mujer

Mujer: La belleza cuesta, pero la belleza interior cuesta más

Podemos honrar a Dios con nuestra apariencia

¿Te gusta ir de compras? Quizás a algunas mujeres no, pero a la gran mayoría sí le gusta. A veces pensamos que orar, servir en la iglesia o alabar a Dios, es lo único que podemos hacer espiritualmente. Pero Dios quiere que le demos gloria en todo. Hablar de la manera de vestir es algo muy personal, y puedes sentir que están cruzando un límite contigo. Quizás también parezca un tema vano, pero es importante. Los sacerdotes y levitas tenían su vestuario y ciertos requisitos en sus ropas. Todos conocían a los sumos sacerdotes y levitas por su forma de vestir. Y yo como mujer debo honrar a Dios con mi apariencia.

Vivimos en un país con libertad. No estamos en lugares donde nos exigen cubrirnos completamente, por ejemplo. Ya no tenemos que usar corsés ni nada de eso. Somos cristianas, vivimos en Cristo y tenemos libertad. No estoy intentando imponer un estilo y decirte qué ponerte y qué no. Sin embargo, hay unas pautas que Dios marcó en la Biblia que debemos seguir. Mientras estemos dentro de eso, alabamos al Señor con nuestra manera de ser. Si te gusta andar multicolor, floreada, de negro, puedes hacerlo, está bien. Hay libertad.


También lee: Mujeres: 6 Consejos para Controlar Tus Emociones


Me imagino a Dios cuando estaba con Adán y Eva en el Edén y les dijo “de todo esto pueden comer, menos de ese árbol”. Y así es, tenemos libertad, pero no podemos acercarnos a cierto lugar. De esto quiero hablar, de límites.

1. Estar presentable

“… Se viste con túnicas de lino de alta calidad y vestiduras de color púrpura” (Prov 31:22).

La mujer virtuosa es la meta de toda mujer cristiana. La Biblia dice que: “se levantaba de madrugada, le servía comida a las siervas, hacía ropa para toda la familia, se iba lejos a comprar las cosas que necesitaba”; el esposo estaba embobadísimo con ella. La Biblia no menciona si es un ideal, o si realmente existió esa mujer. Pero si existió, no creo que ella haya nacido así, sino que lo fue aprendiendo.

Ella cuidaba su apariencia personal, su ropa era de alta calidad. No me refiero a que te vas a comprar un channel o vas a ir a Nueva York a comprarte la ropa. Estoy diciendo que ella “le echaba ganas”. Cuando una nace, como mujer ¿quién te cuida? Tu mamá. Te cuida, te peina, te pone moño, te limpia cuando te ensucias. Pero conforme creces ella se va desafanando, y va dejando que tú lo vayas haciendo sola.

Yo tengo tres hijas, y por experiencia sé que unas ya lo traen, es decir, se arreglan, se peinan, se cuidan. Pero así como algunas ya lo traen, hay otras que no, pero quieren aprender. Hay otras que no lo traen y no les importa. Hay otras que no lo traen y no se dan cuenta. Yo era de esas últimas. Entonces, escuchas comentarios como: “oye, dale un sustito al peine, ¿no?”, “no te muerdas las uñas”, “esos zapatos no”. Tu mamá anda detrás de ti porque, ¿qué quieren las mamás? Que salgas y te cases. Me doy cuenta que los hijos se vuelven inmunes a la voz de la mamá. Pero ¿qué pasa cuando alguien más te hace un comentario? Te incomoda.

Tal vez, cuando alguien ya te volteó a ver y te quiso así como eres, tengas el pensamiento de “así me quiso, ¿para qué voy a cambiar? No necesito arreglarme”. Pero yo, en esa situación, no quiero que a él le digan que su esposa o novia es una desarreglada. Por amor al prójimo, busquemos estar presentables.

Tener un balance

“Es mejor que los demás vean lo que Dios puede hacer a través de nosotras, que poner atención en cómo nos vestimos”

El balance es importante. Tampoco nos vamos a ir al extremo de gastar todo nuestro dinero, tiempo y esfuerzo, en la estética, en ropa, en artículos de belleza, etc. Hay que arreglarnos, pero no debemos llegar a ese extremo. A veces nos arreglamos de más por inseguridad, o por competir con otras mujeres. No debemos caer en esa trampa, porque el enemigo quiere que nos enfoquemos en nosotras. Es mejor que los demás vean lo que Dios puede hacer a través de nosotras, en lugar de poner atención en cómo nos vestimos.

En un viaje misionero, por ejemplo, una de las chicas que compartía cuarto con nosotras (éramos siete), se levantó desde muy temprano para entrar primero al baño. No pudimos sacarla desde las 4 am que entró, hasta las 7 am que salió de ahí con todo y tacones. Yo no sé si se hizo un facial o un masaje, pero se tardó tres horas. No íbamos a una fiesta, íbamos a servir a ese lugar. ¿Cuál es el enfoque correcto? Cuando te vas a casar, claro que pasas horas arreglándote, o cuando vas a una boda, en eventos especiales. Aquí lo importante es el balance. Hay que saber cuándo y cómo.

2. Ser una mujer femenina

Dios nos creó mujeres y nos ve con mucho valor y belleza. Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas” (Pr. 31:10 Reina Valera Revisada 1960). Dios nos ve bellas, con valor y muy especiales. Toda tú eres hermosa, amada mía, bella en todo sentido” (Cnt. 4:7 Nueva Traducción Viviente)

¿Te gusta ser mujer? Creo que a veces no nos gusta. Me acuerdo cuando mi mamá me contó acerca del periodo menstrual y que a los hombres no les sucede nada semejante; me pareció muy injusto. Después te enteras que hay partos, cesáreas, menopausia y todo eso no lo vive el hombre, ¡¿por qué?! Tal vez a veces no me gusta ser mujer porque no estoy a gusto con mi cuerpo, no me tocaron curvas, o me tocaron curvas de más. Quizás has sufrido algún tipo de abuso físico, verbal, emocional; por ser mujer alguien se aprovechó de ti. Esto genera en ti inconformidad.

“Pienso que así como podemos aprender a ser presentables y poner esmero en nuestro aspecto, también podemos aprender a ser femeninas”

Llegamos a pensar que Dios se equivocó, y con esto me refiero a no estar agradecida con Dios por ser una mujer. A veces dices que tienes un carácter muy fuerte, una personalidad muy dominante, que te pareces a tu papá, y por eso no eres femenina. Dios nos hizo fuertes, a algunas dominantes, otras tienen una personalidad que impone, pero si Dios te hizo así es porque lo necesitas y Dios va a usar esa cualidad. Yo no lo veo como algo negativo o un caso perdido. Pero yo pienso que así como podemos aprender a ser presentables y poner esmero en nuestro aspecto, también podemos aprender a ser femeninas. Es un área de oportunidad.

Una mujer no debe vestirse con ropa de hombre, y un hombre no debe vestirse con ropa de mujer. Cualquiera que hace algo así es detestable a los ojos del Señor tu Dios” (Dt. 22:5). No quiere decir que no usemos pantalones o tenis. Pienso que se trata de estar agradecidas con que Dios nos hizo mujeres y que lo expresemos con nuestro arreglo. Tampoco significa que solo vamos a andar con blusas y tacones, flores y de rosa.

Heridas frescas

“Es mucho más cómodo y más sencillo pasar desapercibida. Pero en lo profundo de tu corazón no quieres ser invisible”

Tal vez tienes un corazón lastimado y no quieres sacar lo que hay en ti. Quieres pasar desapercibida y no llamar la atención. Hay jovencitas que no se visten femeninas o se visten como niñas, no como mujeres. No quieren ser vistas. Tal vez has visto en tu casa o en casa de alguien más, cómo tratan a las mujeres y no tienes ganas de eso. Es mucho más cómodo y más sencillo pasar desapercibida. Pero en lo profundo de tu corazón no quieres ser invisible.

Dios ha puesto cosas en nosotras que son solamente de una mujer. Yo tengo tres hijas y estoy segura que las tres son mujeres. Cada una de ellas tiene algo femenino que la otra no tiene. Una puede sentarse muy correcta pero abres su cajón y es un caos; una es muy maternal y la otra no tiene una gota de paciencia; una no puede salir sin moño y la otra no soporta un gallo; quizás una se la pasa con las piernas abiertas y a la otra le gusta cocinar. Pero mi trabajo como mamá es hacer que crezcan en esa área de oportunidad. No quiere decir que si es desordenada así se va a quedar. Yo tengo que ayudarle a sacar eso femenino que Dios le dio, teniendo un equilibrio, para no provocar que se obsesione con eso.

Áreas de oportunidad

Cuando reprimimos las cosas femeninas que Dios puso en nosotras, los hombres se dan cuenta. Nos quejamos de que ya no hay caballeros, pero también es cierto que cada vez hay menos damas. Los hombres no están acostumbrados a ver una mujer femenina que se dé a respetar. Si de pronto, los hombres alrededor de ti te tratan como un amigo más o como un “compadre”, es porque te comportas como ellos.

A veces de niña te hacen bullying diciendo que peleas igual que los hombres. Tal vez, por ser muy alta o más fuerte que otros niños, te hicieron burla, y el diablo usa eso para hacerte creer que no eres femenina y no tienes la capacidad de desarrollar eso. Esto es una mentira. Yo no nací siendo mamá, de hecho yo huía cuando me pedían cuidar niños en la iglesia. Dios vio que esa era mi área de oportunidad y me mandó cuatro hijos. Mi mamá me dice: “todavía no lo puedo creer”. Yo era de las que no usaba bolsa; cuando me casé, mi mamá llegó, me regaló una bolsa y me dijo que ya era tiempo de usarla.

En conclusión: ¡Que se note que amas ser una mujer!


También lee: Tus debilidades son una oportunidad para crecer


3. Reflejar pureza

“No permitas que nadie te subestime por ser joven. Sé un ejemplo para todos los creyentes en lo que dices, en la forma en que vives, en tu amor, tu fe y tu pureza” (1 Ti. 4:12).

Tenemos que ser congruentes, si decimos que somos cristianas, se tiene que notar en la manera como vestimos. En los programas de moda, las mujeres siempre se quieren ver más jóvenes, más delgadas y más sexys. ¿Qué quiere decir sexy? Que tiene mucho atractivo físico y sensual, que hace resaltar ese atractivo y provoca atención sexual. Una mujer puede causar atención sexual de muchas maneras, no solamente por la ropa.

“Y quiero que las mujeres se vistan de una manera modesta. Deberían llevar ropa decente y apropiada y no llamar la atención con la manera en que se arreglan el cabello ni con accesorios de oro ni con perlas ni ropa costosa” (1 Ti. 2:9)

“El mundo nos habla de ser sensuales, pero el Señor nos pide pureza”

Pudor, es vergüenza de exhibir el propio cuerpo desnudo, o de ser objeto en cualquier forma de interés sexual. Dios nos pide pudor, porque no quiere que seamos de tropiezo. El mundo nos habla de ser sensuales, pero el Señor nos pide pureza. Nosotros nacemos siendo pudorosos. Mi hijo, un verano que hacía mucho calor, no quería andar sin camisa en la casa, y su argumento fue que no quería que le vieran el ombligo. ¡Él pensaba que el problema era el ombligo! Ese pudor se va perdiendo porque vemos imágenes en la televisión, revisas, internet y la falta de pudor se va viendo muy normal.

No hagamos tropezar a nadie

“Es cierto que no podemos obtener la aprobación de Dios por lo que comemos. No perdemos nada si no lo comemos, y no ganamos nada si lo comemos. Pero ustedes deben tener cuidado de que su libertad no haga tropezar a los que tienen una conciencia más débil” (1 Co. 8:8-9).

Hay libertad, siempre y cuando no seamos de tropiezo para los débiles. Dios no nos ama más ni menos si nos vestimos bien o no. Dios ya te ama y te acepta, pero nosotras lo hacemos porque lo amamos. Ya que conozco Su palabra y veo qué no le agrada y cómo Él tiene un propósito para eso, yo voy a obedecer por amor, no por condenación.

“Pero yo digo que el que mira con pasión sexual a una mujer ya ha cometido adulterio con ella en el corazón” (Mt. 5:28)

Esto es lo que Dios quiere que evitemos, que los hombres pequen en su mente y en su corazón cuando las mujeres son tropiezo.

Abraza la modestia

“La voluntad de Dios es que sean santos, entonces aléjense de todo pecado sexual” (1 Ts. 4:3).

La santificación es un proceso de cambios continuos hacia la meta de ser santo. Comienza cuando aceptas a Cristo como tu salvador. Ser santo es ser distinto, es parecernos a Dios. Usar ropa sensual interfiere con esta meta de santificación sexual.

En tu mente puedes decir que estás apartada para Dios, pero con tu manera de vestir das a entender otra cosa. Una jovencita está vestida de policía y alguien se le acerca pidiendo ayuda porque le robaron. Ella responde que no es policía pero le gusta vestirse como policía. Algo así sucede, porque el hombre se acerca y ve hasta dónde puede llegar, y la mujer se ofende. Necesitas tener filtros, porque tú no quieres que todos se fijen en ti, tú quieres al indicado, al bueno. Hay que filtrarlos. Para ahuyentar a las moscas, tenemos que reflejar esa pureza.

4. La belleza interior es la que no se acaba y la que más vale

Es un hecho que “el corazón alegre hermosea el rostro” (Pr. 15:13). Que bendición sería poder llegar a la vejez siendo una mujer plena, dulce, alguien con quien los demás quieran estar y conversar.

“No se interesen tanto por la belleza externa: los peinados extravagantes, las joyas costosas o la ropa elegante. En cambio, vístanse con la belleza interior, la que no se desvanece, la belleza de un espíritu tierno y sereno, que es tan precioso a los ojos de Dios” (1 P. 3:3-4).

“La belleza cuesta, pero la belleza interior cuesta más”

Ustedes han visto a las celebridades, y por más crema, botox, cirugías, este cuerpo se acaba. Si Dios te concede el anhelo de tu corazón y te llegas a casar, que tu esposo se enamore de ti y quiera estar contigo porque se la pasa padrísimo, porque eres bien alegre, buena onda, tienes un carácter dulce, apacible, paciente, servicial. La belleza cuesta, pero la belleza interior cuesta más. A veces la jovencita puede ser muy bonita pero tiene una cara de fastidio que no se la quita nadie. Así no se puede.

“No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo…” (Ro. 12:2). Hay cosas de la moda que son muy lindas y si están bajo los lineamientos de Dios, podemos aceptarlas. Pero siempre elijamos honrar a Cristo con nuestro arreglo personal. Antes de salir pregúntate: “¿me puse el carácter de Cristo?” Todas tenemos un área de oportunidad en nuestra vida. ¡Hagamos un compromiso con Dios!

 

Categorías
Viviendo en Cristo
¡Sé el primero en comentar sobre este artículo!

Deja Un Comentario

¡Entérate!

Suscríbete a nuestro correo semanal.

*Que no se te pase.

¿Quieres Más?