Permite que Dios trate con tu corazón

Permite que Dios trate con la duda, el miedo y la preocupación de tu corazón

No dejes a Dios fuera de tu vida

¿Es posible que una persona cristiana ponga a Dios fuera de su vida? Quizás la respuesta natural a esta pregunta sería no, no es posible que alguien que se llame a sí mismo cristiano pueda colocar a Dios fuera de su diario vivir. Sin embargo, la realidad es que muchas veces, cuando llega el momento de tomar decisiones, la duda, la preocupación y el miedo que hay en nuestro corazón salen a la luz y nos olvidamos de Dios. Incluso aquellos que lograron grandes cosas, como Abraham el padre de la fe, dudaron y, en más de una ocasión, no consideraron a Dios.

A veces pensamos que todos esos hombres y mujeres que aparecen en Hebreos 11 (Nueva Traducción Viviente), llenos de fe, valientes y sin temor, alcanzaron las promesas de Dios porque eran especiales, pero la verdad es que aunque sus logros y victorias nos asombran, nada de eso hubiera sido posible si no hubieran dejado que Dios tratara con sus debilidades. Sus vidas no fueron perfectas, el recorrido del inicio a la meta no fue derecho y sin obstáculos, pues hubo momentos de lucha y conflicto en que su fe fue probada. Elías, por ejemplo, fue un hombre con tal fuerza y decisión que se atrevió a confrontar a los profetas de Baal, fue testigo del poder de Dios, pero también fue quien huyó después de recibir un mensaje de Jezabel en el que su vida corría peligro (1 R. 18:16-40). Sí, ese gran hombre tuvo miedo y se desanimó.


También lee: ¿Qué se necesita para crecer espiritualmente?


Así como Elías, nosotros también pasamos por momentos en el que pareciera que nada nos detiene y nos sentimos súper espirituales, pero entonces llegan esos días en los que tenemos miedo y queremos huir. En tales momentos, es posible que dejemos a Dios fuera de nuestras vidas. En la historia de Abraham encontramos algunas de las razones por las que podríamos hacerlo:

1. Miedo

El miedo nos hace tomar decisiones sin tener en cuenta a Dios. El Señor llamó a Abraham a salir de su tierra y él obedeció, ya que él sabía que esta era la voluntad de Dios. Sin embargo, leemos en el capítulo 12 del libro de Génesis que, tiempo después, cuando Abraham decidió ir a Egipto a causa de la hambruna, el miedo le impidió decir que Sara era su esposa, lo cual desencadenó una serie de malentendidos con Faraón. Aunque al final Dios lo ayudó, la verdad es que Abraham tuvo miedo aún sabiendo que estaba en el centro de la voluntad de Dios (Gn 12:10-20).

Debemos tener cuidado de que no nos suceda lo mismo que Abraham, no tomemos decisiones precipitadas a causa del miedo ni dejemos que el temor nos paralice. Dios nos conoce y sabe cuándo tememos, pero no permitas que ese temor te haga sacarlo de tu vida.

2. Impaciencia

En Génesis 16:1-6 Dios le dice a Abraham que le daría un hijo, pero después de 10 años de espera Sara comienza a perder la paciencia y decide tomar cartas en el asunto, así que le sugiere a Abraham que tenga un hijo con Agar. Fue así como nació Ismael y entonces comenzaron las fricciones entre Agar y Sara. Debido a esta impaciencia, hasta el día de hoy sigue habiendo conflictos entre los pueblos árabe y judío, ya que el pueblo árabe desciende de Ismael, y el pueblo judío desciende de Israel.  

La impaciencia te hace buscar soluciones en tus propias fuerzas porque simplemente quieres las cosas lo más rápido posible. ¿Cuántas veces has hecho oraciones esperando repuestas inmediatas? En lugar de orar de esa forma deberías pensar en que Dios usa la espera para tratar con tu corazón, pues quiere que aprendas a esperar en sus tiempos. Ya que Dios todo lo ha hecho hermoso en su tiempo (Ec 3:11 Reina Valera Revisada 1960), debemos aprender a esperar en Él.


También lee: 5 Preguntas que Debes Hacerte para Crecer durante las Pruebas


 3. Duda

Después de 14 años Dios vuelve a recordar Su promesa: le dará un hijo a Abraham. Aunque él ahora tenga 99 años y Sara 90, y sin importar su incredulidad ni el hecho de que ambos se hayan reído al pensar en que a su edad tendrían un hijo:

“Entonces el SEÑOR le dijo a Abraham:
—¿Por qué se rió Sara y dijo: “¿Acaso puede una mujer vieja como yo tener un bebé?”? ¿Existe algo demasiado difícil para el SEÑOR? Regresaré dentro de un año, y Sara tendrá un hijo. Sara tuvo miedo, por eso lo negó:
—Yo no me reí. Pero el SEÑOR dijo:
—No es cierto, sí te reíste” (Gn 18:9-15, Nueva Traducción Viviente).

Dios es fiel a sus promesas y lo hará, aun cuando dudamos, Él viene con Su amor y nos recuerda lo prometido. Quizás eres cristiano, pero en las cosas cotidianas pides dudando. Si al orar no crees que Dios sea poderoso, recuerda lo que dice Santiago 1:6: “Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra” (Reina Valera Revisada 1960). Si estás esperando que Dios haga algo en tu familia o  tu trabajo, pide sin dudar. No permitas que, por ver la realidad que te rodea, te quedes lejos de ver las promesas que Dios tiene para ti. Declara que Dios es poderoso para obrar.

4. Preocupación

Dios le habla a Abraham y le dice que destruirá Sodoma y Gomorra. Gn 18:22-23. Él sabe que Lot se encuentra en ese lugar así que se preocupa, pero ¿acaso es lógico preocuparse cuando Dios te muestra algo que va hacer? La respuesta es: no. Pero Abraham lo hace e incluso cae en la necedad de negociar con Dios.

Deja que Dios haga lo que quiera hacer. No ores con preocupación, ¡ora con fe!

¿Cuántos de nosotros permitimos que haya preocupación en nuestras vidas? Sin darnos cuenta empezamos a dejar fuera a Dios debido a la ansiedad y el temor; queremos decirle al Señor cómo resolver tal o cual situación, sin embargo, nuestra oración debe ser de confianza. Deja que Dios haga lo que quiera hacer. No ores con preocupación, ¡ora con fe!


También lee: Tus debilidades son una oportunidad para crecer


5. Egocentrismo

Una vez más Abraham decide que la mejor opción, estando en tierras ajenas, es decir que Sara es su hermana. Gn 20:1-18. Esto, por supuesto, trajo juicio al rey Abimelec, quien deseaba tomar a Sara como su esposa. Ante tal situación Abraham ora a Dios y Él responde. Al final de la historia él termina siendo el héroe, aunque claro está que ese nunca fue el propósito de Dios.

A veces pensamos que nosotros mismos podemos lograr todo por nuestra propia cuenta, que no es necesario que alguien nos diga lo que tenemos que hacer, que somos lo suficientemente capaces o inteligentes y que todo lo que tenemos es por nuestro esfuerzo, pero la verdad es que no tendríamos nada si no fuera por la misericordia de Dios, por su bondad y bendición. Así que ten cuidado en decir que todo lo que tienes es debido a ti, recuerda que “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación” (Stg. 1:17).

A pesar de todo lo que pasó, las luchas y los altibajos, Abraham salió bien porque Dios lo guardó. Él es fiel a su promesa. Dios cumplirá Su propósito en tu vida, aún cuando digas que es imposible, Él te dice que es posible. Cuando pienses que no puedes hacerlo, Él te recuerda que todo lo puedes en Cristo que te fortalece. Si te sientes frustrado, Él te dice: “echa tu ansiedad sobre Mí”. Cuando ya no puedas más, “mi gracia es suficiente”. Cuando pienses que no eres capaz, “no olvides que Yo puedo hacerlo”. Si crees que no eres digno, “Yo te hago digno”. Si no tienes el recurso, “Yo soy tu proveedor”. Cuando te sientes solo, “no olvides que prometí estar contigo todos los días hasta el fin del mundo”. Si no sabes a dónde ir, “Yo dirigiré tus pasos”.

Sabemos que los grandes hombres y mujeres que fueron fieles siervos de Dios lograron llegar a la meta porque dejaron que Dios tratara con ellos a través de sus  flaquezas. Permite, entonces, a Dios que trate contigo en tus propias debilidades.

Categorías
Viviendo en Cristo
¡Sé el primero en comentar sobre este artículo!
¡Entérate!

Suscríbete a nuestro correo semanal.

*Que no se te pase.