Obediencia

Obediencia significa aceptar la autoridad de Dios sobre tu vida

Lo que toca el corazón de Dios es que le obedezcas

El centro de la vida cristiana es la relación personal que puedes tener con Dios. Él quiere una relación contigo, pero no de amigos, sino de Padre e hijo. Una relación de amor que vaya creciendo. ¿Cómo puedes tener una relación así con Dios? La clave es que aprendas a ser obediente. Si lo eres, tu relación con Él será honesta y sincera. ¿Cómo puedes agradar a Dios? Con tu obediencia.

Quizá tú puedas participar en algunas (o muchas) actividades de la iglesia. Quizá vayas a las cárceles a compartir un mensaje, lleves comida a los indigentes o vayas a los hospitales a orar por la gente, sin embargo, a pesar de que todo esto es muy bueno, lo que toca el corazón de Dios es que le obedezcas. Obediencia es así de sencillo: aceptar la autoridad y voluntad de Dios en tu vida diaria. Simple, ¿cierto?

Dios quiere que le obedezcas porque Él te ama. Él quiere que hagas Su voluntad, porque es buena. No lo dice por egoísta, al contrario, si haces lo que Dios nos ordena serás feliz y próspero. Dios te creó y sabe tus necesidades. Él te conoce y si le haces caso, llegará bendición a tu vida y alcanzarás Su propósito porque Él verdaderamente desea lo mejor para tu vida. Obedecer a Dios es aceptar lo que Él tiene para ti.

“Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento.” Mc. 12:30 Reina Valera Revisión 1960

El pecado de la desobediencia

Todos somos desobedientes por naturaleza. Dice la palabra en 1 Samuel 15:23 que la rebeldía a Dios es comparada con el pecado de la adivinación: “Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey.” 

En 1 Samuel 15, leemos acerca del Rey Saúl, el primer Rey de Israel. Dios mandó a Saúl a acabar con Amalec y todo lo que él tenía por lo que le hizo a Israel cuando subía de Egipto. Las instrucciones del Señor a Saúl fueron muy claras: Debía destruir todo. Sí, todo. Saúl no lo hizo así; guardó los mejores animales para sacrificarlos a Dios. Eso no fue lo que el Señor le había pedido. Saúl no fue obediente a las instrucciones precisas de Dios.


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Samuel le hizo ver a Saúl que no había seguido las órdenes de Dios y le afirmó que la rebeldía es similar a la adivinación. Ambos son actos voluntarios contra la autoridad y voluntad de Dios; son acciones. La adivinación es un pecado que Dios aborrece (Dt. 18:10–12).

La rebeldía es hacer lo que solo quieres sin importar lo que Dios diga. Es no hacerle caso a Dios, ni tomarlo en cuenta. Es retar directamente la autoridad de Dios. Si tomamos el pasaje, Saúl justifica su acción de dejar vivo el mejor ganado para ofrecerlo en sacrificio a Dios. El Señor nunca le pidió eso a Saúl. No obedeció, se rebeló e hizo lo que él consideraba lo mejor. Evidentemente, por la acción que hizo, el Señor no reinaba en el corazón de Saúl. La pregunta para ti y para mí es: ¿Es Dios tu Dios? ¿Es Dios tu Dios personal? ¿Está Él en tu corazón, en la privacidad de tu vida?

Adivinación significa tener una idea o tener conocimiento de algo sin buscar a Dios. En otras palabras, es decirle a Dios: “No te necesito. No eres la fuente de dirección o de sabiduría en mi vida”. La adivinación es la base de la desobediencia; así de rotundo.

Dios no se agrada de lo que tú piensas, sino de que se haga lo que Él dijo.

Eso fue lo que Saúl hizo. Dios le dijo que acabara con todo, pero Saúl hizo lo que él pensó que era lo mejor. ¿Puedes creerlo? Prácticamente, Saúl consideró que su idea era mejor que la que Dios tuvo. Por eso Samuel lo regañó. Saúl pensó que a Dios le importaba más los sacrificios que la obediencia. Dios no se agrada de lo que tú piensas, sino de que se haga lo que Él dijo. La obediencia debe ser completa.

¿Estás pretendiendo darle algo bueno a Dios? ¿Estás pretendiendo hacer cosas para Dios pero que están lejos de lo que te está pidiendo? No te confundas: Dios te pide una obediencia completa. Así de claro. Quizá, el Señor te está pidiendo que te arrepientas de tu rebeldía o que santifiques tu manera de vivir. ¿Acaso estás haciendo como que no escuchas? Quizá el Señor te está pidiendo que hagas algo y tú estás haciendo otras 23 cosas distintas que no son lo que Él está esperando de ti. ¡Cuidado! Si estás en una situación en la que no puedes salir adelante, y estás constantemente cayendo en lo mismo, ¿no estarás acaso siendo desobediente “guardando lo mejor para Dios”

La desobediencia no es un acto aislado. De hecho, es una actitud. El acto de desobediencia es la manifestación de una actitud. Es como si quisieras negociar con Dios. Quizá deseas que Dios te acepte aun haciendo esas cosas que no quieres dejar. No te engañes a ti mismo. El Señor está demandando de ti una obediencia completa.

Todos los pecados tienen una misma raíz que se manifiesta de maneras distintas.

Pecar es una acción y su raíz es la rebeldía. En el momento, antes de pecar, no tuviste en cuenta a Dios. Lo menospreciaste. Te dejaste llevar por el impulso y perdiste el control que tienes sobre ti mismo. Ahí aflora tu deseo personal. Todos los pecados tienen una misma raíz que se manifiesta de maneras distintas. Se llama obstinación.

La obstinación que tuvo Saúl se vio en que, a pesar de que recibió instrucciones específicas, no hizo caso. Samuel le señaló su pecado y las consecuencias del mismo. Saúl, en lugar de arrepentirse, se justificó señalando que lo que hizo “lo hizo para Dios“. Quiso quedar bien; construyó una buena fachada. ¿Te suena conocido todo esto? Saúl aun viendo todo lo que le estaba sucediendo, se atrevió a buscar una mujer adivina en lugar de buscar a Dios (No es broma, lee 1 S. 28:7-8). Saúl siguió obstinado en no tomar en cuenta a Dios.

“Pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír.” Is. 59:2

Debes preguntarle a Dios qué hay en tu vida que te impide escucharle. El error que cometemos es culpar a todos los demás por ya no sentir la presencia o el respaldo de Dios. Cuando estás en el Señor, nadie ni nada te desanima. Tú dependes de tu propia relación con Dios. Lo que nos separa de Dios no es la gente, ni las cosas externas, sino cuando empiezas a permitir el pecado en tu vida. Ahí dejas de ser humilde y obediente delante del Señor.

La desobediencia también es idolatría

¿A quién adoras cuando pecas? A ti mismo.  El Evangelio es morir a ti mismo y vivir solo para Dios. En su desobediencia, Saúl ignoró a Dios. Consideró más importantes sus ideas que las de Dios. Cuando Dios te dice o te demanda algo, pero consultas a tu propio adivino personal y decides hacer tu propia voluntad, te vuelves un idólatra.

“Madrugó luego Samuel para ir a encontrar a Saúl por la mañana; y fue dado aviso a Samuel, diciendo: Saúl ha venido a Carmel, y he aquí se levantó un monumento, y dio la vuelta, y pasó adelante y descendió a Gilgal.” 1 S. 15:12

A pesar de todo lo que había estado viviendo y, aun ante las advertencias de Samuel, Saúl se hizo un monumento. Luchamos con servir a Dios, porque hay una lucha contra nosotros mismos. Quizá puedes desear tener un monumento personal. Quizá consideras que ya sabes lo que debes hacer. Cuando te sientes mejor que el otro, eso también es idolatría personal.


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La naturaleza de la obediencia

La obediencia es algo que tienes que hacer consciente e intencionalmente. La verdad, es más fácil desobedecer. Obedecer es con el corazón, de ahí nace. Dios no te obliga a obedecer, en realidad te invita a que lo hagas. El Señor desea que tu des ese paso y que hagas la voluntad de Aquel que te creó. No hay excusa para no hacer la voluntad de Dios.

“Y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón.” Jer. 29:13

¿Realmente lo estás buscando de todo corazón? Sí es así, habrá alguna manifestación en tu vida. No lo busques solo por compromiso o por quedar bien con alguien. Debes estar convencido de que es lo que más necesitas. Si es así, el poder de Dios viene a tu vida. Si eres un hijo de Dios, lo obedecerás intencionalmente. Decidirás obedecerlo con todo el corazón. Hasta que no lo hagas, seguirás teniendo el monumento personal levantado. Ese monumento debe ser derribado por el Señor.

La obediencia debe ser inmediata. Postergar es una forma de desobediencia. El que sabe hacer lo bueno y no lo hace, le es pecado. Debes escuchar atentamente a Dios. Zaqueo fue un ejemplo de obediencia inmediata: “Cuando Jesús llegó a aquel lugar, mirando hacia arriba, le vio, y le dijo: Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa. Entonces él descendió aprisa, y le recibió gozoso” (Lc. 19:5-6).

Dios te está hablando. ¿Por qué lo cuestionas? ¡No lo hagas! Obedece y vas a ver la bendición en tu vida. ¿No te sorprende que el mundo no tenga urgencia para dejar su pecado? Es por la rebeldía del corazón. Pero si tú, como hijo de Dios, te tardas en obedecer, ¿con qué derecho irás afuera a predicar el Evangelio? No necesitas predicar un mensaje, necesitas predicar de la vida de Jesús. La única diferencia entre los hijos de Dios y los del mundo es la obediencia. La obediencia es completa. Si “medio” obedeces a Dios es como si no hicieras nada.

“Porque también para este fin os escribí, para tener la prueba de si vosotros sois obedientes en todo.” 2 Cor. 2:9


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La recompensa de la obediencia

Algo es claro: hay recompensa en obedecer a Dios. Claro que la hay.

“Guardad cuidadosamente los mandamientos de Jehová vuestro Dios, y sus testimonios y sus estatutos que te ha mandado. Y haz lo recto y bueno ante los ojos de Jehová, para que te vaya bien, y entres y poseas la buena tierra que Jehová juró a tus padres; para que él arroje a tus enemigos de delante de ti, como Jehová ha dicho” (Dt. 6:17-19).

“Acontecerá que si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra. Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios” (Dt 28:1-2).

¿Sabes lo que Dios te está pidiendo? Olvídate de ir a predicar a Marte, ¡no es por ahí! Lo realmente importante es enfocarte en tachar toda la lista de cosas por hacer y que el Señor está pidiéndote. Sé perfecto en lo que el Señor te está demandando. Si le respondes a Dios, Él te va a bendecir. Es más, no podrás ni contar todas las bendiciones que te va a enviar; ni sabrás por dónde van a estar llegando. ¡Ponte en manos de Dios! ¡Sé obediente! ¡Haz Su voluntad! ¡Entrégate por completo a Dios!

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