riquezas

¿Qué tipo de riquezas estás buscando?

Necesitas una perspectiva eterna.

Había en un hospital dos hombres en estado crítico, a punto de morir. Uno era muy adinerado, el otro era un hombre de fe que era muy pobre. Un día fueron visitados por un voluntario, a quien el hombre rico le confesó que se sentía triste. Cuando le preguntaron por qué, contestó que al morir sus riquezas se quedarían en la tierra, mientras que su compañero iría a un lugar donde sus riquezas le esperan. El hombre que aparentemente tenía todo, al final de su vida se dio cuenta de que en realidad no tenía nada.


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“No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Mt. 6:19-21 Reina Valera Revisada 1960).

Los hijos de Dios hemos sido llamados a vivir en el mundo no amando algo más de lo que amamos a nuestro Padre Celestial. ¿Te has dado cuenta de que estamos sólo de paso en la tierra? Nuestra vida es como un día, comparada con la eternidad.

Es interesante lo que nos enseña Jesús al respecto en Lc. 12:13-21. En esta parábola, la conclusión del hombre es: “En este punto de mi vida tengo todo. Voy a construir más para poder almacenar más, y entonces voy a disfrutar de lo que tengo”. Muchos de nosotros pensamos similar: “Me esfuerzo en el trabajo, me preparo para el retiro, construyo un patrimonio y entonces disfrutaré de la vida”. Sin embargo Jesús nos pregunta: “¿De qué sirve?” A veces los jóvenes cometemos el error de sentirnos muy jóvenes, pensar que tenemos muchos años por delante. ¿Qué pasaría si el Señor te llamara hoy a Su presencia?

Aquel día lo terrenal no va a tener importancia alguna.

Tenemos que vivir cada día como si fuera el último, pero para el Señor. Recordemos que cuando estemos delante de Él, le daremos cuentas de todo. Dios no te va a preguntar cuántos títulos recibiste, cuántas propiedades adquiriste, cuánto poder acumulaste, o cuántos seguidores tuviste en tus redes sociales. Aquel día lo terrenal no va a tener importancia alguna. Lo que sí nos demandará es qué hicimos con el tiempo y los dones que nos dio, y si fuimos bendición para las personas que nos rodearon.

En Ec. 2:1-11 tenemos el ejemplo del rey Salomón. Éste fue un hombre que tuvo todo cuanto sus ojos desearon, mas no halló contentamiento en nada. El mundo nos ofrece cosas que llaman la atención pero que al obtenerlas no tienen provecho. Esto no significa que no hay que trabajar, esforzarnos o procurar una buena vida, sino que a nada de este mundo le demos más importancia que a la voluntad de Dios.

“La finalidad de nuestra vida es darle gloria a Dios”

Salomón concluye unos versículos después: El fin de todo el discurso oído es éste: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre” (Ec. 2:13). La finalidad de nuestra vida es darle gloria a Dios. La vida se nos pasa rápido. Muy seguido nos damos cuenta que queremos hacer una cosa o pensamos “a ver si me doy tiempo para tal o cual cosa”. Esto se convierte en un problema especialmente cuando estamos tan enfocados en nosotros mismos que desviamos nuestra atención de las cosas de Dios.

Jesús nos advierte sobre esto en la parábola del sembrador (Mt. 13:1-9). Los afanes de la vida son esas espinas que ahogan la buena semilla de la Palabra de Dios. Estar concentrados en lo que deseamos, en satisfacernos a nosotros mismos, nos consume y no podemos dar el fruto que Dios espera de nosotros. 

La verdad, no importa cuánto hagamos o tengamos, nada tiene valor delante de Dios. La vida no se define por lo que tengas, aunque tengas mucho, o por lo que hagas, aunque hagas mucho.

¿Cuántos de tus esfuerzos se van tratando de lograr algo que no tiene un propósito perdurable? Busca mejor invertir tu vida en hacer cosas que trasciendan y haz tu tesoro en el cielo.


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Te presentamos a continuación 5 puntos que te ayudarán a mantener tu mirada en lo eterno.

1. Renueva tu mente.

“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Rom. 12:2).

Permite que la Palabra de Dios renueve tu entendimiento. Esto es para que no caigas en la trampa de repetir los mismos comportamientos de siempre. Cuando vivimos nuestra vida pensando solo en las actividades que tenemos para ese día, es muy difícil tener una perspectiva de eternidad. En vez de eso pregúntate cuál es el propósito eterno de las cosas que haces.

Los que conocemos a Jesús no podemos “andar en la vanidad de la mente”, según Efesios 4:17-18. Esto porque el Espíritu de Dios ahora habita en nosotros. Él ha echado luz a nuestra mente, guiándonos en cuanto a qué pensar. Si nuestros pensamientos se llenan de la Palabra, será esta quien gobierne nuestra vida.

El trabajo de renovar nuestra mente es constante. Podríamos tener muchos años en Cristo, pero si no hacemos esto, seguiremos viviendo de la manera en que lo hacíamos cuando recién lo conocimos.

El joven rico es un ejemplo de lo anterior (Mc. 10:17-22). A pesar de ser un hombre que conocía bien las escrituras, al momento en que Jesús le expuso Su voluntad, le dio más valor a sus posesiones. A veces Dios nos revela Su voluntad pero le damos más peso a nuestros deseos, planes, carne y dejamos lo que Él quiere de lado porque no tenemos una perspectiva divina de las cosas. Es por medio de la renovación de nuestra mente que alcanzaremos a entender que no hay nada mejor que Su voluntad. Lo que Dios nos pide es que lo amemos más a Él que a todo lo que tenemos o queremos en el mundo.


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2. Despójate de la naturaleza carnal.

“En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos” (Ef. 4:22).

El punto anterior está ligado a este. Al moldear tu mente conforme a los pensamientos de Dios, tus hechos también cambian. Si Cristo vive en ti, el viejo tú mengua, y entonces Dios puede hacer Su voluntad en ti. Nuestros deseos carnales no pueden estar por encima de la voluntad de Dios.

La buena noticia es que Dios te permite tener una vida de gozo, feliz y placentera dentro de Su voluntad. No te preocupes por cómo vas a vivir 90 años en la tierra, mejor asegúrate de pasar la eternidad en la presencia de Dios.

3. Involucra a Dios en todo.

Mientras estemos en la tierra siempre habrá cosas que hacer. Buscar las cosas de Dios y enfocarse en hacer Su voluntad no significa que dejaremos nuestro trabajo para dedicarnos a leer la Biblia todo el día. Lo que quiero decir es que Cristo sea el centro de cada actividad que desempeñes. Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís” (Col. 3:23-24). 

Si piensas cambiar de trabajo, comenzar una relación de noviazgo, casarte, invertir tu dinero, emprender un negocio; busca que sea para glorificar a Dios.

A veces lo último en que pensamos es que Cristo viene pronto. Estamos más preocupados alistándonos para salir por la mañana a realizar nuestras actividades que para la llegada del Señor.

Busca que tu vida cause un impacto y bendiga a las personas que te rodean. No te conformes con que el objetivo de tu vida sea satisfacer tus antojos, o sólo vivir.


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4. Cumple con la gran comisión.

“Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mt. 28:18-19).

La más grande tarea que tenemos en la tierra es extender el reino de Dios. Las personas que Dios usa para darse a conocer somos nosotros mismos, somos sus embajadores. En donde estemos podemos predicar a Jesús. Hay muchas personas perdiéndose entre tantas falsas doctrinas el día de hoy. Nosotros conocemos que Jesús es el camino, la verdad y la vida y es un mandamiento de Dios el salir a compartirlo.

5. Sirve en la iglesia y vive un verdadero cristianismo.

En Mt. 25:31-40 Jesús habla del servicio. Hay mucha necesidad en el mundo, eso significa que tendreemos muchas oportunidades para servir. Dios demanda lo mejor de nosotros, siembra tus dones para Su reino.  

Prepararse para la venida de Cristo no significa actuar cautelosamente haciendo lo menos posible, sino realizar la clase de servicio que produce resultados. Dios va a recompensar la labor que hemos hecho para extender su reino.

¿Cuáles son los deberes de los cristianos?

De la carta a los romanos podemos resaltar algunas cosas: presentarnos como sacrificio santo y agradable, no tener más alto concepto de nosotros mismos, amar sin fingimiento, aborrecer lo malo y seguir lo bueno, amarnos unos a los otros, no ser perezosos, servir fervientes en espíritu, ser constantes en oración, bendecir a los que nos persiguen, no ser altivos, no ser sabios en nuestra propia opinión, no pagar mal por mal, procurar lo bueno delante de todos los hombres, no vengarnos y someternos a nuestras autoridades.

Yo creo que no hay nadie en el mundo que pueda decir que cumple con todo lo anterior. Esto no es para desanimarnos, sino para que conozcamos nuestra condición. Nosotros necesitamos a Dios, dependemos de Él, de Su Palabra, de la obra de Su Espíritu para poder vivir agradándole.

¿Cómo lograremos desear cada día satisfacer Sus deseos y no los nuestros? Pon tu mirada en lo eterno. 

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Viviendo en Cristo
Hay un Comentario sobre este artículo
  • Josmary
    19 septiembre 2017 at 12:59 pm

    Me encanta esta enseñanza realmente causa impacto en mi vida que el señor le continúe bendiciendo y derramando sabiduría sobre su vida

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