Paz

Una Paz Que Nadie Puede Entender

La paz de Dios no es como la paz del mundo.

Hay una necesidad de tener paz en nuestra vida diaria. La tendencia del ser humano es buscar tener una vida libre de problemas. Naciones sin problemas, personas sin problemas. Pero humanamente no se puede tener paz aquí en la tierra. Siempre habrá situaciones fuera de nuestro alcance. Jesús nos dice: en el mundo no va a haber paz.

“Les he dicho todo lo anterior para que en tengan paz. Aquí en el mundo tendrán muchas pruebas y tristezas; pero anímense, porque yo he vencido al mundo”. Juan 16:33 NTV

Tal vez hoy tengas temores de lo porvenir, estás preocupado porque tienes algún problema con tu salud, o alguna otra situación que te aflige. Sí, en el mundo tendrás aflicciones. En 1 Pedro 4:12 encontramos: “Queridos amigos, no se sorprendan de las pruebas de fuego por las que están atravesando, como si algo extraño les sucediera.”   

No hay relación perfecta ni gente perfecta ni lugar en el mundo donde no haya aflicción. No encuentras paz en este mundo, humanamente hablando.


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Víctor Frankl fue un médico que durante la Segunda Guerra Mundial fue capturado por ser judío. Estuvo en un campo de concentración y fue un pionero de la psicoterapia. De hecho, muchas de sus teorías las desarrolló en el campo de concentración y, debido a que era médico, lo pusieron a atender a otros prisioneros y se puso a observar sus vidas (siendo él uno también). Vio cómo vivían y también vio morir a muchos y la manera en que enfrentaron la muerte.

Una de las cosas que su lógica de médico le decía era que los más fuertes iban a sobrevivir y los más débiles iban a morir. Sin embargo, se dio cuenta de que no era así necesariamente. No sobrevivían los más fuertes ni morían los más débiles necesariamente. Él notó que muchos de ellos (a pesar de haber perdido todo, hijos, dinero, comida, su dignidad y aún su salud) tenían algo que no les podían quitar.

A pesar de ser prisioneros, de estar en los campos de concentración y de ser tratados terriblemente, advirtió Frankl, lo que no les podían quitar era su decisión a vivir y el derecho a decidir cómo responder a las circunstancias. Observó que todos los que sobrevivían tenían una cosa en común: tenían una actitud de querer vivir. Eso fue lo que los mantuvo. Y él llegó a una conclusión: no puedes controlar tus circunstancias pero sí puedes controlar cómo responder a ellas. Tú puedes tener paz si escoges tener paz.

“Apártate del mal, y haz el bien; Busca la paz, y síguela”. Salmos 34:14 RVR 1960

 

 La paz se sigue, se busca. No puedes controlar las circunstancias, no puedes controlar a ese jefe, no puedes controlar a ese maestro, no puedes controlar tu salud o tu situación de trabajo o familiar. No puedes hacer nada para que cambien las cosas. Pero sí puedes controlar tu reacción ante esas cosas, tu actitud. Busca la paz y síguela.  

La paz que debemos seguir.

“La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo”. Juan 14:27

Hay una paz de Dios y hay una paz del mundo. Jesús está diciéndote: “Yo te doy mi paz”. Es decir, si hablamos de paz, no hablamos de una sola paz sino que hablamos de la paz de Jesús y la paz que el mundo pretende dar. O sea que hay una paz humana que yo puedo tratar de conseguir pero no es la misma paz que Jesús me da. Entonces, eso me hace ver que tengo que tomar una decisión: ¿cuál es la paz que voy a seguir? ¿Voy a buscar la paz que el mundo dice o voy a buscar la paz que Jesús dice? La paz que Jesús da no se parece en nada a la paz que el mundo nos ofrece.

La paz que Jesús nos da es una paz que guarda el corazón y nos permite vivir tranquilos, sin miedo, sin temor, sin preocupación. No es la paz del mundo, porque la paz que el ser humano busca es una paz que proviene de las circunstancias. Es una paz variable y condicionada. Muchos dicen: “Si tengo dinero, si tengo este trabajo, si logro este objetivo, si logro que mi entorno esté libre de problemas, entonces, voy a estar bien”.

En tal caso, mi paz depende de las circunstancias. “Si estoy sano, estoy bien; si tengo un trabajo, estoy bien; si tengo pareja, estoy bien; si tengo hijos, estoy bien”. El mundo persigue una paz buscando que sus circunstancias estén bien. Entonces la gente en el mundo siempre está tratando de cambiar sus circunstancias para tener tranquilidad. Pero la paz que Jesús da es diferente, porque la paz que Él da es una paz que no depende de las circunstancias. Es decir que no importa si tienes trabajo o no tienes, si estás sano o enfermo. La paz de Jesús está al alcance sin importar las circunstancias.

“Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”. Filipenses 4:7

 

La paz de Dios sobrepasa todo entendimiento. Es decir, es una paz que no puedes comprender y que logra guardar tu corazón y tus pensamientos. Cuando no tienes paz, hay muchos pensamientos y preocupaciones cruzando por tu mente. Tienes miedo, no puedes dormir, no te concentras en el trabajo, estás distraído en la escuela, pero eso es porque tú estás dependiendo de las circunstancias para tener paz y estás equivocado porque estás buscando la paz del mundo. La paz del Señor no depende de las circunstancias, la paz del Señor guarda tu corazón y lo más impresionante es que guarda tus pensamientos. Esa paz es diferente.

“Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado”. Isaías 26:3

 

Dios promete completa paz a aquel cuyo pensamiento en persevera en Él, no en el problema, no en la situación. Tus problemas y dificultades no quitan a Dios de su trono. ¡Él sigue estando ahí! Dios tiene todo el poder. Entonces, ¿dónde deben estar nuestros pensamientos? En el poder, en la autoridad y en el amor de Dios.


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La certeza de tener la paz de Jesús

La paz de Dios no la tienes por el hecho de ir a una iglesia o por decir que eres cristiano. Sabes que tienes la paz del Señor cuando las circunstancias no te derriban. Es decir, es posible que haya grandes problemas a tu alrededor pero en medio de ellos tú estás tranquilo. No con una actitud de indiferencia, no, sino que estás seguro y confiado porque sabes que Dios está contigo.

“Mucha paz tienen los que aman tu ley, Y no hay para ellos tropiezo”. Salmos 119:165

 

A veces, las circunstancias son tan duras que puedes decidir, equivocadamente, dejar de buscar a Dios, dejar de leer Su palabra o dejar de confiar en Él. Pero no debe ser así porque a aquellos que tienen la paz de Dios nada les hace tropezar. Uno puede atravesar por muchos inconvenientes, como ser despedido de tu trabajo inesperadamente, que te roben el auto o cualquier otra dificultad que imagines. Es normal si ante esto reaccionaras desanimándote o entristeciéndote, sin embargo el saber que en medio de ellas Dios tiene un propósito te levanta y te da seguridad. Sabes que tienes la paz del Señor porque te mantienes firme, porque nada te afecta. Las circunstancias no te deprimen ni te tiran al suelo. En medio del problema tú estás tranquilo.

¿Recuerdas la historia de Daniel y sus amigos? (Daniel 3). Sadrac, Mesac y Abed-nego decidieron no postrarse ante la estatua del rey Nabucodonosor. El rey se enojó y mandó calentar el horno con la intención de amedrentarlos ya que la amenaza fue que si no se postraban, los echaría al horno ardiente. Ellos respondieron con seguridad que su Dios los libraría.

“Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado”. Daniel 3:18

Las palabras más fuertes en esta historia son las tres primeras que declaran en el versículo 18: “Y si no”. Existía la posibilidad de que Dios no los librara y ellos lo sabían, pero ellos estaban firmes y decidieron que, aunque eso pasara, no se postrarían ante la estatua del rey. Iban a mantener su decisión sin importar las circunstancias.

Sabes que tienes Su paz porque aunque vayas a enfrentar un problema, una dificultad con alguna persona, alguna dificultad de salud o económica, das el paso hacia adelante porque sabes que Dios te va a ayudar y dices: “Aunque no me ayude, me voy a seguir manteniendo firme al Señor”. Tu determinación es confiar en Dios y orar a Él para que te sane, te provea y te ayude en una situación específica. Pero decides que, aún si Dios no lo hiciera de esa manera, vas a seguir adorándolo.

Esto no quiere decir que no sientas miedo o que te ciegues a las circunstancias. Probablemente a Daniel y a sus amigos les daba miedo pensar en el horno de fuego. No se trata de que no tengas temor o que no estés preocupado por las circunstancias sino que estás dispuesto a enfrentarlas sea que Dios obre o que no lo haga.


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¿Cómo obtener la paz de Jesús si no la tienes?

“En aquel día cantarán este cántico en tierra de Judá: Fuerte ciudad tenemos; salvación puso Dios por muros y antemuro.  Abrid las puertas, y entrará la gente justa, guardadora de verdades.  Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado”. Isaías 26:1-3 RVR 1960

 

En estos versículos podemos ver la imagen que Dios nos da de seguridad y de paz. Dios ilustra Su paz y Su seguridad como si se tratara de una ciudad rodeada de muros. Si queremos la paz de Jesús, necesitamos estar dentro de los muros de la ciudad y habitar espiritualmente ahí. Si estás fuera, si estás tratando de resolver problemas en tus fuerzas y si vives como este mundo vive, estarás expuesto a vivir una vida sin paz.

La paz de Dios está en un lugar, por lo tanto, tienes que entrar a ese lugar. Ahora, no está hablando de una ciudad en particular, sino de que la salvación de Dios es como un muro: “Salvación puso Dios por muros y antemuro”. El tener a Cristo en nuestras vidas es una protección y un cristiano que tiene la salvación del Señor habita en una ciudad dentro de un muro, está protegido por Dios. El versículo dice que entrará mucha gente a ese lugar de protección. Entonces, no se trata solamente de ti, sino de muchos otros. Ese lugar de seguridad no es solamente el de Su presencia en lo personal sino que ahí nos encontramos con otras personas.

“Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. Mateo 18:20

En este versículo puedes darte cuenta de que, entre líneas, se está hablando de una ciudad amurallada. El venir a la iglesia, el estar juntos, el ser hermanos en Cristo, el creer juntos en el Señor, el alabarle y el convivir nos hacen tener esa paz. Por lo tanto, una manera de tener esa paz es no dejar de congregarte.

Muchos quieren tener paz pero no quieren convivir con otros, no quieren ir a la iglesia. No entienden que la paz de Dios es un lugar, y en ese lugar estamos juntos. Si bien Jesús nos dijo que buscáramos a Dios en lo secreto (Mateo 18:20) para el Señor también es importante que nos reunamos en Su nombre. Si tú quieres recibir de esa paz, necesitas entender que tienes que ir a la iglesia y reunirte con los demás que también están buscando a Dios.

Si tú piensas que solamente necesitas tu relación con Dios sin tener comunión con los demás creyentes, estás equivocado. No puedes tener una relación con Jesús si no quieres tener una relación con otros cristianos, porque Él dijo que donde estuvieran congregados en Su nombre, Él mismo estaría ahí. Por eso es importante buscar juntos al Señor, orar y alabarle. Podemos decir, entonces, que la iglesia es una fuerte ciudad porque Jesús está en medio.

También encontramos paz cuando convivimos con otros creyentes cuya vida es un modelo para nosotros y somos motivados por ellos a través de sus testimonios. Y podemos verlo a través de las palabras de Pablo en Efesios 4:9 “Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros”. No es orgullo ni presunción de parte de Pablo, sino que él se atreve a decir que su vida puede ser de ejemplo y de ánimo para nosotros.

Podemos alentarnos y motivarnos unos a otros a hacer lo correcto y eso trae paz a nuestras vidas porque sabes que en medio de las circunstancias que puedas estar pasando, hay otros que igual que tú están confiando en el Señor y que pueden buscarle juntos para apoyarse.

“Las malas compañías corrompen el buen carácter”. 1 Corintios 15:33 NTV

La gente que está a tu alrededor moldea tu vida. Si tú te rodeas de gente que ama al Señor, ellos van a moldear tu vida. Por eso es importante que nuestros mejores amigos sean cristianos. No solo debes tener cuidado con lo ves, con lo que lees y con lo que escuchas, sino también con las personas de quienes te rodeas. Tal vez te estás juntando con las personas equivocadas y por eso no hay paz en tu vida.

Aprender a confiar en Dios.

En una ocasión, mientras mi hijo jugaba fútbol, tuvo una caída fuerte. Al levantarse, se puso muy triste al ver que había un poco de sangre y sus ánimos declinaron. Lo llamé para que se acercara a mí. Al ver su rodilla, limpié la sangre y me di cuenta de que no se trataba de nada grave. “No es nada, puedes seguir jugando”, le dije firmemente. A pesar de que le costó un poco de trabajó, me creyó. Instantáneamente recobró sus fuerzas y continuó jugando. Durante esos momentos nada había cambiado en realidad, solamente su actitud.

 Tu actitud va a cambiar cuando voltees a ver a tu Padre Celestial y confíes en Él. Tenemos que cambiar nuestra actitud confiando en lo que Él nos ha dicho. Pídele al Señor que te grite, que hable, que te sacuda para que lo veas y lo escuches. Él te está diciendo: “¿Quién es tu Padre? ¿Confías en mí? Vas a estar bien. Yo estoy contigo”. Esa revelación de que Dios está contigo te va a hacer cambiar de actitud. La paz no son circunstancias, la paz es la seguridad de la presencia del Señor con nosotros.  

“Porque yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudo”. Isaías 41:13

 

 

 

 

 

 

 

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