Transformación

Pruebas Que Transforman

¡No te quedes estancado!

“Queridos amigos, no se sorprendan de las pruebas de fuego por las que están atravesando, como si algo extraño les sucediera.” 1 Pedro 4:12 NTV

Ser exitoso no quiere decir que estés exento de las pruebas. Todos alguna vez nos enfrentaremos con la realidad de que las cosas no siempre salen como queremos o planeamos. Cuando esto sucede, inmediatamente sacas tu lista y comienzas a ver todo lo que has hecho, buscando una explicación, creyendo que eso es un castigo por un error que cometiste. No has entendido que Dios tiene un propósito divino para cada una de esas pruebas.

Las pruebas son necesarias, porque a través de ellas podemos ejercer nuestra vida espiritual. Son precisamente esas pruebas las que nos hacen más fuertes al tener adversidades que conquistar y ataques que resistir. Es en los momentos difíciles donde sale a la luz de qué estamos hechos.

¿Has trabajado bajo presión? Situaciones extremas nos llevan a conocer un límite que quizás no habíamos explorado antes, y expone nuestras áreas a mejorar. Así que las pruebas pueden convertirse en algo positivo para nosotros, al revelarnos secretos que no conocíamos. Tal vez son actitudes incorrectas, motivaciones equivocadas, áreas donde hemos entrado en mediocridad, y todas ellas serán visibles para nosotros en medio de la lucha.

¿Has practicado algún deporte? Muchos de los mejores deportistas tienen historias muy conmovedoras, en las que vivieron un sin fin de adversidades. Niños que crecieron en barrios muy pobres y conflictivos, llegaron a convertirse en atletas exitosos de alto rendimiento. La gran mayoría dicen que fueron precisamente esas pruebas las que impulsaron en ellos un cambio. Así funcionan las pruebas cuando estamos dispuestos a cooperar y corregir lo que Dios nos pide.


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Probando el Carácter

“Si no sabemos en qué estamos fallando, ¿cómo vamos a cambiar?”

Cuando nos encontramos con las luchas de la vida, Dios se interesa más en cambiarnos que en cambiar nuestras circunstancias. Puede sonar un poco cruel pero, aunque Dios puede cambiar las circunstancias, Él conoce nuestras debilidades y somos probados precisamente en esas áreas.

Por ejemplo, tal vez tienes un pequeño (o grave) problema con el mal genio y te enojas fácilmente. Imagina que un día se te hace tarde y en el trayecto a tu trabajo hay un accidente, por lo que el tráfico es demasiado lento. Estás de malas. Llegas al trabajo y tu jefe te llama la atención por tu impuntualidad. Aprietas los dientes del coraje. Como llegaste tarde se te amontonó todo el trabajo y necesitas sacrificar tiempo de tu hora de comida. Comienzas a echar humo por los oídos. Sales tarde del trabajo, subes a tu coche y te das cuenta que dejaste las luces encendidas, por lo que no tienes batería. Explotas.

Al final del día no entiendes por qué todo te ha salido mal y buscas echarle la culpa a algo o alguien. Sin embargo, nunca te ha pasado por la cabeza que quizás todo esto Dios lo está permitiendo para sacar a la luz esas impurezas que hay en tu corazón. Si no sabemos en qué estamos fallando, ¿cómo vamos a cambiar?

Tal vez luchas contra la envidia, y hoy en día está de moda narrar a través de redes sociales lo que pasa en tu vida. Tienes 4 años sin irte de vacaciones y ves que la vecina sube fotos desde Europa. ¿Por qué ella puede irse de viaje? Si tú te esfuerzas tanto en tu trabajo. ¡Tú te mereces más esas vacaciones!

Dios también puede usar a personas cercanas para probarte. Muy probablemente quieres que tu jefe cambie, que tus padres sean más comprensivos, que tus amigos sean más considerados, pero ¿no has considerado que tal vez Dios quiere que cambies tú? Tal vez necesitas ser moldeado para tener mayor resistencia y no salir corriendo ante cualquier adversidad.


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Pruebas con Propósito

“Dios va a permitir la presión una y otra vez, las veces que sean necesarias, con tal de que avancemos.”

Basta de quejas. Dios no va a cambiar a alguien con quien estés batallando sin antes cambiarte a ti. Ya fue suficiente de estar viendo hacia afuera los errores y defectos de otros, es hora de enfocarte en tu propio corazón. Examina tu corazón, sé realmente honesto delante de Dios, coopera ante las pruebas y corrige.

Es válido que le pidas a Dios que te saque de una situación negativa, pero quizás nos haga falta ver más profundo. Puede suceder que estemos evadiendo las pruebas, cuando lo que deberíamos hacer es abrazarlas y aprender de ellas. Ponemos nuestra atención sobre otras personas y descuidamos lo que hay dentro de nosotros. Toma el tiempo para tratar de raíz estos asuntos con Dios.

Estamos esperando que las circunstancias cambien para cambiar nosotros. Hacemos “pactos” con Dios, prometiendo que seremos buenos y más obedientes si cambia las situaciones negativas en nuestra vida, pero esto no funciona así. Cuando cambiemos nuestra actitud; cuando superemos las pruebas; cuando logremos un cambio en nosotros, entonces las circunstancias también van a cambiar.

Dios te ama tanto, que no va a dejarte estancado. Salir de la comodidad duele, pero te permite avanzar. Dios va a permitir la presión una y otra vez, las veces que sean necesarias, con tal de que avancemos. No siempre es bonito, pero vale la pena pasar por fuego para ser purificados.


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En Proceso

“Porque ustedes saben que, siempre que se pone a prueba la fe, la constancia tiene una oportunidad para desarrollarse. Así que dejen que crezca, pues una vez que su constancia se haya desarrollado plenamente, serán perfectos y completos, y no les faltará nada.” Santiago 1:3-4

Somos productos sin terminar, estamos en proceso. Como todo proceso, toma su tiempo y tiene sus fases. Habrá días en los que vas a querer tirar la toalla, te vas a sentir débil y solo; concéntrate en tu corazón, busca esa raíz que necesita ser arrancada para que puedas cambiar y avanzar.

Si te gusta el futbol habrás visto que, cuando un equipo pierde y entrevistan a los jugadores, muchos de ellos comentan lo siguiente: “Estamos tristes por la derrota pero nos ha servido como aprendizaje. Hay mucho que mejorar”. La sensación de perder es terrible, sobre todo cuando eres una persona competitiva. Es precisamente esa sensación la que enciende una alerta y nos avisa que debemos cambiar.

Necesitamos cooperar a la hora de pasar por las pruebas. Resistirnos solo va a alargar el proceso. Esto requiere valentía y compromiso, porque nadar contracorriente es agotador. Dios tiene el deseo y el poder de transformarnos, las pruebas que pasamos son evidencia de ello. Tomemos esta oportunidad para aprender y pasar al siguiente nivel.

“Y sabemos que Dios hace que todas las cosas cooperen para el bien de quienes lo aman y son llamados según el propósito que él tiene para ellos.” Romanos 8:28

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Crecimiento Espiritual
Hay un Comentario sobre este artículo
  • JAIME REYES
    25 Agosto 2016 at 8:04 pm

    Gracias! 😀 Espero poder aplicar algo de lo aprendido.

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