Viviendo Totalmente a Ciegas

Dios nos llama a tener una fe auténtica y completa.

Uno de los errores que la gente comete es que pone su fe en cosas o en personas.

Si te pregunto qué es la fe probablemente venga a tu mente el versículo que dice “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1 RVR1960). La palabra de Dios dice que “el justo por su fe vivirá” (Habacuc 2:4). “Sin fe es imposible agradar a Dios” (Hebreos 11:6). Para que la vida de Dios y el propósito de Dios se manifiesten en nosotros es necesario tener fe. Es por medio de la fe que tenemos salvación y es por la fe que tenemos paz. La fe, en simples palabras, es confiar en Dios. No solamente decirlo sino llevarlo a la práctica.

Muchas veces pasamos por situaciones difíciles en nuestras vidas; que si la tortilla de maíz o de harina. Situaciones difíciles. “¿Le contesto o no al chavo que me mandó el mensaje?” Decisiones dificiles. “¿Con quién me voy a casar?” Metí a mis hijos a una clase de natación. Llegamos temprano y estaba ahí la maestra y comencé a platicar con ella. Me comentó que no estaba casada. Yo le dije jugando que hoy en día los hombres ya no quieren comprometerse. Pero ella decía que casarse no estaba entre sus prioridades. “Lo importante es ser feliz.” Yo le dije que no. La mayor felicidad es hacer feliz a alguien más. Hay decisiones verdaderamente importantes en las que necesitamos fe para llevarlas a cabo. Son momentos claves en los que tu decisión puede afectar el resto de tu vida. Dios quiere intervenir en todos los aspectos de nuestra vida y Él quiere que tengamos una fe práctica. A veces vienen decisiones y no sabemos si lo que estamos haciendo está bien o no. ¿Será de Dios? Si te va bien en el trabajo y todo está color de rosa dices, “Esto es de Dios.” Pero cuando empiezas a tener problemas en las juntas y el jefe te regaña dices, “El Diablo me está atacando.” Nuestra fe debe ser una fe que está firme a través de las pruebas y los momentos difíciles. En ocasiones nuestra fe quiere menguar, quiere tambalearse. Yo quiero ver el poder de Dios en mi vida, quiero ver que obre en mi familia, en mi casa y en las situaciones de mi vida. ¿Quieres ver milagros de Dios en tu vida? ¡Qué padre es ver que Dios intervenga! Da mucha alegría. Pero para que Dios pueda hacerlo, Él obra a través de nuestra fe. Jesús dijo, “Ustedes pueden orar por cualquier cosa y si creen que la han recibido, será suya” (Marcos 11:24 NTV). Vamos a ver algunos aspectos de una fe práctica.

  1. Conocer el objeto de nuestra fe.

¿En qué vamos a tener fe? Uno de los errores que la gente comete es que pone su fe en cosas o en personas. Le tienen fe a su jefe, a sus amigos o a tal medicina o tratamiento. La gente expresa fe en cosas o en personas y eso sabemos (si somos cristianos) que es incorrecto. Podemos decir que confiamos en alguien pero una cosa es tener un buen concepto de una persona y otra es tener nuestra esperanza en él o ella. Cometemos el error de poner nuestra fe en nuestra fe. Creemos que por nuestra fe hacemos las cosas o que si tenemos más fe logramos más. El objeto de nuestra fe debe ser Dios. ¿En donde debe estar depositada nuestra confianza? Dios debe ser el objeto de nuestra fe. ¿Qué significa poner nuestra fe en Dios? ¿Qué es capáz de hacer Dios? ¿Cuánto poder tiene? Si nosotros ponemos nuestra fe en Dios entonces nuestra fe crecerá. Cuando David se enfrentó a Goliat llegó con piedras y una honda pero él anunció que venía contra el gigante “en el nombre del Señor de los Ejércitos Celestiales” (1 Samuel 17:45). El tamaño de nuestra fe no depende de qué tanto repitamos lo que creemos. Nuestra fe está en Dios y nuestra fe será del tamaño que sea Dios para nosotros. ¿Cómo consideras a Dios? ¿Realmente crees que es un Dios poderoso, proveedor, salvador y de milagros? La fe no tienen valor en sí misma. La fe no tienen poder. Lo que tienen poder es el objeto de nuestra fe. Nuestra fe es poder en Dios porque Él es poderoso. La Biblia no dice que tengamos fe en nuestra fe; la Biblia dice que tengamos fe en el Señor. Cuando venimos al Señor, todos llegamos con una fe chiquita pero nuestra fe debe crecer. ¿Quieres saber de qué tamaño es tu fe? Tu fe del tamaño de la revelación que tengas de Dios. Si te parece que Dios pueda hacer algo grande en tu casa o en tu familia entonces tu fe depende de esa relación. Si tu tienes una convicción del poder y la grandeza de Dios entonces tu fe va a crecer conforme a ello. Nuestra fe crecerá conforme conozcamos a Dios. Jesús dijo, “Si tuvieran fe, aunque fuera tan pequeña como una semilla de mostaza, podrían decirle a esta montaña: Muévete de aquí hasta allá, y la montaña se movería. Nada sería imposible” (Mateo 17:20). ¿Será que la voluntad de Dios es que nos la pasemos moviendo montañas? ¿Acaso nos llamó Dios a un ministerio de mover montañas? No, Jesús se refiere a cosas en tu vida que parecen imposibles de mover. ¿Has visto cosas que son difíciles de cambiar en tu vida? ¿Luchas contra pecados, ataduras, malos hábitos, problemas de carácter? Algunos tienen cordilleras completas. Las montañas son cosas difíciles de rodear, difíciles de pasar, difíciles de dejar atrás. ¿Tienes montañas de situaciones en tu familia que no han cambiado? Cuando Jesús fue visto por Sus discípulos caminando sobre el mar Pedro le exclamó, “Señor, si realmente eres tú, ordéname que vaya hacia ti caminando sobre el agua” (Mateo 14:28). Al responderle Jesús que viniera, Pedro se bajó por el costado de la barca y caminó hacia Él. Sin embargo, cuando vio el fuerte viento y las olas, tuvo miedo y comenzó a hundirse. Hay cosas en nuestra vida que requieren que caminemos sobre el agua pero no podemos sobrepasarlas porque tenemos una fe chiquita. ¿Quién quiere tener una fe chiquita? El objeto de nuestra fe es Dios. Si el cristiano vive por su fey la fe crece por conocer a Dios entonces nos urge conocer más a Dios. Existen muchas facetas de la vida en las que conoceremos a Jesús de manera distinta. No puedes pretender que ya lo conoces completamente porque en cada etapa de tu vida verás algo nuevo acerca de Él. Los grandes hombres de la Biblia conocían a Dios de distintas maneras y le daban distintos nombres de acuerdo a la situación: Jehová Rafá, Jehová Nissi, Jehová Jireh. Le daban distintos nombres de acuerdo a lo que conocían. Pero no podemos depender de la fe de otros; cada quién tiene que conocer a Dios en su propia experiencia. Entonces debemos de conocer el objeto de nuestra fe. Debe de haber en nosotros un deseo de conocerle. Pablo dijo, “Todo lo demás no vale nada cuando se le compara con el infinito valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por amor a él, he desechado todo lo demás y lo considero basura a fin de ganar a Cristo” (Filipenses 3:8). Él quería ser excelente en conocer a Dios. Si te vas a enorgullecer de algo hazlo por conocer a Dios. Quizás a veces andamos con falta de ánimo o frustraciones. El problema no es Dios; el problema es que no hemos creído en lo que Dios es capaz de hacer en nuestras vidas.

  1. Conocer el propósito de nuestra fe.

Nuestra fe debe tener un propósito definido. Muchos no saben orar porque no se han puesto a definir cuál es la razón de su fe. Es importante no solamente orar a Dios, creer en Él y conocerlo sino también aplicar nuestra fe. Ponte a pensar en qué cosas necesitas aplicar fe. A veces recomiendo a los jóvenes que se sienten y anoten en una hoja de papel qué cosas les provocan conflicto para enfocar su fe. Hay que identificar esas montañas, esas cosas que nos causan preocupación. Pídele al Señor que te revele qué cosas te traen tristeza o desánimo. A veces no podemos aterrizar nuestras ideas e ignoramos la montaña. Andamos por la vida y tenemos un montañón enfrente que ni siquiera distinguimos. Estamos tan metidos en nuestros pensamientos que no actuamos contra las montañas. El propósito de nuestra fe es mover montañas.

  1. Conocer la manera de adquirir fe.

“Ustedes pueden orar por cualquier cosa, y si tienen fe la recibirán” (Mateo 21:22). La verdad es que a veces ni siquiera oramos. ¿O no? Y luego estamos con nuestros amigos diciendo: “Estoy muy preocupado por esta situación pero estoy orando.” ¡Mentiras! ¡No estás orando! Orar es hacer todo a un lado, cerrar la puerta y pedir a Dios específicamente por esa montaña. Eso es orar. Decimos que oramos pero en realidad no oramos específicamente, conociendo y reconociendo quién es Él, orando y creyendo. No lo vemos y no lo recibimos porque no oramos. Y si sí oras, como dice Santiago, “pedís mal” (Santiago 4:3 RVR1960). No podemos orar por otras cosas en lugar de las cosas realmente importantes, las cosas en las que necesita haber un cambio. creer que lo recibiremos significa no dudar. ¿Se podrá orar con duda? “Señor, te pido por esta situación,” cuando en realidad por dentro estás pensando que está en chino. Luego salimos con la conclusión de que “así es, es mi cruz y me tengo que aguantar.” Teologías extrañas. Tenemos que creer en la autoridad de Dios. Existen autoridades espirituales. Están los ángeles, los demonios, principados y potestades. Pero hay un solo trono sobre todo y ahí está sentado Jesús. Él tiene toda la autoridad y su autoridad y su poder se manifiestan a través de la fe. La Biblia dice que Jesús llegó a una aldea donde no pudo sanar a muchos (Marcos 6:1-5). ¿Se le habrá acabado el poder? ¿La batería? ¿No tomó Choco Milk? No, fue porque no encontró fe. ¿Podrá Dios encontrar fe en tu corazón? ¿Encuentra Dios fe en esos problemas y dificultades?

  1. Conocer el resultado de la fe.

¿Sabes que es importante tener visión? ¿Y qué es tener visión? Es como proponerse alimentarse bien o hacer ejercicio porque se tiene la visión de estar sano. Una visión no es un plan, la visión es como deben de ser las cosas. Cuando hay problemas con tus padres, comienzan los pleitos e incluso se llega a escuchar la palabra “divorcio”, ¿cómo deberían ser las cosas? ¿Cuál es la visión de nuestra fe? Cuando tú oras a Dios tienes que pensar en el resultado que Él tiene para tu vida y tienes que pedirle que te revele lo correcto. Es la diferencia entre cómo está ahorita y cómo debería de estar. Es enfocarse no solamente en el problema sino en el resultado y orar por ese resultado hasta que suceda. Hay muchos cristianos hoy en día que están conformes con medios milagros u obras a medias. Pero Dios quiere hacer un milagro completo en nuestras familias y en nuestras relaciones. Dios quiere hacer milagros completos.

Necesitamos conocer el objeto de nuestra fe, conocer el propósito de nuestra fe, conocer la manera de adquirir fe y conocer el resultado de la fe. La verdad es que muchas veces no oramos específicamente o no oramos efectivamente. Necesitamos orar específicamente y efectivamente para ver el poder de Dios en nosotros. Tendremos todo lo que pidamos en oración si creemos que lo recibiremos. ¿No te emociona? ¡Jesús lo dijo! ¿Puedes creerlo? Es como una rendija abierta en el mundo espiritual y Dios te está diciendo, “Por aquí.” “La puerta de acceso a la vida es muy angosta y el camino es difícil, y son solo unos pocos los que alguna vez lo encuentran.” Este versículo se refiere a una puerta estrecha que pocos experimentan. Es el nivel de recibir todo lo que una vez creyeron. ¿Cuántas cosas querrá Dios hacer en nuestras vidas? Necesitamos crecer en nuestra fe.

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