Relaciones Sanas

Relaciones en Paz: ¡Es Posible!

Tus relaciones personales son más importantes de lo que imaginas.

Antes de conocer a Cristo como mi Señor y Salvador sentía cómo mis relaciones interpersonales empeoraban cada vez más y constantemente me sentía aturdida y frustrada causando que perdiera la paz en mi vida. Tiempo después, aún conociendo todo lo que Él representaba y el sacrificio que hizo en la cruz por mí, llegué a tener muchos conflictos con la gente que me rodeaba. Entonces entendí que el problema radicaba en mi actitud equivocada y que tenía que entregársela a Dios y actuar a la de ya.

“Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres.”. Romanos 12:18 RVR1960

Las relaciones son muy importantes en la vida: con Dios, con nuestra pareja, hijos, familiares, amigos y la gente que nos rodea. A Dios le interesa que tengamos relaciones personales sanas, pero muchas veces les damos una posición inferior a la que merecen en nuestra lista de prioridades. Proverbios 11:12 dice que “es necio denigrar al vecino;
una persona sensata guarda silencio”, y esto me llevó a comprender que mis relaciones estaban siendo afectadas por no enfocarme en apreciar y valorar a aquellos quienes me rodean.


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Como seres humanos tenemos personalidades y temperamentos distintos. En muchas ocasiones tenemos conflictos porque pensamos que la gente debe actuar, pensar y reaccionar de la manera en que queremos porque así somos nosotros y pensamos que todos deberían “ser” así, y si eso no sucede, incluso llegamos a menospreciarlos. Es importante tener cuidado con esto pues, si no entendemos que la gente no es como nosotros, podemos provocar que se abra una brecha entre nosotros y la gente que queremos.

Todos hemos llegado al punto de estar cansados de que nuestras relaciones con los demás no sean de éxito. Si queremos relaciones sanas tenemos que aprender a mantener el conflicto a un lado. Dios nos creó a ti, a mí y a cada uno de nosotros como individuos únicos. ¡Tú eres único! y como único e irrepetible haces las cosas distintas a los demás. Eso no significa que tú estés en lo correcto y que los demás estén equivocados. Significa que actuamos de forma distinta y, con base en esto, tienes dos opciones: permitir que eso te una más o te aleje de tu prójimo.

Busca el bienestar de ambas partes en tus relaciones.

“Hace falta madurez y paciencia para llevarnos bien con alguien distinto”.

Vivimos en un mundo con estándares muy altos y esto significa que la sociedad siempre espera y busca más de lo que tiene. En nuestras relaciones, somos iguales y, claro, no está mal buscar mejorar y crecer en ellas. Sin embargo, ¿hasta qué punto estamos esperando la perfección de los demás?

Somos seres con defectos y flaquezas, seres que cometen errores y tanto tú como yo podemos equivocarnos. No importa cuán grandiosa sea esa persona o lo mucho que la ames, siempre podrá cometer un error que llegue a lastimarte u ofenderte pues ni tu ni yo somos perfectos y, por ende, no existe el cónyuge, amigo o hermano perfecto.

Hace falta madurez y paciencia para llevarnos bien con alguien distinto, para no discutir por cosas menores y para no sentirnos ofendidos. ¡Mantén fuera de tu vida el conflicto! Dale a los demás el beneficio de la duda. Si somos realistas en cuanto a nuestras expectativas, y esperamos que el otro sea perfecto, no estaremos siendo justos. Eso nos causará frustración y desilusión, manteniéndote lejos de una relación sana.


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Ama sin medida.

“Si amas a quienes te aman ¿Qué recompensa hay por eso?”. Mateo 5:46 NTV

Muchos de nosotros vivimos con una actitud de “Te amo siempre y cuando no me lastimes, o siempre y cuando no me hagas daño. Seré tu amigo siempre y cuando hagas las cosas a mi manera y no te equivoques, así te aceptaré y seré feliz”. Actuar de ésta manera es muy injusto pues ejerces mucha presión sobre tu prójimo. La Biblia nos enseña que el amor da lugar a las debilidades del otro y cubre sus defectos. Es decir, tenemos que pasar por alto algunas cosas y mostrar misericordia hacia las personas que nos rodean. Así como existen personas que no toleramos en lo absoluto así quizá haya alguien que sienta y piensa lo mismo hacia nosotros.

“[El amor] no exige que las cosas se hagan a su manera. No se irrita ni lleva un registro de las ofensas recibidas”. 1 Corintios 13:5

Solo piénsalo: Si vives de esta manera tal y como lo escribe Pablo, podrás vivir tu relaciones en un nuevo nivel que no conoces y a la manera que Dios desea. Si tan sólo te deshaces del libro de quejas donde registras continuamente y con detalle las veces que tus padres, hermanos, pareja y amigos te hicieron daño, verás lo bueno en cada uno de ellos. ¡Tíralo a la basura! ¿Qué esperas? No permitas que las heridas de hace años te impidan crecer en tus relaciones con los demás. ¡Deja el conflicto y permite que Dios sane esas heridas!

“Pero…  Yo tengo la razón!”, dicen muchos. Probablemente sí o no, pero ¿qué es lo que más deseas? ¿Quieres tener la razón o quieres paz en tus relaciones? ¿Quieres que las cosas se hagan a tu manera o quieres relaciones saludables? A veces es imposible tener ambas cosas a la vez.


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La Biblia nos enseña que debemos adaptarnos y amoldarnos con el fin de mantener la paz para así mantener relaciones sanas. No debemos pensar o actuar como si nosotros tuviésemos la razón. Cuando esté en nuestras manos, usemos la humildad para mantener la paz sin actitudes que vayan en contra de esa paz que Dios anhela para nuestras vidas. Muchos piensan: “Si él empezara a hacer lo que le pido, tendríamos paz”, o “si mi pareja me tratara con más amor, nos llevaríamos bien”. Así pueden haber millones de excusas.

Recuerda, la clave es moldearnos y adaptarnos para mantener una relación sana. Esto quiere decir que en ocasiones tendrás que quedarte callado o evitar buscar tener la razón con tal de no discutir. Ten presente que “El amor no es celoso ni fanfarrón” (1 Corintios 13:4) y que tampoco es ideal mantener un libro de registros con cosas buenas que hiciste hacia tu prójimo y sacarlas cada vez que puedas. ¡Guárdate esas palabras! Tal vez no te has dado cuenta de que cuando haces lo tuyo por mantener el conflicto lejos de tus relaciones estás honrando a Dios. Y cuando honras a Dios, Él siempre te honrará. Cuando siembres semillas de misericordia y benignidad empezarás a ver cómo mejoran tus relaciones.

¿Yo el conflictivo? ¡Eso nunca!

No digas: “Ese no soy yo”. Mantén la paz en tus relaciones.

Cuídate de no ser tú la persona conflictiva que lleva y trae todo tipo de comentarios en contra de los demás, causando conflictos entre ellos. Tu testimonio importa ante Dios y ante la gente. A veces caemos en el error de estar siempre hablando acerca de otras personas y esto ocasiona que se nos cierren puertas de buenas amistades. ¡Deja de esperar que los demás cambien! Empecemos por nosotros mismos y busquemos hacer las paces en la familia o lugar de trabajo.

En ocasiones no nos damos cuenta de que dejamos que la pelea se mantenga latente y nos mantenemos a la defensiva, siempre alertas ante los detalles más pequeños e insignificantes y discutiendo por cosas que ni siquiera importan. Elige tus batallas con sabiduría. Hay muchos mejores temas importantes en la vida que tenemos que enfrentar que darle importancia a las cosas pequeñas.

La Biblia dice que al que sabe hacer lo bueno y no lo hace le es pecado (Santiago 4:17). Recuerda que Dios nos hace responsables de hacer lo que sabemos que hay qué hacer. Cuando damos entrada a la discordia, a la pelea, a la discusión o a la falta de perdón, le estamos abriendo la puerta a toda clase de problemas. ¡Aférrate al favor de Dios! Dejemos la discordia a un lado o de lo contrario, nos saldremos de la protección de Dios y de Sus bendiciones.

No digas: “Ese no soy yo”. Mantén la paz en tus relaciones. Verás que Dios te bendice con Su favor, y tus relaciones comenzarán a prosperar. “Echa fuera al burlón, y también se acabarán las peleas.
Los pleitos y los insultos desaparecerán” (Proverbios 22:10).

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Crecimiento Espiritual
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