¿Qué Fragancia Lleva Tu Corazón?

El Aroma de la Presencia de Dios

Cuando se tiene un agradable aroma, falta solo una mosca para echarlo a perder.

“Así como las moscas muertas apestan todo un frasco de perfume, una pizca de necedad arruina gran sabiduría y honor” (Eclesiastés 10:1 NTV). Quiero utilizar algunas palabras muy sencillas para compartirte grandes verdades. Tengo 63 años y me he dado cuenta de que mientras más viejo me pongo, más loco estoy. También me he dado cuenta de que vale la pena disfrutar la vida. Descubrí que después de que mis hijos se casaron y se fueron (¡gloria a Dios!) hay vida. Ahora siguen los nietos, la venganza de Dios. He descubierto que puedo estar en la presencia de mis amigos y pasarla muy bien. Hay ciertas cosas que tenemos que aprender mediante la experiencia, pero hoy en día la gente corre un gran peligro: No saben disfrutar de la vida sin marcar límites.

Una Advertencia

En la vida hay cosas pequeñas que, si no sabemos cuidarnos de ellas, pueden echarnos a perder absolutamente todo.

En la calle podemos ver toda clase de rótulos indicándonos los posibles peligros que pueden encontrarse enfrente; cruces, derrumbes o hasta animales. Quizás un cruce no es sinónimo de peligro, pero, si no se tiene cautela, es un lugar donde puede ocurrir un terrible accidente. En la vida hay cosas pequeñas que, si no sabemos cuidarnos de ellas, pueden echarnos a perder absolutamente todo. He visto grandes hombres y mujeres desperdiciar sus vidas por cuestiones como no saber controlar la lengua. Es como una pequeña mosca que llega y echa a perder todo el perfume.

El ser precavidos no significa que no vayamos a disfrutar de la vida. Significa que vamos a disfrutarla con un límite, sin irnos a los extremos. Hoy en día escucho a muchas chicas hablando muy decepcionadas acerca del amor. “Todos los hombres son iguales”, dicen. Probablemente tuvieron una mala experiencia con algún muchacho y de ahí se quedaron con esa impresión. ¡La vida no se acaba! Algunas de estas jovencitas han venido conmigo a decirme, “Pastor, ya se me fue el tren, el avión, la ambulancia y todo”. “¿Cuántos años tiene usted?”, les pregunto. A lo que contestan, “Quince años”. Imaginen mi expresión.

No despiertes el amor antes de que sea tiempo. ¿Por qué vas a perder las ganas de vivir simplemente porque no fuiste correspondida? ¡No tengas temor de servir a Dios ni temor a enamorarte! Recuerdo la primera vez que vi a la mujer que hoy es mi esposa, Norma. Cada vez que la miraba, yo le clamaba a Dios que se apiadara de mí. Ella solamente me decía, “Dios te bendiga”. Pero tuvimos una gran historia de amor que me gustaría contarles.


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El Aroma

Si alguien a puesto fragancia en nosotros es el mismo Dios con Su gloriosa presencia.

“¡Vístete con ropa elegante y échate un poco de perfume!” (Eclesiastés 9:8). El consejo del sabio es que no pierdas tu aroma. Hay aromas que son buenos y otros que son malos. Cuando se tiene un agradable aroma, falta solo una mosca para echarlo a perder. Si alguien ha puesto fragancia en nosotros es el mismo Dios con Su gloriosa presencia. El aroma de la alegría, el aroma de la virginidad, el aroma de la sabiduría son todos provenientes de la presencia de Dios.

Yo tenía dieciocho años cuando vi a Norma por primera vez. Yo estaba fascinado con ella, pero en ese momento mi vida era muy complicada. Me crié en las calles de Nueva York, estuve en la cárcel y tenía muchos problemas. Ella no quería saber nada de mí. A diferencia de mí, ella tenía un corazón con una fragancia hermosa, una fragancia que me enloquecía.

Yo no tenía nada de esa fragancia de Dios. La fragancia de la presencia del Señor es el aroma del perdón que nos seduce. La fragancia que yo poseía era el olor del pecado y la maldad. El día que yo invité a Jesús a mi corazón, todo cambió dramáticamente. ¡Las fragancias del miedo y del rechazo se fueron corriendo! El Señor transformó todo por completo y reemplazó esos feos olores por una fragancia que me ha venido persiguiendo hasta el día de hoy. Dios me ha dado una hermosa familia con hijos y nietos. ¡Esa es la fragancia de Su bendición!

Cuando Jesús llega a tu vida, Él cambia tu corazón de piedra por uno de carne.

Sin embargo, hay una cosa que me molesta mucho. He conocido personas que han sido tocados por Dios de una manera sorprendente y por simples tonterías pierden esa fragancia. Son personas que se han alejado del Señor y que después nos preguntamos, “¿Dónde está aquel chico? ¿Dónde está aquella muchacha?”. Están ahora sumergidos en el olor del fracaso, el olor del desánimo y la muerte.

¿Por qué vivir de esa manera? Cuando Jesús llega a tu vida, Él cambia tu corazón de piedra por uno de carne. “Todo el que pertenece a Cristo se ha convertido en una persona nueva” (2 Corintios 5:17). ¡Él te da una vida completamente diferente! Cristo lo hizo conmigo. Él me transformó y me dio una fragancia nueva. ¿Cuál es la fragancia que llevas el día de hoy?

En ocasiones, he participado en entierros. Son situaciones sorprendentes porque cosas muy distintas pueden pasar. He escuchado gente compartir cosas hermosas acerca del difunto. Pero también he visto caras muy tristes de personas recordando a aquellos a quienes perdieron y a quienes deseaban ver levantarse de la situación en la que estaban. Levantarse de la depresión, de las drogas, del alcohol. Pero no lo lograron. Fueron personas a quienes una mosca les echó a perder su fragancia.

Experiencia

Cuando hablamos de experiencia, hablamos de alguien que ya fue y vino.

Quizás ya tienes una carrera o tal vez estás en la universidad. Eso significa que ya tienes algo de experiencia. Pero la verdad es que hay otras personas con mucha más experiencia que tú, y escuchar la voz de la sabiduría te puede salvar de que llegue una mosca a arruinar tu fragancia. La experiencia trae sabiduría, pero la falta de sabiduría nos hace tomar malas decisiones.

Supimos de un chico que se colgó de un puente porque su novia lo había dejado. Fue una mala decisión, fue una mosca en su fragancia. También escuchamos de una mujer en Miami quien vendió un departamento muy costoso para hacerse cirugía plástica. Ese departamento representaba el patrimonio de la familia. Tiempo después vino la crisis y se vieron en grandes problemas porque todos sus recursos los llevaba en su cuerpo. Fue una mala decisión, fue una mosca en su fragancia.

Cuando hablamos de experiencia, hablamos de alguien que ya fue y vino. Si vas a confiar en alguien para tomar decisiones, a la primera persona a quien debes escuchar es a Dios. Él puede ver un panorama mucho más amplio que cualquiera de nosotros y confiar en Su sabiduría nos llevará a tomar el camino correcto.

Cuando me enamoré de Norma, le dijeron que conmigo no tendría ningún futuro. Pero ella le creyó a Dios, ella confió en Su sabiduría. Quizás ella le preguntó al Señor, “¿Carlos?”. Pero Él seguramente le contestó, “No llames inmundo a lo que yo he limpiado”. Ella confió en el aroma que Dios puso en mí. Ahora, entre su aroma y el mío, hemos producido unas hermosas botellas de perfume, nuestros hijos.

Decisión

Tenemos que tomar la decisión de poder apreciar el aroma que Dios desea depositar en nuestras vidas. Si nosotros verdaderamente amamos al Señor Jesús, nuestra vida tendrá no solamente el poder de emitir una fragancia, sino también de llevarla a otras personas y la gente se dará cuenta de eso.

En Francia existen tiendas donde venden perfumes de los más costosos del planeta, pero no hay ninguna fragancia que se pueda comparar a la del Reino de Dios. Cuando hablamos de la decisión, hablamos de la apreciación por el perfume. Apreciamos el propósito del perfume y al Perfumista. Cuando hablamos del Perfumista, hablamos del Creador. Aquel que te amó con tanto cariño que cedió Su cuerpo para ser clavado por causa tuya y mía. La fragancia del perdón no es gratis; le costó la vida al Hijo de Dios.

Remontémonos al Monte Calvario donde Jesucristo, el Hijo de Dios, rindió Su cuerpo por ti y por mí, derramando sangre y recreando un nuevo aroma en el laboratorio divino. De ahí proviene el aroma del gozo, el aroma de la alegría. Cuando Jesús caminaba sobre la Tierra, el aroma del Cielo estaba con Él. Cuando Jesús entraba a un aposento, los paralíticos se levantaban y la gente dejaba de hacer lo que estaba haciendo. ¡Ése era Cristo! Y el mismo Cristo, el mismo Dios, vive dentro de ti. Donde sea que entremos, nos seguirá el aroma del perdón, el aroma de la alegría de Su presencia, el aroma del “no hay nada imposible”.

Yo conocí a un hombre llamado Joe Rosas quien me invitó a conocer a Jesús. Yo tenía poco de haber salido de prisión cuando recibí a Cristo en mi corazón y me dio un nuevo aroma. Cuando me presenté ante la corte, ¡me redujeron ocho años de la sentencia! Era el aroma de Cristo que me acompañaba a todas partes. Por causa de ese aroma es que conocí a Norma y ahora tengo hijos y nietos. Todo gracias a que me fue cambiado el aroma del pecado y la condenación por el aroma del Calvario, el aroma del perdón y ahora, porque Cristo vive en mí, he visitado las peores prisiones de los Estados Unidos y Latinoamérica llevando y compartiendo un aroma distinto a aquél con el que salí.

El mal olor que había en el Calvario se convirtió en el aroma más lindo del mundo que ahora tú y yo poseemos, el aroma de Su divina presencia. Es hora de apreciar al perfume y al Perfumista. ¿Qué clase de aroma queremos tener? Dios tiene un aroma que ofrecerte. Si tú lo recibes, los beneficios del Cielo son tuyos. Si lo rechazas, te pierdes de lo más rico que pudieras tener en la vida. No importa cuál haya sido tu pasado y no importa si te has mezclado antes con los olores del pecado. El día de hoy, Cristo quiere lavar tu corazón y poner la fragancia de Su misma presencia en el centro de tu vida.

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Viviendo en Cristo
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