Tarde Asada

Tarde Asada

La Crónica
Jóvenes de Brisas frente a la presa La Boca

Jóvenes de Brisas frente a la presa La Boca

Salimos raudos y veloces desde la Sultana del Norte. Algunos alrededor del mediodía, otros después de las dos de la tarde y unos cuantos a la hora que pudieron. Cálida y acogedora fue la tarde que pasamos los Jóvenes de Brisas el pasado domingo, 12 de junio, en Santiago, Nuevo León.

Sin importar dónde hayamos nacido, los Jóvenes de Brisas somos indudablemente regios. No, no porque seamos codos a la hora de ofrendar; sino porque para nosotros, la carne asada, distintivo ritual del norte de México, se traduce como la ocasión perfecta para reunirnos y pasar tiempo juntos como hermanos y hermanas en Cristo. Es el amor que tenemos los unos por los otros lo que nos evidencia como discípulos de Jesús, y son pocas las cosas que dicen: “Te amo” de manera tan clara y contundente como unas agujas bien cocidas. ¿Cierto?

Un centenar de jóvenes, media docena de parrillas y treinta y dos grados centígrados calentaron la superficie de Dieck Marine, club deportivo naval ubicado a las orillas de la presa La Boca. Al igual que el ánimo, el carbón se encendió cerca de la una de tarde, mientras pláticas y risas nacían bajo las palapas ubicadas en este centro recreativo. El evento titulado “Tarde Asada” reunió viejos amigos y rostros nuevos por igual.

La música era alegre y la brisa soplaba suavemente. El aire corría cargado de entusiasmo y el sonido de una guitarra que acompañaba las alabanzas. Las lágrimas se les escaparon a algunos, probablemente de la felicidad o quizás por estar cortando cebolla. Los más valientes se adentraron algunos pasos sobre el muelle para obtener una vista más cercana del agua y tal vez algunas imágenes interesantes para compartir en Facebook. Como fondo se extendían imponentes las aguas de la presa y el aroma de lo que se cocía sobre los asadores se inmiscuía en cada rincón. Era imposible pedir más.

Lejos de lo ordinario, esta reunión guardaba un objetivo específico que la distinguía de cualquier otra tarde dominical. Si bien, disfrutar de unas quesadillas con guacamole podría ser un propósito suficiente para algunos, la visión aquí era mucho más profunda: La unidad.

 

Jóvenes de Brisas en Dieck Marine

Jóvenes de Brisas en Dieck Marine

“Te pido que todos sean uno, así como tú y yo somos uno, es decir, como tú estás en mí, Padre, y yo estoy en ti. Y que ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste”. Juan 17:21 NTV

Quizás te preguntes qué diferencia podría haber entre esta y cualquier otra carne asada a la que pudieras ser invitado. La respuesta es sencilla pero poderosa. Lo que aquí se cocinaba era mucho más que costillas. Reuniones como esta son como pequeños bloques con los que se construyen nuevas amistades y se estrechan lazos sobre un fundamento único: Cristo. ¡No hay otro fundamento como este! Jamás podría el mundo ofrecernos algo parecido, porque “la roca de ellos no es como nuestra Roca” (Deuteronomio 32:31 RVR1960). El permanecer unidos a través de Jesús nos convierte en un testimonio de un Padre de amor que envió a Su Hijo en rescate de la humanidad. Esto es a lo que hemos sido llamados a anunciar.

Jóvenes de Brisas Disfrutan una Tarde Soleada

Jóvenes de Brisas Disfrutan una Tarde Soleada

 

La misión era clara: ser uno solo. Las diferencias que podían señalarse entre los asistentes eran muchas. Jóvenes con todo tipo de profesiones, habilidades, gustos e intereses convivían como un solo grupo. Aún sobre los platos se veían contrastes. Algunos preferían pollo, otros carne y no faltó el vegetariano que no comió ninguna de las dos. A final de cuentas, estábamos ahí por algo más que la comida. Nuestro líder, el Pastor Raúl Nelli, se paseaba entre las mesas saludando a todos con su característica sonrisa. Nos relajamos en un ambiente auténticamente cristiano, un ambiente en el que todos son bienvenidos.

Pasadas las horas, llegó el momento de retirarnos de Dieck Marine. Todo empacado, fueron retirándose poco a poco los asistentes al mismo tiempo que la luz del día disminuía. La única evidencia que quedó a la vista de tan agradable tarde fueron muchas fotografías y algunas sobras de comida que seguramente alguien recalentó al día siguiente. Sin embargo, la semilla de amistad que ahí se sembró, a la cual Dios mismo da crecimiento, dará fruto que permanecerá mucho después que cualquier recuerdo.

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