Rey

El Rey Te Llama

Una herencia te espera.

“Dios te llama y quiere restaurar tu mente y corazón sencillamente porque ese fue Su plan original para ti.”

Hablemos de discapacidad. Se estima que en el mundo actualmente viven 600 millones de personas con algún tipo de discapacidad y que cada uno está rodeado en promedio por cuatro o cinco personas, entre familiares y amigos cercanos. Esto suma un total aproximado de 3 mil millones de personas afectadas directa o indirectamente por la discapacidad.

¿Has notado que en los países de mayor pobreza es donde hay más discapacidad? Estadísticamente son los países del hemisferio norte los que tienen mejor infraestructura y más desarrollo que los del hemisferio sur. ¿Y qué pasa si yo vivo en el último rincón al sur del planeta? Bueno, te diré que los recursos están en la mente y en el corazón. Esto no es una frase motivacional sino voluntad del Rey: Dios te llama y quiere restaurar tu mente y corazón sencillamente porque ese fue Su plan original para ti.


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La Familia Real

No tenía mucho tiempo de haber comenzado su ministerio cuando, estando en una sinagoga en Nazaret, pronunció esta tremenda palabra profetizada por Isaías: “Le dieron el rollo del profeta Isaías. Jesús lo desenrolló y encontró el lugar donde está escrito lo siguiente:

‘El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar la Buena Noticia a los pobres. Me ha enviado a proclamar que los cautivos serán liberados, que los ciegos verán, que los oprimidos serán puestos en libertad, y que ha llegado el tiempo de favor del Señor.” Lucas 4:17-19 NTV

 

Jesús vino a salvar y a restaurar para que volviéramos a ser parte del reino, Su plan era que fuéramos familia desde el inicio. En el libro de Éxodo, vemos cómo este Dios poderoso y celoso de Su pueblo, obra de una manera asombrosa para sacarlo de la cautividad en Egipto, que es física; más tarde nuestro Padre nos envía a Su Hijo para liberarnos de la cautividad espiritual. El plan inicial de Dios no era rescatarnos sino que nunca fuéramos presos.

Se comparten muchas historias de éxito de personas en todos lados, historias inspiradoras sobre cómo alguien superó la pobreza o una enfermedad terminal o un fracaso, y no es que sea malo hablar de ello, pero ¿qué hay de lo espiritual? Se le da tanta importancia a restaurar lo físico y mantener las apariencias, que muchos descuidan lo demás y viven como discapacitados en espíritu. Tristemente hay gente así dentro del cuerpo de Cristo.


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El Elegido

“David no era como otros hombres y en su corazón no estaba siquiera hacer daño al que una vez fue ungido de Dios.”

Recordemos la historia del rey Saúl: Dios lo llama y lo pone como rey de Israel, fue Su elegido. Pero Saúl se alejó de Dios y Él ungió a David para suceder el trono, y aquí quiero detenerme un poco para explicar el contexto de esta situación. Para que pueda levantarse un nuevo rey primero tiene que morir el anterior, y quien sucede es el primero en la línea de sucesión: el hermano menor, el primogénito, etc.

Imagínate que en la antigüedad cuando un pueblo invasor triunfaba sobre otro la costumbre era matar no sólo al rey del pueblo vencido, sino a toda su descendencia con el fin de que no quedaran legítimos herederos al trono que tiempo después quisieran retomarlo.

Cuando David fue ungido, Saúl todavía estaba vivo y seguía siendo rey, entonces lo natural era que buscara a Saúl y reclamara el trono que Dios mismo le había concedido, pero David no era como otros hombres y en su corazón no estaba siquiera hacer daño al que una vez fue ungido de Dios (1 Samuel 26:11). Así el nuevo rey tardó muchos años en subir al trono.

Tiempo después muere Saúl en batalla, junto a su hijo Jonatán y la noticia llega a la familia real: ellos sabían que eran los siguientes. Uno de ellos era Mefiboset, quien en ese entonces era un niño de cinco años.

Imagínate a este niño que, hasta ese día, gozaba de todas las comodidades que ser nieto del rey ofrecía: era libre para comer todo lo que se le antojara y nadie se lo podía negar porque era linaje real, era libre para jugar como quisiera jugar, correr por todo el palacio, reír, gritar, saltar, vivir sin límites porque llevaba la misma sangre del rey y seguramente un día él mismo se sentaría en el trono. Esa noche al ser avisados de la muerte de Saúl la nodriza de Mefiboset decide tomarlo y huir para salvarlo, pero por la prisa se le cae y el niño queda lisiado.


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Errores Que Se Heredan

“No creas que la solución es huir, porque el pecado de tus padres tarde o temprano te alcanzará”

Quiero que pienses en esto: ese día Mefiboset perdió a su abuelo, a su padre, pierde la posibilidad de ser rey, su herencia, su dignidad, queda físicamente discapacitado. ¡Su mundo se hizo pedazos por algo que nunca provocó! ¡Ay, si Saúl no se hubiera alejado de Dios!

Es posible que tú tengas problemas por el pecado de tus padres o abuelos, y quiero decirte que los puedes heredar: cuando hablamos de una generación contamos por cuatro: abuelos, padres, hijos y nietos; es decir que tu generación no termina en ti, sino que se extiende hacia el futuro y hacia el pasado.

Si quieres ser completamente restaurado, tus padres y tus abuelos también deben ser restaurados. No eres responsable de su pecado pero tienes que pelear y luchar por la restauración de tus papás: ponerte en la brecha, orar y compartirles porque somos instrumentos de bendición.

No creas que la solución es huir porque el pecado de tus padres tarde o temprano te alcanzará. Para romperlo no basta con declarar que eres libre o con orar: se necesita disposición, acción.

Ahí está Mefiboset, lisiado de las piernas y del corazón porque el pecado de su abuelo lo alcanzó. Él no sabía lo que estaba pasando, no entendía. Tal vez tú te sientas así ahora. Tal vez no tenías que pasar por la separación de tus papás, por el abandono de alguno de ellos, por soledad, pero tampoco se trata de decir “por culpa de mis padres soy así” sino de tomar tu posición y comenzar a actuar.


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Dios Te Llama a Pelear

No importa lo que esté pasando en tu vida: Dios sigue siendo Dios, sigue teniendo el control, sigue siendo bueno, sigue siendo fiel. Dios nunca se aparta de nosotros. Yo no sé qué has pasado en tu vida pero Dios va a restaurar eso. Desde los tiempos de Caín y Abel el diablo ha atacado la familia y lo sigue haciendo.

¡Tienes que revertir aquella maldición sobre tu vida! Y no hay manera de luchar sino siendo hijo de Dios, y Satanás aborrece tu condición de hijo, por eso no permitas que esa identidad te sea robada. Tienes que luchar, tú no estás destinado a una vida de heridas y derrota porque eres hijo de Dios. Él te llama a luchar.

Vamos a regresar un poco en la historia de David y Jonatán. Entre ellos había una estrecha amistad e hicieron un pacto cuando Jonatán entendió que estaba sentenciado a muerte a causa del pecado de Saúl:

“Ahora me doy cuenta de que ciertamente tú serás el rey, y de que el reino de Israel prosperará bajo tu gobierno. Júrame, entonces, por el Señor, que cuando esto suceda, ¡no matarás a mi familia y destruirás a mis descendientes!” 1 Samuel 24:20,21

¡Qué terrible revelación! Llegar a un punto de tu vida que digas “el pecado de mis padres me alcanzó y alcanzará a mis generaciones”. Pero no todo es tragedia.

Dios Te Llama de Regreso

“Cierto día, David preguntó:’¿Hay alguien de la familia de Saúl que aún siga con vida, alguien a quien pueda mostrarle bondad por amor a Jonatán?’” 2 Samuel 9:1

Mefiboset lleva una vida huyendo, escondiéndose y sabiendo que si el rey lo llama será para matarlo, ¡A él que estaba destinado a ser rey! Pero aceptó ir al palacio. En aquel entonces no había sillas de ruedas, ni comodidades para personas con alguna discapacidad; probablemente llegó arrastrándose frente al rey. Qué triste que así como él hay gente que espera a Dios para morir. Sin embargo David mostró compasión por Mefiboset y fue fiel al pacto que hizo con Jonatán.

Así como Jonatán y David hicieron un pacto, nosotros estamos sostenidos bajo un pacto poderoso también, un pacto de sangre, un pacto de cruz. Dios llama hoy y pregunta “¿Hay alguno a quien pueda hacer misericordia por amor a mi Hijo?”.  

No es que te conviertas en un campeón, sino que recuerdes que siempre lo fuiste, siempre fuiste destinado a ser príncipe. Entiende que tú estabas destinado a serlo pero tu padre o tu madre falló y entonces lo perdiste todo ¡Pero ahora Dios te llama para restaurarte! ¡Y todas las cosas que te pertenecían desde siempre hoy te son devueltas porque el Rey te lo ha devuelto! ¡Aleluya!

Yo te invito a que el día de hoy tomes la decisión de responder a ese llamado. Yo sé que podrías estar aterrado pensando que Él te llama para terminar con tu vida, pero no es así: recibe la misericordia de Dios. ¡Decide ser restaurado hoy y recibe tu herencia eterna!

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Viviendo en Cristo
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