La Calle de Mi Pasado

Conocí la libertad cuando abandoné la calle de mi pasado

Las cosas no se tratan solamente de ti

Quiero hablarte acerca de la legalidad de tu libertad a través del pacto de la sangre de Jesús. Para reclamar un derecho es necesario que conozcamos las leyes que nos lo otorgan. Dios te ha hecho libre a través de Sus promesas, pero es esencial que comprendamos el propósito por el cual nos fueron dadas.

Legalmente Libre

En Lucas 8:26-29 podemos leer una historia en la que Jesús se encuentra con un hombre endemoniado. El hombre se encontraba postrado ante Jesús mientras los demonios suplicaban que no se les enviara al abismo. No tenemos ningún registro en la Biblia que nos indique que el hombre hubiera clamado por su propia libertad. Simplemente, cuando los demonios vieron a Jesús, sabían que no tenían autoridad sobre esta persona. Ellos sabían que él era un hombre libre y que no podían hacer nada en contra de él ante la autoridad de Jesús. Cuando la presencia de Dios se hace manifiesta, la atmósfera cambia.

Gálatas 4:1-3 (Nueva Traducción Viviente) nos explica cómo la herencia que recibimos como hijos de Dios nos es otorgada a través del sacrificio que Jesús realizó. Cuando Jesús llegó fuimos liberados de la opresión del pecado y rescatados de la esclavitud.

Somos como “Chabelos” espirituales.

Legalmente tú ya eres libre. ¿Puedes comprender eso? No es que no hayas sido libre antes; es que no hemos madurado espiritualmente para comprender esta verdad. Quizás servimos mucho en la iglesia, pero estudiamos la Biblia poco y, por consecuencia, no conocemos a Dios. Somos como “Chabelos” espirituales. Ya debiendo ser testigos, decidimos vivir en esclavitud porque no hemos creído la promesa del Señor. Nos hemos encogido y no hemos entendido que es necesario pelear por las cosas que Dios nos dio.

El crecimiento espiritual no lo determina el tiempo; lo determina nuestro deseo y nuestra pasión por conocer a Dios. Es determinado por cuánto dependemos de Él y cuánto lo buscamos en la intimidad y en los momentos secretos. ¿Qué tanto estás buscando de Dios? ¿Estás luchando para tomar esta libertad que Él quiere darte?

Ningún demonio, pecado o circunstancia es más fuerte que nuestro Señor y tú no tienes que vivir en esclavitud. Zacarías tuvo una revelación de quién sería Jesús (Lc. 1:68-79). Aquí el Señor revela cómo Jesús sería el Salvador que cumpliría la promesa del pacto que Él había hecho con Abraham (v.73) y también se declara que el pueblo sería al fin rescatado de sus enemigos (v.71).

Cuando hablamos de enemigos y de aquellos que nos odian, no hablamos necesariamente de personas. Hablamos también de espíritus y de la opresión del pecado. Muchos pueden vivir oprimidos por sus padres y eso no significa que sus papás estén endemoniados. La Buena Noticia es esta: Dios levantó un Salvador, Jesucristo, Rey de Reyes para traernos libertad.

Él nos ha hecho libres con un propósito: que le sirvamos sin temor, en santidad y en justicia.

Los demonios saben esto; saben que somos libres a través del pacto de Dios. Él nos ha hecho libres con un propósito: que le sirvamos sin temor, en santidad y en justicia (v.74-75). Esto es lo que Dios espera de nosotros; Él quiere que lo entendamos en nuestro corazón.

En esta profecía, Zacarías se dirigió a su hijo, Juan el Bautista, para hablarle acerca de su papel en el futuro de la iglesia. Sin embargo, necesitamos también entender que el mensaje es para nosotros. El pacto de Dios con Abraham estuvo vigente durante los días de Jesucristo y nos incluye a nosotros hasta el día de hoy. ¡Tú y yo también somos alcanzados por estas promesas!

En el libro de Gálatas Pablo nos dice que todos los que ponen su fe en Dios son herederos de las promesas hechas a Abraham; es así como los gentiles fueron considerados justos (3:6-8). Todos nosotros estamos bajo un juramento y bajo una legalidad. Hemos sido liberados por el Señor. No es un sentimiento mío ni un pensamiento de nadie, y los demonios saben esto. Los demonios saben que Dios tiene toda la autoridad sobre nuestra vida.


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Libertad para Tus Generaciones

Yo vengo de un contexto difícil en el que hubo muchos problemas dentro de mi familia. Fue una vida muy complicada. Yo no soy la persona que debería estar dándote este mensaje a través de este medio. Pero un día me atreví a creer que era libre y que yo tenía un compromiso dentro de mi generación de proclamar lo que Dios había hecho por mí. Eso es lo que tus ojos tienen que ver, lo que tus oídos tienen que escuchar. Yo sé que muchas cosas son difíciles en nuestro mundo pero esto es lo que dice la Palabra de Dios: “La gente buena deja una herencia a sus nietos, pero la riqueza de los pecadores pasa a manos de los justos” (Prov. 13:22).

No importa el contexto en el que vivamos, hemos sido llamados a dejar una herencia.

Debes entender que toda la palabra que has recibido de parte de Dios a través de tus pastores y líderes no es únicamente para ti. En realidad somos un instrumento para que otros sean libres. Esto no se trata solo de nosotros, se trata de nuestra heredad y se trata de nuestros hijos. No importa el contexto en el que vivamos, hemos sido llamados a dejar una herencia. No sé si tú creas que perteneces a una clase social que pueda dejar una herencia. Pero no estamos hablando aquí de una herencia material, sino una herencia de fe que permanecerá a través de las generaciones por venir.

Yo he decidido llevar a mi familia de viaje conmigo a congresos y varios eventos porque quiero que vean lo que Dios está haciendo en las generaciones. Necesitamos saber que la obra que Dios está haciendo en nosotros debe continuar con la familia de nuestros hijos y la de sus hijos. El compromiso que tenemos es más grande de lo que podemos imaginar. Dios quiere que le sirvas con tus generaciones.

La Calle de mi Pasado

Hace unos días estaba en México. Mi esposa y yo vivimos ahí durante mucho tiempo y fue ahí donde nos conocimos. El lugar donde yo vivía ya no existe. Quedó completamente devastado y destruido con el paso de los años. Yo estaba caminando solo por este lugar al cual llamo: “la calle de mi pasado”, porque cada que paso por ahí recuerdo de dónde vengo y recuerdo de dónde Dios me sacó.

Nunca olvido la obra que Dios hizo por mí, porque ese es motivo para glorificarlo. Nuestro gozo no está basado en nuestros éxitos, sino en nuestra salvación y en la promesa de que estaremos en la presencia del Señor.

Caminando por la calle de mi pasado, llegué a la que era mi casa. Cuando miré ese lugar espantoso comencé a quebrantarme y le dije al Señor: “¡Gracias por sacarme de aquí y rescatarme de este lugar! ¡Gracias porque un día yo creí que era legalmente libre! ¡Gracias, Señor! ¡Te alabo y te exalto con todas mis fuerzas!”.

Yo no te liberé a ti; liberé a tus generaciones.

Cuando llegué a la mitad de la calle, el Señor me reveló algo que yo nunca había considerado. Él me dijo: “Detente, Uriel. Yo no te saqué de esta casa. Saqué a tus hijos de esta calle. Yo no te liberé a ti; liberé a tus generaciones. Yo le estoy otorgando libertad a tus hijos y a los hijos de tus hijos para que ellos nunca vivan el espanto que tú viviste”.

Quiero que entiendas esta profunda revelación del Señor. Dios quiere que entiendas que Él no te está rescatando solamente a ti. El está rescatando a tus generaciones. Porque bueno es Dios y “para siempre es Su misericordia” (Sal. 136:1, Reina Valera Revisada 1960). El Señor me dijo: “Ellos necesitan evidencias de que Yo soy fiel, de que Yo soy bueno y de que nunca rompo una promesa”.

Ahora yo lloro de alegría día y noche porque a ellos les espera un futuro glorioso. Hoy el Señor te está otorgando una libertad en la que tus enemigos no podrán tocarte, ni a ti ni a los hijos de tus hijos, solamente si tú puedes creer hoy que eres libre.

Mi papá no me entrenaba para nada. Yo fui devorado por mis adversarios, pero un día Dios me liberó. Este es el momento en el que te pones de pie y le dices al Señor: “Acepto el reto de la legalidad de Tu libertad y peleo por él para que mis hijos, que no conozco aún, tengan la bendición de conocer al Rey de Reyes y Señor de Señores”.

Sal de la calle de tu pasado; el Señor quiere mostrarte Su libertad. La Biblia declara lo que Jesús quiere hacer para nosotros. Él vino a darnos libertad.


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Es Jesús quien hace la obra

Jesús estuvo en la sinagoga leyendo la profecía de Isaías para declarar cómo aquella palabra se estaba cumpliendo en ese mismo instante (Lc. 4:16-30). Él es el Salvador que vino a sanar y anunciar libertad a los cautivos. Esta palabra no se cumplió con el viejo pacto de Abraham, sino con el nuevo pacto de Jesús que nos permite tener la esperanza de un futuro mejor.

El enemigo siempre intentará mantenerte esclavo, pero la Biblia nos dice que para esto vino Jesús, “para destruir las obras del diablo” (1 Jn. 3:8, Nueva Traducción Viviente). Algunos de los discípulos que fundaron la iglesia comenzaron a ser perseguidos y oprimidos.

Uno de estos casos fue el del apóstol Pedro quien fue encarcelado y Dios lo libró de una manera sorprendente (Hch. 12:6-19). Estando encadenado y entre soldados, un ángel se le apareció y lo despertó tocando su costado. Entonces le ordenó: “¡Rápido! ¡Levántate!”. Inmediatamente las cadenas cayeron de sus muñecas y el ángel le dijo: “Vístete y ponte tus sandalias… ponte tu abrigo y sígueme” (v.8).

Probablemente te encuentras como Pedro en este momento. Te sientes encadenado y custodiado por tus debilidades y tus circunstancias. Este es el momento de que creas en la libertad que te pertenece legalmente a través del pacto de la sangre de Jesús. Es tiempo de que salgas de esa prisión, al igual que Pedro, y camines en libertad, pero es necesario que creas.

Jesús te está diciendo en este momento: “¡Rápido! ¡Levántate! Ponte tus sandalias y sígueme”. Esta palabra es para ti. Puedes luchar todo lo que quieras contra tus pecados pero jamás lograrás vencerlos por ti mismo. Necesitas creer en el pacto de Dios y tomar lo que te pertenece legalmente. La única manera en que podrás lograrlo será dependiendo del poder de Dios. Solo la sangre de Jesús puede sacarte de la calle de tu pasado, a ti y a tus futuras generaciones.

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Viviendo en Cristo
Hay un Comentario sobre este artículo
  • Yeny
    4 Agosto 2017 at 8:11 am

    Amén!Dios no solamente me rescató a mi, sino a mi generación!!! qué bueno es saberlo!!

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