Luz

Lámpara en las Tinieblas

¿Eres luz para los que te rodean?

Dios nos llamó a todos a vivir de una manera diferente a la de este mundo. Estar aquí no quiere decir que tengamos que vivir como el mundo nos lo dicta. Tenemos que vivir de manera que las personas que nos rodean puedan ver el amor de Dios en nuestra vida y que eso los lleve a conocerlo también. Dios nos da algunos nombres de los que quiere que nos apropiemos; debemos volverlos realidad en nuestra vida cada día.

Comprometido de Corazón

La primera vez que Josué aparece en la Biblia era un joven en medio del desierto con su pueblo, Israel. Dios le confía la pelea contra Amalec, batalla en la que sale victorioso el pueblo de Israel.

Tras este evento,  Josué comienza un proceso para convertirse en una persona muy comprometida con Moisés.

Josué no tardó en mostrar su compromiso. Cuando Dios mostró los 10 mandamientos al pueblo de Israel,  nadie se atrevió a acercarse a la presencia de Dios. Moisés se armó de valor y aceptó subir al monte Sinaí solo. Aunque Josué no pudo subir con Moisés, no se quedó con el pueblo. Estuvo al borde del monte mientras Moisés estuvo arriba.


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Un Hombre Lleno del Espíritu

Otra muestra del carácter de Josué aparece en Números 13. Moisés envió a 12 espías para observar la tierra que Dios les había prometido. Al volver del viaje los 12 espías dieron aviso de lo que habían visto en esa tierra. 10 de ellos utilizaron su oportunidad de hablar para desanimar al pueblo a conquistar la tierra prometida. Mas las palabras de Josué y Caleb fueron lámpara en medio de la tragedia que sus compañeros habían descrito. Ellos animaban al pueblo a avanzar contra los pueblos enemigos porque le creyeron a Dios.

Moisés sabía que no iba a entrar a la tierra prometida. Entonces le pidió a Dios alguien que guiara al pueblo para conquistarla. En respuesta Dios le dice:

“Toma a Josué hijo de Nun, varón en el cual hay espíritu, y pondrás tu mano sobre él”. Números 27:18 (RVR1960)

Cuando habla de espíritu, habla de esfuerzo, entrega y pasión. El pueblo de Israel tomó un camino que los condujo a no poder entrar a la tierra prometida ya que no confiaron en Dios. En cambio, Josué supo mostrar su confianza en Dios, fue una lámpara en medio de la oscuridad. Dios lo usó para vencer a los pueblos de esa tierra y repartirla entre las nuevas generaciones del pueblo de Israel que lograron entrar.

Un Mundo Incierto

Ya establecido, el pueblo de Israel notó que los pueblos y naciones vecinas tenían un rey. Dejaron de lado a Dios y decidieron pedir, de una forma muy persistente, un rey. Al profeta Samuel no le pareció buena idea así que fue delante de Dios y le pidió que le dijera que hacer y Él respondió:

“Atiende todas las peticiones que te haga el pueblo. No te han rechazado a ti, sino a mí, pues no quieren que yo reine sobre ellos”. 1 Samuel 8:6

Dios levantó a Saúl como primer rey de Israel. Al principio, Saúl demostró ser el elegido por Dios; pero más adelante, ya siendo rey, se desvío de los caminos de Dios hasta el punto en que Dios dijo: “Me pesa haber puesto por rey a Saúl” (1 Samuel 15:11).

Renacer en Dios

Entonces Dios levantó de entre los hijos de Isaí al más pequeño de ellos, David, quien fue un hombre conforme al corazón de Dios y un rey que sirvió con todo su corazón. De ahí en adelante hubo reyes que amaban a Dios y reyes que, más allá de no seguir a Dios, llevaron al pueblo a hacer cosas terribles que iban en contra de lo que Dios decía. Toda la nación fue afectada por reyes que iban y venían.

Vivimos en un mundo que cada día va sacando más a Dios de sus vidas. No vemos a Dios en la escuela ni en el gobierno, somos guiados a cosas cada vez peores. Lo que escuchamos se vuelve más cotidiano y buscar a Dios ya parece una tontería. Pero algo que vemos en 1 Reyes 15:4 y es que a pesar que hubo reyes que no buscaron a Dios, Dios dice:

“Mas por amor a David, Jehová su Dios le dio lámpara en Jerusalén, levantando a su hijo después de él”. 1 Reyes 15:4

Así como Josué, el siguiente rey fue lámpara para Israel. Es impresionante que en medio de una generación perversa todavía puede levantarse alguien del cual Dios dice: En medio de tinieblas para mí él es lámpara.


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Sal del Mundo

¿Cómo ve Dios tu corazón? ¿Qué adjetivo te identificaría? Jesús dijo que nosotros somos la sal del mundo. Jesús nos dio un adjetivo: “la sal del mundo”. La sal sirve para conservar los alimentos y Dios nos ha puesto para conservar su Palabra y su reino en este lugar.

Dios te ha puesto para conservar su vida en un mundo que ha decidido negar lo que es de Dios.

Dios nos ha puesto para dar sabor con nuestra vida, un cristiano debe ser alguien con quien la gente quiere convivir porque da sabor, la gente quiere ir a la iglesia contigo porque quieren lo que tú tienes. Déjalos que vean la vida de Dios en ti.

Lámpara en las Tinieblas

El Señor también nos llamó a ser la luz del mundo. Una lámpara no se pone bajo la mesa, sino que se pone en alto para que pueda iluminar. Dios te puso en tu familia, trabajo o escuela para iluminar con palabras, pero sobre todo con tu vida, con tu manera de comportarte, con tu trato a tus compañeros, vecinos y familiares. Esa manera de vivir es una predicación para los demás. Al hablar de algo sin mostrarlo con tu vida, la gente se harta de escuchar y nunca ver una diferencia entre tú y el resto mundo. Dios nos ha puesto para ser lámparas.

Si quieres que Dios te ponga un nombre de quién eres tú para Él ahora lo tienes. Eres sal y eres luz.

Que tu forma de hablar y de comportarte sean luz para las personas a tu alrededor. ¿Cómo tratas a los que te rodean todos los días? Dios quiere que seas lámpara, alguien que muestre interés genuino por los demás. Vivimos en un mundo egoísta. Todos piensan en sí mismos y nadie en los demás o en cómo están. Eso es en lo que los cristianos podemos diferenciarnos de los demás, porque conocemos el amor de Dios podemos interesarnos genuinamente en la vida de los demás. Cuando empecemos a ver a los demás, a aconsejarlos y a orar por ellos entonces seremos lámpara a sus vidas. Esa luz va a iluminar sus vidas, va a ser la diferencia y va a abrir sus corazones para conocer el amor del Señor. Interésate por los demás.

Rayito de Esperanza

Una joven tenía un vecino que enfermó de cáncer. Le pregunté: “¿Quiere que vengan a orar por usted?”. Y él respondió que sí. Fui a su casa a orar por él y a compartirle del amor de Dios. Dentro de nuestra plática le dije: “Dios lo puede sanar, pero también lo puede llamar a su presencia”. 

¿Está usted listo?; y temblando él, un hombre que llegó a pesar 120 kg, alto y fuerte, respondió: “Tengo miedo”. 

En ese momento pesaba 60 kg, no se podía levantar y dependía de su familia. Estaba siendo golpeado en su orgullo. Este hombre conoció y recibió a Cristo. Después de la visita,  su esposa me dijo que él se sentía diferente, que se sentía contento y sin miedo. Me agradeció por el tiempo que me tomó la visita y por estar con él y me pidió de parte de su esposo que los visitara de nuevo. 

Al llegar,  el hombre me dijo: “Gracias por sus palabras y por su oración. Me dieron confianza. Estoy en paz y,  sobre todo, estoy listo. Pero le hablé porque aquí están mi papá, mis hermanos y mis hijos; quiero que les diga todo lo que me dijo a mí. Pasamos a todos a la recámara del hombre, les compartí y oramos por él. Todos entregaron su vida a Cristo. Después de ese día,  el hombre decayó, a los 3 días falleció y ahora está en la presencia del Señor.

Toda la familia conoció a Dios y todo porque una joven se interesó por ellos, fue lámpara.

En medio de este mundo de confusión, pensamientos, filosofías y tinieblas Dios dice: Yo tengo ahí una creación que es lámpara para este mundo. No te escondas bajo la mesa. Sé una lámpara que ilumine a todos a tu alrededor.

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Viviendo en Cristo
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