¿Hay lugar para Dios en tu vida?

¿Hay lugar para Dios en tu vida?

(Segunda parte)

“El cielo es mi trono, Y la tierra el estrado de mis pies. ¿Qué casa me edificaréis? dice el Señor; ¿O cuál es el lugar de mi reposo?” Hechos 7:49

Hoy en día, las múltiples actividades nos mantienen cargados y agobiados. El diario vivir, el trabajo y los compromisos familiares se vuelven el pan de cada día. Te levantas por las mañanas, te preparas para salir a trabajar, conduces hacia tu centro laboral y regresas a tu casa cuando anochece. Y así vives cinco o seis días de la semana.

Es entendible que esto nos reste tiempo para otras actividades tales como orar y adorar a nuestro Dios. Muchos podrán decir: “es que no tengo tiempo y Dios lo sabe”. Claro que Dios conoce tus responsabilidades y ocupaciones, pero aunque así fuera y tu tiempo libre fuera muy corto, debemos entender una gran verdad: Dios sigue siendo Dios sin nosotros; pero nosotros sin Dios no somos nada.

Es por esto que lo más importante es guardar todos los días un tiempo y lugar de reposo para nuestro Dios donde Él pueda habitar y manifestarse y en el que estemos en comunión con Él. Un tiempo en el que podamos venir a Él con nuestras oraciones, nuestra alabanza y nuestra gratitud por todo lo que Él ha hecho en nuestras vidas.


También lee: ¿Hay lugar para Dios en tu vida?


El poder de la visita de Dios

Su adoración y su alabanza fue más grande que lo que sentían.

Hechos 16:25-34 nos relata la historia en la que Pablo y Silas se encontraban ensangrentados y abatidos, lejos del templo y de las sinagogas de Jerusalén e Israel. Los pies de ellos se encontraban asegurados a un cepo en el sótano de una cárcel en Filipo y en su hora más oscura, ellos oraban y cantaban a Dios. Su adoración y su alabanza fue más grande que lo que sentían. Dios al ver esto, descendió del cielo para acompañarlos y ésta adoración creó un ambiente genuino para que Él viniera y habitara en medio de ellos.

En ese momento, al mirar Dios la alabanza y adoración de estos dos hombres, Su presencia descendió y sacudió la tierra y los cimientos de la prisión liberándolos a ellos y a todos los prisioneros vecinos. El poder de la visitación del Señor condujo a la salvación del mismo carcelero que puso en los cepos a Pablo y Silas, y también a toda su familia. ¡Qué maravilloso! ¡Gloria a Dios!

En la alabanza y adoración hay liberación espiritual, sanidad y restauración para aquellos que participan en ella e incluso a los que les rodean, tal como la historia anterior. Si nosotros participamos en ella, Dios manifestará Su poder entre nosotros y hará que nuestra ciudad y nación se sacudan por el peso de Su gloria, y veremos vidas como la del carcelero y su familia, entregándose a nuestro Señor Jesucristo.

Todo lo impuro será limpiado bajo el peso de Su Gloria

En el Antiguo Testamento, el pueblo de Israel tenía que ofrecer sacrificios y holocaustos para Jehová y bajo esta condición eran limpiados, dejando así de ser impuros. Pero a partir de que Dios mandó a su Hijo unigénito para morir por nosotros no hay necesidad de tal cosa, simplemente es necesario creer en el Señor Jesucristo y seremos salvos.

Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa”. Hechos 16:31

Sabiendo esto,  ¿te imaginas qué será lo que abra las puertas de nuestra ciudad para que Jesucristo more en ella y que nuestras vidas sean transformadas? Solo haz lo que Pablo y Silas hicieron en esa prisión oscura, insalubre y horrorosa. Canta, adora y exalta en el momento de la aflicción; sea tarde o noche; solo no dudes en hacerlo. Ellos se encontraban adorando de noche a Dios a pesar de haber sido golpeados injustamente, de estar adoloridos, con la espalda totalmente desecha y con los pies en los cepos.

Cualquier situación que esté atormentando tu vida, robándote la paz, manteniéndote en angustia puede ser limpiada y revocada con el poderoso nombre de Jesús; por el peso de Su gloria.


También lee: Atendiendo al Llamado


Cristo, el centro de nuestra vida

“Y él contestó: He aquí, yo hago pacto delante de todo tu pueblo; haré maravillas que no han sido hechas en toda la tierra, ni en nación alguna, y verá todo el pueblo en medio del cual estás tú, la obra de Jehová; porque será cosa tremenda la que yo haré contigo”. Éxodo 34:10-28

Lamentablemente, hoy en día, nuestra falta de dependencia a Dios y nuestras actitudes no permiten que Dios deje caer Su gloria sobre nosotros, es decir; Dios observa y se da cuenta que el lugar donde Él anhela habitar y manifestarse no está preparado. ¿Cómo será posible cumplir las promesas que Dios tiene para ti si en la primera oportunidad que nos encontramos en esa “cárcel” buscamos algo más que no sea Él? Para cumplir el diseño de vida que Dios tiene para nosotros es indispensable que Él se convierta en el centro de nuestra vida.

¿Qué estamos haciendo nosotros para que el pacto sea cumplido?

Es tiempo de poner a Cristo en el lugar que le corresponde. Cuando empezamos a poner en primer lugar a Dios y todo lo relacionado con Él, cosas sorprendentes suceden en nuestras vidas y en las vidas de las personas que nos rodean. Dios ha hecho un pacto con sus hijos, Él anhela hacer cosas tremendas que no se han visto, pero ¿qué estamos haciendo nosotros para que el pacto sea cumplido?

Dios desea tener un pueblo que ignore todo, menos lo que Él anhela. Debemos poner énfasis en las cosas del Reino de Dios y olvidarnos de las distracciones del reino del hombre. Esto no quiere decir que dejemos de trabajar ni que dejemos de pasar tiempo con nuestra familia o con las personas que queremos, sino que significa que todo lo que hagamos sea para Su honra y gloria. Él quiere usar nuestras vidas y debemos tomar esta oportunidad para producir un cambio en nuestra sociedad. Debemos ser ese pueblo que no hace lo que el mundo y el hombre dice, quiere o manda; sino que seamos un pueblo al que le importa más hacer lo que Él desea que hagamos, tal como lo dice Filipenses 2:13: “Porque Dios es el que en vosotros produce así, el querer como el hacer, por su buena voluntad.”


También lee: No Hay Cristiano sin Oración


Tomemos el lugar que nos pertenece

Nuestro lugar está junto a Él en Su reino.

Una plaga de pecado y muerte espiritual está arrasando nuestra nación y nuestra generación: jóvenes, mujeres y aún niños. Día a día podemos ver la maldad acechando la vida de nuestros conocidos y seres queridos. Y la única manera de ver la mano poderosa de Dios es buscándole. Necesitamos correr a la presencia de Dios buscando que Él se manifieste. Nuestro lugar está junto a Él en Su reino. Él anhela darnos más aún de lo que le pedimos o anhelamos. Él tiene promesas que anhela cumplir. Es tiempo de levantarnos y atraer la presencia de nuestro Señor y construir esa habitación donde Él desea morar.

Dios tiene el deseo de ver a todo el mundo salvo y que en la eternidad todos gocemos de Su presencia sin enfermedad, sin pecado, sin dolor ni muerte; sino en plenitud y gozo; pero depende de nosotros para llevar a cabo el ministerio de la reconciliación con Él.

“Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación.” 2 Corintios 5:18-19.

Él nos ha llamado a convertirnos en puentes entre el reino de la luz y el reino de las tinieblas. El puente más grande de todos es nuestro Señor Jesucristo, nuestro Sumo Sacerdote que para siempre intercede por nosotros delante del Padre y cuando nos encontramos junto a Él, orando por los que aún no le conocen, estamos deteniendo el juicio de Dios y removiendo los obstáculos que el enemigo ha puesto para que la gente no se acerque a Dios. De esta manera, estamos quitándole a Satanás, el poder que ejerce sobre nuestra nación. Éste es el tiempo para que el pueblo entre en esa guerra espiritual, peleando por nuestra ciudad, por salvación, por sanidad, etc.

Nuestra ciudad necesita gente comprometida con Dios, gente decidida a levantar el reino de Dios, ser usada por Él y que no permita que el enemigo tome más territorio, gente que a través de la intercesión, la alabanza y la adoración peleen hasta alcanzar lo que Dios tiene para nuestra nación.

Dios habita en medio de la adoración

“Quitado éste, les levantó por rey a David, de quien dio también testimonio diciendo: He hallado a David hijo de Isaí, varón conforme a mi corazón, quien hará todo lo que yo quiero”. Hechos 13:22

¿Cuántas veces al día adoras a nuestro Dios? ¿Cuántas veces exaltas con todo tu corazón al Rey de Reyes para que haga morada en ti? En Salmos 119:164 nos muestra que David oraba hasta siete veces al día y cuando Dios se expresa de él decía que era  “un hombre conforme a Su corazón”. Si empezamos a imitar ésta conducta del rey David, un ser humano que tuvo al igual que nosotros problemas, sufrió rechazo, angustia y dolor en su vida veremos también la Gloria de Dios manifestada en nuestras vidas. Solo imagina, ¡qué impresionante sería que Él viniera con Su Gloria en medio de nuestro clamor y alabanza!

Si deseas con todo tu corazón que Su presencia envuelva por completo nuestra iglesia y nuestra ciudad, Él vendrá en medio de nosotros a medida que adoramos y construyamos esa habitación de exaltación para Él.

Levantémonos y tomemos el lugar que nos corresponde, construyamos juntos esa habitación para que Él nos visite y no sólo eso, sino que desee quedarse permanentemente.  ¡Si la construimos, Él vendrá!

Categorías
Crecimiento Espiritual
¡Sé el primero en comentar sobre este artículo!
¡Entérate!

Suscríbete a nuestro correo semanal.

*Que no se te pase.

¿Quieres Más?