú estás buscando avanzar espiritualmente? La vida cristiana es una lucha.

Platicaba con una persona acerca de su noviazgo. Desde que comenzó, le hicimos saber que no sentíamos paz al respecto pues su pareja no buscaba mucho a Dios. Le preguntamos, “¿Esta persona ha aportado algo espiritual a tu vida?”. Su respuesta fue, “Nada”. ¿Estamos creciendo espiritualmente?


También lee: Dios Te Quiere en Su Equipo


Un boxeador es alguien quien se enfrenta contra otro completamente solo. No puede ser sustituido ni nadie le puede echar la mano para terminar la pelea. Si falla, él no puede culpar a los demás. “Es que el público no me echó porras”. Si pierde, es su responsabilidad.

La vida cristiana es como una lucha de box; es una lucha personal. Algunos jóvenes quieren que otros peleen por ellos. Quieren que sus amigos o su pastor peleen por ellos. Nadie puede luchar por ti. ¿Te acuerdas de la pelea entre Pacquiao y Mayweather donde criticaron a Mayweather por pasar la mayor parte del tiempo dando vueltas y como “evitando” pelear? Hay muchos jóvenes que no están ganando sus batallas en la vida cristiana porque no están dispuestos a pelear; no están dispuestos a levantarse y enfrentar las cosas que les hacen perder.

Pelear requiere sacrificio

“Por lo tanto, amados hermanos, les ruego que entreguen su cuerpo a Dios por todo lo que él ha hecho a favor de ustedes” (Romanos 12:1). Dios espera un sacrifico vivo de nosotros. Algunos piensan, “No, Dios te ama así como eres”. No estamos hablando de ganarse la salvación por obras, estamos hablando de una vida consagrada a Dios. Todos tenemos batallas personales pero tenemos que entender que nos van a costar. La salvación es gratuita, pero para que las bendiciones de Dios y Su vida se manifiesten en nosotros, tenemos que pelear la buena batalla.

Algunos quieren ser cristianos pero sin pagar el precio. Pablo nos dice que tenemos que entregar nuestro cuerpo como un sacrificio para que Dios pueda hacer Su voluntad en nosotros. tenemos que separarnos todos los días para Dios, necesitamos levantarnos y consagrarnos para vencer.

Un luchador debe de sacrificarse para ser el mejor, tiene que tener cierta condición y tiene que tener cierto peso dependiendo de su categoría. Nosotros tambień, como cristianos, necesitamos tener cierto peso (gracias a Dios, es un peso espiritual). Los boxeadores no llevan una vida como cualquier persona, tienen que ser disciplinados. Se la pasan entrenando, pegándole a la pera, pegándole a la suegra y no sé a qué tanto. Así también debemos ser nosotros como cristianos. Cuando vamos a la iglesia nos entrenamos y Jesús, nuestro coach, nos quiere ver vencer.

Muchos quieren el fuego de Dios, pero no quieren ser el combustible. Si tu quieres ver victorias en tu vida, es necesario que pagues el precio.

Hay jóvenes que me dicen que no sienten ganas de orar ni de leer la Biblia. Yo les digo que les falta disciplina espiritual. La Biblia nos dice que “ninguna disciplina resulta agradable a la hora de recibirla. Al contrario, ¡es dolorosa! Pero después, produce la apacible cosecha de una vida recta para los que han sido entrenados por ella” (Hebreos 12:11). Pero, ¿cómo va a ser doloroso leer la palabra y pasar tiempo en la presencia del Señor? Muchos quieren el fuego de Dios, pero no quieren ser el combustible. Si tu quieres ver victorias en tu vida, es necesario que pagues el precio.

Si ya terminaste la universidad, probablemente te acordarás de aquellos días de exámen. A veces había alguna fiesta o algo que hacer y no podías ir. Tus “buenos” amigos quizás te decían: No estudies. La vida cristiana es mucho más importante que un exámen. Si hay algo que Dios detesta es la tibieza. Dios te quiere ardiendo. ¿Qué estás dispuesto a entregar?

Pelear requiere un equipo

¿Qué no se supone que uno peleaba solo? “Como el hierro se afila con hierro, así un amigo se afila con su amigo” (Proverbios 27:17). Sí, a pesar de que el boxeo es un deporte individual, se requiere de todo un equipo de apoyo para salir al cuadrilátero. Necesitas el ejemplo de otros boxeadores. Algunos dicen, “No te metas conmigo porque mi relación con Dios es personal”. Sí, es personal, pero no vas a poder solo.

Como cristianos necesitamos el testimonio de otros que nos motivan y que nos corrigen cuando es necesario. Por eso es importante congregarse. ¿Puedes reconocer que a veces pierdes el enfoque? ¿Agarras monte? Algunos agarran cerro y cordillera. El diablo está esperando a que te descuides para hacerte un knockout. Muchos toman la actitud de culpar a todo mundo y eso no lleva a ningún lado. Culpar es de cobardes.

Se requiere persistencia

“Amados hermanos, cuando tengan que enfrentar problemas, considérenlo como un tiempo para alegrarse mucho porque ustedes saben que, siempre que se pone a prueba la fe, la constancia tiene una oportunidad para desarrollarse” (Santiago 1:2-3). Tú y yo estamos llamados a perseverar; estamos llamado a ser constantes. Dios nos ha llamado a permanecer. Es muy triste hablar con personas cuya vida espiritual va arriba y abajo; a veces tibios y a veces fríos como paletas.


También lee: Servir Sin Amor: Puro Tilín, Tilín y Nada de Paletas


Dios quiere que seamos persistentes. Algunos oran cinco minutos por algo y, como no ven respuesta, se dan por vencidos. Hay cosas que, nos dice la Biblia, requieren de oración y ayuno. Algunos quieren comprar un refresco con diez centavos. No, en lo espiritual no hay quién te aliviane ni te haga el paro. Hay que tomar decisiones radicales y aventarse a luchar.

Leí la historia de un jovencito que deseaba aprender lucha grecorromana, pero el programa escolar de su instituto no lo contemplaba. Este muchacho tenía tantas ganas de prepararse que buscó al coach de fútbol para que lo entrenara. Logró inscribirse a una competencia y fue avanzando a través de las eliminatorias hasta llegar a la final. El ánimo y las ilusiones de ambos se acrecentaban rápidamente. Sin embargo, estando en la última pelea, el joven se encontró al borde de una caída que definitivamente lo haría perder ante su contrincante. Completamente desesperado, lanzó una mordida a lo primero que vio: un pie. Convencido de que el chico no saldría airoso, el entrenador prefirió voltear su rostro para no presenciar la terrible escena. Para su sorpresa, el imberbe se mantuvo de pie entre gritos y aplausos de la multitud. “¿Qué fue lo que hiciste?” le preguntó su entrenador estupefacto. El joven respondió, “Es sorprendente lo que uno puede hacer cuando se muerde su propio pie”.

La gran diferencia entre la vida cristiana y una pelea de box es que nosotros no peleamos en nuestras propias fuerzas, peleamos en el poder de Cristo. Tú y yo no podemos vencer al diablo por nosotros mismos, pero hay uno que pelea nuestras batallas como poderoso gigante.

Dios quiere darnos una recompensa y Su recompensa se encuentra al final de la pelea. Las batallas en la vida cristiana son pasajeras, pero los buenos luchadores son para siempre. El ser un buen cristiano y permanecer nos llevará a una vida de bendición y vida eterna. Cristo quiere verte vencedor. Acostúmbrate a ganar.

Categorías
Viviendo en Cristo
Hay un Comentario sobre este artículo
  • Jorge Ruiz
    14 octubre 2015 at 2:52 pm

    Excelente artículo, no hay que bajar la guardia.

  • ¡Entérate!

    Suscríbete a nuestro correo semanal.

    *Que no se te pase.

    ¿Quieres Más?