Guardia

¡No bajes la guardia!

Tú y yo estamos llamados a estar siempre alertas.

Una de las habilidades necesarias para ganar una pelea de box es saber mantener la guardia. Es incluso más importante que aprender a golpear fuerte, es fundamental. Trátese de un novato o de un profesional, siempre será necesario. Y, pon atención, no importa cuántos golpes haya conectado o qué tan bien se haya desempeñado un boxeador en los primeros rounds, si hacia el final de la pelea baja la guardia, su oponente lo va a tumbar.

Tú y yo estamos llamados a estar siempre con la guardia arriba. Si en los meses o los años o los días pasados has mantenido una buena relación con Cristo y te has portado bien; o si por el contrario te sientes cansado, no caigas en el error de conformarte con eso. Relajarte y pensar que con eso es suficiente, por tu buen desempeño en el pasado, no garantiza tu éxito en el futuro. Podemos sentirnos tentados a bajar la guardia por cualquier cosa, pero nuestras vidas tienen que ser ejemplo. Debemos mantener la guardia en alto hasta el día que muramos o hasta que Cristo venga por nosotros.


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De la Victoria a la Derrota

Hoy quiero hablarte del rey Ezequías, quien tiene una historia fascinante. En una época en la que el pueblo de Israel se había sumido en la idolatría, él destruyó los altares paganos, restauró el altar y la adoración a Dios; fue un reformador de su tiempo. Ezequías buscaba al Señor y ponía toda su esperanza en Él de una manera que, dice la Palabra, a donde quiera que iba, en lo que hacía, Dios lo bendecía porque estaba con él.

“Por ese tiempo, Ezequías se enfermó gravemente, y el profeta Isaías, hijo de Amos, fue a visitarlo. Le dio al rey el siguiente mensaje: “Esto dice el Señor: Pon tus asuntos en orden porque vas a morir. No te recuperarás de esta enfermedad”. Cuando Ezequías oyó el mensaje, volvió su rostro hacia la pared y oró al Señor: “Acuérdate, oh Señor, que siempre te he sido fiel y te he servido con singular determinación, haciendo siempre lo que te agrada”; y el rey se echó a llorar amargamente” (2 Reyes 20:1-3).

¡Imagínate esa escena! Después de una vida de éxitos, en la que pudo ver el mover de Dios en todo, de repente viene el profeta anunciando el fin. La reacción del rey es clamar al Señor porque él sentía que todavía tenía mucho por hacer. Dice la palabra que Dios escuchó ese clamor e inmediatamente le regaló 15 años de vida a Ezequías.  Es el único hombre al que Dios le concede “tiempo extra” de vida.

Yo creo que 15 años era tiempo suficiente para cerrar su vida con broche de oro. Pero en vez de hacer algo espectacular para la gloria de Dios en ese tiempo, Ezequías bajó la guardia. Los últimos rounds de su vida se relajó, se desentendió de lo que pasaba: “Se enalteció en su corazón y no correspondió a Dios con verdadera gratitud” (2 Crónicas 32:25). Una oportunidad así era para echarle las ganas y terminar con todo. Contrariamente, Ezequías se hizo amigo de Babilonia y del mundo. Fue entonces que todo se vino abajo.

A Todos nos Puede Pasar

¿Has conocido a alguien así? Alguien a quien, cuando tú conociste a Jesús, admirabas por la pasión que derrochaba en su servicio, un joven que ardía en amor a Dios y cuyo fuego contagiaba a todos alrededor suyo; pero que hoy se encuentra lejos del cuerpo de Cristo y de Dios. Yo recuerdo gente así, que eran apasionados por el Señor pero que en el presente se han aburrido de las cosas de Dios e incluso lo niegan o se burlan de los cristianos. Un joven aburrido es aquel que bajó la guardia, porque Dios no hace gente aburrida, ni tampoco amargada.

Regresemos a la historia del rey Ezequías. En el tiempo de vida que Dios le regaló, le nació un hijo, Manasés. Manasés creció siguiendo el ejemplo de su padre-amigo-del-mundo, no el de su padre-apasionado-reformador. Gracias a eso la Biblia le otorga el penoso título del peor rey que ha tenido Israel.

Sin entrar en muchos detalles te mencionaré que Manasés reconstruyó los altares que su papá había tumbado en sus buenos años, desafió a Dios mismo en Su casa y en Su altar, practicó magia, adivinación, se comunicaba con los muertos. ¡Hizo terribles cosas, sí! Pero quiero que te enfoques en una cosa: ¿Dónde aprendió todo eso? ¿En qué momento? Durante el tiempo que su padre se hizo amigo de Babilonia, ahí. Él tuvo el ejemplo de un hombre que pensó “No pasa nada. ¿Qué tiene de malo que quiera experimentar con las cosas de allá afuera?” Tenía de malo que estaba bajando la guardia.


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Un Modelo a Seguir

Manasés comenzó a seguir el ejemplo de su papá, pero esto no justifica su decisión ni su manera de vivir. Si estudias a los reyes que sucedieron a Manasés verás que uno de ellos fue su nieto Josías, quien no tenía un modelo ejemplar de cómo vive un buen hijo de Dios. Un día encontró unos manuscritos antiguos, una parte de lo que hoy conforma nuestra Biblia. Eso bastó para encender un fuego en él. Es entonces cuando decide volver a los caminos del rey David y lidera entre su pueblo un avivamiento en la adoración a Dios.

El modelo de Josías fue la Palabra de Dios. Tal vez tú no tengas un modelo a seguir en tu casa, pero eso no justifica que no seas apasionado. En Jesús y en Su Palabra tienes a los mejores modelos a seguir, y a la vez te conviertes en alguien que inspira a otras personas. Cuando hay fuego en tu corazón Dios levantará alrededor tuyo gente que quiera seguirte y bendecirte.

Tú a lo mejor no eres papá, pero hay gente que te está viendo. ¿Qué ejemplo estás dando? Tu familia que no conoce a Cristo, tus amigos, en la escuela, en tu trabajo, cuando conoces a alguien nuevo. ¿Cómo estás viviendo hoy? Dentro de la iglesia, con el pianito de fondo todos hablamos bonito, pero ¿qué tal en la universidad donde no hay pianito? Si te ven, ¿dicen: “Quiero ser como él”?

Por la Pelea Que Dios Ganó, Tú Ya Ganaste

Manasés estuvo toda la vida con la guardia abajo haciendo desastres. En el peor momento de su vida lo llevan preso sus enemigos. Dice la Palabra: “pero cuando estaba sumido en profunda angustia, Manasés buscó al Señor su Dios y se humilló con sinceridad ante el Dios de sus antepasados. Cuando oró, el Señor lo escuchó y se conmovió por su petición. Así que el Señor hizo que Manasés regresara a Jerusalén y a su reino. ¡Entonces Manasés finalmente se dio cuenta de que el Señor es el único Dios!” (2 Crónicas 33:12-13).

¡Esto es lo más hermoso de esta historia! Puede que la guardia de Manasés siempre haya estado en el piso, pero en el último round se acordó de Dios y levantó su vista a Él. Se humilló y pidió perdón y el Señor lo restituyó.  

Cuando Ezequías recibió la noticia de que iba a morir, oró a Dios y le pidió: “Señor, ¡acuérdate de todo lo que he hecho por ti!”. Pero Manasés por su parte no había hecho en su vida una sola obra buena como para pedirle a Dios que la recordara. De eso se trata la gracia: Dios no vio el pasado de Manasés, sino que se adelantó un poquito en el tiempo y vio a Jesús que habría de morir en la cruz por nosotros y también por él.

No importa lo que has hecho, ¡hay gracia disponible para ti y para mí! No se trata de lo que hayas hecho tú o de quien hayas sido antes, se trata de quien es Él y de lo que hizo en la cruz.

En este tiempo no se necesitan jóvenes con una etiqueta que diga: “cristiano”. Necesitamos jóvenes que se levanten con la guardia en alto, apasionados, entregados. Porque eso es para lo que Dios te llamó. Hay alguien que nunca bajó la guardia por nosotros: Jesús. Él vivió y murió apasionado por ti. Hoy te invito a decirle a Él: “Tú nunca bajaste la guardia por mí. Por eso yo me levanto por ti y me entrego a ti”.

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