Un Corazón como el de David

¿Cómo está tu corazón?

¿Cómo está tu corazón? Quizá esta es una pregunta que casi nunca nos hacemos. En estas fechas de celebración continua (y de grandes banquetes) lo más común es hablar de nuestra apariencia física. “¡Cuánto he comido esta Navidad!”, “empezando enero comienzo la dieta”, “solo falta la rosca de reyes y después pura lechuga”. La verdad es que nos preocupa cómo luce nuestro cuerpo, ya sea por salud o, generalmente, por presión social. Sabemos que el ser humano se guía por la vista, pero pocas veces reflexionamos sobre cómo luce el corazón.

Sin embargo, lo importante, y lo que determina nuestra relación con Dios, no es nuestro físico, sino nuestro corazón. Él está esperando que se lo entreguemos, no a medias, no un día a la semana, sino en un compromiso total. En la Biblia se relata un ejemplo claro de dos personajes que enfrentaron situaciones parecidas con resultados diferentes. ¿Por qué? Por el corazón que tuvo cada uno en el momento de afrontar la realidad. Esta es la historia de Saúl y David. Ambos vivieron circunstancias similares, pero el corazón de David era agradable delante de Dios, y esto marcó la diferencia.

Para conocer más nuestro corazón veremos algunos puntos.


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Mismo mensaje, ¿diferente respuesta?

¿Estamos teniendo un corazón dispuesto a escuchar la voz de Dios?

¿Cómo puede ser que dos personas escuchen la misma enseñanza, pero solo una recibe revelación de parte de Dios? Podemos pasar la vida sentados en una banca de la iglesia y no saber quién es Dios. La clave aquí es nuestro corazón. ¿Estamos teniendo un corazón dispuesto a escuchar la voz de Dios? Cada uno decide si endurece su corazón o lo entrega a Dios, si somos sensibles o hacemos caso omiso de lo que Dios quiere hablarnos. Quizá Él ha estado enviando mensajes durante los últimos años; es hora de que nuestro corazón le escuche.

Saúl y David recibieron la misma oportunidad de parte de Dios: dirigir una nación. Sin embargo, aunque ambos fueron ungidos como reyes, los resultados de cada gobierno fueron muy diferentes.

¿Huir o enfrentar a Goliat?

No podremos ver la victoria si en nuestro corazón no está la pasión por Cristo.

Muy probablemente hemos escuchado en alguna ocasión una referencia a la historia de David y Goliat. Si quieres conocer la historia completa haz click aquí.

En la Biblia se describe que en ese momento Saúl era el rey y el más grande guerrero de Israel, mientras que David era solo un jovencito que se dedicaba a pastorear las ovejas de su padre. Ambos fueron espectadores de la presencia tan imponente de Goliat; medía ¡casi tres metros de altura! Entonces, ¿por qué David se enfrenta a él, si físicamente Saúl era el indicado?

La respuesta aquí fue la pasión que hubo en el corazón de David. Muchas veces la prueba va a ser tan temible como un gigante de tres metros, y nosotros no nos vamos a sentir preparados para afrontarla. Pero Dios es el que nos capacita para ganar las batallas. Sin embargo, no podremos ver la victoria si en nuestro corazón no está la pasión por Cristo, y el anhelo de establecer Su reino aquí en la tierra.

Si dejamos que el temor por las circunstancias sea mayor entonces seremos como Saúl que, a pesar de ser el soldado más reconocido, se rindió antes de pelear y le pasó la armadura a David, renunciando así a la bendición de confiar en Dios. Uno de los mayores peligros de perder la pasión al servir a Dios es que ese vacío es llenado con el temor. Este sentimiento hace que nos paralicemos y no creamos las promesas de Dios. Entonces dejamos de predicar su palabra por temor al “qué dirán”; dejamos de comportarnos como a Dios le agrada por temor al rechazo. Nuestra vida se reduce a una camisa de fuerza de la que no podemos zafarnos porque hemos dejado que el fuego se apague en nuestros corazones.

David sabía que él no pelearía la batalla con sus propias fuerzas, porque obviamente la llevaba de perder, sino que lleno del Espíritu Santo, confió en Aquel que da la victoria cuando le honramos con todo el corazón. De la misma manera, cuando buscamos servir a Dios es cuando más obstáculos vienen a nuestro encuentro.

Durante el viaje de GES a Piedras Negras pudimos ver cómo Dios nos respaldó a pesar de las dificultades como el clima o enfermedades. Dios nos dio la victoria para llevar el mensaje de salvación a multitudes, para muchos de los cuales quizá fue vital escucharlo a tiempo. Busquemos tener un corazón como el de David, que amaba al Señor profundamente y tenía una comunión muy cercana a Él. Enfrentar los retos o huir es cuestión del corazón.


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¿Qué dice nuestro corazón de nosotros?

Nuestras reacciones van a dejar al descubierto nuestro corazón.

Cuando un automóvil comienza a hacer ruidos inusuales es una alarma de que algo no anda bien. Puede ser que sea solo falta de afinación, o puede ser un problema grave que va a requerir mayor inversión de tiempo y dinero. Aunque es una comparación curiosa, con nuestras vidas sucede algo similar. Cuando algo está decayendo en nuestro interior la primera alarma son las palabras. En la Biblia hay un versículo que dice “Porque de la abundancia del corazón habla la boca” (Mateo 12:34). En la conversación casual con un extraño uno puede detectar si tiene rencor por algún familiar o conocido, si en su vida hay paz o si está pasando por un momento difícil.

Nuestras reacciones van a dejar al descubierto nuestro corazón. Pero no debemos confundir reacciones con circunstancias. Dos personas pueden estar pasando por una misma circunstancia pero tener reacciones completamente contrarias. Cuando cometieron pecados Saúl y David fueron confrontados. Ambos habían tomado decisiones incorrectas y estaban en la misma posición de pecado delante de Dios.

El Señor no desea hijos que pretendan ser perfectos, él sabe cuáles son nuestras debilidades y quiere glorificarse por medio de ellas.

Incluso aunque Saúl fue desechado por Dios, su respuesta a Samuel demostró que él buscaba su propia gloria por encima de la aceptación de Dios. Estaba más preocupado por quedar bien delante del pueblo de Israel, aun cuando estaba siendo desaprobado por Dios.

En cambio, aunque David nunca fue perfecto, sí tuvo un corazón arrepentido que no tuvo miedo de enfrentar a Goliat ni de admitir sus defectos y pedir perdón a Dios.  El Señor no desea hijos que pretendan ser perfectos, él sabe cuáles son nuestras debilidades y quiere glorificarse por medio de ellas. Lo que espera de cada uno de nosotros es que reconozcamos nuestra condición y nos acerquemos a Él con un corazón sincero y entregado. Sólo así podremos ascender en nuestro camino con Dios.

Todos tenemos defectos, pero ¿cómo vamos a responder ante ellos?
¿Qué cosas hay en nuestros corazones que aún no resolvemos o sanamos?
Temor, impaciencia, terquedad, impulsividad, engaño, celos, ira.
Cualquier situación pendiente con nuestro corazón, tarde o temprano nos hará caer. Como dice Mateo 15:19 “porque del corazón salen los malos pensamientos, el asesinato, el adulterio, toda inmoralidad sexual, el robo, la mentira y la calumnia” (NTV).

La buena noticia es que estamos a tiempo para conocer nuestro corazón y entregárselo a Dios. Solo Él podrá enmendar y hacer grandes cosas con nuestras vidas. Ezequiel 36:26 dice: “les daré un corazón nuevo y pondré espíritu nuevo dentro de ustedes. Les quitaré ese terco corazón de piedra y les daré un corazón tierno y receptivo” (NTV).

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Crecimiento Espiritual
Hay un Comentario sobre este artículo
  • Elí
    14 Enero 2016 at 4:36 pm

    Creo que el artículo me parece bueno solo que me preocupa que esta muy enfocado a lo que nosotros debemo9s hacer y no a lo que Cristo hace en nuestras vidas, En ezequiel claramente nos dice que es el quien nos dara cun corazón nuevo, para que así podamos seguirlo. Muchas veces es dificil cambiar las motivaciones de nuestro corazón y dependemos de la obra de Cristo y el espiritu santo para que estas sean las motivaciones correctas

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