Fracaso

5 Consejos para Superar el Fracaso

Ser positivo no será suficiente

Estoy seguro que todos queremos que nos vaya bien, ya sea en la escuela, trabajo, amistades, noviazgo, matrimonio. Todos queremos ser exitosos en todo. Nadie está aquí planeando ser un fracaso, o planeando tomar un diplomado para el fracaso. Todo lo que estudias es para aprender y ser mejor. Pero la realidad es que todos, en algún momento de nuestras vidas hemos fracasado, estamos fracasando o vamos a fracasar.


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El éxito no es fácil

Es increíble ver las biografías de muchos famosos genios que fracasaron y sufrieron por sus fracasos. Está el ejemplo de Mozart, decían que sus obras eran muy ruidosas. ¡Imagínate su frustración! Van Gogh, cuyas obras se subastan actualmente en mucho dinero, pero en vida solo pudo vender una. ¡Qué triste! Si eres pintor y no has vendido ni una sola pintura, ahí sí: ¡qué feo! Thomas Alva Edison, sabemos que la mayoría de sus maestros dijeron que era un niño “ineducable” y fue un genio inventor. A Einstein le dijeron que nunca llegaría a nada. Si eso te decían en tu casa, tienes esperanza.

Tal vez lo único que has inventado son problemas. Tal vez pensamos que ese tipo de gente tan famosa y exitosa estuvo rodeada de un ambiente perfecto, con las mejores oportunidades, la mejor educación, apoyo, pero no es así, ellos tuvieron adversidad. Es común que tengamos ese deseo o esperanza de: “si yo tuviera un mejor ambiente, si en la casa estuvieran mejor las cosas, si tuviera más dinero y mejor educación, entonces yo podría lograr mucho”. Todo eso es una excusa, porque vemos no solo en la vida diaria, también en la Escritura, que hombres y mujeres de Dios tuvieron todo en contra, pero a pesar de eso llegaron a ser personas de fe. Lograron vencer y ver la gloria de Dios en sus vidas.

¡Un incendio!

“Que por fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros” (Heb. 11:33-34 Reina Valera Revisada 1960).

Tal vez estás pasando por fuego, por cosas que parecen impresionantes, difíciles. ¿Has estado en un incendio? Si cuando se te quemó el cuete en Navidad estabas asustado, ¡imagínate un incendio! Ahora trasládalo a las circunstancias de la vida, cosas que creías tener bajo control pero están fuera de tu alcance: problemas familiares, de salud, económicos, fuegos impetuosos.

Seguramente has pasado por momentos en tu vida en los que no tienes fuerzas y piensas que ya se acabó todo. ¿Cómo sacas fuerza en la debilidad? La Palabra no dice que se hicieron fuertes en vacaciones; se hicieron fuertes en batallas. Las circunstancias difíciles son las que te hacen crecer. ¿Te acuerdas de los maestros más estrictos que tuviste? Yo tuve un maestro que nos aventaba gises con la hulera. Hoy en día eso sería inimaginable. Tenía muy buena puntería, creo que era campeón olímpico. No me acuerdo de los demás maestros, pero me acuerdo muy bien de ese.

“Se hicieron fuertes en batalla, pusieron en fuga ejércitos extranjeros”, pero la clave está al principio de ese versículo: “por la fe”. No dice que porque eran capaces o inteligentes, o porque fueron a la mejor escuela, eran guapos o tenían dinero y más de mil seguidores en Facebook. Lo único que dice es que lograron todas esas cosas por la fe, fe en Dios, y en saber que Él puede. No está todo perdido. Hay un Dios Todopoderoso que tiene la última palabra.

Los que esperan en fe a que Dios obre, tendrán nuevas fuerzas. Lo que nos va a sacar adelante en cualquier circunstancia no es mi recurso ni capacidad, es mi confianza en que Dios puede obrar en cualquier situación.

Ser positivo es una actuación

Ser positivo es una actuación, porque te estás muriendo por dentro pero actúas como si nada pasara.

Las circunstancias, pruebas y los problemas son reales. Ese problema en la casa, la oficina o en tu corazón, es real. Pero ¿cómo enfrentas o intentas enfrentar esas situaciones? El mundo habla de ser positivo, tener una buena actitud y ser alegre. Mientras veía un noticiero, tomaron un momento para pasar una cápsula. Había un hombre hablando acerca de la vida, y decía: “Vive la vida. Disfruta tu vida. Las cosas enfréntalas con alegría”. El mundo te dice: sé positivo. Eso es un engaño, es simplemente actuar; no estás tomando una actitud basada en nada. Ser positivo es una actuación, porque te estás muriendo por dentro pero actúas como si nada pasara. Es lo que todo el mundo hace. Llegas a tu trabajo, le preguntas a tus compañeros cómo están y todos te responden: “bien”.  

A veces piensas que los que no creen y aman a Dios son más felices que tú. En apariencia así es, pero ve más profundo con ellos y te vas a dar cuenta que no tienen dónde fundamentar su alegría ni su paz. La paz no son las experiencias, ni pensamientos positivos, ni nada parecido. La paz verdadera viene de una revelación de Dios a tu vida, una revelación que habla a tu corazón y te dice que Dios te ama, te rescata, te ha salvado. El mismo Dios que está sobre toda la creación, principado, potestad, sobre todo demonio y todas las cosas. ¿Lo crees?


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No es como tú esperabas

En mis años sirviendo a Dios, he pasado por muchas cosas. Hace muchos años, mientras servía en otra iglesia, mi pastor enfermó de cáncer. Esto desató una guerra en oración por parte de toda la iglesia. En uno de los tiempos que tuvimos de oración Dios nos dio una palabra: “Jehová reina, regocíjese la tierra” (Sal. 97:1). Fue una palabra de ánimo para recordarnos que Dios está sobre toda circunstancia. No hay nada que quite a Dios de la autoridad. Él reina sobre todas las cosas.

Pasaron los años y en el proceso vimos mejorías y hubo victorias. Finalmente cuatro años después el Señor decidió llevárselo. Días antes de eso tuvimos una reunión en la iglesia, y Dios puso en mi corazón orar por misericordia. Los pastores estuvieron de acuerdo. Hubo noches en las que me tocó cuidar a mi pastor en el hospital. Había madrugadas en las que despertaba para quejarse de algo, pero había otras en las que se levantaba muy lúcido y decía una y otra vez: Señor, dame fortaleza. En uno de esos momentos lúcidos le comenté que Dios nos había hablado para orar por misericordia, y él dijo: “Sí, oren por misericordia”. Días después fue a la presencia del Señor.

Cuando sueltas lo que tú quieres estás abierto a lo que Dios quiere hacer.

Te das cuenta que Dios es el que tiene la última palabra. Siempre vas a querer algo y quieres que sea a tu manera, pero necesitas tener fe en lo que Dios quiere hacer. Muchos cristianos están frustrados porque se aferran a lo que quieren. Un cristiano alegre es el que renuncia a lo que quiere para abrazar la voluntad de Dios. Cuando sueltas lo que tú quieres estás abierto a lo que Dios quiere hacer. Muchas veces no es como lo esperabas pero te das cuenta que la voluntad de Dios es buena, agradable y perfecta. Muchos se frustran porque no obtienen lo que quieren y lo vuelven más importante que Dios, eso se llama idolatría. A Dios no le agrada eso. Él quiere que anheles Su voluntad.

Yo oraba para que mi pastor sanara. Para Dios no hay imposibles y sé que Él podía haberlo sanado pero no lo hizo; no sé por qué, pero sí sé que Él es bueno. Él es un Dios que tiene control de todas las cosas y hace todo para Su gloria. En el proceso debemos tener fe y confiar en la obra del Señor en cada cosa que estamos viviendo

¿En qué estás creyendo?

Porque si la fe es lo que te va a ayudar a atravesar todas las cosas, entonces se tiene expresar.

¿Qué expresas en medio de lo que estás pasando? ¿Cómo son tus palabras en medio del fuego? Porque si la fe es lo que te va a ayudar a atravesar todas las cosas, entonces se tiene expresar. Cuando una persona tiene fe, lo expresa. Jesús dijo: “De la abundancia del corazón hablará la boca” (Mt. 12:34). Lo que tú hablas demuestra lo que hay en tu corazón: duda, enojo, tristeza, amargura, todo como resultado de la incredulidad. Pero cuando hay fe declaras las promesas y bendiciones de Dios. Esa fe hará que cosas sucedan: “Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación” (Rom. 10:10).

No se trata de hablar positivamente, se trata de tener una convicción en tu corazón de que Dios es Todopoderoso. ¡Regocíjate! Avísale a tu cara que estás contento. Autoanalízate, ¿qué palabras declaras? “Me voy a morir joven. No me voy a casar. Nunca vamos a salir de pobres. Nunca voy a cambiar. Jugaron como nunca, perdieron como siempre”. Bueno esa última es de futbol. Pero eso le pasó a Israel en el desierto, fue tanta su falta de fe y sus quejas, que Dios dijo que así como ellos decían: “ojalá muramos en el desierto”, así les pasaría.

Esto es serio, es algo de vida o muerte, de bendición o maldición. ¿Piensas en incredulidad o tienes la convicción de que Dios te ama? ¿Estás viviendo y decidiendo conforme a un Dios Todopoderoso o decides con base en miedos, temor e incredulidad? La percepción que tienes de Dios va a determinar tu vida. Si tienes una convicción de un Dios poderoso que te ama, entonces verás grandes cosas en tu vida.


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5 Consejos para Avanzar a pesar del Fracaso 

1. No aceptes el rechazo

Si has fallado o has tenido un fracaso (o muchos), no lo tomes como algo personal, sino como algo momentáneo. No te quedes tirado en el fracaso. No lo tomes como algo para vivir. El mayor fracaso es quedarte tirado. ¡Levántate! Sal de ese rechazo y esa situación. No hagas caso a esas voces. “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Fil. 4:13).

2. Considera el fracaso como algo temporal

“Por un breve momento te abandoné, pero te recogeré con grandes misericordias” (Is. 54:7). Después de la noche oscura viene el amanecer, después de la tormenta viene la calma. Parece que Dios te abandona pero Él está ahí para levantarte. Uno de los peores errores que tenemos como cristianos es creer más en el engaño del diablo que en Dios. El diablo dice: “Ya se acabo, no hay esperanza, ni se te ocurra buscar a Dios. Eres una burla”. Al primer lugar donde debes correr si has fracasado es a los pies del Señor porque ahí encuentras misericordia y gracia. 

3. Mira el fracaso como un escalón para subir

“Porque siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse; mas los impíos caerán en el mal” (Prov. 24:16). El fracaso es una oportunidad para crecer, madurar, volverte más experimentado. Uno de los mayores problemas de nuestra cultura es el conformismo. Tenemos la costumbre de compararnos con los demás: “Si todos están así, yo también. Mis papás no son tan cristianos, yo tampoco. Si no me exigen no me esfuerzo”.

Olvidamos que es un llamado personal. Todos estamos llamados a crecer. Repito: el fracaso es una oportunidad para crecer. Te permite adquirir experiencia para que la próxima vez no te tome desprevenido. Usa el fracaso para aprender y no volver a caer. Una de las cosas más importantes que un cristiano debe hacer es descubrir sus debilidades. Reconoce, acepta y no olvides tu debilidad. De esa manera podrás cuidarte de no caer. Muchos caemos en lo mismo porque negamos que tenemos un problema. Cuídate de tus debilidades, aprende de ellas. Es ahí donde Dios se perfecciona.

4. No pierdas de vista el objetivo

No pierdas de vista que el propósito es la obra de Dios en tu vida. Ten la mirada fija hacia donde vas, si no lo haces te vas a quedar en el camino. Tienes que mantenerte viendo la tierra prometida. Si mantienes esa visión te vas a preparar más porque ahora sabes a dónde tienes que llegar.

¿Luchas con un pecado? Visualízate libre y camina hacia eso. Si caes, levántate y continúa avanzando. Si pierdes de vista esa libertad, vas a seguir patinando en el lodo. ¿Te rompieron el corazón? Aprende y pon la mirada en las promesas de Dios; Él tiene para ti un matrimonio con propósito. Si te equivocaste arrepiéntete y camina, pero no pierdas de vista el objetivo. Solo ten cuidado de no alejarte tanto que ya no puedas regresar: “Y haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado” (Heb. 12:13).

5. No dejes de confiar en el poder de Dios

No es tu poder porque, créeme, tú y yo no podemos hacer nada por nosotros mismos. Cuando dependes de tu propia fuerza vas a encontrarte constantemente con el fracaso. No tienes poder para hacer cambios radicales en tu vida. El que va a hacer la obra es Dios; el que te va a purificar es Dios. No intentes ser santo y limpiarte en tus fuerzas. No puedes, vuelves a caer, yo lo sé. Nos urge poner nuestros ojos en el poder de Dios y confiar. Que Él nos limpie y transforme. Esa esperanza y anhelo mueve el corazón de Dios. Él manifiesta Su poder en ti y viene una santifiación verdadera y permanente, no actuada ni maquillada. Un cambio trascendente que te ayuda a crecer.

“Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo” (2 Cor. 12:9).

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Viviendo en Cristo
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