Pruebas

El Objetivo de las Pruebas

No pierdas la visión.

Todos quisiéramos vivir una vida sin problemas y sin pruebas complicadas: una vida perfecta. Los medios también nos venden esa vida soñada a través de ciertos artículos que provocan “felicidad“. Sin embargo, la vida no es así de sencilla. Si piensas que la vida puede llegar a ser perfecta en cualesquiera formas, lamento decirte que no es cierto. Si te empeñas a creer eso, estarías cayendo en una necedad.

Tú y yo estamos viviendo en este mundo y atravesaremos aflicciones. Sin duda, la vida así es. Sin embargo, una vez que aceptes que pasarás por luchas y pruebas, lo mejor es que te prepares para afrontarlas en el momento que aparezcan en tu vida. ¿Estás listo?

Dios tiene mucho que tratar contigo y conmigo también. De entrada, quiere tratar contigo tu carácter, tu corazón y tus deseos. Podrías caer en el error de creerte capaz de todo. ¡Cuidado! Quizá porque te ves joven y te sientes con toda la fuerza creerás que podrás con todo, pero debo decirte que esto no es así. Tú y yo dependemos del Señor.


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 El Señor libera a su pueblo.

La palabra Éxodo, además de ser el segundo libro de la Biblia, también significa salida. En este libro se habla de la salida del pueblo hebreo de Egipto. El pueblo de Israel llegó inicialmente a Egipto siendo apenas unos cuantos, sin embargo, cuando salió de ahí eran ya una cantidad considerable.

La manera en la que el pueblo salió fue poderosa y milagrosa. Dios manifestó su poder increíblemente cuando sacó a los israelitas de ahí. En aquél tiempo fue cuando sucedieron las plagas en Egipto y el mar rojo se abrió para que el pueblo pasara en seco. Señales grandiosas de Dios se manifestaron durante este momento.

La salida del pueblo hebreo no solo fue de Egipto sino también de la esclavitud en la que vivían. El Señor hizo grandes maravillas con Su pueblo y procuraba siempre recordarles de dónde los había sacado.

“Yo Jehová vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto, para que no fueseis sus siervos, y rompí las coyundas de vuestro yugo, y os he hecho andar con el rostro erguido”. Levítico 26:13 RVR1960

 

 

El Señor le vuelve a decir a Su pueblo de dónde los había sacado. Aprovecha toda oportunidad para recordárselo. No solo eso, les recalca que los sacó de la esclavitud. Insiste y en reiteradas ocasiones se los vuelve a decir.

“Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre.” Éxodo 20:2

El Comienzo de la Esclavitud del Pueblo

Cuando el pueblo de Israel sale de Egipto, sale siendo esclavo, sin embargo, no siempre lo fue. El pueblo hebreo llegó a Egipto a través de José, quien fue el primero en llegar a ese país. En esa época hubo escasez de alimento, lo que hizo a los hermanos de José llegar a Egipto en búsqueda de comida y, dada la posición que ostentaba José, sus hermanos tuvieron alimento suficiente para vivir. José salvó a su familia.

Cuando la familia de José llegó a Egipto eran entre 70-75 personas. En ese entonces, José era el segundo de Faraón por lo que él y su familia vivieron en abundancia. Viviendo en abundancia, se multiplicaron creciendo así la familia.

Éxodo 1:8-14 relata que Faraón tenía miedo de los judíos porque ya eran muchos y eran fuertes. Además, tenían fama de ser guerreros así que Faraón estaba temeroso de que, si llegara a presentarse una guerra, los hebreos llegaran incluso a atacar a los egipcios. Debido a esto, Faraón comenzó a poner autoridades entre ellos y les fueron asignados trabajos duros por lo que el pueblo hebreo comenzó a oprimirse y a amargarse por la carga que tenían. Ahí comenzó la esclavitud y la opresión para el pueblo de Dios.


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¿Por qué Dios nos hace pasar por pruebas?

La prueba no es tu destino final.

Egipto se asemeja al mundo y cómo Dios nos libera de ese lugar. Sin embargo, Egipto también es parecido al trato de Dios para tu vida. Tal cual lo fue para el pueblo hebreo, así también nosotros podemos llamar “Egipto” a las pruebas y luchas que pasamos. Israel vivía bien en Egipto hasta que llegó a ser esclavo. Los egipcios los presionaban y los oprimían, les imponían cargas y trabajos tan pesados hasta el punto en que el pueblo se amargó por tantas pruebas que estaban pasando.

El pueblo de Israel sabía que no iba a vivir para siempre en Egipto. El pueblo tenía otro destino donde iba a habitar. Dios le había dado a su pueblo una promesa y dicha promesa se la dio desde antes que estuvieran en Egipto, la promesa de una tierra: la tierra prometida.

El pueblo de Israel tenía un destino que no era Egipto. El propósito de Dios no era que estuvieran para siempre en Egipto. Egipto es un símbolo de pruebas, luchas y dificultades. ¿Te ha pasado? ¿Te suena conocido? ¿Acaso estás pasando por eso? Recuerda: Egipto no es tu destino. No lo es. Vendrán pruebas y luchas, pero no durarán para siempre. Van a venir, ciertamente, es una realidad. Jesús dijo que en el mundo tendremos aflicción (Juan 16:33). Vas a tenerlo, seguro. Sin embargo, debes prepararte. Hay que entender que Egipto no es el destino final. El Señor te hará pasar por Egipto. Puede que te mantenga un tiempo ahí, quizá más del que tú crees o esperas, pero ese no es el destino que el Señor tiene para ti. Egipto no es tu destino.

¡Prepárate!

Las pruebas te hacen más fuerte.

Cuando Israel dejó Egipto, todavía no estaban preparados para tomar la tierra prometida. Si estás pasando por pruebas, es porque el Señor te está preparando. Aún no estás listo para tomar la tierra prometida que Él tiene para ti. Todos queremos vivir en la tierra prometida. La tierra prometida para ti puede ser tener un auto, una casa o una pareja, quizá un ministerio o abrir un grupo de estudio bíblico. Quizá lo quieras todo, sin embargo, Dios tiene un tiempo para cada cosa. Necesitas pasar primero por Egipto, por la prueba.

Egipto es un lugar para que crezcas, sin embargo, es posible que el diablo lo esté usando para mermarte y quizá lo esté logrando. Pero es importante que recuerdes que cuanto más oprimían al pueblo, éste más crecía.

Cuando olvidas que Egipto no es tu destino y te olvidas de tu tierra prometida, es cuando comienzas a ahogarte. Por el contrario, cuando mantienes en tu mente que hay una tierra prometida para ti, Egipto te hace crecer, te prepara y te hace más fuerte.

Según estudios, salieron 600 mil de Egipto hacia al desierto, quizá fueron más. Sin embargo, salieron listos para pelear. Eran fuertes y Faraón tenía miedo de ellos ya que tenían fama de guerreros. La carga, en lugar de ahogarlos, los hizo más fuertes. La lucha los hizo prepararse. Dios está permitiendo las pruebas con una finalidad. Si sientes que te ahogas es porque se te ha olvidado el propósito. Se te ha olvidado que Él tiene cosas más abundantes para ti. El Señor quiere prepararte, hacerte más fuerte y más resistente.


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Recuerda que tienes un destino.

No te olvides que hay un fin. Hay una tierra prometida para ti. Dios es un Dios de propósito. Si te acuerdas de esto mientras atraviesas la prueba, Egipto te hará más grande y fuerte.

Ten muy presente cuál es la visión.

Israel, mientras estuvo en Egipto, no se mezcló ni con la cultura egipcia ni con cualquier otra. El pueblo vivía todo junto en una tierra asignada para ellos donde podían pastorear y hacer conforme a sus costumbres y hábitos. El pueblo estaba lejos de la influencia de otras naciones sobre ellos.

Igualmente, en nuestra época, el Señor te hace pasar por Egipto para mantenerte separado para Él. Él no permite que recibas las influencias del mundo. En Egipto, el pueblo estuvo sin mezclarse con la cultura local. Los tiempos de prueba, esos momentos donde luchas, son los que te hacen buscar a Dios. Te mantienen y te hacen apartarte para Dios. Sabes que tienes que guardarte para buscar la solución de Dios. El Señor te guardará si te mantienes fiel a Él. No pierdas de vista el propósito. No pierdas la visión.

Dios tiene tiempo para todo.

Algo sucedió: el pueblo dejó de estar tranquilo en Egipto y les empezaron a cargar de pruebas. No solo les afectó físicamente, también les comenzó a afectar el corazón porque los amargaron con tanto trabajo y tanta lucha. ¿Has llegado a amargarte? La razón por la cual el pueblo se amargó fue que no clamaron a Dios. Se aguantaron. Pensaron que ellos solos podrían pasar por eso. Ellos querían hacerlo en sus propias fuerzas. Cuando te amargas, es porque comienzas a hacer las cosas por tu propia fuerza. Te amargas porque no clamas.

“Aconteció que después de muchos días murió el rey de Egipto, y los hijos de Israel gemían a causa de la servidumbre, y clamaron; y subió a Dios el clamor de ellos con motivo de su servidumbre.” Éxodo 2:23

Cuando veas a alguien amargado dile que se ponga a clamar. No te amargues. No creas que puedes. No aguantes solo. El clamor del pueblo subió a la misma presencia Dios. Si Dios no obra en tu vida, es porque no pides. Dios no contesta porque no tiene nada que responder si no oras.

“Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís.” Santiago 4:2

Si te peleas con todos y no tienes lo que deseas, es porque no estás clamando. Quizá quieras hacer todo por tu propia fuerza. Muchos de nosotros estamos perdiendo la visión de Dios por la amargura. El Señor nos quiere dar libertad. Cuando el pueblo clamó, Dios los hizo salir de la esclavitud tomados de Su mano y pudieron ver todos los milagros que el Señor hizo a favor de ellos. Dios estaba esperando que el pueblo clamara. ¡Dios no va a hacer nada en tu vida si tú no lo permites! Él no va a hacer nada en tu vida si no clamas.

¿Quieres bendición? ¿Quieres la obra de Dios en tu vida? Clama a Dios, pídele ayuda para superar la prueba y que traiga fortaleza a tu vida.

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Viviendo en Cristo
Hay un Comentario sobre este artículo
  • Anónimo
    6 Septiembre 2016 at 4:00 pm

    Gracias por este excelente mensaje… Dice ahí “es necesario pasar”. ¡Egipto no es mi destino!.

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