Nuevas Fuerzas

¿Te quedaste sin fuerzas? Aquí podrás encontrarlas

Tu vida cambia cuando escuchas la voz de Dios

Dios me habló directamente: “¿Hasta cuándo vas a estar tratando de vencer las cosas tú? No tienes esa habilidad. No tienes fuerzas”.

Soy el menor de seis hijos. Mis padres son muy inteligentes, mi papá tiene un doctorado en físico matemático y era ateo, pero esa pasión que tenía por la física y las matemáticas, la cambió por Cristo. Para cuando yo nací, mis padres ya tenían un año siendo cristianos. A mis hermanos mayores todavía les tocó vivir en una casa no cristiana, yo soy el único de mi familia que nació en un hogar cristiano. Siempre tuve un gran ejemplo en casa.

Justo antes de entrar a la preparatoria pensé: “Dentro de unos meses voy a poder hacer lo que quiera, pero antes de eso voy a buscar a Dios. Si es verdad todo lo que me han contado de Dios, entonces dedicaré mi vida a Él”. Quería saber si valía la pena renunciar a todo lo que el mundo podía ofrecerme.


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Dar casi todo no es suficiente

No hay manera de encontrarte con Dios y que te salve sin un cambio en tu vida. Si cuando te encontraste con Dios tu vida no cambió entonces no lo has conocido. Para que nosotros podamos ver la mano de Dios obrando en nuestras vidas debemos tener una relación genuina con Él. Sin embargo, esto no se logra por sí solo, no basta con leer la Biblia y escuchar Su palabra, es necesario experimentar un encuentro con Él.

Hoy en día hay mucha gente que viene a la iglesia y quiere darle casi todo a Dios. El problema es que Dios no acepta casi todo. Dios te va a pedir todo. Mucha gente cree en su mente que tuvo un encuentro con Dios porque en oración dijeron: “Ahora sí, ya voy a esforzarme por cambiar”. Probablemente esa persona se está esforzando, pero no le entregó su corazón a Él. Pasa el tiempo y quiere seguir esforzándose para mejorar pero no puede y se va. Más que esforzarte, es necesario entregar tu vida a Cristo. Puede que lleguemos a caer en el temor y que eso nos detenga de rendirnos sin reservas a Él, pero considero que no puede haber nada mejor que dedicarle nuestras vidas a Dios. Sus planes son tan grandes que es necesario que entreguemos todo de nosotros.

Cuando entré a la prepa yo no entregué mi vida a Dios, pero estaba convencido de hacer lo correcto. Todos estaban en fiestas y en lugares que aparentemente eran divertidos. Pero yo sabía que no quería meterme ahí. No quería hacerme el valiente y caer en algo incorrecto. Pasó el tiempo, terminé la preparatoria y aún no sabía qué quería estudiar. Nunca fui el mejor en la escuela. Mis hermanos, en cambio, eran muy buenos, todos se graduaron con mención honorífica, mientras que yo me gradué con mucho esfuerzo y un promedio más bajo.


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Sin rumbo

No me gustaba la escuela, era muy difícil para mí y no me esforzaba tanto, entonces pensé que quería dedicar toda mi vida a Dios. Un día, después de mucha insistencia, mi papá me dijo que si quería entrar a Cristo Para las Naciones (CFN) lo hiciera; eso era mejor que estar perdiendo el tiempo sin aprovechar la escuela . Tal vez no es tu caso, no pretendo decir que así es siempre, pero en mi experiencia, cuando fui a CFN me sentí como un pez fuera del agua. Yo pensé que llegaría y sentiría que encajaría al instante, pero no fue así. Me fui de CFN y ese mismo día regresé a la universidad a presentar un examen que tenía pendiente.

Después de ese momento mi vida ya tenía un sentido, al menos sabía lo que tenía que hacer. Comencé a mejorar en la escuela. Hice todo lo posible para graduarme a tiempo. Imagínate lo mal que iba en mis estudios que, aún haciendo todo mi esfuerzo, terminé de todos modos con un promedio bajo. Un día un amigo de la universidad se acercó y me dijo: “Oye, ya le estás echando ganas a la escuela, ¿verdad? Porque ahora sí traes mochila”.

En ese tiempo de estudiante empecé a servir a Dios. Era maestro de adolescentes, líder de célula, etc. Me di cuenta que si eres puntual y tienes una buena actitud, es cuestión de tiempo para que seas líder. Eso hice y me pusieron a cargo de varias actividades. Era una persona de mucha confianza dentro de la iglesia.

Estaba esforzándome pero sentía que iba en un carro, avanzando, pero no tenía un rumbo.

Un día me di cuenta que no tenía idea hacia dónde iba. Aunque me esforzaba sentía que iba en un carro, avanzando, pero no tenía un rumbo. Hice algo incorrecto: dejé todas las responsabilidades que tenía en la iglesia (menos la célula). Seguí yendo a la iglesia, solo no quería tener responsabilidades si no sabía a dónde iba.

¿Qué es esa voz?

Era insatisfactorio tratar de adivinar qué paso dar o qué quería Dios de mí. Necesitaba urgentemente escuchar Su voz.

Mis papás me enviaron con una psicóloga cristiana. Le dije que siempre había conocido a Dios de la boca de otras personas, pero yo no quería vivir de lo que otras personas me decían. Quería que Dios me hablara a mí. Es lo que necesitaba. Después de todo, Dios sería el que estaría conmigo el resto de mi vida cuando nadie más estuviera ahí. Toda mi vida había estado buscando tener esa comunión con Dios y escuchar Su voz. Siempre supe que seguir a Dios era lo mejor, porque de otra manera desperdiciaba mi vida. Pero era insatisfactorio tratar de adivinar qué paso dar o qué quería Dios de mi. Necesitaba urgentemente escuchar Su voz.

La primera vez que escuché la voz de Dios fue en una historia romántica. A mi ahora esposa le pregunté dos veces si quería ser mi novia y las dos veces me dijo que no, pero fui paciente. Un buen día tenía pensado llegar a su casa y volver a preguntarle. Me acuerdo que sentí algo muy fuerte dentro de mí que decía: “pídele que sea tu novia”. Yo no quería hacer mal las cosas así que pensé: “aguántate, mejor no le digas ahorita”. Pero ese pensamiento que me decía “dile que sea tu novia” era muy insistente, y eso no era muy común para mí. Decidí hacer caso, le pedí que fuera mi novia, y me dijo que sí. ¡Estaba muy contento! Lo mejor fue que ella después me dijo que había pedido a Dios que, si era Su voluntad, esa noche yo le pidiera ser mi novia.


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Aún cuando Dios me ayudaba en mi deseo de buscarlo, yo no lograba encontrarme con Él. ¿Cómo en Su Palabra dice que quiere encontrarse conmigo pero no lo encuentro? ¿Por qué no, si yo tengo ese deseo de encontrarlo? Ya casados nos fuimos a vivir a Estados Unidos y, hasta ahora, me ha ido bien en el trabajo. Por pura misericordia de Dios estoy donde estoy. Él me ha dado gracia. Mi jefe piensa que sé hacer todo pero la realidad es que he aprendido a aparentar que sé todo. Lo que pasa es que investigo y lo resuelvo.

Se te acaban las fuerzas

Yo pasé por muchos problemas y tentaciones en mi vida. Es muy difícil ser cristiano con esas luchas porque te sientes mal. Dios te está bendiciendo, estás sirviendo en la iglesia, pero ahí está esa voz que te dice: “Mira lo que estás haciendo cuando nadie te ve”. Luchas con eso, y tal vez lo dejas por un tiempo pero luego caes otra vez. Estaba desesperado, yo no quería tener este problema. Lo que fuera necesario para quitarme esto de mi vida, eso iba a hacer. Así era mi oración a Dios. Efectivamente intenté hacer de todo, un día hasta tiré el módem de mi computadora desde un edificio; claro que después volví a comprar otro.

Yo creía saber la solución a mi problema, nunca pensé que me faltaran fuerzas.

Intentaba en mis fuerzas hacerlo, pero esto no cambió nada en mi vida. Llegó un momento en que Dios me hizo entender que todo este tiempo había luchado en mis fuerzas. Soy una persona muy lógica; cuando hay un problema busco una solución. Yo creía saber la solución a mi problema, nunca pensé que me faltaran fuerzas. Pensé que únicamente leyendo la Biblia todos los días acabaría con mi problema, pero no fue así. Trataba de solucionar todo en mi vida con mis propias fuerzas, y fue hasta que Dios me habló directamente: “¿Hasta cuándo vas a estar tratando de vencer las cosas tú? No tienes esa habilidad. No tienes fuerzas”.

Cuando Dios te libera debes permanecer en Jesús para ser realmente libre. Me di cuenta que lo único que debía hacer era poner las cosas en las manos de Dios. Un día a la vez.

Es posible

Es importante saber escuchar la voz de Dios para que nosotros podamos encontrar salida en cada situación que enfrentemos a lo largo de nuestra vida. El Señor ha estado conmigo siempre y me ha guiado en cada área de mi vida. Cuando me decidí a buscarlo, yo tenía el anhelo de encontrarlo pero no lograba hacerlo, así pasaron muchos años y Él me fue guiando hacia Su encuentro. Un buen día pasó algo que no había sucedido antes. Por pura misericordia comencé a escuchar la voz de Dios. No una voz audible, más bien como un pensamiento en mi cabeza. Me tardé pero logré distinguir que eso era la voz de Dios en mi vida.

Conforme más buscaba a Dios, más me convencía de dejar de hacer todo con mis fuerzas y de confiar en que Él puede tomar el control completo de mi vida. Que realmente puedo dejar todo en Sus manos, y que lo único que necesitaba eras más de Él, sin importar a dónde me pudiera llevar. Le he dicho a Dios que no quiero que esto se acabe, quiero seguir escuchando Su voz, quiero más de Él.

No se trata de arreglar tu vida para encontrarte con Dios; es encontrarte con Dios para que Él arregle tu vida.

El mundo puede enseñarnos que podemos ganar muchas cosas por nuestras propias fuerzas, pero en la vida en Cristo las cosas no son así. En Dios gana el que le rinde todo a Él. Cuando reconocemos esto entonces podremos tener un encuentro con nuestro Creador y Él pondrá orden a nuestra vida. No se trata de arreglar tu vida para encontrarte con Dios; es encontrarte con Dios para que Él arregle tu vida. Repito: No es en tus fuerzas.

Un cambio verdadero

Si no ves un cambio en tu vida pregúntate: ¿Realmente le estoy entregando todo a Dios? No podremos ver un cambio en nuestra vida si no tomamos la decisión de entregarnos por completo a Él. Si no estamos dispuestos a entregarle todo entonces nunca podremos tener un verdadero encuentro con Dios. Yo hice todos los pasos que tenía que hacer, en mis fuerzas. Evita pasar por eso. El poder escuchar Su voz cambia todo.

Dios tiene una vida abundante para ti, sólo hace falta buscarlo con todo nuestro corazón, nuestra alma y nuestras fuerzas. Cuando decidas entregar todo, ahí será cuando Dios obre en tu vida. No retrases más lo que el Señor tiene para ti.

“Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Fil. 1:6 Reina Valera Revisada 1960).

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