Pan

El Pan Que Todos Necesitamos

No tienes por qué pasar hambre.

En nuestros días, muchas personas están experimentando la peor sequía espiritual de toda la historia. Vivimos tiempos difíciles y cada vez es más común reconocer en multitudes los síntomas de hambre de algo vivificante, algo que las sustente. Pero con demasiada frecuencia no reciben ni una migaja de ese pan espiritual y entonces viven vacías, insatisfechas y débiles. Se han cansado de arrastrarse, una y otra vez, hacia una mesa vacía.

Ese no es el propósito de Dios para Su pueblo, y le duele ver que sea así. Él ha provisto de pan al mundo entero. Y el pan que ofrece es más que para sobrevivir; es alimento para la vida en abundancia de la cual habló Jesús.

Entonces, ¿qué, o quién es este pan de Dios, del que tan ansiosamente tenemos hambre? Jesús dice “Pues el verdadero pan de Dios es el que desciende del cielo y da vida al mundo”. (Juan 6:33 NTV) En otras palabras, ¡Cristo mismo es la respuesta! Así como el maná que Dios envió a los hijos de Israel en el desierto para mantenerlos con vida, Jesús es para nosotros el Pan de Dios enviado para sustentarnos hoy y todos los días.


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Este Pan Produce Calidad de Vida

Cuando el Pan de Dios es consumido diariamente, produce una calidad de vida que Jesús mismo, el Rey de reyes, disfrutó. Cristo participaba en una vida que brotaba directamente de Su Padre Celestial, una vida que también debe animarnos a nosotros: “Yo vivo gracias al Padre viviente que me envió, de igual manera todo aquel que se alimente de mí vivirá gracias a mí” (Juan 6:57)

Este es el Pan que le falta al cristiano moderno y lo que necesita el mundo desesperadamente. Es una realidad que esa hambre que lleva a la muerte abunda entre nosotros hoy, pero quien se sacia del Pan verdadero nunca estará hambriento.

Todas las personas sin excepción necesitamos alimentarnos espiritualmente, todos buscamos algo que nos satisfaga y llene nuestras vidas. Muchos, en su búsqueda de ese algo se entregan a vicios, inmoralidad sexual, adulterio y demás. Mientras no busquemos el Pan de vida en la intimidad con Dios, mediante Su palabra, seguiremos teniendo hambre. Si tú no buscas hoy una relación con el Padre corres peligro de vivir una vida fuera de la voluntad de Dios y te arriesgas a morir de hambre. Basta de buscar saciarte de la manera equivocada, ¡Jesús es el pan de vida!

Esto sucede en parte porque hay muchos líderes que comparten mensajes “palomeros”: algo para pasar un buen rato en la iglesia el domingo con tal de mantener el auditorio lleno y sonriente. Los sermones son cómodos, con anécdotas bien narradas, aplicaciones fáciles y prácticas y nada de lo que se dice ofende a nadie. No es difícil asistir ni invitar a un amigo, pues nadie lo confrontará con su pecado. Tristemente, este es un signo de una iglesia muerta.


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Pan de Vida

En cambio, una iglesia viva está llena de la palabra de Dios y de personas que tienen el profundo deseo de ser transformadas por ella, éstas serán saciadas de toda la verdad del Señor. Por eso es importante permitir que Dios nos hable a través de Su palabra, la cual nos confronta y nos exige llegar a la santidad.

Cuida lo Que Comes

“Uno es lo que come”, dice el refrán, y yo creo que es totalmente verdadero. Jesús dijo que Su carne debía ser nuestro alimento, nuestra dieta básica:

“Les digo la verdad, a menos que coman la carne del Hijo de Hombre y beban su sangre, no podrán tener vida eterna en ustedes”. Juan 6:53

“Muchos de sus discípulos decían: ‘Esto es muy difícil de entender, ¿cómo puede alguien aceptarlo?” A partir de ese momento, muchos de sus discípulos se apartaron de Él y lo abandonaron”. (Juan 6:60, 66) Como ves, muchos judíos no podían asimilar las palabras de Jesús. De la misma manera hoy en día muchas personas piensan que comer el cuerpo de Cristo se limita a la Santa Cena , no entienden lo que Jesús quería decir. La razón por la cual observamos la Cena del Señor es para tener presente que Él, mediante Su muerte, llegó a ser nuestra fuente de vida. Tenemos una invitación del cielo para llegar a Su mesa, “comer” y fortalecernos.

Como cristianos debemos vivir llenos del Espíritu Santo, consumirnos por amor al Señor despojados de todo orgullo y ambición mundana; ardiendo en el celo de la santidad. Nos acercamos a Cristo porque sabemos que no hay otra fuente de vida. Sólo ahí rebosamos de ella porque nos acercamos con diligencia y con frecuencia a la mesa del Señor. Debemos vivir según Su verdad, ¡y vivir sin temor alguno! Y en presencia de Dios exponer nuestro pecado sin excusarnos por haberlo hecho, derribando ídolos y fortalezas. Con todo esto haremos que los que tienen hambre sepan que sólo en Él podemos ser saciados.

Existe un remanente santo que adora a Dios en espiritu y en verdad. Son personas más enamoradas de Jesús que de sus bendiciones y sus dones. Lo alaban con manos limpias y corazón puro. Lo trágico es que también hay otros que siguen saciando primero los apetitos de su carne y luego se acercan a la mesa del Señor no a arrepentirse y pedir perdón, a ser restaurados y comer el pan de vida, sino más por costumbre. Esto conduce a la enfermedad espiritual y a la muerte, porque no disciernen el verdadero pan de Dios.


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La Fuerza Que Necesitas

Dios ha provisto un modo de fortalecernos para resistir al enemigo. Esta fortaleza viene de comer el Pan enviado del cielo. Y nuestra salud espiritual depende de que comamos de Él. Jesús tenía una comunión tan íntima con Dios, y estaba tan entregado a hacer la voluntad del Padre, que Sus palabras eran Su comida y bebida cada día. Jesucristo se sustentaba cada día escuchando y viendo lo que el Padre deseaba. Eso fue resultado de pasar mucho tiempo a solas con Él.

Necesitamos Comer Todos los Días

Este pan se sirve todos los días, como a los israelitas con el maná. Dice la Biblia que Dios usó el maná para probar a su pueblo. No en un sentido de darles de comer algo de mala calidad y ver si aguantaban, porque en realidad era “pan de nobles” (Sal. 78:25). La prueba consistía en que para tener su porción de alimento, diariamente tenían que buscar a Dios y esto les servía como recordatorio de que de Él dependía su subsistencia. Estaban obligados a esperar en Él  y reconocer que era la fuente de vida.

Hoy en día los cristianos somos probados del mismo modo. Dios nos dice que lo que comimos de Cristo ayer no va a satisfacer nuestra necesidad hoy. Debemos admitir que nos vamos a morir de hambre espiritualmente y vamos a quedar débiles y desamparados si no buscamos nuestro suministro fresco y diario de Pan celestial. Debemos acercarnos con frecuencia a la mesa del Señor. Nunca llegará el momento en que se nos dé una ración de fortaleza para más de un día.

A los que amamos a Jesús y deseamos ser parte de ese remanente santo, Él quiere saciar por completo. Quiere darnos la vida abundante que anhelamos. Dios desea encontrar corazones sinceros que tengan hambre de Cristo.

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Crecimiento Espiritual
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