Sufrimiento

¿Cómo reaccionas ante el sufrimiento?

El dolor es una oportunidad para nacer de nuevo

El día en que Jesús resucitó, se apareció a Sus discípulos y habló paz a ellos (Jn. 20:19-23 Nueva Traducción Viviente). ¡Qué gran victoria! No solamente pudo vencer a la muerte en la tumba, sino que resucitó lleno de alegría y paz. Su alma era libre y Su cuerpo fuerte. Sin embargo, tan solo unos días antes, Sus amigos le habían traicionado y había sido sometido a un juicio injusto. Se burlaron de Él, fue flagelado y después crucificado en completa humillación y sufrimiento.


You may also read this article in English.


Entonces, ¿cómo habrá sido aquel momento cuando se levantó de nuevo? ¿Tenía resentimiento hacia Judas quien lo traicionó? ¿Habló con amargura acerca de Sus discípulos quienes lo dejaron sufrir solo? ¿Estaba enojado con los líderes del templo que exigían Su muerte? ¿Estaba enojado con los romanos que le habían clavado en la cruz? ¿Habló sobre el dolor de la flagelación? ¿Habló con ira sobre los que le despojaron de Sus ropas? ¿Y qué decir del juicio injusto? ¿Qué hay del calabozo en el que permaneció durante la noche? ¿Se quejó Él de aquellos quienes lo clavaron en la cruz? ¿Se lamentó de las cicatrices en Sus manos y pies? No, Él no hizo ninguna de esas cosas.


También lee: Tenacidad: Un Principio Que Nunca Cambia


Un Enfoque Diferente

Una vez que Jesús se levantó de la muerte, nunca mencionó a aquellos quienes lo traicionaron, humillaron y crucificaron. Nunca se quejó de la injusticia o de la humillación. Nunca habló de Sus amigos que le dejaron sufrir solo. Volvamos al momento de Su crucifixión.

En la cruz, mientras sufría, Jesús dijo: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc. 23:34). Él perdonó durante el trauma. Omitió todos los pecados que se cometieron contra Él incluso antes de que hubiera terminado el sufrimiento. Él nunca cedió ante el resentimiento o la amargura. Perdonó mientras estaba en la cruz. ¿Tenemos ese mismo testimonio?

Perdonando durante el Sufrimiento

Los tiempos de quebrantamiento en nuestra vida ciertamente pueden ponernos a prueba, pero no fueron puestos ahí para definirnos.

El Señor ha designado para nosotros algunos sufrimientos. ¿Qué clase de situación terrible has atravesado? ¿Fue acaso la traición de alguien a quien amabas y en quien confiabas? ¿Te mintieron o fuiste atacado? ¿Te habló alguien con demasiada dureza? ¿Te trataron injustamente? ¿Abusaron de ti física o verbalmente? ¿Sigues oyendo esas duras palabras de enojo cerca de tu oído? ¿Hablas con otros acerca de los que te hicieron daño? ¿Estás resentido, amargado o enojado? Si es así, entonces significa que estás herido, pero no que estés quebrantado. Aún no has permitido que la cruz termine su trabajo por completo en tu vida; aún no has muerto completamente a ti mismo en ella. Cuando lo hacemos, dejamos de mencionar negativamente a las personas que nos causaron sufrimiento. Los tiempos de quebrantamiento en nuestra vida ciertamente pueden ponernos a prueba, pero no fueron puestos ahí para definirnos.

Tal vez fuiste abandonado. Eso es un hecho de tu pasado, pero no es el destino de tu futuro. ¿Fuiste rechazado y maltratado? Eso es un hecho de tu pasado, pero no es el destino de tu futuro. Jesús fue traicionado y humillado. Fue abandonado y golpeado. Fue crucificado y enterrado. Esos fueron hechos de Su pasado, pero no eran el destino de Su futuro. Su crucifixión en la cruz se convirtió en poder en la tumba. Su cuerpo quebrantado se convirtió en la esperanza de la resurrección para el mundo. ¡Ese es el destino que el Señor tiene previsto para cada uno de nosotros! Su intención no es que nos quedemos sufriendo en la cruz. Él quiere que emerjamos victoriosos, que salgamos del dolor con alegría, que perdonemos a los que nos pusieron en la cruz aún mientras estamos sufriendo.

Jesús ha puesto a tu disposición la posibilidad de vivir por encima de la crueldad del hombre.

No esperes hasta que sientas ganas de perdonar, porque nunca las sentirás. La carne nunca tiene ganas de perdonar, pero en nuestra nueva vida en Jesús elegimos perdonar. Si el Señor decretó algún sufrimiento o tragedia para ti, no fue para dejarte allí. Fue para invitarte a la resurrección. Jesús ha puesto a tu disposición la posibilidad de vivir por encima de la crueldad del hombre. Puedes salir de la prueba en victoria por causa de Jesús. Todo para Su gloria y Su honor.

Este es el trofeo de la resurrección de Jesús: una vez que se levantó de la tumba, nunca volvió a referirse a los acontecimientos de Su crucifixión. Ni una sola palabra. No se quejó acerca de la gente que le había hecho tanto daño. Él había perdonado tan a fondo que no cargó con ese peso a través de la resurrección; y ese debe ser el trofeo de nuestras experiencias en la cruz. Necesitamos perdonar por completo a las personas, incluso mientras estamos sufriendo. Así que, al igual que Jesús, también perdonamos incluso estando en la cruz. No esperamos una disculpa. No esperamos una explicación. Elegimos perdonar.


También lee: ¿Por Qué Debería Perdonar?


¿Conoces a tu Padre?

“Después Jesús gritó: «Padre, ¡encomiendo mi espíritu en tus manos!». Y con esas palabras dio su último suspiro” (Lc. 23:46).

Durante los últimos momentos de Su vida, ¿a quién se encomendó Jesús? A Su Padre. Su Padre fue quien eligió la cruz para Él. Su Padre fue quien planeó Su sufrimiento. Su Padre no lo libró del dolor. Sin embargo, Jesús conocía la naturaleza de Su Padre. Él sabía, mientras sufría, que Su Padre era bueno, que era compasivo, que era misericordioso. Sabía que Su Padre era bondadoso y digno de Su confianza. Así fue, en ese lugar de dolor insoportable, que Jesús se encomendó a Su Padre, el lugar más seguro que existía.

¿Cómo pudo Jesús encomendarse al Padre cuando fue el Padre quien escogió Su sufrimiento? Porque lo conocía bien. ¿Conocemos al Padre así? Cuando estamos sufriendo, ¿sabemos que el lugar más seguro es en los brazos del Padre? ¿Sabemos que nuestro Padre hará que todas las cosas ayuden para nuestro bien? Cuando somos humillados, ridiculizados o rechazados, ¿estamos anclados en el amor de nuestro Padre? Cuando perdemos lo que es más valioso para nosotros, ¿podemos decir como Job: “Aunque él me mate, voy a confiar en él” (Jb. 13:15 Reina Valera Revisada 1960)?

En un momento así, ¿nos aferraríamos a nuestra fe?

A menudo hay un doloroso retraso entre el sufrimiento y la resurrección. El viernes de Semana Santa tenemos la crucifixión; el domingo, la resurrección. ¿Que pasó el sábado? Pareciera ser el día del silencio. A veces, después de que sufrimos enormemente, pensamos que Dios está muy callado. No nos explica nuestro sufrimiento. No sabemos cómo se verá el futuro. En un momento así, ¿nos aferraríamos a nuestra fe?

Dejando de Lado el Resentimiento

Frecuentemente, después de haber sido heridos, hablamos de nuestro sufrimiento. Hablamos con queja y murmullo de los que nos han herido y nos empeñamos en ensuciar su reputación. Cuando se nos ha tratado injustamente, nos quejamos y nos molestamos. La amargura carcome nuestras almas. Perdemos la alegría y la paz que podríamos tener si tan solo decidiéramos perdonar.

Todos hemos sido traicionados alguna vez, y es muy probable que todos volvamos a ser traicionados en algún momento porque, conforme nos acercamos al día de la venida del Señor, habrá más delitos, habrá más traición, habrá más odio y habrá una mayor persecución. Siempre que experimentemos esto, debemos perdonar rápidamente. Por ningún motivo permitamos que capas de dolor se formen sobre nuestros corazones. Tenemos que guardarnos de la amargura. Tenemos que protegernos de la autocompasión y del deseo de vengarnos.

“Sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque este determina el rumbo de tu vida” (Pr. 4:23 Nueva Traducción Viviente).

Si tu corazón guarda resentimiento e ira, entonces la vida de Dios que fluye a través de ti estará contaminada. No es el agua de vida que trae alegría; es agua sucia.


También lee: Un corazón nuevo para llevar, por favor


La Esencia de la Resurrección

Nuestros tiempos a solas en oración y adoración deben aumentar, debido a que la traición y las ofensas también aumentarán, y la única manera en que podemos superar una cantidad significativa de dolor es pasando mucho tiempo en la presencia del Señor. Es maravilloso cuando vamos a la iglesia y adoramos juntos con nuestros hermanos y hermanas, pero cada uno de nosotros necesita tener nuestro propio tiempo de oración y adoración en lo privado. Durante las batallas que enfrentamos y que enfrentaremos solo podemos ser victoriosos si somos personas de oración y adoración.

Jesús nos mostró cómo morir. Él nos enseñó a sufrir. Él nos enseñó a levantarnos en victoria. Nos mostró que, aunque estemos sufriendo, podemos elegir perdonar. Nos enseñó que al borde de la muerte nos encomendamos a nuestro Padre fiel y, una vez que hemos resucitado y que todo ha terminado, podemos vivir una verdadera vida de resurrección. Jesús nos enseñó a nunca hablar mal de las personas que nos hicieron daño, a nunca hablar mal de los que provocaron nuestro sufrimiento. Esta es la esencia de una vida de resurrección. Este es el estándar más alto de vida cristiana.

El sufrimiento es una invitación

“Si Dios no los disciplina a ustedes como lo hace con todos sus hijos, quiere decir que ustedes no son verdaderamente sus hijos, sino ilegítimos” (Heb. 12:8).

El plan del Padre para nosotros es que crezcamos como hombres y mujeres fuertes de Dios. Él está buscando madurez y parte de este proceso involucra permitir que atravesemos algunos momentos difíciles. Si tú estás pasando por un momento difícil en tu formación como cristiano, es porque tu Padre amoroso te lo ha asignado. Él te está tratando como a un hijo amado. Él permite el sufrimiento para tu beneficio, para que puedas compartir Su santidad y Su justicia.

El sufrimiento es una invitación a una mayor intimidad con Jesús. Si estás pasando por una experiencia de sufrimiento o de muerte, debes saber que el Señor te está abriendo la puerta a un lugar de íntima relación con Él. A todos nos gusta estar en la cima de las montañas con Jesús, pero hay muchos valles que también debemos atravesar y es ahí donde nuestra intimidad con Él alcanza su mayor grosura. Todo lo que Dios hace y permite es por amor. Por lo tanto, si te encuentras en sufrimiento, echa mano de Su fuerza y descansa en Él. Busca la santidad y la intimidad con Él durante ese tiempo.

“De modo que, si sufren de la manera que agrada a Dios, sigan haciendo lo correcto y confíenle su vida a Dios, quien los creó, pues él nunca les fallará” (1 P. 4:19).

No permita que las dificultades, el dolor o el sufrimiento te separen del Señor. Utilízalos como medios para acercarte más a Jesús. Demuestra que eres fiel a Dios. Demuestra que eres digno de portar Su nombre y Su honor. El mundo allá afuera está desesperado por ver creyentes resucitados. La gente tiene que ver a los que se han encontrado con la cruz y que han llegado al otro lado alabando al Señor y confiando en Él más aún porque han padecido. El mundo necesita ver personas que no están amargadas por la tragedia. Tenemos que permitir que el sufrimiento que padecemos nos ablande, que nos haga más amables, para que podamos reflejar el amor y la bondad de Dios.

Elévate por encima de tus circunstancias

Nuestro paso a través de la experiencia de la cruz y nuestra victoria deben verse reflejados en una vida de humilde sumisión a Jesús, sin luchar por nuestros propios intereses, sin exigir nuestros derechos, sino totalmente sometidos a Él y a Su voluntad. Cuando sufrimos en la carne, debemos dejar de pecar, debemos morir al egoísmo y debemos tomar la decisión de vivir el resto de nuestras vidas para la gloria de Dios.

Al otro lado de la tribulación se encuentra la resurrección. Fue una realidad para Jesús y es una realidad para ti y para mí. Puede que nuestras circunstancias no cambien hoy, pero nuestra perspectiva puede cambiar. Vamos a elevarnos por encima de nuestras circunstancias. Vamos a confiar en la voluntad de Dios y vamos a encomendarnos a nuestro fiel Creador. Vamos siempre a perdonar aún mientras estamos sufriendo para que nuestra alma no caiga en cautiverio. ¿Estás listo para abrazar la cruz y dejar que haga su obra perfecta en ti? ¿Estás listo para pasar de la muerte a la resurrección?

Categorías
Viviendo en Cristo
¡Sé el primero en comentar sobre este artículo!

Deja Un Comentario

¡Entérate!

Suscríbete a nuestro correo semanal.

*Que no se te pase.