Relación

¿Cuál es tu relación más importante?

Tu principal motivación debe ser el amor

“Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén.”  2 Pe. 3:18 Reina Valera Revisada 1960

¿Recuerdas el día en el que tuviste tu primer encuentro con Dios? Tu vida dio un vuelco y dejaste de ver las cosas como las veías antes. Tomaste una decisión importante: seguir a Cristo. Ese es uno de los momentos más valiosos y determinantes en la vida del ser humano. Sin embargo, no podríamos quedarnos solo con este primer encuentro. Al igual que en toda relación humana, la verdadera experiencia de la comunión con Dios se construye día a día.

Sin embargo, nuestra relación con Dios no tiene precedentes. Es la más importante de todas nuestras relaciones personales porque es la que pone en orden todos los aspectos de nuestra vida. Por esta razón no podríamos compararla con la relación que tenemos con nuestros amigos más allegados, e incluso si lo tratáramos como a nuestro padre terrenal nos quedaríamos cortos. ¿Entonces cómo hacer crecer nuestra relación con Cristo?


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Toma nota de los siguientes aspectos que ayudarán a fortalecer tu relación con Dios.

1. Reconoce su sacrificio de amor por ti

Dios nos amó antes de que lo amáramos (1 Jn. 4:19). Así de sencillo y así de profundo. Dios es el primer interesado en mantener una relación contigo. No cualquier relación temporal, sino una eterna donde el amor sea el fundamento. Es por esta razón que hoy te encuentras aquí, con cuerdas de amor te atrajo aun cuando antes eran enemigos.

Para mantener una verdadera relación con Dios es necesario reconocer el verdadero sacrificio de amor que Cristo hizo por nosotros, su muerte en la cruz hace más de dos mil años. “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Rom. 5:8).

2. Rinde tu vida a Cristo

Tenemos un Dios que nos ama y conoce lo que es mejor para nosotros. Él sabe que sumergidos en Su presencia nuestras vidas estarán completas y en plenitud. Cuando comprendemos esto no podemos más que entregarnos por completo a Él. Así como Él hizo un sacrificio completo, desea que por amor también rindamos nuestras vidas a Él (Leer Fil. 2: 6-8). Solamente delegándole nuestra voluntad y sueños llegaremos a experimentar que sus planes siempre son mejores que los nuestros (Leer Rom 12: 1-2).

3. Dios busca obediencia y no sacrificios

“Sea bueno, sea malo, a la voz de Jehová nuestro Dios al cual te enviamos, obedeceremos, para que obedeciendo a la voz de Jehová nuestro Dios nos vaya bien.” Jr. 42:6

 La mayor muestra de nuestra rendición a Cristo es obedecerle. Esto para Él es mucho más preciado que cualquier obra de nuestras manos. Cuando mantenemos una comunión constante con Dios vamos conociendo qué es lo que le agrada y qué es lo que desea que quitemos de nuestra vida. Obedecer es difícil, pero es lo que va puliendo nuestro carácter, nos hace más dependientes de Dios y conocedores de su poder. Si realmente deseamos conocer el corazón de Dios debemos estar dispuestos a escuchar más y opinar menos. ¿En qué te ha pedido Dios que obedezcas?

4. Crece en su conocimiento

“Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos.” Dt. 6:6-8

Como toda persona enamorada desea conocer los deseos e inquietudes de la persona amada, también nosotros necesitamos “conocer” los deseos y sueños de Dios. No basta con escucharlo de terceras personas, una rendición completa a Dios implica tener una comunión personal y constante para conocer Su voluntad. La Palabra, la oración y la alabanza son la canasta básica de nuestra alimentación espiritual. Si deseamos fortalecer nuestra comunión con Dios deberemos saciarnos de su conocimiento.


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5. Sirve a los demás

“Se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido.” Jn. 13:4-5

Debemos ser de utilidad a los demás. El Señor vino a este mundo no a que le sirvieran, sino a servir. Dios quiere que no nos sintamos superiores a los demás. Al contrario, quiere que seamos humildes y sigamos su ejemplo. No debemos dejarnos llevar por el nombre de un puesto que tengamos, debemos dejarnos llevar por el amor de Dios y servir a los demás. Al servir a los demás entenderemos el amor y el sacrificio que Cristo hizo por nosotros.

6. Ama a Dios

En la cumbre de todo lo que podemos hacer para buscar más de Dios, definitivamente debemos poner el seguirlo por amor. Ninguno de los puntos anteriores se podría realizar genuinamente si en nuestros corazones no hay amor hacia Dios. Jesús le llamó el más grande mandamiento en la ley: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento” (Mt. 22: 37, 38).

Si nuestra sed por conocer de Dios no se basa en el amor, entonces no habrá una transformación real en nuestras vidas.

Esta es la clave de nuestra relación con Dios. Si nuestra sed por conocer de Dios no se basa en el amor, entonces no habrá una transformación real en nuestras vidas. Pidámosle a Dios que aumente nuestro amor y nuestra sed por buscarle y obedecerle. Cuando el amor de Dios reine en nosotros, entonces veremos que cada cosa de nuestro interior se alinea conforme a su voluntad.

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Crecimiento Espiritual
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