Un Avivamiento Personal

¿Qué le pasó al fuego?

¿Es posible ser cristiano, ir a la iglesia y tener una vida cristiana fría y apática?

Mi esposa y yo tenemos tenemos cuatro niños pequeños y a veces la sala de nuestra casa se convierte en un escenario. Un día mientras era la hora de la comida, una de mis hijas, la más pequeña a la que le encanta cantar y alabar, decía, “¡Si Señor, te alabamos! ¡Sí, Señor, cantamos a Tu nombre!”. Ella simplemente estaba jugando. Viendo esto, me ponía a pensar que muchas veces nosotros mismos aparentamos ser cristianos. Jugamos a “la iglesia”, asistimos a la reuniones y nos sabemos las canciones y los pasajes. Sabemos todo acerca de la vida cristiana y, sin darnos cuenta, la vida de Dios no está en nosotros. ¡Que peligroso es esto!

¿Es posible ser cristiano, ir a la iglesia y tener una vida cristiana fría y apática? ¿Es posible vivir en medio de luchas, de desánimo y situaciones difíciles que sabemos que son una consecuencia de no vivir una vida como Dios quiere? ¡Sí es posible! Muchos no estamos viviendo en el nivel que Dios quiere que vivamos. Que digamos que somos cristianos no es una garantía de que la presencia de Dios esté en nosotros y tengamos una intimidad con Él.


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Hemos sido llamados a tener una relación con Dios a través de Jesucristo. En esto debe enfocarse nuestro corazón. El propósito de la vida cristiana es tener una relación con Él, conocérlo, amarlo y adorarlo. Él es nuestra fuente de bendición y provisión. Necesitamos levantar a Jesús en nuestro corazón.

Necesitamos un avivamiento

Todos nosotros estamos expuestos a descuidar nuestra relación con Dios y a atravesar por derrotas espirituales innecesarias.

Un avivamiento no es solamente cuando mucha gente recibe a Cristo a través de un llamado. Un avivamiento real es cuando los hijos de Dios están en una búsqueda genuina de Dios, encendidos en el fuego del Espíritu Santo y la consecuencia es que almas vienen a Cristo. A esto hemos sido llamados.

El primer libro de Samuel nos describe la situación espiritual que atravesaba el pueblo de Israel. A pesar de ser el pueblo elegido de Dios donde se habían manifestado Su poder, amor y bendición, su situación era de lamento e impotencia. Era una situación de vacío, tristeza y confusión. “Israel fue vencido, y huyeron cada cual a sus tiendas; y fue hecha muy grande mortandad, pues cayeron de Israel treinta mil hombres de a pie. Y el arca de Dios fue tomada” (1 Samuel 4:10-11 RVR1960).

Israel estaba necesitado de un avivamiento, necesitado de la vida de Dios. Se habían enfriado en su adoración y la consecuencia de haberse apartado fue que empezó a ser vencido por sus enemigos. Lo más grave es que fueron despojados del arca del pacto, símbolo de la presencia de Dios y de su relación con Él.  “Dijo, pues: Traspasada es la gloria de Israel; porque ha sido tomada el arca de Dios” (1 Samuel 4:22).

¿No te suena familiar? Todos nosotros estamos expuestos a descuidar nuestra relación con Dios y a atravesar por derrotas espirituales innecesarias. Podemos incluso no disfrutar las delicias de la victoria y el pacto de Dios. El profeta Samuel, como líder del pueblo, habló tres palabras claves al pueblo para recuperar la presencia de Dios en sus vidas:


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Volvernos a Dios

“Habló Samuel a toda la casa de Israel, diciendo: Si de todo vuestro corazón os volvéis a Jehová, quitad los dioses ajenos y a Astarot de entre vosotros, y preparad vuestro corazón a Jehová, y sólo a él servid, y os librará de la mano de los filisteos” (1 Samuel 7:3). “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente” (Mateo 22:37) Es el primer mandamiento de la ley, el común denominador de este pasaje es la palabra todo. Amarle por sobre todo, buscarle más que a cualquier otra cosa, que nuestro mayor deseo sea Él. Debemos buscar que nuestro amor por Dios sea mayor a todo lo demás. Necesitamos amarlo a Él más que a nosotros mismos. ¡Él quiere ser todo en nuestras vidas!

Quitar los dioses ajenos

Nuestra naturaleza humana tiende a levantar ídolos en el corazón. Un ídolo es cualquier cosa a la que le estemos dando mayor importancia de la que tiene. Podemos llegar a darle a otras cosas más importancia que a Dios. Ya sea anhelar una relación de pareja, ganar más dinero, tener un mejor trabajo, tener un lugar en el ministerio o el deseo de ser importante, todo debe estar por debajo de Dios en nuestra lista de prioridades.

Dios no puede ser adorado en un corazón con ídolos, Él desea una alabanza para Él solo. Tenemos que identificar esas cosas específicas y derribarlas de nuestra vida para que Él pueda ser adorado y exaltado atreves de nuestras vidas. “Hijitos, guardaos de los ídolos. Amén” (1 Juan 5:21).

Servir al Señor

Buscar a Dios y servirle solo a Él es una decisión personal. Israel tuvo un cambio de corazón, esto agradó a Dios y les dio la victoria. Pero primero tuvo que haber un arrepentimiento genuino en el corazón del pueblo. “Entonces los hijos de Israel quitaron a los baales y a Astarot, y sirvieron sólo a Jehová” (1 Samuel 7:4). “Luego Samuel tomó una piedra grande y la colocó entre las ciudades de Mizpa y Jesana. La llamó Ebenezer (que significa «la piedra de ayuda») porque dijo: «¡Hasta aquí el Señor nos ha ayudado!» (1 Samuel 7:12 NTV). Cuando entendamos que la paz, la bendición, la victoria, la restauración y la sanidad vienen del Señor, descubriremos que lo único que necesitamos es a Él.

El Señor está al alcance de todo aquél que de todo corazón quiera ser limpiado por Él. Dios está cerca de los que desean ser perdonados y transformados para ser un reflejo de Él. “Más Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.” (Romanos 5:8 RVR1960).

Si tú quieres vivir en este avivamiento personal y que Dios sea lo más importante en tu vida, pídele al Espíritu Santo que te rebele dónde estás poniendo tu confianza. Pídele que te indique si hay algo en tu corazón que consideras como un tesoro, si tus ojos están puestos en alguien que no es Dios. Tu vida y tu salvación vienen del Señor. No puedes vivir en derrota. Vive en la victoria del Reino de Dios en tu vida. Pide al Señor que te muestre qué cosas están estorbando para poder tumbarlas. Deja de jugar a la iglesia. Es hora de volver a Dios, amarle y servirle de todo corazón.

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Viviendo en Cristo
Hay un Comentario sobre este artículo
  • CAROLINa
    3 diciembre 2015 at 5:49 pm

    Gracias, por Compartir tan hermosa enseñanza , llega a mi vida en un momento que la necesito.

    Bendiciones.

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