La Gloria de Dios

Cómo la gloria de Dios cambia la forma en que te ves a ti mismo

¿Estás poniendo tu atención en Dios o en el enemigo?

Cuando Dios llama a alguien para darle un desafío o un reto, no importa la circunstancia de esa persona ni su origen ni su pasado ni lo que haya hecho antes. Dios va a encargarse de transformarla y darle una vida distinta, una nueva esperanza. En el capítulo 28 de Génesis encontramos la historia de un hombre cuya vida sería transformada por la gloria de Dios: Jacob.

“Salió, pues, Jacob de Beerseba, y fue a Harán. Y llegó a un cierto lugar, y durmió allí, porque ya el sol se había puesto; y tomó de las piedras de aquel paraje y puso a su cabecera, y se acostó en aquel lugar” (v.10, Reina Valera Revisada 1960).

Un lugar cualquiera

Jacob llegó a cierto lugar, sin embargo, este lugar no tenía nombre, lo que quiere decir que se trataba de un lugar cualquiera. En este mundo hay lugares cualquiera que son ‘nada’. Pero esos lugares pueden ser transformados en lugares gloriosos, importantes por el poder de Dios. La importancia del lugar donde estás ahora, así como el valor que tienes como persona, no lo determinas tú ni el sitio donde estás sino Dios. Él hace que las cosas cambien.

Cuando no sabes a dónde vas, cuando no tienes dirección, entonces ya ‘llegaste’. Eso estaba pasando en la vida de Jacob, él no sabía a dónde iba, él simplemente estaba huyendo de su hermano Esaú, quien le vendió su primogenitura y ahora quería matarlo por haber tomado su bendición (Gn. 27). Así que Jacob, una persona cualquiera, llegó a un lugar cualquiera y tomó una piedra cualquiera y se acostó sobre ella. Pero Dios tenía un plan para Jacob, así como lo tiene para ti. Cuando Dios tiene un plan para alguien, Él se encarga de transformarlo, así como transforma el lugar donde se encuentra.

Estoy convencido que cuando alguien sabe a dónde va, siempre habrá alguien que lo siga. Lamentablemente vivimos en una generación que no tiene líderes. Esta es una generación que no sabe hacia dónde va. No siguen a nadie porque todos ‘ya llegaron’ pero, en realidad, nadie sabe cuál es el rumbo a seguir. Nuestros amigos no están viniendo a Jesús porque ni nosotros queremos ir a Él. No nos siguen porque ni siquiera nosotros sabemos a dónde queremos ir. Es tiempo de que esta generación se levante con liderazgo, autoridad y claridad hacia dónde se dirige.


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Una Vista Horizontal

Mientras Jacob estaba recostado en este lugar tuvo un sueño en el que veía una ‘escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba en el cielo; y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella. Y he aquí, Jehová estaba en lo alto de ella, y dijo: “Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia” (Gn. 28:12-13). Fue entonces cuando la vida de Dios vino sobre este lugar.

Cuando crees que ya llegaste y no hay nada alrededor, estás teniendo una vista horizontal, limitada al nivel de la tierra. Esto provoca que mires al mundo, lo que otros dicen de ti o lo que dijeron de ti cuando eras niño. Muchas de esas cosas que dijeron de ti son mentira, sin embargo, vives en este contexto de la vida. No sabes a dónde ir porque muchos dicen que ya llegaste. Pero cuando te subes al lugar donde Dios te mira, desde lo alto de la escalera, desde Su gloria misma, las cosas se ven diferentes.

Él vio quién eras, Él ve quién eres, y Él ve lo que serás.

La relación con Dios no es horizontal sino vertical, no me refiero a la geografía sino a la posición. Tienes que aprender a ver a Jesús a través de la resurrección. Pero también tienes que saber cuál es la manera en que Dios te ve. Él te mira desde lo alto y sabe todo de ti; sabe lo que cenaste anoche y lo que estás pensando en este momento. Él ve la vida de una forma distinta. También vio quién eras, quién eres, y lo que serás. Él estuvo contigo en el pasado, está contigo en el presente y estará contigo en el futuro.

Cuando ves a Jesús a través de la resurrección, te conviertes en una persona que empieza a mirar a Dios y deja de ver a los hombres. Empiezas a ver de manera vertical y dejas de mirar de manera horizontal.

Cuando un judío saluda a otro diciendo Shalom le está diciendo: que la paz del Dios del cielo sea en tu vida. Que esa paz vertical bendiga tu vida horizontal. Porque cuando Dios bendice en el cielo, entonces algo se desata en la tierra y lo bendice todo. Nunca debes buscar una bendición horizontal porque las bendiciones horizontales, que son terrenales, caducan. Sin embargo, las bendiciones verticales, las que vienen del cielo, de la gloria de Dios, del Shekinah (presencia, cercanía de Dios a su pueblo), son eternas.

Aún no lo sabes pero estás parado sobre tu herencia, no la has podido ver porque has sido necio e insistente.

Ante los ojos de Jacob, este lugar no tenía ninguna importancia para él. Sin embargo, visto desde la gloria Shekinah de Dios, esa tierra sería la herencia de Jacob, aunque él aún no lo sabía. Tú no lo sabes pero estás parado sobre tu herencia, no la has podido ver porque has sido necio e insistente. Si estás esperando que alguien venga y ore por ti y te dé una instrucción precisa, estás perdiendo tu tiempo. Tú necesitas venir a Dios y encontrarte con Él. Necesitas aprender a buscarlo.

Tu esperanza es estar en esa escalera viendo Su gloria. Ese debe ser tu anhelo. Entonces verás que a lo que tú le llamas casa, Dios le llama hogar; a lo que tú llamas familia rara, Dios le llama familia; tú no lo alcanzas a ver porque lo estás viendo de forma horizontal. Dios lo mira de forma gloriosa porque está viendo cómo era, cómo es y cómo será en un futuro.


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Promesas Gloriosas

“Será tu descendencia como el polvo de la tierra, y te extenderás al occidente, al oriente, al norte y al sur; y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente. He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho. Y despertó Jacob de su sueño, y dijo: Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía” (Gn. 28:14-16).

El Señor le sigue hablando a este hombre y transforma su destino. Entonces le dice: “He aquí, yo estoy contigo” (Gn. 28:15). Nunca nadie había estado con Jacob pero ahora Dios le estaba dando esta promesa. Esa misma promesa te la da a ti, y como Dios es verdadero y fiel, la cumplirá. El Señor no te dejará, Él no se dará por vencido. El amor del Señor no se acaba, es infinito. Él es paciente y espera, el Señor no se cansa contigo. Por eso te busca, para que entiendas que para Él eres importante.

Jacob estaba descubriendo que su vida tenía valor y que el lugar en el que estaba era importante: “Ahora, así dice Jehová, Creador tuyo, oh Jacob, y Formador tuyo, oh Israel: No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú” (Is. 43:1).

Un Lugar Lleno de Gloria

La gloria del Señor vino cuando Jacob percibió que esa gloria existía y algo cambió: “Y despertó Jacob de su sueño, y dijo: Ciertamente Jehová está en este lugar y yo no lo sabía” (Gn. 28:16). Ahora lo sabía: Dios estaba en este lugar. Quizás no has visto al Señor pero lo verás hasta que le digas: “Señor estoy loco por tu presencia, desesperado por ti”. “Y Jacob dijo: ¡Cuán terrible es este lugar!” (Gn. 28:17).

Dios nos ve como una oportunidad para que nosotros y nuestras generaciones cambiemos.

Quiero que descubras que este es un lugar glorioso, porque aquí está el Señor. Es un lugar en el que las cosas se ven distinto. “Y se levantó Jacob de mañana, y tomó la piedra que había puesto de cabecera, y la alzó por señal, y derramó aceite encima de ella. Y llamó el nombre de aquel lugar Bet-el, aunque Luz era el nombre de la ciudad primero” (Gn. 28:18). Las cosas empezaron a cambiar. ¡Ese lugar se convirtió en su Betel (casa de Dios)! Quiero que mires como Dios nos mira desde su gloria, que aprendas a ver cómo Dios ve las cosas. Dios nos ve como una oportunidad para que nosotros y nuestras generaciones cambiemos.

Cuando el pueblo hebreo salió de la cautividad de Egipto, el Señor dirigió a Su pueblo a un lugar entre el océano y el ejército de Faraón. Moisés conocía bien ese sitio porque había pastoreado ovejas con su suegro Jetro, el padre de su esposa, y sabía que Dios lo estaba dirigiendo a un lugar sin salida, pero confiaba en Dios y le obedeció (Éx. 14) Los líderes en la fe avanzan confiados no porque conozcan el camino sino porque conocen a Dios. Cuando Dios dice que algo es posible debes creerlo, aunque tu vista natural o tu conocimiento te diga que no. Tú tienes que caminar creyendo que Él es fiel y cumple sus promesas.

El Señor siempre te va a desafiar porque Él es fiel a Sus promesas y cumple Su palabra.

Dios siempre te va a decir que vayas hacia adelante, que no te detengas, porque Sus misericordias son muchas. Él ha tenido mucha paciencia contigo y conmigo. El Señor siempre te va a desafiar porque Él es fiel a Sus promesas y cumple Su palabra. Él no quiere que vayas obedeciéndole con miedo, como paletero en bajada; el Señor espera una generación que camina diferente porque sabe lo que Él sabe de ella. Una generación segura, que lidera, que le cree a Él. Así que cobra tu liderazgo y aprende a tomar dirección en el Señor. Empieza a mirar Su gloria porque si Él te dice que avances tienes que hacerlo.

Ve Su gloria, no al enemigo

Tal vez te preguntes ¿cómo Dios podría usar a alguien como yo? Bueno, pues tienes que saber esperar en Su gloria y ser paciente. Tienes que levantarte como una generación que cree en el Señor y, una generación que cree en el Señor es una generación líder. Cree que eres alguien importante, que tu opinión cuenta, que vale la pena que la gente te escuche porque sabes a dónde vas: a la gloria Shekinah del Señor, a Jesús. Debemos ser empoderados por el Espíritu de Dios porque somos una generación que tiene que ir al frente.

Dios quiere ver una generación valiente que cree en Su nombre, en Su Palabra. Él está esperando eso de ti porque Dios te ve de una forma muy especial a pesar de cómo eres o qué haces. Él confía en ti. Necesitas entrar a Su presencia para que mires como el mira y sepas cuál es tu misión. Dios te mostrará la obra que hará contigo y con tus hijos, porque ese es el Dios en quien creemos y Él no avergüenza al que cree en Él. Esto lo vemos claramente en la vida de Moisés:

“Aconteció a la vigilia de la mañana, que Jehová miró el campamento de los egipcios desde la columna de fuego y nube, y trastornó el campamento de los egipcios, y quitó las ruedas de sus carros, y los trastornó gravemente. Entonces los egipcios dijeron: Huyamos de delante de Israel, porque Jehová pelea por ellos contra los egipcios” (Éx. 14:24-25).

El diablo no puede tocarte jamás porque la gloria Shekinah de Dios no solo te dirige, te protege.

Jehová miró el campamento, miró desde su columna de fuego y nube, desde su gloria Shekinah y desde ahí empezó a trastornar al ejército egipcio. El pueblo que no es líder, que viene de una mentalidad de esclavo, lo único que puede ver es al ejército de faraón. Pero el pueblo que sale de la esclavitud, deja de ver al ejército porque ve la gloria de Dios. El diablo no puede tocarte jamás porque la gloria Shekinah de Dios no solo te dirige y te defiende sino que cuando vienen los problemas, cuando estás entre el océano y el faraón, Dios siempre tendrá un camino abierto para ti. El pueblo hebreo escuchaba los escudos del ejército de faraón y eso los espantaba pero Moisés vio la columna de fuego, él no sabía qué iba a pasar pero sabía que Dios es fiel y abriría camino donde no lo había.

Dios hizo que el mar se retirase, volvió el mar en seco y las aguas fueron divididas por primera vez en la historia del mundo. Teniendo las aguas como un muro a su derecha y a su izquierda el pueblo pasó por el mar en seco, y aunque entraron como esclavos cruzaron con el pecho en alto. Tú puedes tener la certeza de que tú y toda tu familia pasarán por un camino protegido con dos muros a los lados. Cuando alguien ve y conoce la gloria Shekinah de Dios camina con autoridad y con seguridad porque la gloria de Dios está sobre él. Nadie hay como nuestro Dios.

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Viviendo en Cristo
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