Sanando una Herida en el Corazón

¿Eres sanguíneo, colérico, melancólico o flemático?

Te quiero contar algo. Si en algún momento de nuestras vidas fuimos víctimas de algo o alguien, pero no resolvimos esa herida y no arreglamos de raíz ese asunto, nuestro corazón se rompe. Puede ser un asunto sin resolver con nuestros papás que, con el tiempo, puede convertirse en un monstruo.

Sí, es verdad que has vivido cosas difíciles pero ahora te estás comportando de manera trágica y actúas igual que aquellos que te lastimaron. ¡Eso debe cambiar ya! Dios no te diseñó ni a ti ni a tu familia de esa manera. Sin embargo, Dios permite momentos para darnos a entender que necesitamos arreglar cosas.

Tal vez una o muchas personas te lastimaron, y esto trae pensamientos a tu cabeza que se convierten en una acción, y esa acción se repite hasta convertirse en un hábito. Ese hábito penetra en nosotros y en nuestra naturaleza hasta que se convierte en un estilo de vida. Todo esto surge a raíz de un pensamiento causado por una herida que no has tratado.


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¿Qué Tipo de Ventana Tienes?

En nuestro corazón tenemos una “ventana” que puede encontrarse en distintas condiciones. ¿Cómo se encuentra la ventana de tu corazón? Hay cosas que conocemos porque son profetizadas, pero hay otras que son bien obvias y no necesitas que un profeta venga y te lo diga. En pocas palabras, ¡no te hagas! Pero veamos esto un poco más a fondo.

Ventana abierta

Se refiere a cosas que tú y todos los demás saben de ti. De hecho Dios espera que nuestras vidas sean como cartas abiertas. La vida de un creyente es una vida abierta que permite al mundo conocer más el amor de Dios a través de ella.

Ventana oculta

Son cosas que tú sabes de ti mismo, pero los demás no conocen. Aunque, obviamente, Dios sabe absolutamente todo.

Ventana ciega

Existen cosas que otros saben de ti, y que tú mismo desconoces. Tal vez hay alguien que no te aguanta y no te lo ha dicho. ¡Y tú ni en cuenta! Probablemente existen cosas que para ti son normales pero para los demás no. Para tratar a personas así, debemos tener tacto y empatía, entendiendo que hay cosas de su pasado y heridas en su corazón que lo han llevado a comportarse así. Tal vez nosotros somos quienes tenemos una ventana ciega.

Ventana desconocida

Lo que nadie sabe de mí, ni siquiera yo mismo. Es aquí donde necesitamos al Espíritu Santo, para que nos revele todo aquello que está oculto a nuestros ojos carnales.

Un Momento Clave

“El detalle está en identificar aquello que nos trajo dolor.”

Todos tenemos hitos en la vida, ¿Qué es un hito? Es un momento, ya sea bueno o malo. Todos tenemos esos momentos, y en todo lo que has vivido de Cristo para adelante, tienes la certeza de que Él ha estado ahí. Pero te voy a contar un secreto: También estuvo antes ¡Solo que tú no lo habías notado!

Yo tengo un jardín que restauramos y actualmente, en donde creció en algún momento hierba mala, está creciendo hierba buena, pero para eso tuvimos que mover toda la tierra. Es lo mismo con nuestras vidas. Necesitamos hacer cambios. No quieres ser como tu papá pero te comportas como él. Debemos ser analíticos e identificar cuál es el patrón que se repite en nuestra vida y qué área no ha sido tratada. Es muy importante conocer el origen de todo.

Muchos vivieron el rechazo de sus padres o algún evento traumático que marcó sus vidas. Te voy a decir algo, no se trata de olvidar, porque todo eso no se borra de tu mente así nada más, pero se trata de volver al recuerdo para que ya no cause más dolor. Ésta es la evidencia de que Dios ya arrancó todas las heridas. El detalle está en identificar aquello que nos trajo dolor.

Hoy vamos a hablar acerca de nosotros. Hay quienes justifican sus actitudes y se esconden detrás de errores ajenos o de alguna herida propia. Esto no es lo correcto, lo que necesito hacer es preguntarle a Dios: “¿Dónde comenzó todo eso?” Yo, por ejemplo, siempre fui muy competitivo, pero de una manera muy exagerada, hasta que un día me di cuenta que eso era muy raro en mí. Te estoy diciendo que competía hasta para la fila de los tacos. Pero lo que realmente estaba intentando era ganarme el corazón del padre. Todos tenemos una motivación.


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El Secreto: Buscar a Dios

“Hay mentiras que las hemos hecho verdad y vivimos en ellas.”

No necesitas ganar el corazón de Dios, Él te ama tal y como eres y está transformándote. Pero no puedes ver eso porque estás cegado debido a esa herida que hay en tu corazón. Si hay cosas en tu vida que están sucediendo y no sabes qué hacer o por qué te pasan, busca consejería con personas de Dios. ¡Busca a Dios!

Yo soy el mas chico de mi casa, y a veces eso me hacía sentir invisible, porque ante los ojos de los demás prácticamente yo era insignificante. ¡Ni mi nombre se sabían! Pero un día me metí con Dios, preguntándole qué estaba pasando. Joven, Dios puede hablar a nuestra vida y a la de nuestros padres y revelar muchas cosas. Si tú quieres salir de todo esto, necesitas buscar a Dios. Si estás piratón, tocado o con una herida, créeme que tienes que buscar ayuda. No puedes continuar así porque, aunque vas a avanzando, te vas cayendo.

Yo tuve experiencias traumáticas. Por ejemplo, cuando era pequeño me elegían al final en los equipos y en todo lo demás. Por eso yo sentía que nadie me quería, y esa mentira la convertí en una verdad. Caminé con esa mentira todos los días de mi vida, pero llegó Cristo a derrumbar todo eso, recordándome que todos esos momentos en los que me sentía solo, ¡Él estaba conmigo, cuidándome! ¡Claro que empecé a llorar! Y ese fue el hito que marcó todo.

Hay mentiras que las hemos hecho verdad y vivimos en ellas. Es verdad que los demás pueden orar por ti, pero necesitas meterte tú con Dios y tratar todo eso. Si ya sabes cuándo empezó y dónde empezó todo, sana esa herida, perdona. Si no lo sabes, busca que Dios te diga. Es una realidad que distorsionamos el amor de Dios por todas esas experiencias que hemos vivido, pero Dios te ama.


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¿Cuál Es tu Temperamento?

Dicen que el temperamento es algo hasta genético. Todos tenemos detalles que corregir, pero claro que cada quien trabaja con sus áreas fuertes y débiles, en lo personal.

Sanguíneo

Es extrovertido, enfocado en la gente. Es una persona optimista, bromista, detallista, alegre. Sin embargo, es tanto su enfoque de la gente que no conoce a nadie profundamente. Es distraído, desordenado, sucio, impulsivo, inoportuno.

Colérico

Extrovertido, pero enfocado en las tareas. Es una persona independiente, es visionario, práctico, decidido, valiente, seguro, intuitivo y líder. Piensa que no necesita ayuda y tiende a ser indiferente. Siempre quiere tener la razón, es orgulloso, rencoroso, está de malas, constantemente quiere salvar al mundo él solo y es poco amable y poco atento. El problema aquí es que hay muchas personas que necesitan amor y, por querer salvar al mundo tú solito, no muestras ese amor o empatía por las personas.

Melancólico

Introvertido, enfocado en las personas. Generalmente es un artista, muy talentoso, analítico, pacífico, sacrificado, bondadoso y ordenado. Es alguien que va lento, y suele ser muy metódico. Mientras más solo está, mejor. Sin embargo, tiene que trabajar mucho en su depresión.

Flemático

Introvertido, enfocado en las tareas. Es alguien serio, tranquilo, pacífico, indiferente, ordenado, agradable, simpático, confiable. Digamos que es alguien muy pasivo, y necesita trabajar en ser menos indiferente y tener iniciativa.

Cuando hemos sido tan lastimados, tendemos a querer manipular las circunstancias porque sentimos que perdemos el control. Quizás cuando te agredieron, te defendiste en su momento, pero lo sigues haciendo. Sigues manipulando. Existen 4 formas de manipular.

1. Manipulador activo. Enfocados en personas, y generalmente son aquellos de temperamento sanguíneo. Busca imponer su fuerza, le gusta el control.
2. Manipulador pasivo. Estos suelen ser los de temperamento flemático.
3. Manipulador indiferente. Generalmente melancólicos. Manipula yéndose, porque sabe que es más “fuerte” estando ausente. Su ausencia produce control.
4. Manipulador competitivo. Los coléricos suelen manipular de ésta manera. Hace lo que sea para tener el control. Puede manipular de la manera que sea. Si eres colérico, necesitas una liberación o agua bendita.


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Sana la Herida

“Tal vez no estás acostumbrado a que te abracen o te digan que te quieren, pero tienes que dejarte amar. Deja las heridas atrás, sana. ¡Hay gente que realmente te ama!”

No está bien que sigas así. Si tú tienes una herida debido a un conflicto con tu papá, esa herida va a crecer y abarcar más allá. Cuando menos lo pienses, se va a convertir en algo contra tu mamá, tu familia, amigos y todos lo que te rodean. Si no puedes resolverlo, pondrás esa herida encima de alguien más, porque es una herida no sanada. Has de cuenta que empieza una guerra de antiguos enemigos. No encontramos esa libertad y no disfrutamos a las personas que nos aman porque estamos cerrados. Hemos aprendido a construir nuestra vida en base a muros falsos, porque ahí no pueden hacerte daño.

Es duro no tener las agallas o el valor de disculparse o abrirse con alguien, porque te la pasas cuidándote de todos y poniéndote una armadura impenetrable. No has avanzado porque vives protegiéndote, siempre a la defensiva, siempre tomando ventaja, manipulando, llorando, viviendo en tu mundo, haciendo tu plan, y ¡desperdiciando los mejores días de tu vida! El amor funciona porque Dios lo pone en nosotros. Sin embargo, hay experiencias pasadas que están presentes de manera implícita en tu vida y determinan tu comportamiento con los demás, por eso te niegas a ser amado.

Te estas perdiendo lo mejor de la vida. Si la gente te ama, no es porque tú seas extraordinario, es porque Él es extraordinario y te ama, y va a poner gente alrededor que te ame. Necesitas expresar amor y aceptar ese amor sincero que te demuestran a ti. Tal vez no estás acostumbrado a que te abracen o te digan que te quieren pero, ¡tienes que dejarte amar! Deja las heridas atrás; sana. ¡Hay gente que realmente te ama!

Cuando eres libre de todo eso, el amor comienza a crecer dentro de ti, Dios comienza a fluir y puedes tomar esa decisión de amar. En mi casa fue así: de pronto nos daba por expresar nuestro amor unos con otros, cuando eso en realidad no era normal.

Tenemos que expresar amor, porque eso también nos hace libres. La gente que dice que te ama, ¡te ama! En tantas ocasiones sucede que estamos tan llenos de otras cosas que nos llega a costar mucho trabajo creerlo. Nos cuesta trabajo creer que somos amados. Debemos entender que el amor no se gana, se otorga. Uno decide darlo. Recibe el amor de Dios en tu vida a través de las personas que ha puesto a tu alrededor.

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