Palabras Que Cambian Vidas

Después de leer esto no volverás a hablar igual.

Hoy les quiero relatar cómo unas cuantas palabras cambiaron mi situación.

Algunos años atrás padecí de una fiebre que me provocaba intensos dolores de cabeza, mareos y nauseas. Aunque había obedecido el tratamiento al pie de la letra, los dolores persistían. Cada vez que aparecían, por más leves que fueran, me decía a mí misma: “todavía sigo enferma”, “quizá sea algo que voy a sufrir por siempre”, “¿por qué no puedo terminar con esto?”. Incluso lo comentaba con amigos; ellos habían aprendido cada una de mis frases y podían adelantarse a decirlas cuando veían que me tocaba la cabeza con gesto molesto.

Esas palabras fueron suficiente para cambiar mi forma de pensar.


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Pero aquello un día acabó, y sucedió de la forma menos esperada. Un día me sentí tan mal que fui a parar al hospital. Reflejaba síntomas de que la fiebre se había reactivado, por lo que me hicieron análisis. La enfermera que me había recibido volvió después de algunas horas con los resultados. Con una sonrisa en el rostro y voz en calma me dijo: “no hay registro de tifoidea en tu sangre, ni siquiera memoria de que alguna vez lo padeciste”. Esas palabras fueron suficiente para cambiar mi forma de pensar; dejé de decirme y decir a los demás que la tifoidea podía regresar; comencé a declarar con fe que Dios me había sanado y, desde entonces, no he vuelto a padecer los síntomas.

¿Qué palabras estás diciendo sobre tu problema? ¿Estás renunciando antes de pelear, o estás confesando victoria? Nuestras palabras tienen poder de cambiar vidas, para bien o para mal. Dice Proverbios 10:31: “La boca del justo da sabios consejos, pero la lengua engañosa será cortada” (NTV). ¡Qué diferente hubiesen sido aquellos días si hubiera declarado con fe que Dios ya me había sanado! Preferí creer las mentiras y sufrir las consecuencias.

Dios desea que conozcamos su Palabra y promesas para que las declaremos a diario sobre nuestras vidas. Ante las circunstancias difíciles, Dios nos está gritando que no desmayemos sino que sigamos luchando, porque Él está de nuestro lado y es fiel para cumplir sus promesas.

Pero no esperemos a que el problema llegue, cambiemos desde ahora nuestra forma de pensar y de hablar y veremos la misericordia de Dios. Las palabras son clave para hacer nuestros sueños realidad. Si queremos ver bendiciones en nosotros y en nuestra familia, debemos confiar en Dios y confesar con fe aquello que estamos esperando.

Debemos reconfigurar nuestro léxico y eliminar todas las palabras negativas.

El principio espiritual dice que en el momento que declaras algo, ese algo nace. Recordemos qué
hemos dicho hoy, qué declaraciones hubo aún dentro de nuestra mente. Muchas veces no nos damos cuenta pero nosotros mismos ponemos ataduras en nuestra vida. Proverbios 18:7 dice: “La boca del necio es quebrantamiento para sí, y sus labios son lazos para su alma” (RVR960). Somos influenciados profundamente por lo que decimos respecto a nosotros mismos, incluso si las personas dicen lo contrario.

Debemos reconfigurar nuestro léxico y eliminar todas las palabras negativas. “Volví a equivocarme. No tengo la capacidad para alcanzar mis sueños. Yo sabía que no recibiría esa bendición”. Aprendamos a detener la lengua de hablar lo malo, y practiquemos mensajes de fe en nuestra vida.

En lugar de repetir constantemente lo malo que nos sucede, lo defectuoso de la vida, lo difícil de una situación, Dios nos ordena que hablemos de Su bondad a todo momento, a tiempo y fuera de tiempo, y que declaremos Sus promesas. Así estaremos nutriendo nuestro espíritu de todo lo que es puro y bueno, y profundizaremos en nuestro conocimiento de Dios.

Si tan solo comenzáramos a hablar las maravillas de Dios, incluso nuestro hogar sería testigo del cambio; todos notarían que algo bueno ha sucedido en nuestras vidas y ese efecto positivo alcanzaría a nuestras familias. Pero no hablo de un pensamiento positivista, hablo de la Palabra de Dios que es vida y es verdad, la cual traerá una transformación radical a la vida de quienes la reciben.

Es sencillo: si confesamos que nos irá mal, ¿qué va a suceder? Nuestras palabras deben ser usadas para cambiar nuestra situación y no para determinar nuestra derrota. Dios tiene pensamientos de paz y no de mal. Alineemos nuestras ideas y palabras con las de Dios y así veremos Su gloria en todo lo que emprendamos.


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La primera palabra del día es…

No se trata solo de desechar lo negativo, sino creer confiadamente las promesas de Dios.

El otro día encontré un video en YouTube de una pequeña niña que, parada sobre el lavabo de un baño, gritaba cosas frente al espejo. Aún vestida en pijamas, se decía a sí misma: “Me gusta mi casa, me gusta mi familia, mis cosas, mis pijamas; puedo hacer cualquier cosa bien, soy mejor que cualquiera”. A su corta edad tenía una gran seguridad sobre sí misma, que se veía reflejada en sus palabras. ¿Qué es lo que nos decimos frente al espejo cada mañana? ¿Cuáles son las primeras palabras que llegan a nuestros oídos: noticias de guerra, pendientes, fracasos del día anterior, noticias tristes y desalentadoras?

Si nuestra forma de hablar va a ser transformada, también debemos cambiar lo que leemos o escuchamos al despertar. Comencemos el día con buenas noticias, declaremos la Palabra de Dios y creámosla. Veremos que los días grises van a tornarse en días de fe y de victoria.

No se trata solo de desechar lo negativo, sino creer confiadamente las promesas de Dios. Escojamos aquellas palabras que van a animarnos a seguir adelante, y que van a sacar lo mejor de cada situación, para que cobren vida las grandes cosas que Dios tiene preparadas para nosotros. En Romanos 10:10 dice “Porque con el corazón se cree para justicia pero con la boca se confiesa para salvación”. Si ya creemos en lo que Dios dice en su palabra, ahora solo falta confesar con fe y hablarla, así estaremos confirmando esa verdad y haciéndola válida para
nuestra vida.

Asimismo, cuando pasemos por enfermedad, detengamos nuestra lengua de hablar lo negativo; vayamos a la Palabra y confirmemos que Dios tiene el control sobre nuestra sanidad. En la Biblia hay muchos versículos sobre el tema, les comparto algunos:
“He aquí que yo les traeré sanidad y medicina; y los curaré, y les revelaré abundancia de paz y de verdad” Jeremías 33:6
“Pero él fue traspasado por nuestras rebeliones y aplastado por nuestros pecados. Fue golpeado para que nosotros estuviéramos en paz; fue azotado para que pudiéramos ser sanados” Isaías 53:5 (NTV).

Todas las áreas de nuestra vida serán impactadas si comenzamos a poner la confianza en Dios y declaramos Sus promesas. Si estamos batallando con las finanzas, cambiemos nuestro lamento y declaremos: ¡Mi Dios va a suplir todas mis necesidades a través de las gloriosas riquezas que nos ha dado por medio de Cristo Jesús! Busquemos siempre alinear nuestras acciones con la voluntad de Dios, aquello que a Él le agrada, entonces veremos prosperar lo que confesemos.

Dios nos ha dado su Palabra, no solo para leerla, sino para declararla y creerla. Nuestras palabras son acción cuando van acompañadas de fe; las palabras de Dios son victoria, salud, esperanza y vida eterna.

¿Y la familia?

¿Cómo esperar a que les alcance la bendición, si lo único que reciben son cosas negativas?

Ahora sabemos que las palabras que decimos tienen poder creativo para cambiar el curso de nuestra vida. Pero, ¿y la familia, amigos, compañeros de trabajo, vecinos, conocidos y desconocidos? Nuestras declaraciones también los incluyen; comencemos a bendecir a quienes nos rodean.

Ante la prueba esperamos que nuestros amigos y familiares nos aconsejen sabiamente y nos animen a seguir. Sin embargo, la realidad es que muchas personas acostumbran hablar palabras de desánimo, de pesimismo, incluso con su familia. “Siempre haces todo mal, así no vas a tener futuro, no vas a poder lograrlo, eso es imposible, no puedo ayudarte”. ¿Cómo esperar a que les alcance la bendición, si lo único que reciben son cosas negativas? Nuestros seres queridos están a la espera de una palabra de aliento que los impulse: “Papá, muchas gracias por preocuparte. Mamá eres la mejor y te apoyo. Hermano, hermana, amigo, sé que Dios tiene grandes cosas para tu vida, te ha bendecido para que seas de bendición a los que te rodean”. Esto cambiará por completo el rumbo de su pensamiento y anhelará alcanzar lo que Dios tiene para él o ella.

Confesemos las promesas de Dios sobre los que nos rodean, declaremos sanidad, prosperidad, protección y veremos la mano de Dios actuando sobre ellos. Dios nos ha dado tanto para confesar, y también ha puesto a personas en nuestro camino. Seamos sensibles ante lo que Dios quiere que hablemos. Nunca sabremos si aquella persona que nos cruzamos en el supermercado o mientras esperábamos al autobús fue puesta por Dios para que la bendijéramos; quizá aquella era la única oportunidad para que ella conociera de Dios.

Si estamos buscando un cambio en nuestra vida; queremos sabiduría, dirección, tener sanidad, habrá que ir más allá de meditar y creer. Tendremos que declarar valientemente la palabra de Dios con fe y victoria, aun cuando el panorama no sea positivo, porque la fe se construye en medio de lo imposible. Declaremos las promesas de Dios sobre nosotros, sobre los que nos rodean, sobre lo que aún no tenemos, las situaciones por las que pasamos, y las que están por venir.

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Crecimiento Espiritual
3 Comentarios sobre este artículo
  • Anónimo
    3 febrero 2016 at 7:17 pm

    Hermoso gracias por compartir

  • Anónimo
    3 febrero 2016 at 10:06 pm

    Judy Díos te Bendiga por el claro mensaje sobre sus promesas y como debemos declarar y vivir su palabra

  • Anónimo
    6 febrero 2016 at 8:54 am

    Gracias por el mensaje. Me ayudó a darme cuenta que en muchas cosas, aunque sean pequeñas, tengo el hábito de pensar y hablar hacia mi persona de forma contraria a lo que Dios quiere de mí.

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