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Libre de Toda Cautividad de Tu Enemigo

¿Cuántas veces has intentado ser libre?

¿Alguna vez te has sentido como un esclavo de tu estilo de vida? ¿Oprimido por errores, temores o vicios? ¿Has anhelado tener una verdadera libertad? Si tu respuesta es sí, déjame decirte que Dios quiere que seas libre en tu vida ya que Él tiene un propósito eterno para ti.

Si hoy te sientes como un esclavo, ésto no es algo nuevo. Desde los tiempos de Jesús, Él nos dijo: “De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado”. (Jn. 8:35 Reina Valera Revisada 1960). Sin embargo, después de esta declaración, Jesús procedió a darnos una promesa: “Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres” (Jn. 8:36 Reina Valera Revisada 1960)


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El Señor envió a su Hijo Jesucristo a morir en la cruz, no solo para que quedara escrito en un libro, sino para traer libertad a tu corazón. Jesús vino a pelear y ganar la batalla espiritual más profunda y eterna: Él peleó y ganó la guerra por tu salvación.

Tal vez hoy tú ya creas en Cristo y aún así tengas ataduras en tu vida, pero si permites que Jesús venga y haga la obra, su poder te liberará de toda influencia, atadura y engaño del enemigo.

El enemigo de nuestras almas

Así como Jesús pelea por nosotros, existe un enemigo que lucha en nuestra contra, y en contra de Dios: ese enemigo es Satanás. El encabeza una guerra espiritual contra nosotros, 365 días del año, 24 horas al día, de la cual no desea que estemos conscientes.

Él no quiere ser sorprendido ni expuesto, ya que trabaja mejor en oscuridad. La Palabra dice que es mentiroso, engañador, padre de mentira (Jn. 8:44). Satanás es un ladrón que busca robar, matar y destruir, aunque sabe que como cualquier ladrón mencionado en la Biblia, cuando es sorprendido debe regresar 7 veces lo que hurtó. (Pr. 6:30-31)

La razón por la cual el diablo busca desviar tu atención de sus maniobras, es para de esa forma poder trabajar en alejarte del propósito Dios, y de la vida eterna que el Señor tiene para ti. Jesús mismo nos dijo ésto, pero junto con esa advertencia también mencionó la promesa del Señor:

“Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Jn. 10:10).

¿Cómo alcanzar el propósito y la abundancia de Dios, si permites que el mentiroso te engañe, que el ladrón te asalte, que el enemigo te ataque? Satanás buscará la forma de esclavizarte con pecados, dudas, temores, y por lo mismo no puedes seguir con los ojos cerrados.

No vivas como si estuvieras en un día de campo. Mientras estés en la tierra, necesitas mantener una posición defensiva y ofensiva, consciente de que hay una obra específica en las tinieblas planeada en tu contra. Como bien dice la biblia: “No podemos ignorar las maquinaciones de nuestro enemigo” (2 Co. 2:11) Necesitas darte cuenta que habitas en medio de una guerra espiritual.

Dios tiene poder para liberar

En la Biblia hay una historia titulada “el endemoniado gadareno”. La cual trata de una persona que era dominada y habitada por demonios, y había perdido el control de su vida. (Mr. 5:1-20). La historia en sí es bastante ilustrativa respecto a cómo opera Satanás en la tierra y en la vida de las personas, pero lo más importante que podemos aprender de este relato es lo siguiente:

Jesús tenía (y tiene) la autoridad por encima del diablo y sus demonios.

¿Cómo nos damos cuenta de ésto? Pues bien, aún completamente dominado por demonios, cuando este hombre gadareno vio a Jesús, lo primero que hizo fue correr y arrodillarse ante Él, mientras los demonios le rogaban a Jesús que no les hiciera salir. (Mr. 5:6-7). Aunque los demonios tenían el poder sobre la vida de esta persona, al ver a Jesús siguieron todas sus instrucciones. ¿Porque? Ellos estaban conscientes de que ante Jesús no tenían cómo ganar.

En una ocasión me tocó tratar con un joven que quería quitarse la vida, y durante nuestra conversación, de pronto tuvo una manifestación demoníaca. El enemigo lo tenía completamente atado. Gracias a Dios, este joven pudo ser libre, y después procedió a contarme que en su casa practicaban brujería, trataban con mediums, e invocaban muertos, lo cual me dio una idea de cómo había llegado a estar poseído por un demonio.

Poco después de esa experiencia, mientras oraba le pregunté a Dios, ¿porque me permitiste pasar por eso?, y el Señor simplemente respondió: “Para que vieras que mi nombre es sobre todo nombre, y Yo tengo toda autoridad”. Satanás y sus demonios tienen poder, pero delante del Señor de Señores y Rey de Reyes, delante de Jesucristo, no tienen ningún poder ni autoridad. (Ro. 16:20) (Fil. 2:9)


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Demonios en la Biblia

En la Biblia se mencionan demonios alrededor de 80 veces, en su mayoría en los Evangelios y/o relacionados con Jesús. Esto es probablemente porque nunca había existido otra persona con tanta autoridad para enfrentarlos. Jesús constantemente echaba fuera demonios, los cuales reconocían su señorío en cada ocasión:

  • “Trajeron a Él muchos endemoniados, y con la Palabra echó fuera a los demonios” (Mt. 8:16)
  • “He aquí, le trajeron un mudo, endemoniado. Y echando fuera al demonio, el mudo habló. (Mt. 9:32-33)
  • “Y reprendió Jesús al demonio, el cual salió del muchacho, y éste quedó sano desde aquella hora” (Mt. 17:18).

Además de esto, Jesús también enviaba a sus discípulos para que ellos tomaran autoridad sobre los demonios:

  • “Y estableció a doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar, y que tuviesen autoridad para sanar enfermedades y para echar fuera demonios” (Mr. 3:14-15)
  • “Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas” (Mr. 16:17)

Algunas verdades sobre los demonios

Es importante mencionar, que al hablar de Satanás o demonios, muchas personas entran en temor y prefieren evitar el tema, pero eso es un error que no debes cometer. No te des el lujo de ignorar o temer la obra del diablo, cuando Dios te ha llamado y te ha dado el poder para enfrentarla.

Otra cosa que usualmente sucede es que la gente actúa de acuerdo a extremos. Algunas personas ven demonios en todas partes, mientras que otras no tienen la creencia de que éstos existan, y atribuyen todos sus problemas a falta de disciplina, negando por completo el tema de la operación demoníaca.

Debe existir un equilibrio. Por un lado, hay situaciones que son producto de tu humanidad, de tu carne, y que ocupas discipular y disciplinar (dígase, no son demonios en tu vida, eres tu). Sin embargo, hay cosas que sí pueden ser el resultado de ataduras de demonios, las cuales no podrán ser controladas o disciplinadas puesto que hay que romperlas.

Entonces, ¿cómo puedes ser libre de las obras de Satanás?

1.Necesitas reconocer y creer por la Palabra de Dios que los demonios son reales y su obra también

Hay ataduras de las cuales hoy necesitas ser libre, pero nunca podrás serlo si no aceptas que puedes estar atado. Vivirás tu vida negando las manipulaciones del enemigo y viviendo con ellas. Para evitar tal futuro, lo primero que ocupas hacer es reconocer y creer por la Palabra de Dios que los demonios son reales y su obra también, sin olvidar que así como es real la influencia del enemigo en tu vida, también es real el poder de Dios para liberarte.

2. ¿Posesión o influencia demoníaca?

Quizás te has hecho la pregunta: ¿Puede una persona que cree y sigue a Dios ser poseído por un demonio? La respuesta es no, porque el que nos posee es Cristo, el es nuestro dueño. Sin embargo, en el contexto bíblico la posesión no solamente se refiere a estar completamente controlado por demonios, sino también a estar bajo la influencia, manipulación o poder de un demonio. Una persona cristiana sí puede ser influenciada por el poder de las tinieblas. Los demonios no entran por la puerta, sino que buscan una rendija de oportunidad en nuestra vida para meterse. (Jn 10:10)

Si tu estás siguiendo a Cristo, tu alma le pertenece al Señor, pero solo con paciencia puedes obtener el control y dominio completo de la misma (Lc. 21:19). Este es el deseo de Dios para ti: que puedas permanecer en una relación con El, dependiendo completamente de Cristo de tal forma que puedas decir “Satanás nada tiene en mí” (Jn. 14:30).

Ejemplo de Pedro

Podemos ilustrar este punto tomando de ejemplo a Pedro hablando con Jesús:

Van caminando junto con los demás discípulos, cuando Jesús le dice:“es necesario que muera” haciendo referencia a su futura crucifixión. Pero al escuchar estas palabras, Pedro inmediatamente contesta: “No Señor, ten compasión de ti”. (Mt. 16:21-22)

Uno pensaría que se agradaría de su respuesta, pero es curioso ver cómo Jesús le responde a Pedro: “¡Apártate de mí, Satanás!, porque me eres tropiezo, porque no pones tu mirada en las cosas de Dios, sino en las de los hombres” (Mt. 16:23). Aún cuando Pedro no es literalmente Satanás en esta historia, muy probablemente el diablo si estaba influyendo en él, para tentar a Jesús. Pedro necesitaba tomar autoridad para ser libre, porque el diablo se estaba colando en su vida, en sus pensamientos.

“Quizás has cometido los mismos errores una y otra vez, y por mas que lo intentas no puedes ser libre”

¿Existe algún área por donde el diablo está entrando tu vida? ¿Un área donde, aun creyendo en Cristo, te sientas derrotado, perdido o sin esperanza? Quizás has cometido los mismos errores una y otra vez, y por más que lo intentas no puedes ser libre. Tal vez esto no sea consecuencia de una debilidad de tu parte, sino de una atadura del enemigo y sus demonios. ¡Abre los ojos! Necesitas reconocer la obra de tu enemigo, para poderlo enfrentar y ser libre.

No permitas que el ladrón entre a tu casa

En el mundo físico, si un día te encuentras en tu escuela o trabajo, dejas una ventana abierta en tu casa, y entra por ella un ladrón, ¿de quién es la casa? Tuya. Pero en ese momento el ladrón es quien toma el control de la misma robando tus posesiones.

Lo mismo sucede en tu vida espiritual. Si dejas “ventanas” abiertas, aún cuando creas en Dios, el enemigo podrá entrar y empezara a tomar control de tus pensamientos, deseos y decisiones. Recuerda, el diablo es un ladrón. Más aún, Satanás no se conforma con tomar el control de un cuarto en tu casa; el busca obtener el control de la casa completa. El diablo quiere avanzar, robar, poseer todo lo que hay en tu vida. El quiere tomar el control completo de tu corazón. (Jl. 2:9)

Si hubiera un ladrón en tu casa, ¿como lo sacarías? Teóricamente lo mejor sería hablarle a la policía, quien tiene autoridad para reprenderlo. De la misma forma, si un demonio ladrón se ha metido en tu vida, la forma de sacarlo es ir a Cristo, tomando la autoridad del Espíritu Santo, para poder decirle: ¡fuera de aquí en el nombre de Jesús!

Una vez entrevistaron a un brujo para un programa de televisión, y entre otras cuestiones el presentador preguntaba: ¿Puedes hacer brujería a cualquier persona? El brujo se quedó pensando y dijo: no, no a cualquiera, contra los que tienen el Espíritu Santo en sus vidas yo no puedo hacer nada.


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3. Jesús es quien echa fuera demonios, rompe ataduras, y te hace libre.

“Cuando los setenta y dos discípulos regresaron, le informaron llenos de alegría: -Señor, ¡hasta los demonios nos obedecen cuando usamos tu nombre!

-Sí – les dijo -. Vi a Satanás caer del cielo como un rayo. Miren, les he dado autoridad sobre todos los poderes del enemigo; pueden caminar entre serpientes y escorpiones y aplastarlos. Nada les hará daño. Pero no se alegren de que los espíritus malignos les obedezcan; alégrense porque sus nombres están escritos en el cielo”. (Lc 10:17 Nueva Traducción Viviente)

Satanás no quiere ser descubierto. El quiere que veas tus ataduras como debilidades, que te enfoques en tu pasado y tu culpa, pensando que otros pueden ser libres pero tú no. ¿Has creído eso alguna vez? Y si volvemos a la Biblia, ¿qué habrá pensado el hombre gadareno?

Si echamos un último vistazo a su historia y regresamos a Marcos 5 vemos a este hombre deshecho. Un hombre destrozado por la obra demoníaca, viviendo en montes y sepulcros, quien de pronto ve a Jesús desde lejos. De acuerdo a estimaciones, al menos 2 mil demonios habitaban en él y, sin embargo, él corre para arrodillarse a los pies de Jesús.

Ninguno de los demonios fue capaz de detenerlo o de impedir su encuentro con el Señor.

Este hombre corre, se arrodilla, y posteriormente es liberado mediante una orden simple de parte de Jesús. Es muy sencillo: El Señor habla, los demonios obedecen. (Marcos 5:6-20) Para Jesús no hubo ninguna complicación. De la misma manera, el día de hoy tu puedes ser libre. Satanás no tiene poder ante Jesucristo, y no puede impedir que acudas al Señor. Es más bien un asunto de tomar la decisión.

¿Quieres ser completamente libre? ¿Qué estás esperando para correr hacia Jesús?

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Viviendo en Cristo
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