El trabajo no es lo más importante

Si pensabas que el trabajo era lo más importante, estás equivocado

Jesús debe ser el centro de tu vida

¿Cómo recibes todo lo que has escuchado de parte de Dios? Ya sea a través de tu pastor o de algún conferencista, lo importante no es quién predica. Lo que importa es qué tan dispuesto estás para recibirlo. Dios me ha permitido entender esto y ha puesto también una preocupación como la hubo en el apóstol Pablo.

La ciudad de los niños

Cuando uno se casa y es papá, los lugares a los que uno acostumbraba ir cambian. Antes ibas al Oxxo por sodas, ahora vas por Gerber. Todo cambia. Ahora busco lugares para visitar con mi familia.

Alguien me recomendó visitar un lugar llamado Kidzania, la ciudad de los niños. La entrada simula el registro de un aeropuerto. Al entrar, me di cuenta que no era nada de lo que yo pensaba. Era una pequeña ciudad, tal cual. Hay bomberos, coches, policía, departamento de vialidad, pasaporte para registrarte como ciudadano de Kidzania. Es un país miniatura.

Nos dieron un cheque que había que cambiar en un banco por dinero. Nuestro dinero no vale en Kidzania. Teníamos que cambiar el cheque por kidzos, la moneda de este lugar. Por supuesto, en aquél banco había fila y tuvimos que formarnos. Descubrí que Kidzania es un país donde los adultos no importamos. En una de las atracciones alguien dijo: “Oiga, señor”, y yo respondí, pero le hablaban a mi hijo Samuel, no a mi.


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Trabajar o disfrutar

En Kidzania tienes dos opciones: trabajar o disfrutar. Aquellas atracciones que puedes disfrutar tienen un costo en kidzos, mientras que los trabajos que realices en la ciudad te son pagados. Las personas que nos acompañaron habían visitado antes ésta ciudad. Nos convencieron de ir al fondo de inversión a dejar todo lo que recibimos del cheque y trabajar durante todo el día y disfrutar hasta el final. El primer trabajo de mi hijo Samuel fue ser armador de coches Toyota. Lo vistieron como tal y al final tuvo su paga. Así pasó el día, trabajando en un lugar y otro. La comandancia de policía, luego DHL, los bomberos, etc.

Todos los niños gastaban todo su dinero a la mitad del día y de igual forma tenían que trabajar. Nosotros confiábamos en nuestra estrategia de trabajar todo el día. Al final disfrutaríamos la grandiosa cantidad que íbamos a ganar con todo nuestro esfuerzo, además del ahorro en el fondo de inversión. Sin embargo, cada actividad consumía de veinte a treinta minutos y el día se estaba acabando. Podía visualizar a Samy saliendo de Liverpool miniatura al final del día, lleno de ropa y con una casa. Con todo el dinero que generó trabajando durante el día, más el ahorro, yo lo imaginaba comprando cosas increíbles.

¡Todo el día invertido y sólo alcanzó para eso!

Llegó la hora de ir al fondo de inversión y retirar nuestro dinero. Salimos de ahí y corrimos a Liverpool. Yo no pude entrar, tuvo que ir él solo a gastar su dinero. De pronto lo vi asomarse desde dentro por una ventana y sacó una pelota amarilla, mordida por otro niño, llena de baba y me dice: “solo me alcanza para esto”. ¡Todo el día invertido y sólo alcanzó para eso!

Entendí por qué se llama la ciudad de los niños: porque así viven los adultos. Un día en Kidzania era como vivir toda una vida adulta. Los niños son entrenados para trabajar todo el día, como nosotros trabajamos toda la vida. Por cierto, en Kidzania no hay una iglesia. No hay un lugar donde se predique. Al final, te dedicas a trabajar toda la vida, todo se pierde, acabas en la ruina y estás tan joven todavía. Gastas toda tu vida y solo te alcanza para una fea pelota amarilla toda mordida.

Ser Engañado

Si este fuera mi último momento para hablarle a la iglesia, yo repetiría estas palabras escritas por el apóstol Pablo: “pero temo que de alguna manera su pura y completa devoción a Cristo se corrompa…” (2 Cor. 11:3 Nuevo Traducción Viviente). A lo largo de tu vida, seguramente has escuchado más de una vez un mensaje de parte de Dios. Pero tengo temor que, de alguna manera, lo puro que has aprendido se corrompa, porque es posible. Es un hecho. Pablo recuerda el mismísimo origen de la caída del ser humano al final del versículo cuando dice: “…tal como fue Eva engañada por la astucia de la serpiente.”

Quizá pienses que estás haciendo las cosas correctamente, como yo creí que estaba siendo inteligente en Kidzania con mi estrategia. Pero cuando vi la pelota amarilla que me mostró mi hijo, toda mordida, pude entender y decir: Señor temo que la vida pura que me has dado y mi devoción a Ti se corrompan; y así como Eva, también yo sea engañado. El engañador está esperándote. Ese es mi temor, que todo lo que recibas, se corrompa y seas engañado.

Ten cuidado con el espíritu que tienes

“Ustedes soportan de buena gana todo lo que cualquiera les dice, aun si les predican a un Jesús diferente del que nosotros predicamos o a un Espíritu diferente del que ustedes recibieron o un evangelio diferente del que creyeron” (2 Cor. 11:4).

No solo se trata de cuidarnos de quien nos enseña algo diferente, sino también de no tener un espíritu diferente.

Existe el riesgo para ti y para mí de llegar a soportar, de buena gana, el engaño del diablo. No es algo de lo que pierdas el control sino que existe una cooperación. Así pasó con Eva cuando fue engañada y comió el fruto. No solo se trata de cuidarnos de quien nos enseña algo diferente, sino también de no tener un espíritu diferente. Tu has sido preparado para tener un espíritu en Cristo. Pero Satanás está buscando engañarte para que tengas un espíritu diferente. Entonces tu mente, tus deseos y tus metas se corrompen como un día Eva fue corrompida.

Mi hijo se divirtió mucho en Kidzania. Fue piloto, bombero, policía y todo fue emocionante. Pero al final no hubo mayor recompensa que una pelota amarilla. A muchos de nosotros nos sucede lo mismo cuando nuestra meta se fija en ciertas cosas, pero al final no está Dios ahí. Hoy se habla entre los jóvenes sobre la profesionalización de todas las cosas. El mundo necesita de gente profesional, es cierto, pero yo quisiera que escucharas cómo profesionalizar tu vida en Jesús. Llega un punto donde te olvidas de esta necesaria verdad.

Si de alguna forma el diablo logra corromperte y cambiarte de espíritu, tus convicciones, tus valores, tu devoción, tu servicio a Dios y tu santidad se ponen en riesgo.

“¡Pero no me sorprende para nada! Aún Satanás se disfraza de ángel de luz” (2 Cor. 11:14). Satanás no solo es ese falso predicador del que tanto se habla en los videos de YouTube sobre su falsa doctrina. Satanás se disfraza de ángel de luz en tu mundo, en tus metas, en tu trabajo y hasta en con quién te vas a casar (si eres soltero). Es importante que entiendas que Satanás no se detiene de hacer cosas para engañarte. Si de alguna forma el diablo logra corromperte y cambiarte de espíritu, tus convicciones, tus valores, tu devoción, tu servicio a Dios y tu santidad se ponen en riesgo.


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Tu vida es una lista

Estás tan ocupado con todo lo que tienes que hacer que tu vida se convierte en un conjunto de actividades.

Me preocupa que después de tanta inversión, tanto tiempo y esfuerzo de tus líderes y pastores de sembrar en tu vida, todo se corrompa. ¿Sabes por qué pasa? Estás tan ocupado con todo lo que tienes que hacer que tu vida se convierte en un conjunto de actividades.

En Kidzania tuve el deseo de que mi hijo viviera la mayor experiencia en todo el lugar, pero hay tanto por hacer que no pudimos. Así que llegó un punto en que lo único que quería era marcar “listo” en cada atracción, como en un listado de lugares por visitar. De la misma forma nuestra vida se convierte en una lista de cosas por hacer. Entonces comienzas a perder el interés en Dios porque un espíritu diferente al que te enseñaron, ahora te gobierna. Ahora a lo malo lo llamamos bueno y lo bueno quizá lo llamamos malo porque estamos tan atareados y llenos de actividades. Tu vida se convierte en una lista:

  • Asistir a los eventos locales de la iglesia: listo.
  • Ir a cada predicación: listo.
  • Orar: listo.
  • Hacer la lectura bíblica: listo.
  • Ir a la iglesia el domingo: listo.
  • Comunión con Jesús: listo.

 Llega un momento donde le damos un grado de eternidad a todas las actividades que hacemos en esta vida.

Vas a la iglesia pero no recibes, solo cumples. Oras pero no tienes una vida de oración ni una relación profunda con Cristo. Como tu vida está llena de marcas de “listo” empiezas a hacer valiosas todas las cosas. Y empiezas a enlistar todo en tu vida como importante. Llega un momento donde le damos un grado de eternidad a todas las actividades que hacemos en esta vida. Le das un grado de eternidad a tu formación académica. Le puedes llegar a dar más prioridad a las cosas de este mundo, pero al final, lo único eterno sigue siendo Jesús. Tal vez le has dado eternidad a cosas que no lo son y no te has dado cuenta que lo único que importa es Jesucristo.


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¿Qué es lo más importante en la vida?

Jesús es la parte más importante de tu vida. Tu comunión con Él sigue siendo lo más relevante. Después viene todo lo demás: tu familia, tus estudios, tu servicio en la iglesia, tu trabajo en la comunidad. No importa lo que hagas, Jesús es lo más importante. Tu estás leyendo esto por Jesús.

Yo respeto tu trabajo, tu profesión y tu familia, pero Cristo sigue siendo el más importante. Aun si tu carrera es un llamado de Dios, sigue siendo más importante Jesús. No le des eternidad a algo que no le corresponde. No nos movemos por ningún cantante o predicador, sino por Jesús. Nada lo reemplaza a Él. Solo Él es el que importa. Espero que te canses de una vida desenfocada, te liberes de algunas actividades que no son eternas y te arrepientas de esos actos que haces que no son eternos y vengas a los pies de Jesús.

“Reconozco mis rebeliones, me persiguen día y noche…” (Sal. 51:3).

Toda la vida vas a ser tentado. Todos los días tendrás que decidir si Jesús es el más importante en tu vida. No estoy diciendo que abandones la escuela o descuides a tu familia. Simplemente no le des un grado eterno a lo que no es. Jesús debe seguir siendo el centro.

“Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio y renueva un espíritu fiel dentro de mí” (Sal. 51:10). David había sido corrompido con un espíritu diferente al que había recibido y ahora se encontraba pidiendo que le fuera renovado un espíritu fiel. Si tú estás leyendo esto es porque el Señor lo ha puesto a tu alcance. Si tu vida es un listado de actividades por cumplir y su eternidad compite con otras cosas que no son eternas, ya no estás más en la presencia de Dios. El Señor te está llamando a enfocarte de nuevo.

Jesús murió en la cruz, al centro de dos ladrones. Jesús es el centro. Todo lo que está a lado, es un ladrón.

“Restaura en mí la alegría de tu salvación…” (Sal. 51:12). Cuando vives una vida de simples compromisos, el gozo se desvanece. Quizá alguna vez te va a ir mal en tu carrera, algún día tu familia va a partir. Quizá algún día pierdas tu trabajo, pero el gozo del Señor debe ser más grande. Tu gozo no debe ser sólo tu familia o tus logros, tu gozo debe celebrarse en la Salvación de Dios para tu vida. En que un día tu familia y tú estarán delante de Su presencia.

“… y haz que esté dispuesto a obedecerte” (Sal. 51:12). La razón por la que llegamos a darle eternidad a todo y no a Jesús es porque no estamos dispuestos a obedecerle; somos rebeldes. Necesitamos volvernos a Jesús, reconocer que Su Espíritu está distante y no podemos sentirlo. Debemos reconocer que la alegría de nuestra salvación se ha apagado.

Que seas obediente en todo lo que Dios te pida no siempre garantizará que tengas un corazón recto y fiel delante de Dios. Puedes ser un servidor muy obediente, pero Dios te está demandando que Él sea lo más importante para ti. El joven rico que se acercó a Jesús había guardado los mandamientos toda su vida, era obediente. Jesús le pidió entregar todo a los pobre y el joven no pudo hacerlo. Porque Jesús no era lo más importante para él.

Cuando el hijo pródigo vuelve a casa, podemos ver que el hermano que siempre había servido obedientemente era un amargado. Había perdido el gozo porque su espíritu se había corrompido. No basta con ser obediente, necesitas que el centro de tu oración y tu devoción sea Jesús.

 

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Viviendo en Cristo
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