5 Síntomas de una Persona Perezosa

La Clave del Éxito

LOS FRACASOS NO SE DAN POR CASUALIDAD SINO POR NEGLIGENCIA, POR NO HACER LOS CAMBIOS CUANDO ERAN NECESARIOS.

Desde pequeños estamos avanzando: crecemos, maduramos (algunos), aprendemos. El punto aquí es que rechazamos estancarnos, ¿verdad? Es muy importante tener ese anhelo de crecer; incluso en nuestra vida espiritual es necesario avanzar. Sin embargo, podemos saber que crecer es necesario y aún así quedarnos estancados. Los fracasos no se dan por casualidad sino por negligencia, por no hacer los cambios cuando eran necesarios. Todo ese potencial que Dios te ha dado, si no se alimenta de la manera adecuada, puede quedarse estancado.

Probablemente has escuchado que la clave del éxito es tener una vida disciplinada, y es cierto. Aunque a muchos no nos guste, para vivir la vida al máximo se necesita disciplina. De nada sirven tantos talentos y dones si no se administran de la manera correcta y no se busca mejorarlos. En la vida nos disciplinamos para muchas cosas como el deporte, las dietas (bueno, no todos), los estudios, etc. ¿Por qué somos disciplinados en otras cosas pero no en nuestra vida espiritual?


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La diligencia es atender lo que requiere atención. Hay 3 palabras clave: Persistencia, disciplina y responsabilidad. Se trata de ser personas cuidadosas y planificadoras, porque nunca seremos diligentes hasta que no incorporemos la disciplina a nuestras vidas. Necesitamos desarrollar disciplinas espirituales como la oración, al menos una hora al día; la lectura de la Biblia, y no sólo eso, sino realmente leerla, meditarla y aplicarla a nuestra vida, servir a Dios y ayunar. Todo eso va a requerir nuestro tiempo y sacrificio, pero si ya nos sacrificamos por otras cosas, ¿por qué no hacerlo por nuestra relación con Dios?

El Efecto Dominó

Vamos a ver otro efecto dominó. Lo opuesto de la diligencia es la negligencia. La negligencia va de la mano con la postergación. La postergación es dejar para mañana lo que podríamos hacer hoy, y está íntimamente relacionada con la pereza, son muy amigas. La pereza nos detiene. “Los perezosos se creen más listos que siete consejeros sabios” (Proverbios 26:16 NTV). Una persona perezosa siempre va a tener una excusa para no hacer bien las cosas o para no hacerlas en absoluto. Verá los obstáculos como un impedimento en lugar de verlos como oportunidades para crecer. Un perezoso no avanza.

5 Síntomas de una Persona Perezosa

1. Le gusta el camino fácil.

“Un rato más de sueño, una breve siesta, un pequeño descanso cruzado de brazos. Entonces la pobreza te asaltará como un bandido; la escasez te atacará como un ladrón armado” (Proverbios 6:10-11). Actualmente vivimos rodeados de distracciones (sí, las redes sociales son distracciones). Las personas perezosas tardan mucho en comenzar algo, es decir, le sacan la vuelta. Se dejan absorber por cualquier cosa que se interponga en el camino, incluyendo el sueño. ¿Duermes más de lo que debes?

2. Si es difícil, no se hace.

“Los que por pereza no aran en la temporada correspondiente no tendrán alimento en la cosecha” (Proverbios 20:4). Necesitamos entender que las cosas importantes cuestan, y muchas veces no vamos a querer hacerlas, pero ahí es donde entra la disciplina. No vas a tener tiempo para muchas cosas, ni siquiera para orar. Por eso tienes que robarte ese tiempo. Si es necesario levantarte una hora antes, hazlo. No podemos dejar que la rutina venga a ahogarnos.

3. El tiempo no vale nada.

“Así como la puerta gira sobre sus bisagras, el perezoso da vueltas en la cama” (Proverbios 26:14). Ahora la filosofía es vivir el momento (YOLO) y a eso se le llama egoísmo. Creemos que no es necesario pensar ni planear el futuro, sin embargo, es importante hacerlo. Planear y trabajar para nuestras futuras generaciones es algo correcto, siempre y cuando eso no nos aleje del presente y nos permita disfrutar y gozarnos del lugar en el que estamos. El tiempo es algo importante y hacer un buen uso de él es vital si queremos ser disciplinados y exitosos.

4. Deja las cosas incompletas.

Todo trabajo o responsabilidad, en lugar de verlo como una oportunidad de crecer, es una carga y un problema y por lo tanto lo abandona. Deja todo a medias porque se guía más por emociones que por convicción. La madurez se mide en la manera en que cumplimos nuestra responsabilidad.

5. Tiene miedo.

“El perezoso afirma: «¡Hay un león allí afuera! ¡Si salgo, me puede matar!»” (Proverbios 22:13). El temor es una excusa más. El perezoso tiene miedo de actuar, tiene miedo del cambio, y ese temor lo paraliza. Prefiere permanecer en su zona de confort y no arriesgarse. ¿Te atreves a salir?

¿Cómo lograr la disciplina?

1. Dale el valor que merece.

“¿Acaso olvidaron las palabras de aliento con que Dios les habló a ustedes como a hijos? Él dijo: «Hijo mío, no tomes a la ligera la disciplina del Señor y no te des por vencido cuando te corrige” (Hebreos 12:5). Muchas veces menospreciamos la disciplina, y no es motivo de alegría ni de ánimo, sino de tristeza y estrés. Sin embargo, una vez que nos atrevemos a practicarla se va haciendo una costumbre, un hábito, y después de eso, comenzamos realmente a disfrutarlo. Sí, la disciplina nos puede llegar a gustar.

Si queremos hacer un cambio permanente en nuestra vida, necesitamos disciplina. Muchas veces esperando que la gente haga algo mientras nosotros estamos pasivos, y no logramos nada. Dios nos ha dado talentos, dones, visiones, planes, y todo eso requiere de esfuerzo. Constantemente estamos necesitando disciplina, sobre nuestro cuerpo, nuestra alma, nuestro corazón. Requiere de mucha disciplina educar a nuestra mente a no tener pensamientos equivocados, alejarnos de malos deseos o malos hábitos en nuestra vida. Todo eso se puede lograr. “Pues Dios no nos ha dado un espíritu de temor y timidez sino de poder, amor y autodisciplina” (2 Timoteo 1:7).

2. No te rindas

“Así que no nos cansemos de hacer el bien. A su debido tiempo, cosecharemos numerosas bendiciones si no nos damos por vencidos” (Gálatas 6:9). Lo bonito de la disciplina es que produce frutos, y cuando vemos esos resultados queremos más. Pero debemos recordar que las cosas que valen la pena requieren esfuerzo y paciencia; no queramos ver resultados mañana mismo, se trata de trabajar y llegar hasta la meta. Una vida ordenada requiere de un proceso. No dejemos las cosas a medias, vamos a dar ese estirón para alcanzar lo que Dios tiene y quiere para nosotros.

3. Si caes, ¡levántate!

“Apagaron llamas de fuego y escaparon de morir a filo de espada. Su debilidad se convirtió en fortaleza. Llegaron a ser poderosos en batalla e hicieron huir a ejércitos enteros” (Hebreos 11:34). Todas las batallas que nos cuenta la Biblia estuvieron llenas de dificultades y obstáculos, pero para quienes aman a Dios todo obra para bien, y todas esas dificultades o fracasos aparentes tenían un propósito, es decir, Dios intervino.

Debemos ser conscientes de algo: por disciplina no vamos a lograrlo todo, es necesaria la obediencia y la fe en Dios, pero sobre todo permitir que obre el Espíritu. De otra manera, todo lo que hacemos es en vano. La Biblia es un acuerdo de voluntades en el cual Dios obra en aquellos corazones que anhelan un cambio. La disciplina es una manera de mostrarle a Dios que realmente queremos y estamos dispuestos.

Al Final del Arcoiris

Podemos ver una recompensa de parte de Dios por el esfuerzo y la diligencia.

  • Somos enriquecidos. (Proverbios 10:4)
  • Somos conscientes del valor de la diligencia. (Proverbios 12:27)
  • Somos prósperos. (Proverbios 13:4)

Tanto el perezoso como el diligente tienen recompensas por sus actitudes y acciones. ¿Cuál vas a elegir tú?

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Crecimiento Espiritual
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