Obediencia

¿La Obediencia Es Posible?

¡No hay excusas!

La obediencia siempre ha sido un reto para nosotros, incluso desde que somos niños y no queremos limpiar nuestro cuarto o lavar los platos. Es una lucha constante en la que intentamos con todas nuestras fuerzas (a veces) hacer lo correcto, pero terminamos fallando. Realmente maquillamos la desobediencia con un “todos nos equivocamos”, “nadie es perfecto”, “no he tenido tiempo de hacerlo”. Postergamos las cosas, no le damos a la obediencia la importancia que merece. Somos rebeldes.

Quien ha logrado explicarlo mejor es Pablo, en Romanos 7, cuando dice que hacemos lo que no queremos hacer aún sabiendo que está mal. Hay una buena noticia, la obediencia es posible, pero no en nuestras limitadas fuerzas humanas, sino gracias al Espíritu Santo.

Amor Y Obediencia

“Los que aceptan mis mandamientos y los obedecen son los que me aman. Y, porque me aman a mí, mi Padre los amará a ellos. Y yo los amaré y me daré a conocer a cada uno de ellos.” Juan 14:21 NTV

La base de la obediencia es el amor. Podemos obedecer sin amar pero no podemos amar sin obedecer. ¿Por qué deberíamos obedecer a Dios? ¿Por qué deberíamos amarlo? Bien, primero que nada, Dios es amor y fue precisamente Él quien nos amó a nosotros primero, por eso tenemos la capacidad de amarlo.

En segundo lugar, Él es el creador de todo el universo, Él es eterno, no hay nada imposible para Él. Entonces ¿por qué un Dios que lo tiene todo elegiría hacerse hombre y morir por nosotros? Adivinaste: por amor. No merecemos nada de lo que Él ha hecho por nosotros, pero podemos darle al menos un poco. ¿Cómo? Con obediencia. La gratitud y el amor son razones suficientes para obedecerlo, ¿no crees?

Dios desea que tengamos temor de fallarle, que andemos en Sus caminos, que lo amemos, que lo sirvamos, y que guardemos Sus mandamientos. ¿Te parece mucho? Si entendemos el motivo por el cual Dios nos pide obediencia, sabremos que Sus mandamientos no son pesados, sino agradables. Él quiere que obedezcas Sus mandamientos para que prosperes. Pero recuerda, no podemos realmente obedecerlo si no lo amamos.


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Hechos, No Palabras

Si en nuestro propio juicio elegimos qué está bien y qué está mal, crearemos un caos. Para eso tenemos una base, y esa base es la Biblia. Dios, en Su palabra nos enseña la verdad, y nos revela que la obediencia a la Palabra de Dios es obediencia a Dios mismo.

La Biblia es más que un simple libro, es un arma, y gracias a ella podemos atacar el pecado. Es a través del estudio de la Palabra que podemos entender los caminos y propósitos de Dios. Es una luz para nosotros que nos ayuda a no andar en tinieblas. En pocas palabras, cuando todo está oscuro, nos va mostrando dónde pisar.

“Toda la Escritura es inspirada por Dios y es útil para enseñarnos lo que es verdad y para hacernos ver lo que está mal en nuestra vida. Nos corrige cuando estamos equivocados y nos enseña a hacer lo correcto.” 2 Timoteo 3:16

Debemos tomar una decisión. Una vez que sabemos qué es correcto y qué no, Dios nos da la libertad de elegir. Esto Jesús lo explica mucho mejor a través de un relato en Mateo 7:24-27. Narra la historia de dos hombres, en la que ambos escuchan la enseñanza de Dios pero solo uno de ellos es prudente y obedece, mientras que el otro es necio y no hace caso.

En la parábola vemos que ambos hombres pasan por tempestad, pero aquél que construyó su casa sobre la roca, firme, no cayó. El otro hombre, que construyó su casa sobre la arena, terminó en ruinas. Ahora bien, el seguir los caminos de Dios quizás no evitará que venga la tormenta, pero sí nos dará la fortaleza necesaria como para aguantar y permanecer de pie.

Como podemos ver, la verdadera diferencia no la hace el conocimiento sino la obediencia. ¿En qué área de tu vida necesitas ser más obediente?


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No Estás Solo

Tranquilo, Dios no está esperando que hagas todo esto por tu cuenta, Él está contigo. Dios es un Padre, y como tal, tiene cuidado de nosotros; nos brinda el armamento necesario para la batalla. Es un hecho que si tú crees en Jesús como tu Señor y Salvador, el Espíritu de Dios vive en ti. Esto significa que gracias a Él contamos con el poder necesario para ganar.

Es nuestra fe y obediencia la que nos permite derrotar al enemigo. Pero como hemos visto, la obediencia no es suficiente, se necesita amor para cumplirla. Nuestra actitud a la hora de obedecer debe ser con un corazón bueno y recto, con paciencia, con toda el alma y sobre todo, con mucho agrado.

No somos inmunes a la tentación o a los problemas, y caer en ellos no hace que Dios deje de amarnos, pero sí rompe nuestra intimidad con Él. Confesar nuestros errores y debilidades es también una muestra de obediencia, y a través de esto Dios nos limpia. Es hora de despojarnos de esa rebeldía sin sentido para poder conocer y experimentar los privilegios de una vida de obediencia.

“Pues Dios no nos ha dado un espíritu de temor y timidez sino de poder, amor y autodisciplina.” 2 Timoteo 1:7

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Crecimiento Espiritual
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