Alegría

La Razón de Mi Alegría

¡Hagamos fiesta!

“Has cambiado mi lamento en baile; Desataste mi cilicio, y me ceñiste de alegría. Por tanto, a ti cantaré, gloria mía, y no estaré callado. Jehová Dios mío, te alabaré para siempre” Salmo 30:11-12 RVR 1960

Lucas 15:32 narra la historia de un hijo que se fue con su parte de la herencia, y después de todo lo que padeció, regresa. Cuando eso sucede, el papá dijo que era necesario hacer fiesta. Uno de los problemas de los jóvenes es que están en la iglesia y tienen miedo de hablar de celebración, porque ya no están en el mundo sino que han sido transformados.

Yo acabo de celebrar 45 años que salí de la prisión.  Hace 45 años que Dios me cambió. Tengo 64 años y me gusta estar alegre. Si ustedes son jóvenes deberían aprovechar la vida. En la parábola del hijo pródigo el papá dijo: “mas era necesario hacer fiesta”. Si usted es joven disfrute de la vida y no se porte como viejito.  

Pero cuando hablamos de fiesta debe de haber alguna razón para celebrar. Si Dios me cambió entonces mi cara tiene que reflejar ese cambio. ¿De qué me sirve a mi venir y decirte que soy cristiano si tengo cara como de muerto? Mi cara tiene que ir de acuerdo con el mensaje que procede de mi boca.


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4 Motivos por Los Cuales Podemos Tener Alegría

Despedida del Lamento

Dice el texto: “Has cambiado mi lamento en baile”. Tenemos razones para poder disfrutar la vida, pero primero tenemos que despedir aquellas cosas que nos han causado lamento. He conocido cientos de chicos y chicas de diferentes partes del mundo, y no entiendo cómo es posible que a su edad no puedan disfrutar la vida. Hay cosas que vienen a chupar el gozo de querer vivir, de estudiar, de prepararte y tenemos que soltarlas.

A veces la vida misma, si no nos cuidamos, viene a chupar el gozo.

Somos jóvenes, amamos a Dios, ahora hay que demostrarlo no solo con nuestra boca sino con nuestro cuerpo. Para hacerlo tenemos que despedir el lamento. Cuando el lamento se va, viene la alegría.

La tristeza que invade el corazón se demuestra a través de nuestro rostro. Hay cosas que nos perturban, cosas que nos molestan, que nos roban, que nos quitan el sueño y nadie las sabe pero en tu postura, en tu trato, en tu rostro, en tu manera de hablar estás diciendo: tengo problemas pero no quiero hablar con nadie. ¿Sabes con cuántas muchachas y muchachos he hablado? Jóvenes que tienen todo el potencial para ser grandes hombres y mujeres pero que están cargando con angustias y cosas internas que no saben cómo quitar. Pero llegó la hora de la despedida.

“Ciertamente volverán los redimidos de Jehová; volverán a Sion cantando, y gozo perpetuo habrá sobre sus cabezas; tendrán gozo y alegría, y el dolor y el gemido huirán”. Isaías 58:11

Fuera el gemido, el lamento, la tristeza, la soledad. Para tener mi propia fiesta primero tengo que despedirme del lamento.


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Tengo Que Darle la Bienvenida al Baile

No hay mejor manera de celebrar que bailando. Y no estamos hablando de una discoteca, estamos hablando de una manifestación de alegría.

No nos vamos a ganar a nuestros amigos para Cristo si tenemos cara de tristeza o de moribundos. Hay cierta alegría que debe proyectar nuestra cara y nuestro cuerpo. Yo no tenía fe, me estaba muriendo, pero algo me sucedió, algo le sucedió a mi corazón que estaba hecho pedazos porque me crié en las calles y tuve una vida difícil. Un día invité a Cristo a mi corazón y él me cambió.

Mi cara y mi cuerpo deben de caminar diferente porque un cambio interno demanda una expresión externa.

Has cambiado mi lamento en baile, desataste mi cilicio”. Yo quiero disfrutar, y tengo una razón para hacerlo. Hay mucha gente que no tiene motivos ya para alegrarse. Todos de una forma u otra hemos batallado en la vida, todos hemos tenido problemas pero debemos encontrar una razón para celebrar.

La bienvenida del baile que está expresando el salmista es porque hay un nuevo ambiente. Tú tienes que cambiar tu semblante. Algo le pasó a tu corazón por dentro y tu rostro debe mandar un mensaje que diga: algo está cambiando dentro de mi. Hay cosas nuevas que están sucediendo dentro de nosotros, ahora llegó la alegría, el gozo y la esperanza. ¡Llegó la misericordia! Llegaron nuevas amistades, una nueva verdad, he encontrado una familia.

Yo voy a bailar porque hay que celebrar la despedida del lamento. El gozo de conocer a Dios no solo se transmite aquí sino todos los días.


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Despojándome Del Cilicio

Tengo que quitarme el cilicio, la tristeza. A veces vemos a jóvenes que estaban muy bien y de pronto algo les pasó. Hay cosas que llegan, sorpresas que nos atacan, cosas inesperadas, puede ser una traición amorosa, una amistad. Es algo que de momento te pone como un manto de cilicio, una bufanda que cubre tu cara y no sabes cómo sucedió pero sí recuerdas el momento cuando llegó.

Te detienes y piensas: yo no estaba así, yo estaba alegre, pero algo sucedió. Un divorcio, una traición en la casa, la muerte de un hermano, un accidente, un problema financiero en la familia; esas cosas tienen poder para quitarte las ganas de vivir. De momento, aquello que te causaban alegría viene a ser el centro de un momento oscuro. Pero yo no era así, yo tengo que despedirme de esto, tengo que sacudirme y cambiar eso en mi computadora mental, porque la mente es muy poderosa.

Entonces, ¿cómo hago? ¿qué programa compro? ¿qué aplicación uso para que echar ese recuerdo fuera de mi disco duro? Es tiempo de quitarte esto, y quizás tú no puedas solo, pero yo sé de alguien que te puede ayudar, no solamente a limpiar el disco duro de tu mente sino poner uno nuevo.

No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” Romanos 12:2

 

Si la boca tiene risa la alabanza será de alegría. Y por eso vivo así. Por eso me la paso sonriendo y aquellos que me ven me preguntan si no tengo momentos tristes. Sí tengo razones para estar triste, perdí a cuatro de mis hermanos y tuve situaciones familiares muy difíciles pero yo rehúso estar triste, rehúso vivir como los demás. Tengo la razón para tener mi propia fiesta.

“Entonces nuestra boca se llenará de risa, Y nuestra lengua de alabanza”. Salmo 126:2


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La Vestidura de la Alegría

Porque el versículo dice: “Desataste mi cilicio, y me ceñiste de alegría”.

“En gran manera me gozaré en Jehová, mi alma se alegrará en mi Dios; porque me vistió con vestiduras de salvación, me rodeó de manto de justicia, como a novio me atavió, y como a novia adornada con sus joyas” Isaías 61:10

Todos tenemos alguna marca de ropa que nos gusta, ¿cierto? Pero la marca de ropa que uso no es lo que me da alegría sino lo que tengo dentro. Hay un manto que Él quiere poner sobre ti. Dios quiere abrazarte.

¿Qué pasaría si este lunes vas a la universidad alegre y tu rostro refleja la condición de tu corazón? Todo cambiaría y seguramente te preguntarían qué te pasó. Van a creer que te sacaste la lotería. No, lo que sucede es que entendí que mi corazón cambió y quiero que todos sepan el mensaje que tengo que entregar.

Ya no soy como era, ahora estoy vestido de alegría.

Dios mismo nos vistió de una forma totalmente diferente. Una nueva vestidura hecha por un nuevo diseñador, un diseñador que te conoce y sabe todo acerca de ti. Una vestidura hecha en el cielo, una talla que a todos nos queda y Dios lo hizo por ti y lo hizo por mi. Le quitó a su hijo lo que tenía para ponerlo sobre ti. Yo no sabía que podía vivir así pero la casa del cilicio tiene un nuevo propietario, ahora se llama “casa de alegría”.

Nuestros pecados, maldades e infidelidades, vienen a ser cambiadas a través de un proyecto que Él hizo. Un proyecto en el que vienes siendo culpable y estás deshecho, pero con agua, sangre, algo de química, y nuestros pecados fueron cambiados. Tal vez te preguntes, ¿cómo esto me va a cambiar? Solo hace falta que le pidas que entre a tu corazón, porque el Hijo del Creador murió por ti y por mi.

¡Qué increíble que algo tan simple como el agua y la sangre pueden cambiar la vida de una persona! Porque Su amor fue tan grande que dio lo mejor que tenía por gente que no quería saber de Él y ahora nosotros le pedimos que Él venga, que entre, que nos abrace, que nos cambie y Él lo toma muy en serio.

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Viviendo en Cristo
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