El Marathon de la Vida

La vida es un maratón. ¿Sabes cómo correrlo?

Tres Consejos para Terminarlo

Una de las preguntas más populares es: “¿Qué es la vida?” Dependiendo de la manera como respondas a esta pregunta es cómo la vas a vivir. El día de hoy vivimos en la era de la comunicación y el conocimiento. La información que una persona recibía en otra época por medio de los periódicos, ahora un joven la puede tener en un solo día gracias al Internet. Esto ha provocado que todo mundo tenga una opinión acerca de todo.


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No todas las opiniones son correctas

Asimismo, las redes sociales le dieron voz a cada persona que tiene una opinión. Navegando por la red, encuentras muchas opiniones sobre lo que es la vida, sin embargo no todas ellas son correctas.

“La vida es bella” es el título de una película que tal vez recuerdes. Johnny Laboriel cantaba que “la vida es una tómbola”. “La vida es un carnaval” es una famosa canción de Celia Cruz. Uno de los compositores mexicanos más prolíficos, José Alfredo Jiménez, se lamentaba: “No vale nada la vida, la vida no vale nada”.

El apóstol Santiago decía que la vida es como neblina y se refería a lo siguiente: cuando miramos veinte años hacia adelante parece un tiempo larguísimo, ¡mientras que voltear la mirada hacia atrás nos hace pensar que veinte años no duran nada! Pablo decía que para el vivir es Cristo y morir es ganancia (Hch. 1:21 Reina Valera Revisada 1960).

El mejor capital que tienes es tu tiempo, úsalo para glorificar al Señor.

Esto no significa que Pablo menospreciara su vida, sino que agradar a Cristo era todo para lo cual él vivía; lo demás pasaba a segundo término. El mejor capital que tienes es tu tiempo, úsalo para glorificar al Señor. Que servir apasionadamente al Señor no sea solo durante una temporada de tu vida. Hazlo para que al final de tus días en la tierra, fácilmente puedas decir: para mí el vivir fue Cristo y morir es ganancia.

Jesús definió la vida en el evangelio de Juan: “Y ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (17:3).  

La vida es una brillante demostración de la sabiduría y el conocimiento del eterno Dios; un vívido reflejo de Su arte y poder.

Por mi parte, me gusta decir que la vida es una brillante demostración de la sabiduría y el conocimiento del eterno Dios; un vívido reflejo de Su arte y poder. Él es el dador y creador de la vida. Si yo estoy aquí hoy es por la gracia de Dios. Mi mamá tenía cuatro meses de embarazo cuando ella y papá tuvieron un accidente automovilístico que la dejó con ambas piernas fracturadas. Cuando la revisaron en el hospital le dijeron que mi corazón se había detenido.

Yo fui el cuarto embarazo de mis padres. Antes de mí, sufrieron un aborto y perdieron a otros dos bebés a los pocos días de nacidos. Por eso cuando supieron que yo venía en camino oraron a Dios diciendo: “Señor, úsalo. Déjalo nacer y úsalo para tu gloria. Si este niño te va a ser útil en las naciones, si va a hablar de quién Tú eres y de lo que haces, dale oportunidad de vivir”.

La vida no la decides tú, la decide Dios

Unos días después, ante una de las pruebas más difíciles de su vida, papá se atrevió a decir: “Señor, Tú no eres hombre para que mientas, ni hijo de hombre para que te arrepientas. Tú lo que prometes, lo cumples y lo que dices, lo haces. Yo te pido que si este niño te va a ser útil en las naciones todos los días de su vida, resucítalo”. Seis horas después cuando revisaron a mi mamá, mi corazón había vuelto a latir. Lo que quiero decirte con todo esto es que la vida no la decides tú, la decide Dios.  Tú no estás vivo porque tú lo hayas planeado o querido. Estás vivo porque Dios te tiene en su agenda divina. Eso significa que tiene un propósito y un plan para ti. Tienes que aprovechar al máximo esta oportunidad para reflejar la gloria de Dios.  

Otra frase que he escuchado es que “la vida es un maratón”. Un maratón es una carrera de poco más de 42 kilómetros. Hace tiempo tuve el sueño de correr un maratón. Como tenía problemas de sobrepeso, el proceso fue arduo, pero lo logré. No sólo corrí uno, sino nueve, siendo el último hace algunos meses.

Lo que el enemigo quiere usar para tumbarte Dios lo puede usar para tu bien.

Dios ha puesto en ti sueños que no sabrás si eres capaz de lograr hasta que los emprendas; si al final no lo logras, que no sea porque no lo intentaste. Jesús se apareció a los discípulos junto al mar y preguntó si tenían algo de comer. Pedro contestó que en toda la noche no habían pescado nada, ante lo cual Jesús dijo que echaran la red. ¿Qué pasó después? Tuvieron una pesca milagrosa. Cuando llegas a un momento en tu vida en que lo intentaste todo y parece que no lograste nada, en ese momento aparece Jesús y te dice “echa las redes”. Lo que era una frustración se convierte en bendición. Lo que el enemigo quiere usar para tumbarte Dios lo puede usar para tu bien.

“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios” (Heb. 12:1-2). Aquí Pablo hace una metáfora de la vida como una carrera, y yo te quiero dar tres consejos para la carrera de la vida.


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1.- No te desesperes

Durante nuestra juventud se nos presentan muchas oportunidades para desesperarnos. Llega el momento en que ya quisiéramos tener todo resuelto: casa, dinero, la media naranja y demás. Ves que pasan los años y sigues igual, ¡pero no te desesperes! Dios tiene un tiempo perfecto para todo.

Puede ser que tú te sientas inseguro sobre estas y otras cosas al no ver que suceden. Pero Dios está completamente seguro del plan y los tiempos que tiene para ti. Lo que a ti te parece que no lograrás, con la ayuda y el favor del Señor lo conseguirás.

Si eres soltero y no ha llegado tu pareja, ¿de qué sirve desesperarte? Necesitas enfocarte en lo que Dios para tu vida en este momento y esperar con paciencia. No te distraigas de poner tus ojos en Cristo al pensar en cosas que Él ha decidido que todavía no lleguen a ti.

2.- Deshazte de todo lo que te está frenando

“Por tanto también despojémonos de todo peso…” En una carrera, mientras más liviano vayas, avanzas más rápido. Hubo un maratón que corrí con el objetivo de romper mi tiempo. Ha sido mi carrera más bendecida: mientras avanzaba encontré mochilas, porta celulares, termos y más. Esto porque los corredores se iban quitando todo peso extra.

Si estás desesperado por conseguir pareja, lo único que eso provocará es frustrarte y desviarte del camino de Dios.

En la vida hay gente que va muy cargada con pensamientos, actitudes y problemas que a veces son herencia de los padres o de generaciones atrás. También los deseos de cosas fuera del tiempo de Dios son cargas que están entorpeciendo tu correr, y quisiera ser específico en el tema del noviazgo. Si estás desesperado por conseguir pareja, lo único que eso provocará es frustrarte y desviarte del camino de Dios.

Aligera tu carga. Hay personas a tu alrededor que te animan y te bendicen. Pero hay otras que si te aferras a ellas, pueden provocar que tu caminar sea muy cansado y no llegues a tiempo a la cita que Dios tiene para tu vida.

3.- No te detengas

Entre los maratonistas hay algo llamado “la pared”, y ocurre en el kilómetro 32. Es justo a la mitad del camino y se siente una fatiga muy fuerte, cuando tu cuerpo ya quemó sus reservas de energía. Uno de los maratones que corrí fue en apoyo a una asociación que ayuda a niños que sufren de atrofia muscular. Cuando me acercaba al kilómetro 32 comencé a sentir los síntomas de la pared. Me llevé las manos a la cara y al verlas noté que escurría sangre por mi nariz. Quise detenerme pero entendí que llevaba una asignación, había un propósito mayor que yo que me motivaba a continuar así que eso hice y terminé la carrera.

Dios puede transformar tu peor momento en el mejor tiempo

Lo más sorprendente es que ese ha sido mi mejor tiempo: en ese, mi peor momento. Tal vez sientas que no estás en tu mejor momento en tu vida con Cristo pero recuerda que lo que te sucede para mal Dios puede usarlo para bien. El Señor puede transformar tu peor momento en el mejor tiempo de tu vida.

No te detengas hasta alcanzar lo que Dios tiene para tu vida.

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