Lo Que Se Esconde Detrás de una Excusa

¿En realidad dijo tu mamá que siempre no?

Hay muchos cristianos que le dicen a Dios, “te amo”. Sin embargo, muy en el fondo hay un “pero”.

El Señor nos invita a que le conozcamos. Él quiere que tengamos una relación con Él y nos invita a tenerla todos los días. El problema es que creemos que una relación con Dios es simplemente ir a la iglesia. Eso es algo que hace la gente que está en una relación, pero no sustituye la relación en sí. Dios desea que tengamos una relación genuina con Él. En la Biblia, la relación con Dios se representa de muchas maneras, frecuentemente a través de una fiesta o un banquete. Muchos piensan que el ser cristiano es estar en el aburrimiento o mantener cierta apariencia. ¡Eso es un error! La verdadera amistad con Dios es una fiesta. Es descubrir el propósito de una vida entera, una plenitud que solo da el tener una relación con Dios.

Para este mensaje, me basaré en la “Parabola de la gran fiesta” la cual puedes encontrar en el libro de Lucas, capítulo 14, versículos del 15 al 24 o haciéndole click aquí.

¿Eres bueno para las excusas? Dios quiere tener una relación íntima con nosotros y tú lo sabes. Tú sabes que Jesús te llama, yo también lo sé. Dios busca tu corazón y te anhela celosamente. Él te invita a que lo busques, a que ores. ¿Has sentido ese llamado? Hay muchos cristianos que le dicen a Dios, “Te amo”. Sin embargo, muy en el fondo hay un “pero”. Ponemos excusas para no hacer lo que debemos y no consagrarnos a Dios. Esto no es nada nuevo. En esta parábola vemos el ejemplo de tres hombres que dijeron “sí, pero no”.


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Las fiestas o los banquetes en la antigüedad estaban relacionados con una etapa de transición en la vida de las personas; por ejemplo, las bodas. Aún hoy en día se hacen fiestas por motivos parecidos. Cuando hay una graduación, se hace una fiesta porque se está iniciando una nueva etapa en la vida. Los banquetes hablan de algo que es importante para el anfitrión y quiere invitar gente para que participen con él. Esas fiestas significaban que el anfitrión quería tener relación con sus invitados.

Era un gran evento, algunas personas incluso viajaban desde lejos. Se enviaban invitaciones porque se trataba de algo importante. Las fiestas se organizaban dependiendo de cuantas personas aceptaban la invitación. Cuando el mensajero regresaba después de haber entregado las invitaciones, informaba acerca de la asistencia. Esto ayudaba a planear la preparación de la comida.

Que un invitado aceptara una invitación y cancelara a última hora era considerado una gran falta de respeto. Se preparaba mucho como para salir a la mera hora con un “dijo mi mamá que siempre no”; era un oso bíblico. En esta historia ya habían matado los toros, ya estaba lista la carne, el guacamole y las tortillas de harina. Entonces, la gente empezó a cancelar.

Las excusas se dan para no hacerse responsable mientras que una razón es una explicación por la cual algo ocurre.

La excusa intenta evadir la responsabilidad de algo. Significa que no se quiere decir la razón. Te quedaste de ver con una amiga a las cuatro en el Starbucks y no llegaste. ¿Qué le dices? ¿Que había mucho tráfico? ¿Salió un pendiente del trabajo? ¿Te atacaron extraterrestres? Las excusas se dan para no hacerse responsable mientras que una razón es una explicación por la cual algo ocurre. Alguien dijo que la mente inventa excusas pero el corazón tiene sus razones.

El hombre ofreciendo el gran banquete representa a Dios. Dios ha preparado el banquete y ese banquete es Su presencia. David entendía esto, el decía “Me preparas un banquete en presencia de mis enemigos” (Salmos 23:5 NTV). La presencia de Dios es una fiesta, un bufete de vida. ¿Qué es para ti la presencia de Dios? ¿Qué valor tiene para ti? Todos los días tenemos este llamado de invitación para entrar a estar con Él y pasar tiempo juntos. Algunos jóvenes pasan por problemas y nos buscan para recibir ayuda pero la conclusión es siempre la misma: Métete con Dios.


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Ir a la iglesia y al grupo de jóvenes está muy bien, pero no sustituyen una relación con Dios. Hablando de esto con una persona le comentaba que las cosas de Dios no pueden ser una carga, deben ser un deleite. A veces creemos que cuando estamos con Dios tenemos que tener cierta apariencia o pretender que estamos bien.

Cuando algún joven me empieza a contar sus problemas le digo que, exactamente de la misma manera, se lo cuente a Dios. Entonces te das cuenta de que Su presencia es un banquete que te sacia y te fortalece. Jesús habla de 3 hombres que dan cada uno su excusa.

Amor por las cosas

“Acabo de comprar un campo y debo ir a inspeccionarlo” (Lucas 14:18). Ya había aceptado la invitación, pero a la última hora se echó para atrás. Cuando eres cristiano, ya aceptase la invitación. Dios te está diciendo que el banquete ya está listo, solo falta que llegues. ¡Qué excusa más tonta! ¿Quién compra un terreno sin verlo primero?

Jesús nos está diciendo que en ese momento se muestra el corazón de esta persona. El día del evento, el deseo material se volvió más importante que aquél que lo invitó a la fiesta. Al igual que en el pasado, hoy prevalece el deseo de tener, sobre todo si el otro tiene. Se convierte en una competencia de status y nuestro corazón se desvía por querer encajar más con los de alrededor que con Dios.

Muchos, en su relación con Dios, se enfocan más en pedir cosas materiales que en desarrollar una relación con Dios. Oramos para que Dios nos provea pero no lo estamos conociendo. “Donde esté su tesoro, allí estarán también los deseos de su corazón” (Lucas 12:34).

Amor por el trabajo

¡Qué bendición es trabajar! Es bueno tener ganas de desarrollarse profesionalmente y tener planes. El problema es cuando, al momento de la decisión diaria, el trabajo se convierte en lo más importante. “Acabo de comprar cinco yuntas de bueyes y quiero ir a probarlas” (Lucas 14:19). ¡Otra mala excusa! En aquel entonces se hacían exhibiciones para que los compradores observaran a los bueyes, ahí se negociaban los precios. ¿Quién compraba una yunta sin antes ver si eran buenas para trabajar? En realidad este hombre estaba más preocupado por sus negocios que por la relación con el que lo invitó al banquete. Le está dando una excusa, pero en el fondo lo está insultado. Le está diciendo, “No me interesa la relación contigo”.

Amor a las personas

Este tercer cuate ni siquiera se disculpó, “Acabo de casarme, así que no puedo ir” (Lucas 14:20). En esos tiempos, el que llevara la esposa no era ningún problema. Fácilmente se pudo haber llevado a la esposa al fiestón.

Esto representa el amor y la importancia que le podemos dar a las personas antes que al llamado que Dios nos hace. A tu vida llegará el mensajero, que es el Espíritu Santo, a recordarte que el banquete está servido. Ahí es donde tendrás qué decidir si tu relación con Dios es más valiosa que tu tiempo con tu novio o novia, o con la familia. La relación con Dios ocupa tiempo y decisión.

“Entonces, ¿por qué menosprecian mis sacrificios y ofrendas? ¿Por qué les das más honor a tus hijos que a mí? ¡Pues tú y ellos han engordado con lo mejor de las ofrendas de mi pueblo Israel!” (1 Samuel 2:29). Quizás Dios hoy te pregunte, “¿Por qué honras más a tus amigos que a mí?”. Sí, la familia, los amigos y el trabajo son importantes, pero no pueden ser más importantes que Dios. ¿Cuál es la verdadera razón de las excusas? La verdadera razón en el fondo es que no hay deseo. Esas excusas son un velo diciendo, “no quiero ir”.

Tenemos buenas excusas para no leer la Palabra, para no adorar, para no servir; pero, en el fondo, simplemente no queremos. “Si quieres ser mi discípulo, debes aborrecer a los demás —a tu padre y madre, esposa e hijos, hermanos y hermanas— sí, hasta tu propia vida” (Lucas 14:26). Algunos dicen que aman al Señor, pero quieren seguir practicando el pecado; piensan que hacer a un lado el pecado no es necesario si “aman a Dios”. Pero Jesús dice, “Todos los que me aman harán lo que yo diga” (Juan 14:23).

Una persona que ama al Señor estará dispuesta a hacer los cambios necesarios. Muchos podemos decir que amamos al Señor, pero nuestras acciones y actitudes no solamente demuestran que no lo amamos, sino que no lo conocemos.

Al final de la historia el sirviente regresó con su amo y le informó lo que los invitados le habían dicho y él se puso furioso. Entonces, mandó al sirviente a las calles a que invitara a los pobres y los indigentes. Prefirió que fuera cualquier otra persona que no fuera los que lo habían rechazado.

Tenemos una invitación al banquete; pero si descuidamos nuestra relación con Dios, corremos el riesgo de que alguién más se quede con nuestro lugar. La salvación de Dios es gratuita y es por la fe, pero Sus bendiciones cuestan. La Biblia nos enseña cómo las bendiciones llegan a través de la obediencia. ¿Qué excusas estás poniendo para hacer la voluntad de Dios? La única manera de dejar las excusas es arrepintiéndose sinceramente y buscando de corazón la presencia de Dios.

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Viviendo en Cristo
Hay un Comentario sobre este artículo
  • Karine Tharnish
    7 Noviembre 2015 at 1:10 pm

    At last! Someone with the insight to solve the problem!

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