Todo Le Pertenece a Dios

Todo Le Pertenece a Dios

Somos solo administradores de esta vida.

Recuerdo una ocasión en la que realicé un viaje con mi familia y algunos hermanos de la iglesia. Debido al número de personas, se decidió rentar un par de camionetas con suficiente espacio para que viajáramos todos juntos.
Si bien mis padres eran cuidadosos con el uso que daban a nuestro propio automóvil, nunca había visto tanta exigencia de parte de ellos durante un viaje: “Vamos a evitar alimentos dentro del vehículo. Tampoco se permitirán bebidas, a menos que sean en envase con tapa rosca. Todos deben de procurar tener sus zapatos lo más limpios posible antes de subir”.
Yo era pequeño, así que me resultó un tanto difícil comprender a qué se debía tanta delicadeza. Mi padre me explicó el “pequeño” gran detalle: “hijo, estas camionetas no son nuestras”. Ese era el motivo. Ese y el cargo adicional que nos haría la compañía arrendadora si no regresábamos los vehículos tal y como nos los habían entregado.


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Hay una gran diferencia entre poseer y administrar, así como entre ser dueño y ser mayordomo. Un mayordomo no posee la propiedad que administra. El verdadero propietario tiene el derecho de demandar un cuidado responsable de aquél a quien ha confiado sus posesiones.
Nosotros somos administradores de incontables bienes, dones y riquezas que provienen del Señor, el verdadero dueño de estas. ¿Qué cosas hemos recibido de Dios? Pues, en realidad, todo, pero empecemos por lo que dice el libro de Génesis:

“Entonces Dios dijo: «Hagamos a los seres humanos a nuestra imagen, para que sean como nosotros” (1:26).

Hemos recibido la imagen de Dios. El hombre no es semejante a Dios de manera física, porque “El Señor es espíritu”; el humano no es de manera moral la imagen de Él, porque es pecador y el Señor es Santo. Entonces, ¿cómo es que estamos hechos a la imagen de Dios?

A Su Imagen y Semejanza

Estamos hechos a la imagen y semejanza de Dios con el intelecto, emociones, y voluntad: los elementos de la personalidad.
Al hombre se le dio intelecto para conocer a Dios, emociones para amarlo, y voluntad para servirle. El humano no solo fue creado por Él, sino para Él. Ninguna otra creación del Señor recibió todos los elementos necesarios para tener verdadera amistad con Él.

Hemos recibido El Espíritu de Dios, el cual vino para dar poder para testificar y producir fruto santo en la vida de los creyentes.

Debemos orar y estar llenos del Espíritu Santo. Dado que Dios nos ha redimido con la preciosa sangre de Su Hijo Jesucristo, todo lo que poseemos le pertenece a Él. Nosotros somos sus mayordomos.

“Pues en él vivimos, nos movemos y existimos”. Hechos 17:28

Para comprender la mayordomía en la vida cristiana, es importante saber que Dios nos confía las responsabilidades de Su Reino. Él ha puesto en nuestras manos la administración de todo lo que posee. El mayordomo cristiano se da cuenta de que en Cristo ”vivimos, nos movemos y somos”. Dios es nuestro maestro supremo. Nuestra vida entera: personalidad, influencia, todo, todo es suyo, aún nuestros éxitos.


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Somos Administradores

“¡Todo lo que tenemos ha venido de ti, y te damos solo lo que tú primero nos diste!”. 1 Crónicas 29:14

¿Qué cosas te hacen único? Quizás algún talento, tu inteligencia o tu encantadora personalidad. Pues, permíteme decirte que todo eso lo has recibido de Dios, y que Él nos hace responsables por la forma como administramos lo que nos ha dado.
Cuando le pidieron que diera el significado de mayordomía, un jovencito respondió bien cuando dijo: “significa que la vida es un barco que acarrea una carga de muchas cosas en camino hacia mucha gente de muchos sitios. Dios es el propietario, pero yo soy el capitán del barco, y Él me hace responsable de la distribución”.

La perspectiva divina nos ayuda a entender el verdadero propósito de la vida del cristiano. Una vez que nos hemos comprometido a servir a Jesús como el Señor de nuestra vida, debemos dar un paso más en nuestra mayordomía: representarlo ante el mundo.
La vida no se trata únicamente de disfrutarla y pasarla bien. Aunque el deseo de Dios es bendecirnos, debemos pensar que no estamos aquí para ver por nuestros propios intereses. Sino que como hijos y siervos de Él lo estamos para invertir nuestro tiempo, talento y dinero en la búsqueda y salvación de los perdidos.

Pertenecemos a Dios

“Yo soy el Señor tu Dios, que te enseña lo que te conviene y te guía por las sendas que debes seguir”. Isaías 48:17

¿Qué pasaría si olvidáramos quién es el verdadero dueño de nuestras vidas? ¡Nos perderíamos de muchas bendiciones! La Biblia habla de que Dios es dueño del hombre en dos sentidos: 1) Él lo creó en el principio y 2) Lo redimió, lo trajo de nuevo a Sí mismo después que se apartó y se tornó esclavo del pecado. ¿Qué precio pagó Dios? ¡La muerte de Su único Hijo!

Si Dios nos ha rescatado de nuestra antigua manera de vivir, sería necio de nuestra parte volver a las cosas del mundo. En cambio, es señal de verdadera sabiduría el someternos totalmente a Dios y al control del Espíritu Santo.
Solo reconociendo que somos propiedad del Señor es que experimentaremos de verdad las bendiciones que Él ha preparado para nosotros.


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El Máximo Ejemplo de Dar

Es difícil desprenderse de algo, sobre todo si ese algo es el único que tienes: tu único día de descanso, tu única moneda, tu única rebanada de pizza. Pues, te diré que eso no es nada comparado con el ejemplo que nos dio nuestro Padre en los cielos.
Su expresión sobrenatural del acto de dar consistió en sacrificar a Su único Hijo para que pudiésemos recibir el perdón de nuestros pecados. Él continúa dándose a Sí mismo hoy día en amor, perdón, paz, propósito y poder. Es la fuente de toda vida y sigue proveyendo también alimento, aire, agua, techo y vestido.

¿Qué Otras Cosas Hemos Recibido de Dios?

Bondad, tolerancia, paciencia, honor y vida eterna.

“¿No te das cuenta de lo bondadoso, tolerante y paciente que es Dios contigo? ¿Acaso eso no significa nada para ti? ¿No ves que la bondad de Dios es para guiarte a que te arrepientas y abandones tu pecado?”. Romanos 2:4

Él nos llena de sus bendiciones en cada momento de nuestra vida, no hay cosa alguna en la cual no esté atento para suplirnos, porque es un Dios dador.

El Señor también nos da el Espíritu Santo para darnos poder. Él quiere que nuestra forma de vivir sea una manera de darle gloria. ¡Su ayuda está a nuestra disposición! También nos ha dado la confianza de recibir y que podamos distribuir de la manera como Él desea.

Dios es perfecto y desea que podamos recordar que todas las cosas provienen de Él, y quiere que lleguemos a ser excelentes administradores de lo que nos da. Porque es el dueño de todo.

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