Obediencia con Reservas

¿Qué te motiva a obedecer?

No se trata de lo que hacemos delante de los ojos de la gente sino lo que hacemos a solas cuando sale nuestro verdadero yo y nos transformamos en ese Hulk que llevamos dentro.

La gran mayoría de nosotros hemos escuchado desde chiquitos que si nos portamos mal Dios nos va a castigar, o que simplemente debemos hacerle caso porque Él siempre está viendo. ¿Nunca te has preguntado por qué?
Seamos sinceros ¿Cuántos de nosotros estudiamos o fuimos a la escuela porque sabíamos que si faltábamos nos iban a regañar en casa? ¿Alguna vez te volaste una clase? Pero ¿cuántos de nosotros fuimos a la escuela agradecidos por el esfuerzo de nuestros padres por pagar la colegiatura y los materiales? Es un enfoque muy distinto. Te voy a hablar de dos tipos de obediencia. La primera es la obediencia superficial, la segunda es la obediencia de corazón.

¡Qué triste es hacer las cosas por temor a las consecuencias! Sería mucho mejor si viviéramos agradecidos. Nuestra manera de ver y hacer las cosas cambiaría rotundamente. Ahora, ¿tú crees que es suficiente ser bueno y hacer cosas buenas? Veamos qué nos enseña Dios al respecto:

“Hizo lo que era agradable a los ojos del Señor, pero no de todo corazón.” 2 Crónicas 25:2 NTV

Aquí podemos ver claramente que no se trata nada más de portarse bien o hacer bien las cosas, se trata de la actitud con la que actuamos. ¿Cuál es nuestra motivación? Si creemos en Dios y sabemos que debemos obedecerlo ¿lo hacemos por temor a un castigo o por conseguir algo a cambio? Lo correcto sería conocer más a Dios y hacer las cosas que a Él le agradan porque valoramos y agradecemos el amor que Él nos tiene y porque nuestra actitud es la de un hijo que ama a sus padres y está agradecido con ellos.
Muchos de nosotros ya conocemos las consecuencias de no hacer caso o de portarnos mal. Ahora te hago una pregunta: ¿Por qué pensamos que somos buenos si seguimos haciendo cosas malas? ¿Qué te hace pensar que tu actitud o incluso tus acciones son las correctas? Sabemos distinguir entre el bien y el mal pero nos hacemos los que no vemos. ¿Verdad que sí?

“Jesús contestó: —¡Hipócritas! Isaías tenía razón cuando profetizó acerca de ustedes, porque escribió:“Este pueblo me honra con sus labios, pero su corazón está lejos de mí.” Marcos 7:6

¡Qué fuerte que Jesús utiliza la palabra ‘hipócritas’! Si pones atención a sus palabras verás que el problema principal estaba centrado en el corazón de esas personas. El término ‘hipócrita’ surgió en el teatro griego y significa ‘actor’. Así se les llamaba a esas personas que fingían sentimientos que no tenían o ideales que no seguía. ¿Cuántos actores se sintieron identificados? Francamente, todos hemos actuado alguna vez e incluso hemos intentado engañarnos a nosotros mismos. Aquí te dejo una pregunta que a mí me ha dejado meditando mucho tiempo: ¿Por qué es tan importante para Dios la actitud y el corazón con el que actuamos?

“¡Tengan cuidado! No hagan sus buenas acciones en público para que los demás los admiren, porque perderán la recompensa de su Padre, que está en el cielo. Cuando le des a alguien que pasa necesidad, no hagas lo que hacen los hipócritas que tocan la trompeta en las sinagogas y en las calles para llamar la atención a sus actos de caridad. Les digo la verdad, no recibirán otra recompensa más que esa. Pero tú, cuando le des a alguien que pasa necesidad, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha. Entrega tu ayuda en privado, y tu Padre, quien todo lo ve, te recompensará. Cuando ores, no hagas como los hipócritas a quienes les encanta orar en público, en las esquinas de las calles y en las sinagogas donde todos pueden verlos. Les digo la verdad, no recibirán otra recompensa más que esa. Pero tú, cuando ores, apártate a solas, cierra la puerta detrás de ti y ora a tu Padre en privado. Entonces, tu Padre, quien todo lo ve, te recompensará. Cuando ores, no parlotees de manera interminable como hacen los seguidores de otras religiones. Piensan que sus oraciones recibirán respuesta solo por repetir las mismas palabras una y otra vez. No seas como ellos, porque tu Padre sabe exactamente lo que necesitas, incluso antes de que se lo pidas.” Mateo 6:1-8

Creo que todo el mundo sabe, en teoría, cómo debe vivir una persona que va a la iglesia y cree en Dios. La verdad, es muy fácil pretender o actuar correctamente, pero ¿cómo estamos viviendo? No se trata de lo que hacemos delante de los ojos de la gente sino lo que hacemos a solas cuando sale nuestro verdadero yo y nos transformamos en ese Hulk que llevamos dentro.
“Las apariencias engañan”. Te voy a explicar por qué es tan fácil engañar a la gente. Todos nosotros tenemos ese deseo de ser reconocidos, entonces hacemos buenas obras para conseguir admiración. Cuando nuestra única motivación es esa (se llama vanidad), nuestra actitud es la equivocada. En pocas palabras, hemos perdido el amor. ¿Y luego? Tal vez estarás pensando que eso significa que no puedes hacer nada en público. Te voy a poner un ejemplo. Hace unos días un amigo iba por la calle y escuchó que un señor le estaba hablando pero él lo ignoró. El señor volvió a insistirle hasta que se acercó. Le quería vender un reloj o lo que fuera. Mi amigo no estaba interesado, pero la insistencia fue tanta que le terminó preguntando al señor por qué quería vender aquel artículo. El hombre le dijo que le urgía el dinero porque necesitaba tomar un autobús para regresar a su ciudad y le comentó que era médico pero se había quedado inesperadamente sin dinero. Ya conociendo su historia, mi amigo sacó algo de dinero y se lo dio sin pedirle el reloj ni nada más. El hombre muy apenado le rogó que tomara aquél reloj o que al menos le permitiera pagarle en unos días. Mi amigo se negó y se despidió con un “Dios te ama”.
Lo que quiero darte a entender con este pequeño relato es que no está mal hacer algo en público cuando tu verdadera intención es ayudar. Puedes hacer alguna obra pública y no tener la más mínima intención ni interés de ser visto. Todo es cuestión de actitud.

“Si pudiera hablar todos los idiomas del mundo y de los ángeles pero no amara a los demás, yo solo sería un metal ruidoso o un címbalo que resuena. Si tuviera el don de profecía y entendiera todos los planes secretos de Dios y contara con todo el conocimiento, y si tuviera una fe que me hiciera capaz de mover montañas, pero no amara a otros, yo no sería nada. Si diera todo lo que tengo a los pobres y hasta sacrificara mi cuerpo, podría jactarme de eso; pero si no amara a los demás, no habría logrado nada.” 1 Corintios 13:1-3

Después de leer esto pienso que deberíamos hacernos (y responder) estas preguntas:

  • ¿Qué relación tienen el amor y la obediencia sincera? Recuerda el primer ejemplo que pusimos
  • ¿En qué áreas de nuestra vida debemos cambiar la motivación? No olvides que todo es cuestión de actitud.
  • ¿Cómo afecta este cambio a los demás? Piensa en todas las personas que te rodean.
  • ¿Cómo esperas que afecte ese cambio a tu vida? Es hora de actuar.

“Pues ustedes saben que Dios pagó un rescate para salvarlos de la vida vacía que heredaron de sus antepasados. No fue pagado con oro ni plata, los cuales pierden su valor, sino que fue con la preciosa sangre de Cristo, el Cordero de Dios, que no tiene pecado ni mancha. Dios lo eligió como el rescate por ustedes mucho antes de que comenzara el mundo, pero ahora en estos últimos días él ha sido revelado por el bien de ustedes.” 1 Pedro 1:18-20

Hemos sido rescatados por Dios; Jesús mismo dio Su vida por nosotros. Creo que es hora de cambiar nuestra actitud y vivir agradecidos con Él, ¿no crees?

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Crecimiento Espiritual
Hay un Comentario sobre este artículo
  • Angeles Lozano
    31 Agosto 2015 at 2:42 pm

    Bastante explícito el mensaje. Que Dios nuestro SEÑOR toque corazones a través de este escrito. Dios los bendiga!

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