Deudas

¡Vive Libre de Deudas!

Conoce la importancia de confiar en la provisión del Señor.

¿Tienes una tarjeta de crédito? Por lo general los mayores de edad, incluyéndome a mí mismo, tienen una. ¿Tienes dos o tres? ¿Tienes deudas? Un estudio realizado en los Estados Unidos indica que, en promedio, una persona tiene 12 tarjetas de crédito. No creo que en México estemos muy lejos de eso.

Hoy en día cualquiera puede recibir una tarjeta de crédito. Aún por accidente, han recibido tarjetas de crédito bebés, personas muertas y ¡hasta perros! Vivimos en una sociedad de crédito. El crédito en sí no es malo, es bueno si se sabe manejar. Mucha gente puede adquirir bienes como una casa o un coche gracias a un crédito.

Hay tarjetas de crédito que te regresan hasta el cuatro por ciento de tu consumo o te permiten acumular puntos para viajar. Todo esto tiene el propósito de motivar a la gente a utilizar el crédito ya que, después de todo, es un negocio para las instituciones financieras. ¿Por qué más nos lo ofrecerían?

La tentación es mucha: meses sin intereses, sácalo ahorita y págalo en febrero o compra ahora y muérete pagando. Siendo así, no es sorpresa que Liverpool sea “parte de tu vida”. Se nos motiva a que tengamos deudas porque es fácil. Si llegas a una tienda, sentirás que todos te aman. Te ofrecen toda clase de artículos para que te los lleves cuanto antes con las mayores facilidades. ¡Pero qué amables personas! ¿No?


También lee: ¿Qué Dice Dios acerca del Dinero?


Existen desventajas al depender del crédito. En promedio, las personas que tenemos tarjetas de crédito y no la usamos sabiamente podemos llegar a gastar hasta un 23% por encima de nuestra capacidad económica real. Las compañías crediticias lo saben; saben que muchas personas no tendrán el control o la disciplina para pagar puntualmente sus deudas sin generar intereses. Por eso los clientes morosos son sus preferidos.

Bueno, y nosotros como cristianos, ¿qué?

El crédito tiene el potencial de afectarnos gravemente. Por causa de las deudas podemos dejar de apoyar la obra de Dios y dejar de entregarle lo que a Él le corresponde.  Podríamos también dejar de ayudar al pobre o al necesitado. ¡No es la voluntad de Dios que Su pueblo esté hundido en deudas!

“El Señor enviará lluvias en el tiempo oportuno desde su inagotable tesoro en los cielos y bendecirá todo tu trabajo. Tú prestarás a muchas naciones pero jamás tendrás necesidad de pedirles prestado.” Deuteronomio 28:12 NTV

Dios no quiere que Su pueblo esté en una posición constante de deber. De hecho, Él pedía a Su pueblo en el Antiguo Testamento que reiniciara la economía cada siete años. Esto consistía en perdonar cualquier deuda, no del extranjero, sino del hermano (Deuteronomio 15:1-3). No, esta no es una excusa para librarte del dinero que le debes al hermano de la iglesia (por si lo estabas pensando). Lo que nos quieren decir la Escritura es que no es el deseo de Dios que Su pueblo permanezca endeudado.

¿Por qué es esto importante para Dios?

Para ser libres

Para Dios, el hecho de que Sus hijos deban dinero es algo importante, porque la deuda nos convierte en siervos de alguien más.

“Así como el rico gobierna al pobre, el que pide prestado es sirviente del que presta.” Proverbios 22:7

Esto se pone de manifiesto cuando una persona tiene el deseo de ofrendar a Dios pero piensa que no podrá hacerlo, debido a sus compromisos financieros. A veces puede ser tanta la deuda que la persona se abstiene aún de diezmar. Pero los que conocemos la Palabra sabemos que el diezmo es una prioridad, no solo cuando podamos, sino siempre. Entregar el diezmo es una manera de honrar a Dios.

Muchos podemos frenarnos en dar a Dios porque tenemos un compromiso con alguien más y Dios quiere que seamos libres de eso. Si tienes una deuda, no te sientas mal por eso. Mi propósito al tocar el tema del dinero es que podamos entender que Dios nos llama a actuar hacia la libertad. Dios nos llama a que podamos estar libres de deudas.

Porque las deudas afectan nuestro testimonio.

La manera en que cumplimos o no nuestras deudas puede causar que los demás cuestionen nuestra fe y nuestro compromiso con Dios como Sus hijos. La Biblia dice que “los perversos piden prestado y nunca pagan,
pero los justos dan con generosidad” (Salmos 37:21). Por eso es importante para Dios que vivamos libres de deudas.


También lee: ¿Por Qué, Señor?


¿Y de dónde viene tanta deuda?

En muchas ocasiones contraemos deudas por circunstancias fuera de nuestro control. Situaciones como la de una mujer que fue abandonada por su marido, enfermedades difíciles que causan grandes gastos, desastres naturales o cosas inesperadas como perder el trabajo.

La verdad es que muchas veces también caemos en deudas porque tenemos una mala teología, una idea equivocada de lo que Dios quiere para nosotros. Algunos cristianos podemos endeudarnos para obtener artículos o servicios de gran valor y pensamos: “Dios quiere que tenga lo mejor, ¿no es cierto?”.

Sí, Dios quiere lo mejor para nosotros, pero no a ese precio o de esa manera. El pensamiento del mundo es que somos o valemos por lo que tenemos pero nosotros somos y valemos por lo que somos en Cristo. Podemos pensar en tener cosas nuevas para sentir que tenemos cierto control, poder o estatus, pero Dios nos advierte en Proverbios 11:28: “El que confía en su dinero, se hundirá, pero los justos reverdecen como las hojas en primavera”.

“Donde esté tu tesoro, allí estarán también los deseos de tu corazón”. Mateo 6:21

¿Dónde está nuestro tesoro? ¿Está puesto en las cosas materiales o en Dios? Lo que la palabra de Dios nos dice a todos, como hijos de Dios, es que no debemos poner nuestra confianza en las cosas. ¡Qué bueno que las podamos tener! No está mal tener buenas cosas, pero la Palabra nos dice que guardemos nuestro corazón de no sentirnos seguros por las pertenencias, sino que nos sintamos seguros por que Dios está con nosotros.

Tenemos que tener cuidado como cristianos de no permitir créditos fáciles que nos den esa falsa seguridad. Tal vez tengas que realizarte una cirugía plástica. No, no para tu cara, sino para los plásticos en tu cartera.

¿Cómo salir de deudas?

Reconoce las cosas que Dios te ha dado. Quizás has caído en deudas por adquirir productos a consecuencia de sentirte insatisfecho con lo que tienes. Esa falta de contentamiento, más la fácilidad que otorga el crédito, te llevan a no ser agradecido con lo que tienes hoy.

Sé un buen administrador y vive por debajo de tu ingreso. Aprende a estar contento con lo que tienes hoy. “No trajimos nada cuando vinimos a este mundo ni tampoco podremos llevarnos nada cuando lo dejemos. Así que, si tenemos suficiente alimento y ropa, estemos contentos” (1 Timoteo 6:7-8). ¿Alguna vez has visto un camión de mudanzas fuera de una funeraria? Claro que no. Todo lo que tenemos, Dios nos lo ha dado para Su gloria. Quiero mencionar brevemente algunos consejos para salir de las deudas.

  1. Toma la firme decisión de eliminar tus deudas.
  2. Comprométete a no entrar en nuevas deudas.
  3. Haz un plan para pagar tus deudas y define un tiempo razonable para lograrlo.
  4. Pon a Dios en primer lugar en tu presupuesto.
  5. Ajusta tu manera de vivir.
  6. Confía en la provisión de Dios.

¿Crees en la provisión de Dios? Mucha de la tensión y el estrés que viven las personas hoy en día proviene de las deudas. Lo peor es que vivimos en un mundo que nos dice que está bien endeudarse. Aún en la administración se aconseja el apalancamiento y el reparto de riesgo a través de la deuda. Sin embargo, la Biblia nos habla acerca de la libertad en no deber y confiar en la provisión de Dios.


Tambień lee: La Importancia de Rendir Nuestra Vida a Dios


Abraham puso un gran ejemplo en su forma de confiar en la provisión de Dios. No por nada es el padre de la fe. Él creyó en las promesas de Dios y esto representa un reto para nosotros como cristianos. Quiero tocar algunos puntos sobre la fe de Abraham:

Abraham tomó una decisión

Cuando Dios le pide a Abraham que sacrifique a su hijo Isaac, tuvo que mostrar su fe por medio de una decisión. Todos tomamos decisiones todos los días en cuanto a cómo llevamos nuestra vida y nuestras relaciones. Las decisiones que tomamos demuestran nuestra fe en el Señor.

Dios usa mucho el campo del dinero para tratar nuestra fe. Necesitamos tomar decisiones no en base a nuestra capacidad o nuestra inteligencia sino en base a nuestra fe en Él. Dios estaba llevando a Abraham a nuevo nivel de fe al pedirle que le entregara a Isaac, el hijo de la promesa, el hijo al que amaba.

Dios no le pedía a Isaac por capricho o por imponer Su autoridad, ese no es el corazón de Dios. El Señor amaba a Abraham tanto como a ti y a mí y lo estaba llevando a un momento de decisión para que mostrara que confiaba en Él. Dios quiere llevarte a que entres en una confianza más profunda con Él.

Abraham no estaba siendo impulsivo.

Abraham no estaba tomando una decisión emocional. Él no se levantó una mañana con ganas de sacrificar a su hijo. Su decisión no fue una emoción, sino que él estaba consciente y decidido de lo que iba a hacer. Mientras viajaba al lugar del sacrificio, ¡tuvo tres días para meditar lo que haría! (Génesis 22:4). No sabemos qué habrá pasado por su mente durante ese tiempo, pero sabemos que no estuvo impulsado por la emoción, sino que tuvo tiempo para pensar.

Quiero que pienses en lo que Isaac representaba para Abraham. ¡Era su hijo! ¿Quién querría sacrificar a su hijo? Tal vez en alguna ocasión has querido sacrificar a tu hermano o a tu hermana, pero no hablo de eso. Este era el hijo al que amaba, y no solamente eso: Era el hijo de la promesa.

¿Sabes que Dios ha prometido bendecirte en todas las cosas? Dios es un Dios que quiere bendecirte integralmente, pero muchas veces Él nos pide que renunciemos al derecho de ser prosperados y que esperemos en Él porque, si nos movemos en nuestra carne y nuestras propias fuerzas, vamos a empezar a adquirir cosas innecesarias con tal de alcanzar cierta prosperidad, pero fuera del plan y del propósito de Dios.

Muchas veces como cristianos nos vemos motivados por la emoción. Cuando hacen un llamado en la iglesia, corres llorando al altar, gritando: “Úsame, Señor”. Pero al día siguiente se te olvida. Abraham no hizo eso. Él tuvo que esperar y decidir. Él preparó su coraźon.

“Cada uno debe decidir en su corazón cuánto dar; y no den de mala gana ni bajo presión, «porque Dios ama a la persona que da con alegría»”. 2 Corintios 9:7

Abraham basó su decisión en una promesa.

Quizás pienses que Abraham iba con Isaac subiendo la colina todo triste y agüitado. No estoy diciendo que haya sido fácil para él, pero yo creo que para cuando había llegado, ya estaba definido. Abraham le aseguró a sus siervos que ambos volverían (Génesis 22:5) y no creo que haya estado mintiendo. Él sabía que de alguna manera, Dios le regresaría a su hijo.

¿Estás siendo probado en lo económico? (¡No te hagas!). Mira el ejemplo de Abraham. Yo creo que su razonamiento fue muy sencillo: Dios le había prometido una descendencia a través de ese hijo y Dios no miente. Así que, aún si muriera, Dios lo podría regresar de alguna manera.

Abraham basó sus decisiones en la promesa. ¿Podremos aplicar esto el día de hoy? ¡Claro que sí! Lo podemos aplicar en nuestras decisiones en lo económico, en nuestras decisiones de dar a Dios a pesar de las circunstancias porque Él es digno. Todo porque hay una promesa.

“Honra al Señor con tus riquezas y con lo mejor de todo lo que produces. Entonces él llenará tus graneros, y tus tinajas se desbordarán de buen vino”. Proverbios 3:9-10

No quiere decir que lo vayas a hacer para que Dios te haga rico. Significa que Dios quiere que lo pongas a Él en primer lugar en tus decisiones diarias en lo económico y nada te faltará. ¿Puedes creerlo? La fe de Abraham fue honrada. Dios honra la fe. La fe de Abraham creció y Dios lo llevó a nuevo nivel de confianza. Su decisión fue un testimonio de fe para la gloria de Dios. ¿Quieres dar testimionio a tu generación?

Como sabemos, un ángel del Señor detuvo a Abraham de sacrificar a Isaac y en su lugar, el Señor proveyó un carnero. “Abraham llamó a aquel lugar Yahveh-jireh (que significa «el Señor proveerá»). Hasta el día de hoy, la gente todavía usa ese nombre como proverbio: «En el monte del Señor será provisto»” (Génesis 22:14). ¡Hasta hoy! ¡Esto fue muchos años despueś! ¡Qué bendición es dejar un testimonio de fe a nuestra generación! No dejes una huella de deuda ni de carga. ¡Rompe con eso! Deja a tus futuras generaciones una herencia espiritual: el testimonio de que Dios es tu Proveedor.

Categorías
Viviendo en Cristo
2 Comentarios sobre este artículo
  • Anónimo
    29 Marzo 2016 at 10:49 am

    Excelente prédica nos hizo reflexionar aunque ya habíamos tomado la decisión de saldar deudas y lo estamos haciendo y vemos la mano de Dios trayendo paz y bendición a nuestra familia, gracias pastor Raúl Nelli.

  • Liliana Restrepo
    31 Marzo 2016 at 10:58 am

    Un cordial saludo, Raul y agradecerte por tus artículos. Me animas mucho a conocer más del amor de Dios a través de Jesús.

  • ¡Entérate!

    Suscríbete a nuestro correo semanal.

    *Que no se te pase.

    ¿Quieres Más?