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La vida tiene un Creador, ¿lo conoces?

Un diseño tan perfecto proviene de alguien con una gran capacidad.

La vida está presente a nuestro alrededor. La Tierra está colmada de vida abundante y variada que no podemos ni imaginarnos. La evidencia del canto de las aves, las inmensas criaturas que habitan en el mar y sus profundidades. Bajo nuestros pies, incontables billones de microorganismos cumplen sus funciones en el suelo, fertilizándolo para el crecimiento de las plantas verdes que sustentan otras formas de vida.

Todo este orden y diseño tan perfecto proviene, sin duda, de alguien con una capacidad más grande que la del ser humano para idear un universo perfecto.


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Un autor detrás de una obra 

Todos sabemos que detrás de una pintura, se encuentra un pintor que participó en ella. Detrás de una construcción, un arquitecto que diseño los planos; y lo mismo sucede con un libro, siempre existe un escritor que estuvo detrás de su redacción.

La cultura donde nos encontramos inmersos, nos envuelve en muchos razonamientos y pensamientos que parecieran creíbles acerca del origen de la vida. La mente del ser humano se pierde entre multitud de ideas que evaden la existencia de un Creador. Se dice que el hombre es un producto accidental de la materia y evolucionó del polvo para convertirse en lo que hoy es. Pero razonando sobre esto, ¿acaso la nada puede producir vida?

Si somos el resultado de la nada en forma de materia, ¿la materia puede pensar, tener conciencia y sentimientos como el ser humano? ¿Podemos decir que un libro fue escrito por sí solo y que a su vez puede tener vida? Suena ilógico, ¿cierto?

Un creador y diseñador de vida

“La Biblia no pretende convencer al ser humano de la existencia de un Creador, sino que da por hecho Su existencia y sustenta a Dios como autor y diseñador de la vida.”

Si pusiéramos las piezas de un reloj en un recipiente y lo agitáramos por un millón de años, nunca se acomodarían las piezas accidentalmente para formar el reloj. Así es el pensamiento de algunos en cuanto a la formación del Universo. Para muchos, creer en Dios es cuestión de razonamiento y, para otros, es cuestión de fe. La Biblia no pretende convencer al ser humano de la existencia de un Creador, sino que da por hecho Su existencia y sustenta a Dios como autor y diseñador de la vida.

La Palabra expresa que la mano de Dios “fundó también la tierra, y su mano derecha midió los cielos con el palmo” (Is. 48:13 Reina Valera Revisada 1960). Así como Su diseño fue perfecto, Dios pensó en el ser humano para que habitara en él y lo diseñó a Su imagen y semejanza con Su propia voz:

“Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Gn. 1:26-27).


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El interior del hombre busca respuestas

El ser humano tiende a cuestionarse muchas cosas sin obtener respuestas. Entre ellas: ¿Por qué estamos aquí?, ¿por qué Dios permitió la maldad y la pobreza? e incluso, ¿por qué Dios permite la guerra y el sufrimiento?

En la búsqueda de respuestas a esas preguntas, el ser humano siente angustia, tristeza y confusión debido a lo que sucede alrededor. Pero todas las respuestas que busca el hombre, se encuentran en la Palabra de Dios. Es Él quien nos guiará a la verdad de todas aquellas interrogantes y traerá fruto de paz y entendimiento.

“Por tanto, tal como el pecado entró en el mundo por un hombre, y la muerte por el pecado, así también la muerte se extendió a todos los hombres, porque todos pecaron” (Rom. 5:12).

 A causa de que el pecado y la rebeldía entró a la tierra, la maldad existe y existirá. Pero Jesús nos dio una esperanza para que nosotros pudiéramos estar juntamente con Dios. Gracias a esa comunión con Él podemos ser liberados mediante Jesús para vida eterna. Mientras que el enemigo envuelve al mundo en desdicha y muerte, los que creen en Cristo Jesús tendrán esperanza, vida y paz.

“y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano” (Jn. 10:28).

El hombre que no cree en Dios

El hombre que no cree en Dios generalmente se hace llamar “ateo”. Sin embargo, la mayoría suele tener fe en que “lo existente se explica por sí mismo”. Esto es algo que la ciencia no ha justificado nunca. Para el “no creyente” no es suficiente la observación de las maravillas del universo y de los seres que lo habitan.

Existen innumerables razones por las cuales el hombre evade la existencia de un Dios que creó los cielos y la tierra.

Entre ellas se encuentran:

1. Si no hay Dios, no hay responsabilidad, y por lo tanto no hay a quién rendirle cuentas.

Muchos de los hombres, invalidan la existencia de un Dios a causa del comportamiento que mantienen en su vida diaria. Se sienten cómodos con su manera de vivir y usan su libertad como más les convenga. El hombre no desea tener una responsabilidad para con Dios al cual rendirle cuentas de sus actos (sean buenos o malos). Pues si lo llegara a hacer, ello conduciría a cambiar su forma de vida, donde muchos no estarían dispuestos.

Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas” (Jn. 3:20).

2. El hombre muchas veces teme enfrentarse con Dios porque no le conoce.

Dios está a nuestro alcance y podemos conocerlo. Dios está disponible para todo aquél que se quiera acercar. Pero el temor en la vida del hombre crea una barrera con Dios. Es decir, el hombre se crea un prejuicio de la personalidad de Dios sin haber experimentado un momento con Él. Dios tiene amor, perdón y misericordia para todo aquél que está dispuesto a buscarle.

3. Por necedad

La Palabra manifiesta fuertemente esta declaración y menciona que el hombre necio dice en su corazón: ¡No hay Dios! (Sal. 14:1). Lamentablemente, ante ésta necedad y falta de fe radica que Dios no puede obrar en la vida del ser humano.

El hombre no es nada sin Dios

El hombre fue creado por Dios y para Él. El ser humano tiene un hambre que solamente Dios puede saciar por medio de Su amor y Sus bendiciones. La palabra menciona: Entonces el Señor Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz el aliento de vida; y fue el hombre un ser viviente” (Gn. 2:7).

“Aunque pudiéramos tener todas las riquezas, logros, comodidades y fama; nada de eso podría llenar lo que solamente Dios suple en el corazón del hombre”

En Juan 10:10, Jesús relata que Él vino para dar vida, y vida en abundancia. Él mismo es El camino, La verdad y La vida. Nada de lo que poseamos de éste mundo podrá saciar el corazón del ser humano. Aunque pudiéramos tener todas las riquezas, logros, comodidades y fama; nada de eso podría llenar lo que solamente Dios suple en el corazón del hombre.

Un dato interesante acerca de esto, es lo que expresó sobre sus pacientes uno de los más grandes especialistas de la conducta humana, Erich Seligmann Fromm: “La mayoría de las personas que me visitan, sufren de una muerte interior del alma, viven en medio de la abundancia pero no tienen gozo ni paz”. Él en su experiencia por años, apreció como múltiples de sus pacientes, que vivían con comodidades, lujos y llegaban a su máximo desarrollo profesional y económico, sentían un vacío terrible y una ausencia de paz.

Ante esto, es comprensible que el hombre tenga metas y sueños por cumplir. Dios no está peleado con eso, siempre y cuando sea para glorificar a Dios en su caminar; sin embargo, actualmente muchos al llegar a ese nivel de sus vidas han conseguido todo lo que se propusieron que sienten un vacío que nada de lo que tienen logra saciarlos.

Solo Dios puede lograr que nuestros corazones y mentes sean saciados, pues el hombre no es nada sin Dios. El hombre sin Dios, proviene del polvo y al polvo regresará. Jesús llevará junto a Él para vida eterna a todo el que cree que resucitó de los muertos (Jn. 3:15).

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Crecimiento Espiritual
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