Felicidad

La verdadera felicidad no proviene de donde tú crees

Cuando piensas en dónde adquirir felicidad, ¿a dónde vas a buscarla?

Les voy a hablar de algo que al inicio no van a creer, pero que cuando lo crean les va a cambiar la vida. Muchos de ustedes buscan la felicidad en el lugar equivocado. Pero vamos por partes.


También lee: Verdaderamente Libres


Historias de Reyes

Leamos Nehemías 8:9-12 RVR1960

El padre de la nación de Israel era Abraham, el gran libertador de Israel era Moisés, el conquistador quien los introdujo a la tierra prometida era Josué. Años después el profeta Samuel fue el último juez de Israel en la época de los jueces. A Samuel le tocó la doble tarea de ungir tanto al primer rey de Israel, como al segundo rey.

Saúl, el primer rey, empezó bien su reinado pero terminó mal, porque era un inútil. Cada vez que Dios le decía: “ve y haz esto”, él hacía todo lo contrario. Debido a esto, debido a que era un inútil, Dios lo despidió.

Dios se deshizo de Saúl y mandó a Samuel a buscar a otro rey. Entonces eligió a David porque era un hombre que tenía un corazón conforme al corazón de Dios, y haría todo lo que Dios le pidiera. Éste era el problema de Saúl, no hizo ni pudo hacer lo que Dios le decía. David era otro hombre, no le costaba hacer la voluntad de Dios, era su deleite, era su gusto.

David hizo un trabajo tan bueno que a fin de cuentas Dios hizo un pacto con él; le dijo que nunca faltaría un hijo suyo sobre el trono de Jerusalén. Desde aquí empieza la línea de la casa de David, entonces año tras año hay un rey de la casa de David.

Pero, aunque David era buena onda, posteriormente su hijo Salomón tomó el reino. Él empezó bien pero termino mal. Tuvo 700 esposas y por seguirlas cayó en la idolatría. Al final de sus días murió con un corazón endurecido hacia el Señor.

Luego vino Roboam a quien le faltaba mucha prudencia y madurez, por lo tanto, el reino se dividió. En el norte se aliaron diez de las tribus de Israel con Jeroboam. Roboam se quedó en el sur, tenía por lo menos a Jerusalén y el templo.

En el sur se quedó el reino de Judá. Ahí se quedaron 150 años pero no captaron la lección. Ellos también cayeron en la idolatría. Entonces vinieron los de Babilonia con el mando de Nabucodonosor, quien destruyó a Jerusalén y llevó a un buen número de judíos cautivos a Babilonia. Iban a estar 70 años y después podrían regresar a Jerusalén.


También lee: Un Corazón como el de David


Del Exilio a la Reconstrucción

“Cuando quisieron volver a levantar el templo lo primero que hicieron fue levantar el altar.”

Los judíos habían estado en el exilio por 70 años, cuando cambió el reino de Babilonia y surge el reino persa con el rey Ciro quien va a restaurar la ciudad de Jerusalén.

Todo esto ocurrió porque Dios quiso hacer algo. Dios les había prometido que en 70 años volverían a levantar la ciudad. Ciro dio un decreto a los judíos mientras estaban en el exilio: al que quiere regresar puede hacerlo y le devolveremos los objetos del templo y fondos para reconstruirlo.

Cuando quisieron volver a levantar el templo lo primero que hicieron fue levantar el altar. Por 70 años no habían tenido un altar y, por lo tanto, no habían podido hacer sacrificios. Los sacrificios eran para expiar el pecado, era el punto de conexión entre Dios e Israel. Sabían que para volver a levantar el templo necesitaban de una conexión con Dios.

Hace dos mil años Dios volvió a levantar un altar mediante el cual podemos reconectarnos con Dios. Este altar es la cruz porque ahí fue ofrecido Jesús nuestro Señor como sacrificio. Ahí su sangre fue derramada para que todos pudiéramos reconciliarnos con Dios mediante la cruz. Dios puso la cruz en medio de los escombros de este mundo. Este es un altar por medio del cual la gracia comienza a fluir.

Tu vida puede ser un desastre, puede ser una ruina. Puede ser que estés sentado dentro de los escombros de la destrucción de tu vida. Pero debo decirles algo: hay un punto de reconexión en donde vuelves a conectarte con Dios. Esto sucede en Cristo Jesús, en la cruz del calvario. Si nos acercamos a Él, Él viene a nosotros y su gracia y gloria fluyen y nos levanta.

Es en Cristo en donde se hace la reconexión con Dios. No es en la iglesia, no es en la religión. Dios quiere una reconexión con nosotros mediante Jesús. Tú no tienes por qué quedarte hecho un desastre porque Dios puede transformarnos mediante Cristo.


También lee: Un Templo sin Muros


Buscando la Felicidad en el Lugar Incorrecto

“La gran mayoría de los cristianos y jóvenes cristianos que conozco creen esto: entre más santo más miserable. Entre más santo más triste.”

Volviendo al tema, años después llegó a Jerusalén un hombre llamado Nehemías quien era el copero del rey. Se dedicaba a seleccionar los vinos y servirle el vino al rey. Pero su verdadero trabajo era probar el vino antes que el rey para comprobar que no tuviera veneno. Es decir, él era consciente que en cualquier momento podría ser su última copa.

Cierto día llegó el hermano de Nehemías, Hananí. Para esto ya había pasado tiempo desde la construcción de Jerusalén y la primera cosa que Nehemías pregunta a su hermano es: ¿cómo va la construcción de la ciudad?, ¿cómo está el pueblo? Hananí le da un reporte bastante triste: la ciudad está en ruinas, la gente está triste y desalentada.

Esto fue como si una espada atravesará el corazón de Nehemías. El hombre se quebrantó y comenzó a llorar. Por varios días estuvo quebrantado. Las palabras de Hananí fueron para Nehemías una carga, un deseo por la reconstrucción de Jerusalén.

Un día, en su servicio de copero, Nehemías estaba delante del rey y el rey le pregunta por qué esta tan triste. Frente al rey no pudo fingir felicidad. Nehemías le explica: “la ciudad de mis ancestros está en ruinas, me gustaría ir allá para ayudar a levantar a la ciudad”. Para sorpresa de Nehemías, el rey le permitió regresar e incluso le ofreció dinero y apoyo para levantar la ciudad.

Dios le llamó, le abrió la puerta y luego le envía, incluso pone el respaldo del rey de Persia.

Nehemías llega a la ciudad y en la mañana los reúne para explicarles que venía autorizado por el rey para levantar los muros de la ciudad. Con esto se avivaron todos. En 52 días volvieron a levantar el muro de Jerusalén en medio de muchas aflicciones y oposición. Una victoria increíble de parte de Dios a favor del pueblo judío.

El primer día del séptimo mes hicieron una convocación en Jerusalén cuya meta era leer la Palabra de Dios en voz alta a toda la multitud. Cuando comenzaron a leer ocurrió lo que dice en Nehemías 8:9-11:

“¡No se lamenten ni lloren en un día como este! Pues hoy es un día sagrado delante del Señor su Dios». Pues todo el pueblo había estado llorando mientras escuchaba las palabras de la ley.

Nehemías continuó diciendo: «Vayan y festejen con un banquete de deliciosos alimentos y bebidas dulces, y regalen porciones de comida a los que no tienen nada preparado. Este es un día sagrado delante de nuestro Señor. ¡No se desalienten ni entristezcan, porque el gozo del Señor es su fuerza!”.

 

Era un día santo pero se pusieron tristes. Creo que ellos tenían una mentalidad como muchos de nosotros. La gran mayoría de los cristianos y jóvenes cristianos que conozco creen esto: entre más santo más miserable; entre más santo más triste. Tenemos la idea de que la santidad resulta en tristeza. Sin embargo, esto es todo lo contrario. Lo que resulta en tristeza no es la santidad, sino el pecado.

Existe una mentalidad en la iglesia de que la santidad nos quiere quitar la diversión, de que la santidad es un virus que nos hace sentir mal, nos hace ponernos triste. La Biblia dice todo lo contrario. No es la santidad lo que nos entristece, sino el pecado lo que nos quita el gozo.


También lee: ¿Es Posible Ser Santo?


La Filosofía de Este Mundo

Dios es el santo de Israel. ¿Creen que Dios es la persona más triste o es la persona más alegre en toda la creación?

De todos los hombres que han vivido, ¿quién era el más santo? Jesús era el hombre más santo y también el más feliz. Por el gozo puesto delante de él soportó la aflicción de la cruz, porque él vislumbraba la redención de todos nosotros.

Vemos que las dos cosas son compatibles: santidad y felicidad. La Biblia enseña que la felicidad nace de la santidad. Por el contrario, el mundo cree que el pecado es la fuente de la felicidad. ¿De dónde vino esto?

Si leemos el libro de Génesis, en el capítulo tres llega la serpiente. Hay una plática entre Eva y la serpiente en la que Satanás persuade a Eva de que la verdadera felicidad se encuentra en la transgresión de la Palabra de Dios. Según la serpiente, es el pecado el que les hace feliz, es decir, tomar lo prohibido, no es la obediencia la que les hace feliz. En este momento Satanás inyectó una mentalidad en la raza humana: la felicidad se encuentra en el pecado y en la transgresión, mientras que en la obediencia y la santidad solo se encuentra la tristeza.

Cuando conocemos a Cristo y le seguimos, los demás no entienden por qué queremos ir tanto a la iglesia. Incluso piensan que es una vida aburrida y triste, porque ya no podemos tomar, bailar, fumar ni tener una vida de pecado.

Te hago una pregunta: ¿cuándo te convertiste eras más miserable antes o después? La verdad es que antes estábamos acabados, éramos como la rata que ya envenenaron 10 veces y como quiera sigue ahí. Sin embargo, cuando aceptamos a Cristo es el momento en que recibimos el amor y gozo, pero no vinieron como resultado de comer el fruto del árbol prohibido, sino de desecharlo y caminar en la pureza delante de Dios.

Cambiando la Mentalidad

El mundo cree que el pecado trae felicidad. La Biblia dice que la santidad trae felicidad. ¿Cuál de las dos cosas crees tú? Si creemos que las relaciones sexuales o la pornografía nos trae felicidad estamos creyendo la filosofía del diablo. El mundo cree que el placer está en el pecado.

Dice la Biblia que la paga del pecado es muerte, pero no significa que te pongan una pistola en la cabeza y te despachen, sino que el pecado te envenena y te acaba día a día. Si la felicidad nace de la santidad, vamos a quitar el pecado que nos ha dado una promesa falsa pero que no nos ha rendido. Vamos a desechar el pecado.

Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios. Mateo 5:8

Tengo 44 años en el ministerio y puedo asegurarte que el deleite más grande es el deleite de la comunión con Dios. El premio de la santidad no es la tristeza sino la bendición de poder convivir y conocer a Dios.

Hay algo mucho más allá de la salvación. Dios nos salva para que podamos entrar en comunión con Él, somos reconciliados para que podamos estar en comunión con Él.

Fuimos creados para vivir en su presencia. Nuestros corazones nunca estarán contentos y satisfechos hasta que hayan encontrado su lugar en el corazón de Dios. Si les digo que el verdadero placer no está en el pecado sino en la santidad, esto es un choque en la mentalidad de muchos, porque creemos que el placer está en lo robado, lo secreto, lo prohibido.

A la hora de la hora, cuando piensas en dónde adquirir felicidad, ¿a dónde vas a buscarla? Si vas al pecado entonces tienes la filosofía del mundo, pero por otro lado si te decides a tirar toda esta basura porque sabes que es lo que te está matando y te decides a entrar en una vida pura, entonces estás pensando como en la Biblia.

¿Qué crees tú? El gozo del Señor es nuestra fortaleza. Cuando uno anda en pureza anda en el gozo del Señor y es fuerte. ¿Cuál es la fuente de tu felicidad, de dónde nace tu gozo?

Categorías
Viviendo en Cristo
¡Sé el primero en comentar sobre este artículo!
¡Entérate!

Suscríbete a nuestro correo semanal.

*Que no se te pase.

¿Quieres Más?