Lo que Pasa Cuando Dejamos de Culpar a Otros

Depende de nosotros permitir a Dios trabajar en nuestras vidas.

Cada uno es responsable de su corazón. Yo soy responsable del mío y tú del tuyo pero no vamos a avanzar en nuestra vida cristiana si permitimos que haya justificaciones.

“Los padres comieron uvas agrias, pero la boca de sus hijos se frunce por el sabor” (Ezequiel 18:2 NTV). Este refrán era tomado como una excusa por el pueblo de Israel y hoy quiero hablarte acerca del cuidado que debemos de tener cada uno de nosotros de no estar justificando nuestro corazón por lo que otros hacen. Una de las cosas que caracterizaba al pueblo de Israel era que era bueno para las excusas. Siempre tenían excusas y argumentos para no hacer la voluntad del Señor, excusas y quejas para no obedecer por completo. Siempre hubo murmuración y crítica para justificar el por qué estaban mal y culpando a otros por su situación. Siempre que el pueblo presentaba excusas, Dios tenía que pasarlos por un juicio o alguna situación para sacudir su corazón. En muchas ocasiones se menciona en la Biblia que Israel desvió su corazón y era entonces cuando clamaban al Señor. Siempre había excusas para justificar sus vidas. Este refrán era utilizado para decir que los hijos eran como eran por consequencia o por culpa de alguien más.

Cada uno es responsable de su corazón. Yo soy responsable del mío y tú del tuyo pero no vamos a avanzar en nuestra vida cristiana si permitimos que haya justificaciones. A veces decimos que la razón por la que hacemos esto o sentimos aquello es por culpa de mis padres, de mis amigos o de la iglesia; ellos son los culpables. La realidad es que cada quien es responsable de la manera en que reacciona y cada quién es responsable ante Dios de su corazón. Hoy más que nunca la gente se está escondiendo detrás de las excusas. Mucha gente en muchos casos excusa crímenes y actos alegando que fue por causa de sus padres o de otras personas. En ocasiones he ido a compartir a la cárcel y verdaderamente me entristece ver que “todo mundo es inocente”. De toda la gente con la que he platicado ninguno me ha dicho, “Yo estoy aquí porque merezco estar aquí”. No dudo que haya uno que otro que esté ahí injustamente o personas que realmente están enfermas o que tienen alguna clase de problema que les lleva a hacer cosas que no quieren, pero ellos son la excepción, no la regla. La mayor parte de la gente simplemente no lo reconoce. Si queremos tener el carácter de Jesús, el primer paso es reconocer que uno responsable de su propio corazón.

¡Qué fácil es juzgar y señalar lo que hacen los demás! Pero Jesús dijo “¿Y por qué te preocupas por la astilla en el ojo de tu amigo cuando tú tienes un tronco en el tuyo?” (Lucas 6:41). No digo que otros no estén mal; quizás sí lo estén. Pero si el ver lo que hacen los demás te lleva a no reconocer lo que tú mismo estás haciendo entonces estás retrocediendo. Muchos jóvenes se excusan y se comparan diciendo, “yo soy mejor que aquél o aquella”. No, Dios nos llama a que comparemos nuestro corazón a la luz de Su corazón. Estamos dejando de poner atención a aquello en lo que estamos mal y estamos dejando de avanzar.

¿Alguna vez has tomado decisiones incorrectas? Todos lo hemos hecho. El problema es que decimos que fue por culpa de otra persona. ¿Qué consecuencias estás pagando a causa de una decisión equivocada? ¿Estás culpando a los demás? ¿Estás culpando a las circunstancias? Quizás podríamos reconocer y decir “estoy así por mi culpa”. “Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño” (Salmos 32:2 RVR1960). Aún si alguien te ha ofendido o lastimado, tú eres responsable de ir al Señor y pedirle que te sane de toda herida. Tú eres responsable de seguir así o de ser sanado. Tú sabes si le pones un alto al resentimiento y a la amargura y buscas salir de esa situación porque tú eres responsable de tu corazón. ¿Estás esperando a que otra persona tome la iniciativa? Tú tienes la responsabilidad de detener eso en tu vida y perdonar. El resentimiento es una cárcel que mantiene atrapado al que no perdona. Muchos están frenados y no hacen lo correcto; no viven en pasión y no tienen entrega al Señor porque no han tomado la decisión de decir, “Señor, yo no quiero que nada a mi alrededor me impida acercarme a Ti”. La Biblia dice que hay una lucha en el Reino de los Cielos y que solo “los violentos lo arrebatan” (Mateo 11:12). “La persona que peque es la que morirá. El hijo no será castigado por los pecados del padre ni el padre será castigado por los pecados del hijo. Los justos serán recompensados por su propia conducta recta y las personas perversas serán castigadas por su propia perversidad” (Ezequiel 18:20 NTV).

El libro de Santiago declara que “la tentación viene de nuestros propios deseos, los cuales nos seducen y nos arrastran. De esos deseos nacen los actos pecaminosos, y el pecado, cuando se deja crecer, da a luz la muerte” (1:14-15). Algunos dicen, “si no hubiera tanta pornografía y sensualidad en los mensajes yo no caería”. No, cada quién cae por que lo permite. Podemos culpar a todo mundo, a nuestros amigos, a la iglesia, al ex-novio, a quien sea pero eso no nos va a permitir crecer ni cambiar. Lo que nos permitirá cambiar es una actitud de sinceridad.

»El pueblo ya no citará este proverbio:

“Los padres comieron uvas agrias

pero la boca de sus hijos se frunce por el sabor”.

Cada persona morirá por sus propios pecados, los que coman las uvas agrias serán los que tengan la boca fruncida.

»Se acerca el día —dice el Señor—, en que haré un nuevo pacto con el pueblo de Israel y de Judá. Este pacto no será como el que hice con sus antepasados cuando los tomé de la mano y los saqué de la tierra de Egipto. Ellos rompieron ese pacto, a pesar de que los amé como un hombre ama a su esposa», dice el Señor.

«Pero este es el nuevo pacto que haré con el pueblo de Israel en ese día —dice el Señor—. Pondré mis instrucciones en lo más profundo de ellos y las escribiré en su corazón. Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. (Jeremías 31:29-33)

El Señor nos ha provisto de Su presencia, Su palabra y Su sangre. Él nos ha provisto de todas las cosas para que seamos transformado. Nos ha dado a Su hijo para que seamos transformados. ¿Qué cosa hay en tu vida que no te permite cambiar? ¿Realmente estás decidido a dejar esas cosas, esas actitudes, esos deseos? Seguramente si preguntara a quién le gustaría ser transformado todos estarían de acuerdo; pero en el momento práctico de tomar una decisión en el trabajo o en el hogar es donde se demuestra que verdaderamente queremos un cambio. Algunos hasta le echan la culpa al Diablo. El Diablo no puede actuar más allá de tu voluntad. “Así que humíllense delante de Dios. Resistan al diablo, y él huirá de ustedes” (Santiago 4:7). Si el Diablo roba, mata y destruye es porque le damos espacio para que lo haga. ¡Qué triste es cuando un jóven cristiano está frío, cuando ya no siente pasión ni fuego! Lo que necesita es un corazón nuevo. ¿Quieres algo nuevo de Dios? Házte un corazón nuevo. ¿Quieres ver la gloria de Dios? Hazte un corazón nuevo. “No quiero que mueras, dice el Señor Soberano. ¡Cambia de rumbo y vive!” (Ezequiel 18:32).

Categorías
Viviendo en Cristo
¡Sé el primero en comentar sobre este artículo!

Deja Un Comentario

¡Entérate!

Suscríbete a nuestro correo semanal.

*Que no se te pase.