Crecer Espiritualmente

¿Qué se necesita para crecer espiritualmente?

La madurez espiritual no es fácil pero tampoco imposible

Todos los días llegamos a crecer un poco. Físicamente, el peso y la estatura son los cambios más notorios que vemos a lo largo de nuestra vida. Nuestro aspecto ahora no es el mismo que cuando teníamos 3 años. Lo mismo pasa con los deseos y emociones, son diferentes conforme empiezas a crecer. Con el tiempo vas estableciendo prioridades y anhelos.

Los seres humanos estamos compuestos por 3 partes que constituyen todo nuestro ser: cuerpo, alma y espíritu. En el primer libro de Tesalonicenses capítulo 5, el apóstol Pablo habla al pueblo diciendo que se mantengan sin culpa, es decir, mantenerse limpios en todo su ser: en lo externo (cuerpo), en lo emotivo y sentimental (alma) y en lo más íntimo (espíritu) (v.23 Reina Valera Revisada 1960).


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De la misma forma que crecemos y cambiamos en cuerpo y alma, el espíritu también crece, cambia y se quebranta. A continuación te explico cómo es que maduramos espiritualmente.

Cambio

Para poder crecer se debe tener disposición de cambio. Si no se está dispuesto a dejar atrás viejos caminos o ideas, viejos sentimientos o antiguos conceptos sobre Dios y la vida cristiana, entonces nunca se podrá crecer, ni madurar espiritualmente.

Crecimiento

Todo crecimiento está marcado por un cambio. Madurar espiritualmente significa que todas las decisiones, pensamientos, sentimientos y acciones son cada vez más parecidas a las que haría Jesús. “Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 Pedro 3:18a).

Para lograr lo anterior se necesita una dependencia diaria de Dios. Se requiere dejar que toda tu vida sea gobernada por Él. Esto quiere decir que la guía para vivir nuestra vida es la Palabra de Dios escrita en la Biblia.

Quebrantamiento

La definición sencilla de quebrantamiento es romper una cosa dura sin llegar a separar todas sus partes. Si se decide cambiar y crecer entones se está dispuesto a llegar a una posición en donde se pueda recibir lo mejor de parte de Dios. La forma en que se llega a esa posición es quitando todo estorbo y obstáculo que impida que avances. Mientras eso pasa y se avanza hacía ese lugar de bendición, es donde se experimenta el quebrantamiento. En pocas palabras es el trato directo de Dios contigo.


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Madurez Espiritual

A los cambios, crecimiento y quebrantamiento que se mencionaron en los párrafos anteriores se le llama madurez espiritual. La madurez de espíritu es un proceso en el cuál puedes cuestionarte ¿qué es lo que Dios quiere hacer conmigo?, ¿qué quiere Dios que quite de mi vida?, ¿qué me está estorbando para crecer?, entre otras preguntas que se van respondiendo conforme profundizas tu relación con Dios.

No importa cuánto tarde el proceso, ni lo difícil que pueda ser, Dios estará ahí contigo en cada situación agradable o desagradable para ti. Él así lo ha prometido. “…y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mt. 28:20).

Lo importante es que tu amor por Dios y tu dependencia de Él sean cada vez más grandes. No permitas que algo se interponga en la relación que tienes con Dios.

Dios te ama tanto y desea lo mejor para ti. Puede ser que no sea precisamente lo que tú tienes en mente, pero en Su corazón de amor está el deseo de llevarte a un lugar de plenitud en tu vida, formar Su carácter en ti y que seas de bendición para los que te rodean.

En el proceso Dios está dispuesto a hablarte, enseñarte y compartirte de su sabiduría. Te dará consuelo y ánimo cuando sean tiempos difíciles y se alegrará cuando tú también lo estés.

Él nos da habilidades y dones para que ayudemos a otros.

Dios nos enseña para que nosotros también podamos enseñar a otros. Él nos da habilidades y dones para que ayudemos a otros; nos imparte de sus pensamientos para que podamos comunicarnos de mejor manera con los que nos rodean y provee económicamente para que también compartamos con los demás. Todo es con el fin de que cada vez más personas conozcan de Dios y experimenten la vida que existe cuando decidimos que Dios sea lo principal en nosotros.

Un reflejo de que en nuestra vida existe madurez espiritual es cuando servimos a los que nos rodean. Nuestra vida debe ser de servicio y Jesús es el mayor ejemplo de servicio.

“Cómo el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir” (Mt. 20:28).

Lograr la madurez espiritual no es fácil pero tampoco imposible, se debe estar dispuesto a pagar un precio, a sentir dolor y a veces hasta sufrimiento pero ten la seguridad de que todo esfuerzo tendrá su recompensa. El gozo y la alegría de saber que eres parte del plan de Dios para este mundo no se compara con nada, la seguridad de saber que Dios está contigo y la confianza de que los planes de Dios son mejores a los que tú y yo podamos tener valen más que la pena, te anima a continuar y no desanimarte.


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Crecer duele

Así como hoy en día hay jóvenes cómo tú y como yo que buscamos agradar a Dios en todo lo que hacemos, en los tiempos antiguos también hubo personas que buscaban llegar a ese lugar de plenitud y bendición de parte de Dios. Un ejemplo es Moisés quien requirió de mucho valor para presentarse una y otra vez delante del faraón para anunciar el juicio en contra de los egipcios (Ex. 5 y 6); necesitó mucha fe para guiar al pueblo de Israel por el desierto y cruzar el mar Rojo (Ex. 14) cuando había un gran ejército detrás de ellos casi por alcanzarlos. Moisés necesitó mucha paciencia para soportar los chismes y quejas del pueblo judío (Nm. 11 y 12). Si Moisés no hubiera decidido depender de Dios cada día de su vida, no hubiera podido cumplir con todo lo que se le había delegado.

De la misma manera en que Moisés y muchas otras personas cuyos nombres aparecen en La Biblia, tú y yo debemos confiar y depender de Dios cada día más y más. La realidad es que por nuestras propias fuerzas lograremos hacer muy pocas cosas, pero si dependemos de Él y permanecemos en el camino en absoluto compromiso con Él entonces viviremos experiencias que nunca antes alguien ha vivido.  

“Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman” (1 Co. 2:9).

Alguna vez te has preguntado: ¿por qué estoy aquí?, ¿cuál es el propósito por el que estoy vivo? La madurez espiritual nos permite conocer y entender la respuesta a estas y otras preguntas. ¡Existimos en este mundo para darle gloria a Dios! ¡Estamos aquí para que Dios nos bendiga y así podamos bendecir a otros!

Hay tantas cosas que Dios quiere que descubras, tiene tantas cosas para darte. No tengas miedo de crecer, no tengas miedo al trato de Dios en tu vida. Dios te ama y eres sumamente importante para Él, quiere bendecirte y que tu vida sea un instrumento de bendición para tu familia y amigos.

Dispón tu vida al cambio y al crecimiento. Confía en el amor de Dios para ti.

¡Disfruta de la aventura que es vivir dependiendo cada día más de Dios!

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