Servir Sin Amor: Puro Tilín, Tilín y Nada de Paletas

¿Cuál es nuestro verdadero motivo al servir?

Es muy bueno que le des tu tiempo al Señor y que le sirvas; pero Él quiere tu amor, quiere tu corazón, quiere ser tu prioridad.

Marta y María conocían a Jesús y tenían una relación cercana con Él. Se dice que Jesús amaba mucho a esta familia y también a Lázaro. “Durante el viaje a Jerusalén, Jesús y sus discípulos llegaron a cierta aldea donde una mujer llamada Marta los recibió en su casa” (Lucas 10:38 NTV). No creo que Jesús no hubiera tenido un lugar a donde llegar sino más bien llegó ahí porque existía una amistad. Cuando Marta y María se enteran de que Jesús llega a la aldea, lo invitan para atenderlo, darle de comer y servirle ya que le conocían. Ellas habían creído en Él y lo amaban; su intención al recibir a Jesús era servirle. ¿Te gusta ser util? “¡Qué bueno soy navegando en Facebook! Tengo un don para etiquetar”. No dudo que tenga su chiste. ¿Eres bueno para dibujar? ¿Eres bueno para las matemáticas? Yo era malísimo para las matemáticas en la preparatoria. No tengo idea de qué ocurrió después de entrar a la carrera que me volví buenísimo. ¿Te gusta armar cosas? Tal vez seas bueno para hablar en público. Yo reconozco que soy malísimo para cocinar (y la verdad ni me interesa ser bueno). La verdad es que no importa de qué área hablemos, es muy padre ser útil; es muy padre que te consideren para hacer algo. “Háblale a Fulano porque es buenísimo; él sí le sabe”. Tus papás no saben absolutamente nada acerca de computación y tú les explicas. A todos nos gusta saber que somos buenos para algo y sentir que somos útiles.

Dios nos hizo con un deseo de ser útiles y Él desea y anhela que tú puedas ser útil. Dios quiere que estés dispuesto a servirle para que puedas ser usado. El Apóstol Roger Wolcott nos ha enseñado que “el que no sirve, no sirve”. Nos es necesario servir. En el Reino de Dios todos somos llamados a servir. De hecho, el único puesto que existe en el cielo es el de siervo. Existen diferentes responsabilidades, pero un solo puesto. Todos estamos llamados a ser útiles y a aportar, a poner nuestro granito de arena. ¡Qué bendición es que Dios nos permita ser parte de Su obra! La verdad es que Dios no nos ocupa ni nos necesita pero Él ha decidido hacernos parte de Su plan. Cuando tú sirves en un ministerio sientes una gran satisfacción. Después de los viajes evangelísticos que hacemos cada año en Jóvenes de Brisas nos sentimos muy alegres y motivados porque servir es una bendición y todos hemos sido llamados a servir al Señor. Tú tienes una habilidad y tienes un talento y Dios te ha llamado a utilizarlos para que Él sea alabado y conocido. El Señor ve nuestro servicio y lo reconoce; nunca lo tiene en poco. Este pasaje dice que Marta recibió a Jesús en su casa para servirlo. Marta hizo algo muy bueno al recibirle ya que muchas otras personas quizás conocían a Jesús, sabían quién era y recibían Su enseñanza pero nunca le recibieron. ¿Realmente has recibido a Jesús en tu vida? Quizás eres cristiano y vas a una iglesia pero la pregunta es si está Dios en tu casa. ¿Está Dios en tu vida? ¿Lo consideras los lunes por la mañana? ¿Lo consideras en el trabajo o cuando estás solo en tu habitación? ¿Te visita Jesús solo los domingos o habita contigo toda la semana? “Todos los que me aman harán lo que yo diga. Mi Padre los amará, y vendremos para vivir con cada uno de ellos” (Juan 14:23). Dios quiere habitar en tu vida. Una persona me decía, “Yo hablo con Jesús para todo. Me levanto de la cama y oro ¡hasta cuando voy al baño!”. Quizás pienses que es muy exagerado pero es muy padre saber que Dios quiere habitar en nosotros. Él quiere guiarnos y para eso nos envió al Consolador. Jesús le dijo a sus discípulos que les convenía que Él se fuera para que llegara el Espíritu Santo (Juan 16:7). De esta manera Él estaría ya no con nosotros sino en nosotros. Jesús nos dijo que no nos abandonaría “como a huérfanos” sino que vendría por nosotros (Juan 14:18). ¿Puedes ver Su corazón? Dios es quien está en nosotros y “es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria” (Colosenses 1:27 RVR1960). Es precisamente esto lo que hace la diferencia. No somos diferentes por una religión, por un título o por un pescadito pegado al coche. Puede que el coche sea cristiano pero, el conductor, no sabemos. Lo que nos hace diferentes es la presencia de Dios en nosotros y la única manera de tener Su presencia es invitándolo a estar en nosotros y no dejándolo que se vaya. Yo felicito a todos los que están de alguna manera sirviendo a Dios. Si tú ya tienes a Dios en tu vida quizás lo que te hace falta es dar el siguiente paso y servir con tu oración o invitando a otros a la iglesia. Nosotros podemos ser parte de la obra de Dios y ser útiles cuando servimos a otros pues “hay más bendición en dar que en recibir” (Hechos 20:35 NTV). El mundo es egoísta; existen personas que pueden parecer amables por fuera pero en el fondo hay un motivo de beneficiarse a sí mismas. Pero Jesús vino a este mundo para salvarnos; Él vino para servir. Si tú no estás sirviendo, empieza sirviendo con tu tiempo. Cuando vayas a la iglesia sé uno de los que anima a otros a participar y que comparte lo que Dios quiere hacer. ¿Cómo estás sirviendo al Señor? ¿Cómo estás aportando para la gloria de Dios?

Marta tenía una hermana llamada María; no sabemos si era Mercedes o la del barrio pero era María. Dice la historia que “María se sentó a los pies del Señor a escuchar sus enseñanzas” (Lucas 10:39). En aquél tiempo la gente no sentaba en sillas ni sillones; Jesús no estaba en la sala con una limonada. Se sentaban en el piso y un siervo o alguien les lavaba los pies y les daban aceite. María se sentó a los pies de Jesús para oír Su palabra. Esto nos habla de un avance más profundo en la vida espiritual: aún cuando Jesús quiere que le sirvamos, Él no solamente quiere eso, sino quiere que le amemos. Tal vez te suene egoísta pero la verdad es que Dios está dispuesto a corresponder tu amor en maneras que ni te imaginas; “ningún ojo ha visto, ningún oído ha escuchado, ninguna mente ha imaginado lo que Dios tiene preparado para quienes lo aman” (1 Corintios 2:9). La base de la vida cristiana es el amor. El primer mandamiento no es “servirás al Señor”. Estamos totalmente de acuerdo en hacerlo pero el primer mandamiento es amar a Dios porque, cuando le amamos sinceramente, le servimos. María fue más allá; ella estaba interesada en honrarlo. El sentarse a los pies de Jesús significa ponerle atención. Puedes ir todos los fines de semana la iglesia, puedes haber oído trescientas mil predicaciones pero, ¿a cuántas en realidad les has puesto atención? Podemos leer mil pasajes y leer la Biblia entera pero en realidad no importa cuánto leas o cuánto escuches; lo que importa es cuánta enseñanza realmente vivimos en nuestro corazón. ¡Qué terrible hubiera sido que María hubiera recibido a Jesús y que se hubiera perdido en el cotorreo en lugar de recibirlo a Él! Un problema de nuestra sociedad hoy en día es que no se sabe tener relaciones profundas y duraderas. Los noviazgos y los matrimonios fracasan porque interfiere el egoísmo. Para tener relaciones duraderas se necesita amor.

“El amor es paciente y bondadoso. El amor no es celoso ni fanfarrón ni orgulloso ni ofensivo. No exige que las cosas se hagan a su manera. No se irrita ni lleva un registro de las ofensas recibidas. No se alegra de la injusticia sino que se alegra cuando la verdad triunfa. El amor nunca se da por vencido, jamás pierde la fe, siempre tiene esperanzas y se mantiene firme en toda circunstancia” (1 Corintios 13:4-7).

La realidad es que vivimos en una sociedad en la cual ya no hay amor porque al primer tropiezo todo se deshace. Podemos tener una relación superficial con la gente y también podemos tener una relación superficial con Jesús pero Él no está dispuesto a eso. El Señor dice, “Oh, hijo mío, dame tu corazón” (Proverbios 23:26). Es muy bueno que le des tu tiempo al Señor y que le sirvas; pero Él quiere tu amor, quiere tu corazón, quiere ser tu prioridad. María no se sentó a los pies de Jesús para pedirle un novio. “Señor, super que conoces a Bartolomeo. Háblale de mí”. Tampoco se sentó para aprovechar y pedirle el bono que le debían en la chamba. No, María no vio a Jesús como su Santa Claus. ¡Qué bueno es que podamos llegar al nivel de confiar en Dios lo suficiente como para pedirle! A Dios le agrada que Sus hijos le pidan. A mí me gusta cuando mis hijos me piden cosas, pero yo no quiero que mi relación con ellos sea solamente de pedir. Me cae gordo que después de llegar a casa salga mi hijo y en lugar de darme un abrazo o saludarme me diga, “Papá, ¿me compras unos guantes de portero?”. Yo sé que es solo un niño inocente, pero lo que uno quiere no es solamente ser el proveedor. Dios quiere que podamos expresarle cariño. A veces cuando oramos no tomamos tiempo para expresarle nuestro amor a Dios; no tomamos tiempo para decirle que Él es todo para nosotros. El día que te cases te darás cuenta (sobre todo los hombres) de que tu pareja necesita que le digas que le amas. ¿Cierto, mujeres? Lo cierto es que todos necesitamos expresiones de amor. No es que Dios las necesite; Él no es inseguro. En realidad es que lo necesita eres tú; tú necesitas afirmar tu amor por Él. Expresar significa hablar de lo que hay dentro. María nos dio un ejemplo impresionante porque ella no pidió nada; simplemente se sentó a oír Su palabra. Las palabras expresan lo que hay en el corazón de una persona. La Biblia dice que “lo que uno dice brota de lo que hay en el corazón” (Lucas 6:45). Si tú te sientas con una persona random y te avientas un café, pon atención a lo que dice. Si no sabe nada de astronautas, no hablará de astronautas; hablará de lo que hay en su corazón. Hay gente que está enojada con todo y sus palabras reflejan lo que hay en su corazón. Un hombre “cual es su pensamiento en su corazón, tal es él” (Proverbios 23:7 RVR1960). María se sentó a escuchar el corazón de Jesús. ¿Quién tendrá más de qué hablar, nosotro o Él? ¿Qué palabras serán más importantes, las suyas o las nuestras? Necesitamos tener una actitud de escuchar. Una cosa es oír y otra escuchar. Mi esposa se enoja porque a veces le pido que repita lo que me acaba de decir. Los hombres no somos multitask. A veces podemos escuchar las palabras pero no escuchamos el corazón, el sentir de lo que se dice. “Pero los que desean jactarse que lo hagan solamente en esto: en conocerme verdaderamente y entender que yo soy el Señor” (Jeremías 9:24). ¿Estás escuchando el corazón de Dios para ti? ¿Cuál es Su voluntad en esa relación, en esos problemas, en esa actitud que tienes? ¿Estás escuchando a Dios a ese nivel?
Entonces Marta sale de la cocina. Me la imagino con delantal y tres granos de arroz en el cabello. Andaba en friega porque quería servir a Jesús e incluso le reclama, “¿No te parece injusto que mi hermana esté aquí sentada mientras yo hago todo el trabajo? Dile que venga a ayudarme” (Lucas 10:40 NTV). Marta pensaba que ella estaba bien, pensaba que por estar sirviendo ya estaba en lo correcto y no solamente creía que estaba en el top sino que también creía que era mejor que su hermana. Lo que a Marta le faltaba era amor; recibió al Señor, le sirvió pero no tenía amor. Pablo decía, “Si pudiera hablar todos los idiomas del mundo y de los ángeles pero no amara a los demás, yo solo sería un metal ruidoso” (1 Corintios 13:1). Si te la pasas sirviendo pero no tienes amor eres puro tilín, tilín y nada de paletas. Si por servir pensamos que somos mejores y olvidamos hacerlo por amor a Dios, tendremos amargura en el corazón porque vamos a estar haciéndolo para ser reconocidos. La motivación correcta para servir es que Dios es digno de que le sirvamos. Marta tuvo una actitud que trajo amargura a su corazón. Hay jóvenes que sirven en la iglesia con amargura en su corazón porque no lo hacen con la actitud correcta. Empezamos a compararnos unos con otros y a juzgar a los demás y lo peor del caso es que terminamos con una actitud no de amor sino de queja. En una relación no hay espacio para el reclamo porque el amor no lleva un registro de las ofensas recibidas.
Luego Jesús suelta una palabra impresionante, “Mi apreciada Marta, ¡estás preocupada y tan inquieta con todos los detalles! Hay una sola cosa por la que vale la pena preocuparse. María la ha descubierto, y nadie se la quitará” (Lucas 10:41-42).

Qué bueno servir, qué bueno ser cristiano, qué bueno todo lo que quieras; pero la buena aparte es amar al Señor con todo el corazón. María no tenía nada contra Marta pero Marta sí tenía todo contra ella. Hay jóvenes que traen cosas contra otros porque el amor de Dios no ha sido perfeccionado en ellos. Jesús honró a María y no solamente le reconoció sino que le dijo que nadie le quitaría la cosa que había descubierto porque eso es lo que haremos por la eternidad. El primer mandamiento es amar al Señor con todo el corazón; si hacemos eso, el segundo mandamiento, amar a los demás, vendrá enseguida.

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Viviendo en Cristo
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