Misión Posible

Conociendo el corazón de un Dios misionero

Dios quiere tener una relación contigo no solamente para que tú seas salvo y tengas una nueva vida, sino para usarte y poder alcanzar la vida de otros que no tienen una relación con Él.

Quiero compartir con ustedes una enseñanza acerca del propósito de Dios para el ser humano. Voy a hablar de cuatro puntos acerca de Su plan. Quiero hablar acerca del carácter de Dios y Su corazón, un corazón misionero. Seguramente cuando escuchamos la palabra “misionero” entendemos alguien que viaja a otros países a predicar. Es cierto en muchos casos pues muchas personas son llamadas a ir lejos a compartir el evangelio. Pero Dios nos llama a todos a ser misioneros. El corazón de Dios es tener una relación personal e íntima contigo. Dios no es alguien lejano, es el Creador que te dió vida y te conoce. Quizás tú no lo conoces pero Él te conoce a ti. Quizás tú crees que lo conoces pero tal vez en realidad no lo conoces tanto como crees.

Dios quiere tener una relación contigo no solamente para que tú seas salvo y tengas una nueva vida, sino para usarte y poder alcanzar la vida de otros que no tienen una relación con Él. Dios quiere tener una relación con nosotros y que seamos instrumento en Sus manos para que otros también tengan una relación con Él. Eso es la vida cristiana. Dios no nos llama a una religión, Dios nos llama a conocerle. Los humanos han inventado la religión pero Dios quiere más. La vida cristiana no es ir a la iglesia solamente. Tú puedes asistir a una iglesia, estar ahí sentado y tener cara de cristiano y no conocer a Cristo. El entra a una iglesia no te hace una mejor persona. Lo que nos transforma es conocer a Dios personal e intimamente. Jesús dijo que la “vida eterna es conocerte a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú enviaste a la tierra” (Juan 17:3 NTV). Ese es el deseo de Dios. Él siempre ha querido tener una relación con nosotros pero esa relación se perdió cuando Adán y Eva pecaron y, desde entonces, Él ha tenido una misión.

  1. La Biblia es la base de la misión.

La misión de Dios en la Biblia es la base de todas las misiones. Podemos ver la obra misionera de Dios a través de la Biblia. La intención de Dios es venir a restaurar Su relación con nosotros.

  1. La Biblia es la historia de la misión.

La Biblia es la historia de Dios haciendo un viaje misionero para restaurarnos, para rescatarnos. La Biblia no pretende ser un libro histórico a pesar de que contiene muchísimos datos históricos. La Biblia tampoco pretende comprobar que Dios es real, simplemente lo da por hecho. La Biblia es el mensaje de Dios: sesenta y seis libros escritos por distintos hombres de distintos estratos sociales en distintas épocas y bajo distintas circunstancias pero todos coincidiendo en una cosa: la misión de Dios para restaurar su relación con nosotros.

  1. Evangelizar es asociarse con Dios.

Dios quiere que la humanidad se restaure a través de Él. Dios quiere que la humanidad le conozca para perdonar sus pecados y que le conozcan. El compartir acerca del Señor es una manera de asociarnos con Su misión.

  1. No hay evangelismo sin Biblia.

Toda la Biblia habla de Jesús, incluso el antiguo testamento. Si bien no se le menciona textualmente, en cada libro hay referencias acerca de lo que había de venir a través de Él. No invitamos a los jóvenes a nuestras iglesias por la música o por los mensajes ni mucho menos por las instalaciones; no estaríamos compartiendo la Biblia. Los invitamos para conocer la palabra de Dios.

En una relación, sea de noviazgo, de familia o laboral, uno busca agradar al otro. ¡Cuánto más no vamos a querer agradar a Jesús! Si tenemos una relación con jesús dejamos de hacer las cosas por religión y las hacemos por amor. ¿Qué es lo que compartes? Debes compartir el mensaje de la palabra de Dios. ¿Cómo vas a compartir la Biblia si no la conoces? Necesitas conocer la palabra de Dios. Dios te va a hablar a través de Su palabra. Hay jóvenes que lo único que leen de la Biblia es lo que otros publican en su muro de Facebook. En la iglesia podrás aprender de la Biblia y la enseñanza práctica de la palabra de Dios. Recuerdo cuando era soltero; tenía veinticinco años y me gustaba ir a compartir en las calles. Fue mientras compartía que me di cuenta de que no sabía muchas cosas porque al compartir te hacen preguntas y me daba cuenta de que me faltaba aprender más. A veces pecamos de ignorantes, tanto para nosotros como para compartirla. Si Dios es un Dios misionero y queremos alcanzar a la humanidad, vamos a servirle compartiendo.

La Biblia nos manda a compartir. ¿Has recibido algo de Dios? ¡Compártelo! Sin embargo, existen también extremos de compartir los cuales son el fanatismo y el pluralismo. El fanatismo intenta imponer creencias. Los cristianos no imponemos ni condenamos. Jesús no andaba por la calle condenado ni imponiendo; Él predicaba. Aquél que no cree en Cristo automáticamente está condenado. Cristo libera. El otro extremo es el pluralismo. Es el decir “que cada quién haga lo que crea”. Hay que mantener un equilibrio y asegurarnos de que estamos predicando solamente la verdad. La verdad a veces incomoda pero es la verdad bíblica.

Jesús nos manda a hacer “discípulos de todas las naciones” (Mateo 28:19). El regreso de Jesucristo y el fin del mundo están ligado a este mandato. ¡Qué emoción es que Jesucristo te quiere hacer parte de ello! No caigamos en discusiones teológicas. “¿Y qué le pasará a los que murieron en Timbuctú en las montañas Siruguayas? ¿Acaso irán al infierno?” No sé, quizás sí. Pero la Biblia nos dice en Romanos 2:12-15 que los que no tuvieron conocimiento de Él serán juzgados por su conciencia (por si estabas con el pendiente). Hay gente a la que le importa más entrar al cielo que lo que le importa Dios mismo. Dios no nos manda a hacer cristianos, nos manda a compartirlo a Él. Pero no se trata de que cada quién haga lo que quiera y crea lo que quiera porque para algo nos dio Dios la verdad en Su palabra.

En la Biblia hay miles de maneras de hablar acerca del amor del Padre. Hay parábolas como la del hijo pródigo, la historia de Oseas o la de Job que nos pueden servir para hablar acerca de Dios. Aquí también tenemos dos extremos. Uno de ellos es la rigidez estricta. “La Biblia dice así”. Llega una persona nueva fumando a una reunión de cristianos y le dicen, “Apaga ese cigarro porque este lugar es santo. ¡Aleluya! ¡Amen!” El otro extremo es la fluidez completa. “A ver, pásame esa cerveza y aquí platicamos acerca de Dios”. Dios es santo, no podemos faltar a Su palabra. Es tan santo que ni siquiera podríamos estar frente a Él o moriríamos fulminados. Los fariseos en su rigidez criticaban a Jesús pero Jesús tenía un equilibrio perfecto porque pudo vivir sin pecado entre pecadores. A Jesús le trajeron una mujer adúltera. La ley de Moisés indicaba que ella debía ser apedreada y los maestros religiosos y fariseos quisieron tenderle una trampa a Jesús preguntándole qué debía de hacerse. Jesús les respondió, “¡Muy bien, pero el que nunca haya pecado que tire la primera piedra!” (Juan 8:7) De esa manera se fueron retirando uno a uno hasta que quedaron Jesús y la mujer solos. Jesús fue flexible al mostrarle misericordia a la mujer pero nunca consintió con su pecado pues antes de retirarse le dijo, “No peques más.” (Juan 8:11) Muchos no quieren venir a la iglesia por la rigidez. Pero Dios no es rígido ni es liberal, Dios es justo. Es un Dios de amor. Sé equilibrado. No puedes serle infiel a la palabra de Dios pero tampoco puedes ser insensible.

Debemos guiar a las personas a tener una relación con Él. ¿Qué es lo genial del cielo? ¿Qué es lo maravilloso que hay ahí? Es estar con Dios para siempre. ¿Y cuánto tiempo nos lleva conocer a Dios? Nos lleva toda una vida. Tenemos que dedicar nuestro tiempo a que la gente comience desde esta vida terrenal a conocer a Dios y a tener una relación personal con Él para la eternidad.

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