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Tus pensamientos son más importantes de lo que crees

Eres tan libre como tu mente lo sea.

Quiero hablarte acerca de la importancia de que nuestros pensamientos estén alineados a la verdad de Dios. Todos nosotros tenemos muchos pensamientos que vienen a nuestra mente. Dice Dios en Su palabra: “como es el hombre en su corazón tal es su forma de ser”. Lo que tú y yo pensamos, no como un pensamiento sencillo, sino lo que creemos y traemos en nuestro corazón, es lo que rige nuestra vida y nuestras acciones. Todo comienza en tus pensamientos.

Y él, cargando su cruz, salió al lugar llamado de la Calavera, y en hebreo, Gólgota; y allí le crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio” (Jn. 19:17-18 Reina Valera Revisada 1960). Nada en la vida de Jesús, ni nada escrito en la Palabra es casualidad. Yo he tenido la oportunidad de ir en cuatro ocasiones a Israel y estar en el Gólgota, donde Jesús fue crucificado. Se le nombró así porque tiene forma de una calavera, de un cráneo humano. Aunque Jesús pudo haber sido crucificado en un lugar diferente, no es casualidad que haya sido crucificado y muerto en ese sitio que simboliza la muerte. Dice la palabra que Jesús venció a la muerte, la maldad, el pecado y al diablo porque murió allí y resucitó al tercer día.

No hay tumba, no hay un lugar donde Jesucristo esté sepultado. Él vive y es el Señor para siempre. Eso es algo que nos debe dar gusto y esperanza porque esa victoria Dios nos la ha dado.


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Pensamientos que esclavizan

La realidad es que todos los días tú y yo estamos expuestos a muchos pensamientos que no son correctos y que no son de Dios. Son pensamientos que traen una fuerte lucha a tus emociones, sentimientos, a tu alma, y que no te dejan tener paz ni libertad. Para todas estas cosas que tú sabes que son maldad hay una esperanza para tener una mente libre y un corazón lleno de paz. Ese es el deseo de Dios. Él no quiere que tú y yo vivamos con pensamientos que nos atormenten y traigan conflicto interior.

Somos tan libres como nuestra mente lo sea.

Una verdad es que somos tan libres como nuestra mente lo sea. Podemos ser cristianos pero aún así tener una mente llena de ataduras que no nos deja vivir en la libertad y plenitud de Cristo. Tal vez te deprimas y te desanimes porque dices: “¿cómo es que yo puedo tener estos pensamientos?, ¿cómo es que puedo tener estas luchas?”. Quiero decirte que en Cristo podemos aspirar a tener una mente libre con pensamientos sujetos a Él. No podremos vivir en libertad en Cristo si nuestra mente no ha sido libre.

¿Cómo comenzó todo?

La palabra dice que Dios creó a Adán y Eva para que tuvieran una relación con Él. Pero hubo un día en que Adán y Eva escucharon a la serpiente, es decir, a Satanás. El problema no fue que la hayan escuchado sino que la obedecieron y pasaron a la autoridad del diablo. Desde ese momento el mundo está cautivo bajo su autoridad. Jesús mismo dijo que Satanás es el príncipe de este mundo y toda la humanidad está cautiva bajo pensamientos de maldad.

Quizás algunos decimos de otros “¿cómo es que se atrevió a hacer eso?”, pero también muchos de nosotros nos hemos atrevido a hacer cosas que no son buenas. ¿Sabes por qué? Porque la realidad es que somos una humanidad caída y estamos bajo la influencia del enemigo. Por eso es tan importante venir a Cristo, porque Él venció a Satanás. Así que no te asustes, Cristo puede traerte libertad sobre esto.

Satanás tomó cautivos a Adán y Eva y, como consecuencia, a esta generación. Algo muy importante es que no lo hizo con un arma, o con amenazas ¿sabes cómo logró cautivar a Eva para traerla, junto con Adán, a la esclavitud y muerte espiritual? Usó una mentira. Esa misma obra es la que hace hoy en día en tu corazón y mente. El enemigo no quiere que tú tengas una comunión con Dios. El diablo comenzó una obra haciendo dudar a Eva de lo que Dios había dicho.


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 Mentira y Verdad

El título por excelencia para Satanás es “el acusador”. Él usa la mentira con pensamientos acerca de que no puedes ser libre, que nadie te ama, que nunca vas a cambiar y no eres un hijo de Dios. ¡Él es el padre de la mentira! En el huerto del Edén, puso en duda la palabra y la integridad de Dios, así como Su amor y la protección que tenía hacia Adán y Eva. Dios no quería que comieran del fruto del árbol para protegerlos. ¿Cuántas veces ha venido el deseo de apartarte de Dios y de la iglesia? Satanás sabe que si lo haces te puede atacar, matar y destruir. La verdad es que el único lugar donde hay protección y vida es en la presencia de Dios; en una relación con Él.

Qué interesante es ver que la palabra de Dios fue puesta en duda por el diablo. Pero fue la Palabra la que vino a vencerlo. En el libro de Juan dice acerca de Jesús “el verbo se hizo carne”. La Verdad es una persona, ¡es Jesús! Él viene a romper toda mentira y toda atadura. Cuando la Biblia habla de Jesús se refiere a Él como el Verbo, como la Palabra encarnada: ‘“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios” (Jn. 1:1). También se refieren a Jesús como la Palabra que nos hace libres de la mentira: “Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Jn. 8:31 ). Porque la Palabra es Jesús mismo.  

Hay muchos de nosotros que no experimentamos la libertad en áreas de nuestro corazón porque hemos estado creyendo a una mentira.

Yo pido a Dios que a través de Su Espíritu traiga vida y libertad a nuestra mente y corazón. Debemos, no solo saber y conocer qué es la Palabra, sino arraigarla en nuestro corazón. Hay muchos de nosotros que no experimentamos la libertad en áreas de nuestro corazón porque hemos estado creyendo una mentira. Necesitamos que esos pensamientos sean sustituidos por la verdad de Dios. Solo Jesús, la Verdad, puede traer libertad a tu vida.

Hay 3 cosas que necesitamos comprender:

1. La mente es un campo de batalla

El lugar donde se desatan las luchas es en nuestra mente. En nuestros pensamientos es donde se desata una guerra espiritual. Si tus pensamientos son incorrectos, tu vida será incorrecta. Cuando tus pensamientos son de pecado o de derrota así será tu vida. Pero si tus pensamientos son de santidad, de obediencia, de amor, entonces tu vida va a reflejar lo que piensas.

Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne” (2 Cor. 10:3). Muchos de nosotros estamos retenidos por fortalezas que son como muros, barreras de pensamientos de que nunca podremos cambiar o relacionados a algún pecado que no podemos dejar. Pero esto no es una cuestión humana sino espiritual. Esto no es en tus fuerzas.

“¡Todo pensamiento que tú no lleves a Cristo te va a mantener cautivo a ti!”

Necesitamos llevar nuestros pensamientos cautivos a Cristo (2 Cor. 10:5). ¡Todo pensamiento que tú no lleves a Cristo te va a mantener cautivo a ti! Tú y yo tenemos que estar conscientes de lo que pensamos. Vas a una entrevista y piensas: “no me van a dar el trabajo”. Las palabras “llevar cautivo” quieren decir que pongas ese pensamiento contra la pared y lo hagas escuchar lo que Dios dice y se someta a eso.

Fortalezas construidas por pensamientos

Las ataduras en la mente son como casas de pensamientos. Vienen como vagones y tú decides si los tomas o lo dejas pasar. Cómo nos sentimos es una consecuencia de lo que pensamos. El diablo o sus demonios no saben lo que piensas. Si te preguntabas si él podía saberlo te diré una cosa: él no lo sabe, por eso empieza a bombardearte con pensamientos y hace que pienses lo que él quiere. Pero debemos aprender a rechazar todo eso y sustituirlos por pensamientos de Dios.

“Él no es un Dios castigador, ni un policía cósmico; es un Padre de amor y misericordia”

Hay muchos jóvenes que tienen algún vicio y dicen: “yo soy un alcohólico, soy un fumador, yo soy esto o soy lo otro”. Pero eso es un engaño, porque Dios no te creó para ser eso sino para ser Su hijo y cumplir Su propósito. En una ocasión platicaba con un joven que tenía problemas con la homosexualidad, y me dijo: “yo no quiero ser un homosexual, pero soy un homosexual”. Yo lo detuve y le dije: “tú no eres un homosexual, tú eres un hombre, creado por Dios”. Esas palabras fueron el comienzo para que entendiera la verdad de que él es un hijo de Dios. Dios quiere que nos veamos como Él nos ve. Él no es un Dios castigador, ni un policía cósmico; es un Padre de amor y misericordia.

Nuestro Padre no quiere que estemos atados y derrotados. Cuando seas padre entenderás mejor el amor de Dios. Una de mis hijas un día se cayó de un pasamanos y se quebró una muñeca; a causa de eso dijo: “nunca más me volveré a subir a un pasamanos”. Entonces yo le dije: “te vas a volver a subir a un pasamanos y vas a pasarlo, y si te vuelves a caer te vas a volver a subir hasta que aprendas a pasarlo”. Así pasó el tiempo hasta que se le olvidó y pudo hacerlo. Porque uno como padre no quiere ver a sus hijo caídos sino levantados.

Dios así nos dice: “yo soy tu Dios, estoy contigo y yo te ayudo”. No le creas a Satanás; Dios te ama y quiere que cambies tu manera de pensar. Esto no es algo que se pueda vencer en la carne, es necesario que Dios nos ayude. Satanás no sabe lo que piensas, por eso te arroja multitud de pensamientos. Pero tampoco Dios decide por ti, más bien tú eres el que elige qué pensar, si obedecer a Satanás o al Señor. 

2. Tu arma es la Palabra

Muchos buscan distraerse, mantenerse ocupados o se la pasan dormidos porque no quieren enfrentarse a la batalla que está en sus vidas. La única arma que va a traer victoria a tu mente es la Palabra.

En la Biblia se menciona cada parte de la armadura de Dios (Ef. 6:10-17) y todas ellas tienen una razón de ser. Todas las piezas de la armadura son un pensamiento de Dios para combatir pensamientos que no vienen de Él: la verdad, la justicia, la paz. El escudo de la fe, se refiere a un escudo largo que cubría todo el cuerpo; el diablo nos tira dardos de fuego y nosotros con el escudo nos protegemos. El yelmo de la salvación es algo parecido a un casco, ¡es lo más importante! No permitas que los pensamientos te hagan dudar de tu salvación. No pierdas la cabeza.

Tú eres un hijo de Dios, no por lo que tú puedas hacer sino por lo que Jesús hizo. Nuestra espada para defendernos es la palabra de Dios. Debo hacer a Jesús el Señor de mis pensamientos. Si no puedes vencer tus pensamientos, la palabra de Dios sí puede (Heb. 4:12-13). Tú lees cualquier otro libro pero la Biblia te lee a ti.


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3. La victoria está en meditar la Palabra

Meditar es pensar y entender la Palabra de Dios. Viene del término “regurgitar”, como las ovejas que tienen un estómago dividido en cuatro, y empiezan a comer, lo tragan y después lo sacan para seguirlo masticando. Eso se refiere a meditar. Lees un versículo, comienzas a pensarlo, lo tomas para tu vida y entiendes el significado.

Se te pasa el día pensando puras tonterías, y viendo puras tonterías. Regurgitas basura porque comes basura. Ya sabes por qué tienes esos pensamientos, te llenas de cosas que no te aportan nada. Llénate de la Palabra y comenzará a venir alegría, paz, tranquilidad a tu vida. Necesitamos meditar en la Palabra de día y de noche (Sal. 1:1-2).

Muchos andan con miedo por lo que está pasando en el mundo. La Biblia no dice que hay fin del mundo, ¿sabías?, dice que Jesús va a volver y nosotros viviremos con Él. Así que el mundo no se acaba, viene Cristo, y eso es la continuación de una vida eterna a Su lado. ¿Por qué le tienes miedo al fin del mundo? Porque crees en una mentira. Meditar es aterrizar lo que estás leyendo y aplicarlo.

“La manera de vencerlo y quitarlo es sustituirlo por otro pensamiento, uno correcto”

La manera de vencer los pensamientos no es tratando solo de quitarlos, sino de sustituirlos. Por ejemplo, yo te digo que no puedes comer pastel de chocolate, no puedes pensar en pastel de chocolate, ¡chocolate no! El pastel cubierto de mucho chocolate está prohibido. ¿Cuándo vas a dejar de pensar en chocolate? Ya lo pensaste en todas sus presentaciones. Muchos están así: “esto no puedo hacerlo, esto está mal”. No se trata de pelearte con el pensamiento equivocado. La manera de vencerlo y quitarlo es sustituirlo por otro pensamiento, uno correcto. No pienses en chocolate, piensa en una ensalada de verduras. Pon tu atención en otra cosa. Eres un hijo de Dios.

Cuatro lugares donde debes aplicar la Palabra (Dt. 6:6-9):

-Tu casa.

-Cuando vas de camino a algún lugar.

-A la hora de acostarte.

-Cuando te levantas.

Durante el día, estás en tu trabajo o la escuela y estás ocupado. Pero te desocupas, vas a tu casa, te acuestas y, a solas, ahora sí llegan los pensamientos. En lugar de estar desocupado, busca leer la Palabra y acuéstate habiendo meditado en ella. Yo decido qué pensar. Lo que va a traer libertad a tu vida es la Palabra de Dios. La Palabra es viva y eficaz.

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