Imágenes

El mundo necesita realidad, no imágenes

Necesitamos conectar a la gente con el amor de Dios.

Vivimos en una generación globalizada y acelerada. La cultura de esta generación está llena de imágenes y de gráficos, pero muy poca realidad. ¿Usas emojis? ¡Están muy buenos! Pero una carita con un beso nunca reemplazará un beso de verdad. Quizás es así como interactuamos con Dios: le enviamos muchas imágenes de quienes somos o de quienes creémos ser, pero no existe esa realidad en nuestro corazón. Quiero desafiarte a vivir una vida real, una vida de hechos y no de imágenes.


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En la Biblia, en el segundo capítulo del libro de Hechos, se nos habla acerca de la venida del Espíritu Santo. En el día de Pentecostés, los creyentes reunidos recibieron el don de lenguas mientras fueron llenos del Espíritu Santo. Podríamos pensar que cuando Dios obra, Él está haciendo una sola cosa, pero en realidad está haciendo varias al mismo tiempo. El Espíritu Santo está dentro de la iglesia preparando a la gente para salir y predicar el Evangelio. Por otra parte, tenemos a Dios preparando a la gente fuera que recibirá la buena noticia. Esto ocurre cada vez que el Espíritu Santo se mueve con libertad.

En este momento, mientras lees este mensaje, Dios está preparando a la gente afuera que será bendecida a través del trabajo que Él está haciendo en ti. Dios te capacita, te motiva y te levanta. Sin embargo, hay algo que Él no hace: Establecer el punto de conexión.

Dios prepara a quienes llevarán Su palabra y a quienes la recibirán. Pero es a nosotros a quien nos toca generar ese punto de conexión a través de una amistad o a través de una charla. Tú estás consciente de que Dios quiere usarte para entregar Su mensaje de esperanza, pero aquellos que lo recibirán no sospechan nada.

Un Mensaje Oportuno

Durante un congreso cristiano, un pastor invitó a todos los asistentes a tomar su teléfono y orar por cada una de las personas en su lista de contactos. Pidió a todos que se posicionaran sobre el contacto que el Espíritu Santo les indicara y que escribieran un mensaje de texto con una palabra de motivación. La idea a comunicar era sencilla: ¿Qué le diría Jesús a esta persona? En ese momento se prepararon miles de mensajes cortos, listos para salir todos al mismo tiempo.

¡La respuesta fue sorprendente! Había una larga fila de jóvenes que querían mostrarle al pastor las respuestas que habían recibido. Una muchacha en la congregación compartió que la persona que recibió su mensaje tenía apenas unos segundos de haberle pedido a Dios una señal. El mensaje que recibió decía que Dios la amaba.

Los jóvenes de hoy aparentan desear todo lo relacionado con la fiesta y la diversión más que cualquier otra cosa. Pero ese es solamente el emoji, la realidad detrás es otra. En el fondo existe una desesperada necesidad de Dios.

¿Cómo puedo crear un punto de conexión?

1. Atrévete a creer que el Espíritu Santo está contigo

“Y yo le pediré al Padre, y él les dará otro Abogado Defensor, quien estará con ustedes para siempre”. Juan 14:16 NTV

En el momento en el que el Espíritu Santo te indique que debes hablarle a alguien, no escucharás una linda melodía de piano en el fondo. Tampoco aparecerá tu pastor para guiarlos a todos en una oración. Tú simplemente debes estar seguro de que el Espíritu Santo es quien te guiará y te dará las palabras que debes decir.

Cuando el Espíritu Santo te acompañe, no temblará la tierra ni se te pondrán los ojos blancos mientras tu cuerpo se sacude. El Espíritu de Dios está contigo siempre. En la escuela, en el trabajo, con tu familia: siempre significa siempre.


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2. Atrévete a amar a la gente como Jesús la ama

¿Sabes qué es lo más importante para Dios? La gente. Dios ama desesperadamente a la gente. Dios nos ama con pasión y con amor. Hay un montón de gente allá afuera que necesita saber que es amada por Dios, no por una religión. Necesitan amor de jóvenes, de personas reales. El mundo necesita desesperadamente y a gritos que los hijos de Dios se manifiesten. El mundo no está esperando el mover de súper líderes con súper títulos, a quienes definitivamente honramos, sino la manifestación de personas comunes que han sido hechas hijos e hijas de Dios. Atrévete a ser parte de ese movimiento que muestre el amor de Dios al mundo.

Una Última Llamada

“Dios, si quieres usarme, úsame ahora”.

Te quiero contar una historia sobre una chica llamada Johanna. Después del colegio, ella y dos de sus amigas se reunían todos los días para orar. Ellas oraban por un avivamiento en su ciudad. Un día que Johanna iba caminando por la calle, se acordó de un mensaje que acababa de compartir su pastor. Se trataba acerca de creer que Dios desea usarnos. Entonces se detuvo, miró al cielo sabiendo que el Espíritu Santo le hablaba y oró: “Dios, si quieres usarme, úsame ahora”.

Terminando de orar, levantó la mirada y buscó la oportunidad. Venía una chica caminando por la calle en sentido contrario al de ella. Esta muchacha venía hablando por teléfono mientras lloraba amargamente. Johanna la vio y supo que Dios quería usarla para hablar con ella, pero faltaban escasos segundos para que las dos se encontraran frente a frente. Ella no sabía qué hacer.

En ese momento, la chica cuelga el teléfono. Lo único que a Johanna se le ocurrió hacer fue extender sus brazos a todo lo ancho. Fue así como, sin ninguna presentación previa, se abrazaron mientras la muchacha continuaba llorando. Sí, lloraba mientras abrazaba a una completa extraña. No hubo  absolutamente nada de tiempo para prepararse. Justo después, Johanna la invitó a que la acompañara al grupo de oración con sus amigas.

“No sabemos qué pasa ni por qué estás llorando, pero todo estará bien”

Se reunieron en el lugar en el que oraban. Las dos amigas de Johanna le preguntaron quién era la chica que la acompañaba. Ella les dijo discretamente: “No tengo idea”. Todas comenzaron a orar por ella, la abrazaron y le hablaron de Jesús. “No sabemos qué pasa ni por qué estás llorando, pero todo estará bien”, le dijeron. La chica jamás habló cuando le preguntaron acerca de su problema, solo asintió con la cabeza. Después de haber intercambiado correos y números de teléfono, se despidieron.

Una semana después, esta misteriosa muchacha le escribió a Johanna para explicarle qué había ocurrido aquél día que se encontraron: ¡Ella planeaba suicidarse! Había decidido hacer su última llamada antes de llegar a su casa, donde tenía todo preparado para cometer el suicidio. Ella quiso hablar por última vez con su tía, quien fue la única persona que se había preocupado por ella. Le dijo que nunca se volverían a ver y no quiso darle mayor explicación. “Justo cuando colgué, levanté la mirada y te vi ahí”, le dijo a Johanna, “no sé qué ocurrió, pero sentí una chispa y todo cambió después de estar en ese grupo de oración”. Hoy, esa chica que estuvo a punto de suicidarse, sirve apasionadamente a Jesús. Tiene deseos de vivir y mostrar el amor de Dios a través de su vida.

No esperes más

¡La gente está más lista de lo que crees! Lo único que necesitamos es crear un punto de conexión donde podamos hacerles ver que Jesús los ama tanto como nos ama a nosotros. Dios no nos puso en el mundo como jueces; Dios nos puso en el mundo como luz. Amar significa hacerle saber a la gente que hay algo mejor que lo que están viviendo en este momento.

Cuando Johanna abrió sus brazos para esta muchacha, representó a alguien quien abrió Sus brazos hace dos mil años para ti y para mí. Aquella chica simplemente corrió, sin saberlo, hacia los brazos de Jesús. Tú y yo estamos llamados a representar esos brazos que la gente necesita desesperadamente allá afuera.

Es tiempo de que dejemos de ser simplemente una imagen de una carita alegre en Whatsapp; es tiempo de dejar de ser una simple imagen. Dios está esperando que seas un portador de Su amor en el mundo real, donde la gente lo necesita. Camina con la certeza de que el Espíritu Santo está contigo siempre y atrévete a mostrar amor a la gente así como un día Dios te lo mostró a ti.

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Viviendo en Cristo
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