Falta de Ánimo

¿Quién te roba el ánimo?

Cuando pierdes el ánimo, tu fe no es la misma

¿Es posible conseguir algo sin ánimo? Imagina que estás en busca de empleo, pero por algún tiempo no consigues nada. Quizá tu ánimo no es el mismo que al inicio y poco a poco dejas de buscar con la misma intensidad. Sin darte cuenta también estás perdiendo algo más importante: la fe. Cuando pierdes el ánimo, tu fe no es la misma.


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Primero: Tu fe necesita ánimo

En la Biblia encontramos en el libro de los Hechos a José, un discípulo a quien los demás apóstoles llamaban Bernabé que significa “hijo de la consolación”. El trabajo de Bernabé para Dios era animar a otros; el inyectaba ánimo en el corazón de los creyentes de la Iglesia. En una ocasión Marcos dejó a los apóstoles durante un viaje misionero. Bernabé, que también era tío de Marcos, decide darle otra oportunidad y lo lleva a su siguiente viaje. Pero Pablo no está de acuerdo con la decisión y eso crea una división entre ellos. Sin embargo, gracias a que Bernabé no dejó de animar a Marcos, Dios pudo usarlo para escribir y proclamar el Evangelio. Incluso Pablo, al final de su vida, reconoció la utilidad de Marcos como un hombre de Dios, comprometido y que le podía ser de ayuda (2 Tim. 4:9-11).

Entonces podemos decir que en medio de cada problema o situación adversa, nuestro ánimo debe caminar como compañero de nuestra fe.

La verdadera fe necesita ánimo. Jesús tenía claro esto y en la Biblia podemos ver cómo invitaba a las personas a vivir con ánimo. A menudo cuando sanaba a la gente les decía que “tuvieran ánimo”. Hacía esto para ayudarlos a poner su fe en el poder de Dios, poder que estaba al alcance de su mano. Entonces podemos decir que en medio de cada problema o situación adversa, nuestro ánimo debe caminar como compañero de nuestra fe. Busquemos ser como Jesús, animando a las personas que nos rodean a confiar en el poder de Dios, haciendo a un lado la negatividad y evitando el desánimo.

Otro ejemplo que vemos en la Biblia, es cuando al final de la historia del regreso de los Israelitas a la Tierra Santa, la visión del regreso fue cumplida porque los profetas animaron a los ancianos de Israel a continuar con la reedificación del templo de Dios (Esd. 5:1-2).

Estos dos ejemplos nos enseñan la importancia del ánimo. La fe con ánimo nos llevará a cumplir el propósito que Dios tiene para nuestra vida.  Pero la fe sin ánimo siempre se va a tambalear, y pudiéramos no llegar a ser o conseguir eso que Dios tiene para nosotros.

La opinión de Dios es la que cuenta

Para no desanimarnos debemos formar nuestra opinión de una vida basada en las promesas y la bondad de Dios.

Ya sabemos por qué es importante el ánimo, pero ¿Cómo entra el desánimo a nuestra alma? La respuesta es simple, nos desanimamos cuando empezamos a evaluar nuestras circunstancias negativas basadas en información que nos dan nuestros sentidos y las opiniones negativas de las personas. Prestamos más atención a la realidad que tenemos frente a nosotros, y olvidamos la verdad que nos ha enseñado Jesús. Para no desanimarnos debemos formar nuestra opinión de una vida basada en las promesas y la bondad de Dios.

Eso no significa que no hagamos nada y olvidemos los problemas o situaciones negativas que debamos enfrentar. Lo que sí significa es que, a pesar de las circunstancias, avancemos con ánimo, nos apoyemos y pongamos nuestra fe en Dios. Piensa: Cuando el Señor les prometió a Abraham y a Sara un hijo a su avanzada edad, la Biblia dice que Abraham “no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi cien años), o la esterilidad de la matriz de Sara.” (Rom. 4:19).

Abraham no negó la cruda realidad. Sin dejar de creer, “contempló” la imposibilidad de su situación desde una perspectiva humana. Pensó en ello profundamente. Pero también pensó en la grandeza, bondad y poder de Dios. Consideró sus limitaciones, pero también creyó que para el Señor no había nada imposible (Rom. 4:20). Abraham estaba plenamente convencido de que Dios lo podía hacer.

Si nos enfocamos únicamente en lo que vemos, o en las circunstancias durante los momentos difíciles, estamos abriéndole una puerta al desánimo. Pero si vemos la fidelidad, integridad y verdad de todas las promesas de Dios, permaneceremos animados y fuertes en la fe.

Pon manos a la obra: Ejercita tu fe

Una vez que decidimos confiar y cerrarle la puerta al desánimo, lo que sigue es hacer frente a las situaciones adversas. Jesús sabía de la debilidad de los hombres y por eso enseñó a sus discípulos mediante una historia que debían orar constantemente y no desmayar (Lc. 18:1). El objetivo de esta enseñanza era preparar a sus seguidores  contra el desánimo. Jesús no es sólo nuestro salvador, sino también es quien inicia y perfecciona nuestra fe (Heb. 12:2). La Biblia nos enseña que la fe es “certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Heb. 11:1). No solo debemos poseer las ideas y enseñanzas correctas acerca de la fe; debemos vivir también por fe.

En esos tiempos de dificultad o adversidad, la verdadera fe se levanta, cobra ánimo y se pone a salvo creyendo en la promesa del Señor

Para que la fe madure se necesitan situaciones adversas en donde sólo ella pueda sostenernos. Por esta razón Dios permite que pasemos por tiempos en que debemos confiar en Él. En esos tiempos de dificultad o adversidad, la verdadera fe se levanta, cobra ánimo y se pone a salvo creyendo en la promesa del Señor. Esta es la fe que el Señor busca que tengamos y la que toca su corazón. No, a nadie de nosotros nos gusta pasar por dificultades, pero aún en medio de todo el caos, Dios nos muestra la belleza de Su fidelidad.

“Estas pruebas demostrarán que su fe es auténtica. Está siendo probada de la misma manera que el fuego prueba y purifica el oro, aunque la fe de ustedes es mucho más preciosa que el mismo oro. Entonces su fe, al permanecer firme en tantas pruebas, les traerá mucha alabanza, gloria y honra en el día que Jesucristo sea revelado a todo el mundo.” (1 Pe. 1:7)

El enemigo viene para robarnos el ánimo de nuestro corazón. Eso nos hace caer en la incredulidad. Para ganar la batalla de la fe no tenemos que rendirnos ante el desánimo. Sí, vendrán tiempos en los que vamos a querer tirar la toalla. En tiempos así necesitaremos pedirle a Dios mayor sabiduría; y ciertamente tendremos que adaptar nuestras actitudes y volvernos más flexibles y sabios para cumplir el propósito que Dios ha puesto para nosotros. Pero no debemos darnos por vencidos, la Biblia dice: “porque aún un poquito, Y el que ha de venir vendrá, y no tardará. Mas el justo vivirá por fe; Y si retrocediere, no agradará a mi alma.” (Heb. 10:37-38)


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Toma el ejemplo de los que ya pasaron la prueba

Todas las historias que hemos visto hasta ahora nos muestran a aquellos que agradaron a Dios con su ánimo, valentía y fe. Todos tuvieron que pasar la prueba del tiempo: saber esperar. Entendieron que aunque los obstáculos parecían insuperables para ellos, no lo eran para Dios. Ninguno de estos hombres y mujeres permitieron que el desánimo oscureciera el brillo de su fe.

La perseverancia en su corazón, el hecho de que hayan soportado las tormentas de la duda y las circunstancias, y no se hayan retirado de las promesas de Dios; llenó el corazón del Señor de placer. Él alteró el curso de la historia del hombre y cambió naciones por el poder de su fe: (Heb. 11:33-34)

Ellos conquistaron reinos y pusieron en ahuyentaron ejércitos extranjeros. Si miramos a nuestro alrededor veremos que un ejército de maldad ha invadido nuestra cultura. El enemigo ha venido con sus armas: perversión, inmoralidad, engaño y corrupción. Ha roto la conciencia de nuestra generación, y busca mantenernos cautivos. Debemos pelear.

Dios permite que conozcamos sus historias para mostrarnos lo que Él puede hacer en personas comunes y corrientes.

A lo largo de la Biblia vemos historias de hombres y mujeres que cometieron errores y fueron imperfectos. Cayeron en depresión, dudaron, cometieron adulterio, fueron rebeldes, desobedientes. ¿Cómo podría alguien así ser un héroe de la fe? Ellos  tienen algo en común: Se arrepintieron, siguieron adelante y creyeron. Dios permite que conozcamos sus historias para mostrarnos lo que Él puede hacer en personas comunes y corrientes.

Algunas veces podemos sentir que la lucha es difícil. Pero ahí debemos recordar tenemos la ayuda de Dios con nosotros. “He aquí mi siervo, yo lo sostendré: mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento; he puesto sobre él mi Espíritu; él traerá justicia a las naciones… No se cansará ni desmayará…” (Is. 42:1-4).

Cristo “no se cansará ni desmayará”. El Espíritu de Dios lo sostiene, y el Espíritu de Dios está en nosotros también. ¿Eres un siervo de Él? Entonces búscalo constantemente y te dará nuevas fuerzas. Podemos estar en una situación que no pinta nada bien, pero si permanecemos en Cristo tampoco nos cansaremos, ni desmayaremos. No podemos retroceder y dejar de creer en sus promesas y bondad. Fortalezcamonos, tomemos ánimo y animemos a otros. Busquemos a Dios y hallemos nuevas fuerzas en oración. Y nunca cedamos ante las voces del desánimo, recuerda que Dios siempre te está animando en todo momento.

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Crecimiento Espiritual
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