Niño

El regalo más grande de Dios para la humanidad es: ¿un niño?

Estamos llamados a ser hijos de Dios

¿Quién podría decir que no le gusta recibir un regalo? Todos queremos que nos regalen algo. Hay deseos sobre cosas que esperamos recibir durante esta temporada. Nadie podría negar que cada vez que recibimos un regalo nos llenamos de emoción y alegría. A su vez, cuando elegimos un regalo para alguien más, esperamos obsequiar algo que le guste, que le haga feliz, que sea útil y llene por completo las expectativas de esa persona.

Sin embargo, la verdad es que muchas veces aquellos regalos podrían terminar abandonados en un rincón. Los dejamos de usar, quizás porque no fueron tan durables o útiles como se esperaba. No es el caso de todos los regalos, pienso que los mejores regalos son aquellos que utilizamos todo el tiempo, aquellos que a través de los años seguimos utilizando y que se vuelven parte de nuestra vida, y ese es el tipo de regalo que Dios nos quiso dar. Un regalo con esas características, que se volviera completamente parte de nuestra vida.


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El regalo perfecto es el que Dios nos ha dado

Cuando te das la oportunidad de conocer a Dios y de leer acerca de Él en la Biblia, te darás cuenta de que desde el principio siempre el corazón de Dios es de darnos. Dios nos ha dado muchísimas cosas, todo lo que somos es porque Él así lo ha permitido. Nuestra mera existencia es un propósito de Dios. Ni siquiera nuestros padres, aunque se amen mucho, pudieron decidir que tú nacieras. Incluso tu corazón late no por el hecho de que tú así lo quieras, late porque estamos en las manos de Dios.

Toda la creación fue hecha por Dios para el ser humano, puso al ser humano para que gobernara sobre ella y para que viviera de ella.

Dios nos ha dado un regalo especial, ¡el mejor de todos! Dentro de la Biblia hay 66 libros escritos por diferentes personas, en diferentes épocas, en diferentes circunstancias. Toda la Biblia abarca cientos de años de distancia y todos los libros tienen un mensaje en común y no se contradicen entre ellos. Todos hablan de una misma cosa, de un mismo propósito y de un mismo regalo.

Hubo un hombre que era un profeta y recibía profecías de parte de Dios, su nombre era Isaías. Él vivió 700 años antes del nacimiento de Jesús y escribió un libro que lleva su nombre y se encuentra en la Biblia. Isaías dio una profecía donde escribió cosas muy puntuales acerca del nacimiento de Jesús:

“Pues nos ha nacido un niño, un hijo se nos ha dado; el gobierno descansará sobre sus hombros, y será llamado: Consejero Maravilloso, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Su gobierno y la paz nunca tendrán fin. Reinará con imparcialidad y justicia desde el trono de su antepasado David por toda la eternidad. ¡El ferviente compromiso del Señor de los Ejércitos Celestiales hará que esto suceda!”. Isaías 9:6-7 (NTV)

3 cosas por las cuales Dios nos dio un niño

El Regalo de Dios para nosotros pudo haber sido cualquier cosa, ¿Por qué darnos un niño?, ¿por qué venir como niño? Todo el mundo tiene opiniones sobre qué debería hacer Dios. Todo el mundo cree ser más sabio que Dios para opinar en qué regalo necesitamos. Pero el Dios soberano que creó todas las cosas decidió darnos el mejor regalo: Venir como niño.

Humildad

Dios pudo haber venido a la Tierra como un gran gobernante o súper héroe, pero decidió venir como niño.

Al venir como niño. Dios nos quiso enseñar la importancia de la humildad. Dentro de su ministerio, Jesús predicó: “Les digo la verdad, a menos que se aparten de sus pecados y se vuelvan como niños, nunca entrarán en el reino del cielo” (Mateo 18:3). Para recibir el reino de los cielos debes tener corazón de niño. Dios pudo haber venido a la Tierra como un gran gobernante o súper héroe, pero decidió venir como niño.

Al venir como niño, el Señor nos dio el mensaje de que Él es un Dios accesible. No es un Dios distante; es un Dios cercano.

Una Promesa

“Él será muy grande y lo llamarán Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de su antepasado David. Y reinará sobre Israel para siempre; ¡su reino no tendrá fin!”. Lucas 1:32-33

Él vino como niño porque así lo había prometido. En Génesis, después de que Adán y Eva comieron del fruto prohibido, Dios le habló a Adán para pedirle cuentas, y él culpó a la mujer de haberle hecho comer del fruto. A su vez, Eva le dice que fue la serpiente quien la había engañado. Entonces, Dios habló a la serpiente y le dijo unas palabras impresionantes: “Pondré hostilidad entre tú y la mujer, y entre tu descendencia y la descendencia de ella. Su descendiente te golpeará la cabeza, y tú le golpearás el talón”. (Génesis 3:15).

Desde ese momento Dios estaba revelando ese regalo que nos iba a dar. Satanás logró golpear a Jesús llevándolo a la cruz. Satanás pensó que iba a vencer a Jesús, pero no pudo. Al tercer día, Jesús se levantó de la muerte y le aplastó la cabeza a la muerte, al pecado y a la maldad. ¡Jesús es el regalo prometido desde Génesis!

Dios creó al hombre para una relación con Él, pero entonces vino el pecado, la desobediencia y la maldad, y esto nos ha separado de Dios desde siempre. Sin embargo, Dios tenía planeado desde el principio enviarnos un regalo para redimirnos.


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Un propósito

No solo nos dio un niño, que no es cualquier niño, para deshacer la obra de maldad. Este niño vino con un propósito: Formar un reino. Él vino para llamarnos a formar un pueblo, y esta invitación es para todos, pero al mismo tiempo no. No todos van a ser parte de Su reino, y aunque la invitación es abierta, la realidad es que no todo el mundo quiere la invitación.

Jesús, estando de pie frente a Pilato para ser juzgado, dijo: “Mi reino no es un reino terrenal. Si lo fuera, mis seguidores lucharían para impedir que yo sea entregado a los líderes judíos; pero mi reino no es de este mundo” (Juan 18:36).

Jesús no vino a establecer un reino humano, Él no vino a ser como César o como Herodes. Los Judíos pensaron que el Mesías vendría a establecer un Reino para librarlos de la opresión Romana, pero Jesús no vino a hacer eso. Ellos no creían que Él era el Salvador, porque ellos esperaban respuestas a cuestiones humanas. Jesús dijo que el reino que Él vino a establecer se encuentra en el corazón, un reino dentro de nosotros.

Dios nos invita todo el tiempo a formar parte de este reino. Para ser parte de este reino debemos recibir a Jesús como Rey y Salvador para que Él manifieste Su autoridad sobre nosotros. Esto no es un regalo improvisado, es un regalo que Dios había preparado desde el principio para todos nosotros, y que ha sido anunciado desde hace mucho tiempo.

Jesús vendrá por todos los que creyeron en Él.

Más de 300 profecías se escribieron acerca del nacimiento y la vida de Jesús y se cumplieron todas al pie de la letra. Así como hubo muchas profecías acerca de Su nacimiento, también hay muchas que hablan acerca de Su regreso. La Biblia dice que Jesús viene otra vez, no como hombre ni como niño, sino como el Rey de reyes y Señor de señores, Volverá montando un caballo blanco y su nombre es Fiel y Verdadero.

Jesús vendrá por todos los que creyeron en Él, por todos lo que recibieron ese regalo en su corazón. Seremos arrebatados en un momento y nos encontraremos con Él en las nubes para estar a Su lado para siempre. Pero los que no le recibieron, están destinados a una muerte eterna donde será el llanto y el crujir de dientes.

Hijos de Dios

¡Tenemos una gran oportunidad! Dice el libro de Juan: “Pues Dios amó tanto al mundo que dio a su único Hijo, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16). “A todos los que creyeron en él y lo recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios” (Juan 1:12). No todos somos hijos de Dios, todos somos creación de Dios, pero la Biblia dice que los que le recibieron, los que creyeron, a ellos son a quienes Dios da un nombre. Él nos dice: “Tú eres hijo mío por recibir este regalo”.

Imagina recibir ese regalo, uno que fue preparado para nosotros desde hace mucho tiempo, que fue hecho para llenarnos de paz, que nos invita a ser parte del reino de Dios y, lo mejor de todo, que es para siempre. Es momento de recibir el mejor regalo de todos: Ser llamado un hijo de Dios.

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Viviendo en Cristo
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