para qué estoy en este mundo

¿Para qué estoy en este mundo?

No eres un accidente. Eres una obra de arte.

¿Alguna vez te has preguntado para qué estás aquí o para qué naciste? Cuando vos entendés quién sos, vos entendés que tenés una razón de ser, un “para”. Es decir, nacimos para un propósito aquí en la tierra. Siempre debemos conocer esto y abrazarlo.

”Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén(Rom. 11:36 Reina Valera Revisada 1960)


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Descubre tu identidad

“Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él” (Col. 1:16).

Lo primero que debes entender es que vos fuiste creado para Jesús, y le perteneces. Cuando vos le conoces a Él entonces entiendes para qué naciste.

Lo segundo que debes abrazar y entender es que fuimos creados para buenas obras. porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Ef. 2:10). Vos fuiste creado para cosas grandes y maravillosas. Pero no vas a poder funcionar en tu propósito mientras no sepas quien sos.

Cuando entendemos quiénes somos, entendemos nuestro “para”, es decir, la razón de lo que somos.

¿A cuántos de nosotros nos gustan la series? A mí en lo personal me encantan las series de Marvel; Flash es mi favorita porque es el hombre más rápido de la Tierra. Te la recomiendo si la querés ver. ¿Qué relación tiene Flash con todo esto? Que cuando se siente superado por sus competidores empieza a sentir temor, y de cierta manera se olvida de su identidad. Entonces llegan sus amigos y le recuerdan que él es Flash. Es ahí cuando puede vencer a sus competidores. Así nosotros cuando entendemos quiénes somos, entendemos nuestro “para”, es decir, la razón de lo que somos.

Deja el disfraz a un lado

¿Quién soy y para qué estoy aquí en la tierra? Yo no sé si alguna vez te has hecho estas preguntas, pero quizás muchos han respondido: “yo nací para ser doctor, empresario, maestro, ingeniero”. Pero déjame decirte que vos no naciste para eso únicamente. Yo trabajo con jóvenes que están a punto de elegir una carrera, y siempre les digo que no nacieron únicamente para estudiar y eso les quita un gran peso de encima. Porque a veces piensan que si se equivocan de carrera se equivocan de vida, pero nacimos para algo mayor. Nacimos para una carrera eterna, como hijos de Dios que se disfrazan de doctores, de maestros, de abogados. Así que no importa el título que tengas, en el lugar en que te encuentres, en el trabajo o en la escuela da a conocer tu verdadera esencia: eres un hijo Dios.

Un verdadero hijo de Dios siempre debe estar listo y preparado para darlo a conocer, no solo en la iglesia; porque fuera de la iglesia es el mejor lugar para dar a conocer a Jesús.

Voy a explicarte esto con un ejemplo. Ezequiel es un amigo mío que trabaja en una empresa de telefonía en Argentina. Tiene su ropa y equipo de trabajo, y además carga con un montón de herramientas para atender problemas de comunicación. Pero, él sabe que aunque ande vestido o disfrazado de técnico, es un hijo de Dios. Hace unos días lo llamaron para atender un problema en un seminario de jóvenes que se preparan para ser curas. Cuando él llega a ese lugar escucha la voz del Espíritu Santo que decía: “y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” (Jn. 8:32).

Mientras él trabajaba seguía escuchando esta palabra, así que dejó de hacer lo que hacía en ese momento y se acercó a unos diez jóvenes que estaban ahí,  y les preguntó: “¿ustedes realmente conocen a Jesús, el Jesús que la Biblia enseña y al Espíritu Santo? ¿De verdad creen que pueden tener una relación con Él?”. Les empezó a hablar acerca de su testimonio y enseguida les dijo: “vamos a orar”.

Te estoy hablando de un chico que está en su trabajo con futuros curas. Pero en medio de eso él dejó a un lado su oficio de técnico, se acordó que un verdadero hijo de Dios siempre debe estar listo y preparado para darlo a conocer, no solo en la iglesia; porque fuera de la iglesia es el mejor lugar para dar a conocer a Jesús. Así que mientras él oraba muchos de los chicos fueron tocados por la presencia de Dios y al terminar le dijeron que nunca habían conocido a Jesús de esa manera. A los tres días estos jóvenes visitan una iglesia cristiana por primera vez y terminan recibiendo a Cristo, todo porque un joven se acordó que no había nacido únicamente para trabajar, sino que su identidad era ser un hijo de Dios y debía darlo a conocer.


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No pierdas de vista tu propósito

Yo no sé si alguna vez te han preguntado para qué naciste. Pero si yo lo preguntara hoy, estoy seguro que algunos no sabrían qué responder porque no saben para qué están aquí en la tierra. Aún muchos que hoy se muestran felices y sonrientes, en su interior no lo saben. Porque mientras vos no tengás claro quién sos, te va a costar mucho comprenderlo.

después subió al monte, y llamó a sí a los que él quiso; y vinieron a él. Y estableció a doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar” (Mc. 3:13). Esta palabra revela el por qué de nuestra existencia en la tierra. Fuimos creados para estar con Jesús. ¡Fuimos escogidos por Dios desde antes de la fundación del mundo! Siempre que Dios hace algo lo hace con un propósito y espera que un “para” suceda en tu vida. Así sean mil veces, Él ya está haciendo Su parte, por eso no te preocupes. Pero Él también espera una respuesta tuya y que hagas lo que te toca.

Cuanto más sea nuestra intimidad con Jesús y mayor sea el tiempo que pasemos con Él, nuestra identidad más se fortalecerá. A medida que más conoces a Jesús más te conoces a ti mismo.

Jesús siempre te dice: “vos sos hechura mía, yo te creé.” No fuiste un error de tus padres. ¡Eres una obra de arte!

Cuando ves a alguien con baja autoestima y que no tiene claro quién es, notas que un día se viste de emo, otro día de vaquero, otro día de roquero o reggaetonero, todo porque aún no tiene clara su identidad. Su problema es que no tiene una intimidad con Jesús. La intimidad está relacionada directamente con la identidad; la segunda se fortalece con la primera. Ninguna red social, ni Instagram, Facebook, un grupo de amigos, ni todos los likes del mundo fortalecerán tu identidad. Jesús siempre te dice: “vos sos hechura mía, yo te creé.” No fuiste un error de tus padres. ¡Eres una obra de arte! Cuanto más le conozcamos mucho más le amamos.

Entiende para qué fuiste creado

Entendimos que fuimos creados para estar con Jesús. Ahora, también fuiste creado para predicar al mundo. No tienes que ser como un monje espiritual encerrado en la iglesia o en tu cuarto orando y leyendo la Biblia. Afuera hay gente que está luchando por falta de identidad y eso se resuelve presentándoles a Jesucristo como su Señor y Salvador.

A mi esposa le cuesta entender cuando yo le cuento que de niño fui muy tímido y siempre tuve una baja autoestima. Vengo de una familia pobre y absolutamente ninguno de mis familiares, lamentablemente, se graduó, nadie salió adelante. Mi identidad estaba por los suelos. Me sentía por debajo de la gente.

Cuando en la preparatoria nos preguntaban qué queríamos ser o estudiar, las respuestas de todos era:  “Yo seré abogado como mi papá”. “Yo seré doctor, porque mi familia a eso se dedica”. “Voy a ser empresario y voy a administrar la empresa de mi padre”. Yo jamás podía soñar con nada de eso, mi padre no tenía nada y me daba vergüenza que me vieran andar en el auto que teníamos. Hasta que un día conocí a Jesús y entendí que no nací para ser señalado, ni para lo que yo llegué a decir de mí mismo. Entendí el amor de Cristo por mí y mi identidad se fortaleció. Esto no fue mérito mío, sino de Él.

Hoy en día tenemos mucha gente que se conforma con estar sentada en una iglesia, y no porque sean malos sino porque no han entendido su identidad, que son hijos de Dios, porque cuando alguien entiende esto lo anuncia a todo el mundo. Necesitamos jóvenes que reflejen a Cristo en todo lugar.


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Lleva tu identidad a todo lugar

Tengo un amigo que aprecio mucho. En una ocasión que él estaba en un restaurante, uno de los cocineros se le quedó mirando fijamente. ¡Todos los hombres sabemos lo incómodo que es esto! Durante la comida uno de sus hijos pequeños dijo que iría al baño. Cuando mi amigo lo lleva al baño, entra el cocinero detrás de ellos y le pregunta a mi amigo: “¿qué tenés? ¿Por qué cuando te miro me dan ganas de llorar?” Entonces mi amigo le dice: “Es que soy pastor. Tal vez es eso”. ¿Sabes qué le dijo el cocinero? Le preguntó: “¿vos podés rezar por mi?”. Y mi amigo comenzó a orar por él mientras estaban en el baño. ¡En el baño!

Después de ese incidente, él volvió a su lugar. Entonces un mesero se le acerca y le dice: “ya me contó mi amigo que oraste por él en el baño y quiero que hagas los mismo por mí”. Así que mi amigo, junto con su familia, oraron por el mesero. A la salida del restaurante pasó lo mismo con el valet parking. Se acerca y le dice: “el cocinero me dijo que oraste por él ¿podés hacerlo por mí también?”. Todo porque él entendió que no era un cliente sino un hijo de Dios. Entendió que era necesario darlo a conocer.

Últimamente me ha tocado presenciar algo muy irónico; cuando voy a los restaurantes el mesero me dice que su nombre es Jesús y que está para servirme. ¿Como tratarías a Jesús si te estuviera sirviendo? Es tiempo de que cuando vayas a un restaurante te acuerdes de tu papel y trates al mesero con agrado. Mostremos a la gente que somos hijos de Dios, porque para esto fuimos creados, para buenas obras.

Más nos tardamos nosotros en accionar que lo que Dios tarda en responder.

Termino con esta historia. Omar, un amigo, escuchó un mensaje muy parecido a este, y supo inmediatamente que tenía que anunciar a Jesús a todos en su barrio. Mientras caminaba por el barrio, se preguntaba: “¿cómo podría hacerlo si ahí son un montón?”. Entonces se acerca uno de los vecinos y Omar le habla de Jesús. Pero a ese vecino le entró como un demonio y se puso agresivo. Justo cuando esta persona estaba a punto de golpearlo, Omar lo único que pudo decirle fue: “¡El Señor te reprenda!”. Entonces el vecino cae al suelo y empieza a salir toda la gente para ver qué ocurría. Se ponen alrededor de él viendo que oraba por aquél joven que se veía muy mal. Entonces Omar se acordó de lo que se había preguntado antes.

Más nos tardamos nosotros en accionar que lo que Dios tarda en responder. Omar entendió que no era un vecino más, sino que era un hijo de Dios. El padre está esperando que Sus hijos prediquen y lo den a conocer.

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Viviendo en Cristo
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